Sermón 78 PROPIO ENGAÑO
III. OIGAMOS LAS MÁS GRAVES ADVERTENCIAS
Ningún bien puede venir de la oposición al Señor, sino los más penosos males, con sus inevitables consecuencias.
1. En el caso de los verdaderos cristianos les vendrán pesados castigos y humillaciones (Lev. 26:23. 24).
2. Juntamente con esto surgirán los más agudos remordimientos y pesares del corazón.
3. En el caso de los meramente profesantes, pronto vendrá el abandono de su profesión, la inmoralidad y una maldad siete veces peor, etc.
Los pecados de los impíos hieren el costado de Cristo, pero los pecados de los santos hunden la espada en su corazón.
Carlyle, hablando de los cambios que produce la edad en las personas, dice: “¡Cuán trágico es para mí la visión de antiguos amigos; es una cosa que siempre procuro evitar!”
El pecado ha producido cambios más penosos que los que produce el tiempo en el cuerpo físico, en algunos que figuran entre los amigos de Dios.
Farnaces, el hijo de Mithridates, rey de Ponto, envió una corona al César, al mismo tiempo que estaba en rebelión contra él. Este rehusó el regalo diciendo: «Que primero deponga su rebelión y entonces recibiré su corona. Hay muchos que tratan de poner una corona de gloria sobre la cabeza de Cristo por una piadosa profesión cristiana, y sin embargo hunden una corona de espinas sobre su cabeza por su mala conducta. - SECKER.
Un árabe que había profesado ser de Cristo mediante los trabajos del reverendo W. Martyn, había apostatado del cristianismo y escrito un libro en favor del Mahometismo. Algún tiempo después tuvo una conversación en Malaca con el reverendo doctor Milne, quien le presentó algunos puntos difíciles de controversia. La respuesta del árabe fue: «¡Soy infeliz! Tengo como una montaña de arena ardiente sobre mi cabeza. Cuando paseo no sé adónde voy ni lo que estoy haciendo.» En verdad es una cosa mala y amarga abandonar al Señor Jesucristo. - Bate's Cyclopaedia.
Sermón 81 ***
EL LLAMAMIENTO DEL SEÑOR A SU PUEBLO
«Pueblo mío, ¿qué te he hecho, o en qué te he molestado? Responde contra mí»
(Miqueas 6:3).
No tratemos a la ligera cuando Dios pone una tal pregunta delante de nosotros, pues para El es un asunto profundamente solemne. En su gracia condescendiente, El tiene en gran estima el afecto de su pueblo y no quiere perderlo ligeramente.
I. UNA EXCLAMACIÓN LASTIMOSA: «¡Oh pueblo mío!»
¿No es remarcable que tal lenguaje sea usado por el Dios eterno?
1. Es la voz del más solemne ahínco.
2. Es una exclamación de tristeza. La interjección va empapada de lágrimas.
3. Es el llamamiento del amor. El amor injuriado pero vivo, rogando, esforzándose, invitando.
1. 4. Es el lenguaje del deseo. El divino amor desea la reconciliación de los rebeldes
Anhela tener su leal afecto.
II. UN HECHO PENOSO:«Te he molestado.»
Israel actuó como si estuviera cansado de su Dios.
1. Estaban cansados de su nombre. Baal y Astarón se habían hecho de moda, y el Dios viviente era despreciado.
2. Estaban cansados de su culto. Los sacrificios, los sacerdotes, el lugar santo, la oración, la alabanza, etc., todo esto lo despreciaban.
3. Estaban cansados de obedecer sus leyes, aun cuando éstas eran fieles y rectas y tendían a su bienestar.
4. Estaban cansados de sus restricciones, deseaban libertad para arruinarse ellos mismos con sus pecados.
III. UNA PREGUNTA PACIENTE. «¿Qué te he hecho?», etc.
¡Maravilloso amor! Dios mismo se pone a prueba.
1. ¿Qué acto de Dios podría inducirnos a abandonar su camino? «¿Qué te he hecho?»
2. ¿Qué proceder de Dios había podido causar su cansancio? O «¿en qué te he fatigado?»
