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Consumos culturales

CAPÍTULO 2 CIBERCULTURA, IDENTIDAD, COMUNIDAD Y CONSUMO

2.2 Consumos culturales

genera diferentes elementos y acciones ciberculturales tanto adaptados, como aquellos que son nativos de la misma red. Se da entonces una vinculación en dos vías, desde el origen de las mismas, yendo primeramente desde el plano físico al virtual y viceversa. En ese devenir de construcciones culturales, va emergiendo una arquitectura cibercultural que define su presencia en lo virtual.

Dentro de esos múltiples intercambios, que contienen símbolos, actitudes, usos lingüísticos, reacciones, herramientas y más, existe siempre la vía concomitante donde se construyen elementos de (re)producción, consumo y participación de usuarios con diversas contextualizaciones socioculturales individuales y colectivas las cuales son llevadas a la red en sus diversas acciones.

Así, gran parte de la importancia de este trabajo radica en entender por un lado lo que el usuario produce y por el otro, lo que el usuario consume y reproduce dentro de Facebook. Por ello, en el siguiente apartado, se hace una revisión acerca del consumo de contenidos culturales virtuales.

en lo físico para posteriormente aclarar su pertinencia en un espacio virtual como Facebook.

2.2.1 Consumos culturales virtuales

El estudio del consumo cultural ha ido de la mano con diferentes perspectivas de estudio que permiten comprenderlo en la actualidad. Al respecto, Ma. López de Ayala (2004) asevera que “en el ámbito del consumo, la controversia viene marcada por la complejidad y fragmentación que han alcanzado las pautas de consumo en las sociedades modernas avanzadas, lo que dificulta su identificación con diferentes segmentos de la estructura de clases” (p. 176). Por ello, esta autora habla de dos vertientes de la teoría social, donde por un lado se encuentra la mirada que presenta al consumo como placer y satisfacción del deseo y se genera como una forma de autoexpresión y creación de un estilo de vida mediante la construcción de identidad personal. Por otro lado, la vertiente que se enfoca más en marcos culturales o habitus que guían las prácticas de consumo y que delimitan el lugar del individuo dentro del espacio social, tal como lo ve Bourdieu (1988).

Esta segunda perspectiva ha ido ganando terreno desde los Estudios Culturales y analiza también el papel del consumo en la construcción y reproducción simbólica de las relaciones sociales, dándole un peso importante a la construcción de la identidad, ya que ante la creciente de oportunidades de producción y acceso a información, bienes y servicios a través de lo virtual, López de Ayala (2004) afirma que “el consumo se convierte en una práctica fundamental a partir de la cual construimos y expresamos esa identidad” (p. 180). Por ello, para este trabajo de investigación, se abordan los consumos culturales desde este segundo enfoque, sin apegarse de lleno a la perspectiva de los estudios culturales, pero brindando reflexiones importantes y necesarias para el análisis de los procesos de acercamiento al consumo dentro de un espacio virtual como Facebook.

Por ende, desde la mirada sociocultural de los consumos culturales (Canclini 1993, Barbero, 1992, Bourdieu, 1988), los individuos intentan dar sentido y coherencia a la propia vida, a través de la construcción su identidad por sí mismos y en relación a ciertos grupos donde se da una distinción y diferenciación frente a ‘los otros’ (López de Ayala, 2004). Esto lleva a entender que los consumos dentro de Facebook, están ligados necesariamente a la identidad virtual, concepto que se retoma más adelante en el apartado de regionalización.

Como ya hemos mencionado, las tecnologías de la información tienen diferentes modos de uso y propósitos, Tully (2008) comprende que éstas “son multifuncionales y opcionales en su empleo, es decir, no tienen una finalidad precisa. Es necesario prestar atención a su apropiación por parte de los sujetos”

(p. 70). Así, para entender los consumos, es pertinente considerar tanto las herramientas de acceso como los contenidos que existen. Visto de esta forma, al hablar de tecnología en el estudio de los consumos culturales, implica verla y comprenderla como un producto social de las interrelaciones humanas. Y es que no sólo basta con tener herramientas o dispositivos tecnológicos que permitan la virtualización y prácticas específicas digitales, sino también es necesario considerar el significado otorgado por los usuarios a través de sus prácticas, usos y aplicaciones del mundo virtual y su vida cotidiana (Grillo, Papalini y Benitez, 2016). Por ello, al ser Facebook una herramienta que es usada cotidianamente por diferentes personas, el consumo que se da en esta red es también materia de análisis en este trabajo.