3. ¿Qué clase de testimonio podemos aportar nosotros con tra Dios? «Responde contra Mí.»
Si estamos cansados de nuestro Dios es: Por nuestro loco desvarío. A causa de nuestro voluble capricho. A causa de nuestro débil amor a El y a la santidad.
Hay, empero, una cosa a la cual debemos de llamar la atención de los apostatas, y es que el Señor nunca les ha abandonado a ellos, sino que ellos abandonaron al Señor. El nunca les ha dejado, sino que ellos le han dejado a El, y esto, además, sin causa.
El amor no quiere ser olvidado. Vosotras, madres, sentiríais vuestro corazón quebrantado si vuestros hijos os abandonaran y nunca os escribieran una palabra u os enviaran algún recuerdo de su afecto. Dios se dirige a los apostatas como un padre a sus amados que se han extraviado y trata de ganarles otra vez, pregunta: «¿Qué te he hecho que te hayas olvidado de mí?» Las más tiernas y amantes palabras que podemos encontrar en toda la Biblia son de Jehová a aquellos que le han dejado sin causa. — D. L. moody.
Que aquellos que son tentados a apartarse del Señor recuerden la respuesta que un cristiano dio a Apolión en el libro El peregrino, cuando éste trató de persuadirle a que volviera atrás y olvidara a su Señor: «¡Oh tú, destructor Apolión, te digo la verdad! Yo amo su servicio, su paga, sus servidores, su gobierno, su compañía, su país, mucho más que el tuyo, y, por lo tanto, deja ya de incitarme a abandonarle; soy su siervo y le seguiré »
Cuando Policarpo fue requerido por un juez infiel a blasfemar de Cristo solamente consiguió esta ardiente y fervorosa respuesta: «Ochenta años antes hace que le sirvo, y nunca me ha hecho más que bien. ¿Por qué blasfemaría yo de mi Dios, que nunca me ha dañado ni perjudicado?»
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Sermón. 82
LA FORTALEZA
«Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en El confían»
(Nahum 1:7).
Este texto parece como una isla en un lago tempestuoso. Todo está en calma en este texto, a pesar de que todo el contexto es como un mar en tempestad.
I. LO QUE DIOS ES. «JEHOVÁ ES BUENO.»
1. Bueno en sí mismo, esencial e independientemente.
2. Bueno eternamente y de un modo inmutable.
3. Bueno en todos sus actos de gracia.
4. Bueno en sus actos presentes, sean lo que sean.
5. Sea lo que sea que no sea bueno a nuestro alrededor, nosotros sabemos que el Señor es bueno (Mat. 19:17).
II. DIOS PARA NOSOTROS. «Una fortaleza en el día de angustia » 1. Bajo especiales circunstancias es nuestro recurso.
a. En el día de tribulación, cuando la prueba es especial y vehemente.
b. En el día de tribulación: temporal, pero demasiado larga para nosotros, pues puede durar toda nuestra vida si el Señor no lo impide.
c. En el día de tribulación: cuando dentro, fuera y alrededor nuestro todo parece soledad, temor, necesidad y pena.
2. Manteniendo nuestra paz.
3. Desafiando a nuestros enemigos, que no se atreverán a atacar semejante fortaleza.
4. Una fortaleza permanente, pues Dios es el mismo y su refugio seguro para los necesitados.
III. DIOS CON NOSOTROS. «Y conoce a los que en El confían.»
1. Su tierno cuidado para satisfacer todas las necesidades de los suyos.
2. Su amante comunión con ellos, lo cual es la mejor prueba de que le conocen y son sus amigos queridos.
3. Su abierto reconocimiento: son suyos ahora y les reconocerá ante la asamblea del Universo (Apoc. 3:5).
Cuando viajaba por el valle Yosemita, nuestro conductor nos contó de una serie de terribles terremotos que vio en aquel valle hace algunos años. Los pocos habitantes que allí había fueron sacudidos de sus lechos y lanzados al suelo por la noche. Débiles cabañas fueron destruidas;
grandes rocas fueron arrojadas al precipicio del valle. Las sacudidas se repitieron por varios días, hasta que la gente estuvo llena de pánico y pronta al desespero.
«¿Qué hicieron, pues?», preguntamos. El conductor, señalando a una roca inmóvil, al picacho llamado «El Capitán», que se eleva tres mil pies a la parte sur del valle y tiene una base de tres millas sólidas, respondió: «Determinamos ir y acampar bajo el viejo "Capitán", pues
comprendíamos que si aquella tremenda roca se movía tenía que ser el fin del mundo.» — DR.
CUYLER.
Tamar podía disfrazarse y andar por una senda no acostumbrada de modo que Judá no la conociera; Isaac, a causa de la disminución de su vista, podía bendecir a Job y desheredar a Esaú;
el tiempo transcurrido podía hacer que los hermanos de José no le conociesen; Salomón podía dudar acerca de a quién pertenecía el niño muerto que le presentaron, y Cristo podía venir a los suyos y éstos no reconocerle; pero el Señor conoce los que son suyos y su ojo está siempre sobre ellos.
Ni el tiempo, ni el lugar, ni el habla, ni la apariencia exterior pueden oscurecer o nublar su vista o su oído. Puede distinguir a Daniel en la cueva de los leones y reconocer a Job, por más que éste haya cambiado por sus calamidades. Puede ver a Jonás en el vientre de la ballena, a Pedro en la cárcel, a Lázaro envuelto en sus atavíos funerarios, o a Abel desfigurado en sus sangres. Puede llamar a los tales por su nombre y enviar sus ángeles a confortarles. La ignorancia y el olvido pueden enajenar y apartar el amor de las criaturas, pero el Señor no es susceptible a ello, pues su ojo, así como la esencia de su ser. está en todas partes; conoce todas las cosas. — SPENCER, Cosas viejas y nuevas.
Muchos hablan de confiar en Dios, cuando nada saben de la fe verdadera. ¿Cómo podemos nosotros saber quién es, y quién no es, un verdadero creyente? Esta pregunta es difícil de res- ponder en tiempos de prosperidad, pero no en los días de tribulación, cuando el verdadero creyente está en calma y confiado en su Dios y el que es tan sólo un pretendiente está lleno de angustia y temor; nuestro texto lo demuestra. Cualquiera puede encontrar un nido de pájaros en invierno cuando los árboles están desnudos, pero cuando las hojas verdes los cubren es mucho más difícil. Así es con los creyentes, que se descubren en el tiempo de adversidad. Una cosa, empero, no debemos olvidar: sea que nosotros conozcamos a los verdaderos creyentes o no, Dios los conoce. El no incluye ningún solo hipócrita en este número; ni excluye a un sincero creyente, aun cuando tenga poca fe. El conoce de un modo infalible y universal. ¿Me conoce a mí como uno de los que confían en El? El Señor conoce a los suyos, y ellos conocen que El es su fortaleza. ¿Tengo yo tal conocimiento?
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Sermón 83
EL ORGULLO DESTRUIDOR
«He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece;
mas el justo por su je vivirá» (Habacuc 2:4).
La demora en la liberación es un modo de medir a los hombres.
La espera es siempre penosa y constituye una prueba (capítulo 2:3).
Esto divide a los hombres en dos clases, demostrando su verdadero carácter.
El orgulloso y el justo se demuestran en la prueba; el hombre envanecido y el justo están tan lejos el uno del otro como los polos de la tierra; y el resultado de la prueba en ambos casos es tan diferente como la muerte y la vida.
La demora de la promesa:
I. REVELA UNA GRAN FALTA.«Aquel cuya alma no es recta se enorgullece.»
El hombre es impaciente y no soporta la espera. Esto es orgullo demostrado, pues se pelea con el Señor y se atreve a dictarle órdenes.
1. Es muy natural para nosotros ser orgullosos. Así cayó nuestro primer padre y nosotros heredamos su falta.
2. El orgullo toma muchas formas y, entre otras, es el hábito vanaglorioso de pensar que nosotros tenemos que ser atendidos en seguida.
3. En todos los casos el orgullo es irrazonable. ¿Quiénes somos nosotros para que Dios se haga nuestro criado y tenga que atendernos en el momento que nosotros queremos?