2.2.2 Consumos culturales en Facebook

El acercamiento a los espacios virtuales desde el consumo cultural requiere dos aspectos que es necesario tomar en cuenta al momento de estudiarse: por una parte, los dispositivos tecnológicos y sus características, que permiten al individuo varias formas de acceso a lo virtual a través de diferentes capacidades,

tamaños, portabilidad, etcétera, ya que como considera Scolari (2008), en la actualidad se puede consumir información en pantallas de diversos tamaños y con diferentes contenidos –amplia oferta de programas, informaciones y hasta servicios–. Además, se vuelven objetos de necesidad que va modificándose conforme las transformaciones tecnológicas lo requieran: por eso ya no es suficiente tener un celular para llamadas o mensajes SMS, sino que se busca mayor capacidad de almacenaje de información y de procesamiento, una cámara fotográfica de amplio pixelaje, mayor rendimiento, así como un software más completo.

Por otra parte, se encuentra la dimensión de los contenidos. La gran variedad de posibilidades temáticas y formatos que existen en lo virtual han cambiado radicalmente el consumo de aspectos culturales: música, cine, televisión, radio, libros. Todo ha ido incorporándose al ámbito virtual, lo que precisa, como ya hemos platicado al hablar de la cibercultura, que se gesten modificaciones en las construcciones simbólicas y significantes de los usuarios.

Y es que, de acuerdo con Tully (2008) el acercamiento a las tecnologías de información permite una amplia gama de opciones donde el individuo “debe aprender a barajar un gran número de opciones y a escoger, a partir de una gama de posibilidades, aspectos que tienen un significado personal, para luego organizarlos a partir de una significación y empleo individuales” (p. 73).

Hay entonces una gran expansión en la oferta de productos. A esto, y pensando la idea de la virtualización del consumo, Scolari (2008) considera que el proceso de ampliación del mercado cultural -que consideramos también implica lo informativo/simbólico- está convirtiendo una oferta basada en hits – éxitos para el autor, y para nuestro caso sería visto como tendencias– y otra fundada en los nichos –particulares con características específicas, pueden ser portales, páginas, redes sociales–, donde el mercado otorga productos – contenidos– muy específicos. Y es precisamente debido a esta oferta de temáticas,

contenidos y espacios virtuales cuando se da el vínculo contenidos-usuarios y es donde se gestan los consumos culturales virtuales20.

El uso de las redes sociales virtuales –vistos desde la dimensión de espacios de convivencia social e intercambios informativos–, propicia que los usuarios se adapten a los mismos acordes a características definidas –identidad, intereses, gustos, etc.–, y con la intención de consumir, por eso se crean patrones o modelos de consumos. Así, es pertinente retomar a García Canclini (1993), uno de los principales teóricos sobre consumo cultural en Latinoamérica y quien ha sentado bases del estudio de los mismos, ya que éste afirma que: “la clase, la etnia o el grupo al que pertenecemos nos acostumbra a necesitar tales objetos y a apropiarlos de cierta manera” (p. 23). Canclini (1993) considera seis diferentes modelos de consumo21, para entender cómo se desarrolla este concepto y sus diversas manifestaciones:

1. Consumir para rendir laboralmente y expandir ganancias al capital.

2. Consumir como competición para apropiar un producto.

3. Consumo como diferenciación social.

4. Consumo con base a grupos homogéneos de interacción.

5. Consumo como escenario de objetivación de deseos.

6. Consumir como proceso ritual.

Es entonces que, a través de la revisión de esta clasificación, pensamos en el consumo de contenidos en Facebook desde la perspectiva de los argumentos de Canclini, y se retoman para este trabajo de investigación a través de estas cuatro formas que sintetizamos así:

1) Diferenciación social, al permitir diversas identidades que, aunque interactúen constantemente en la red, se agrupan por los contenidos que siguen. Entonces este consumo sirve para hacer esa distinción y, por

20 Para el caso específico de este trabajo de investigación, los consumos culturales, serán entendidos de ahora en adelante también como consumos culturales virtuales.

21 Consideramos que estos modelos tienen relevancia aún como una base de entendimiento del consumo cultural, aunque pueden ser sobre todo adaptables a las necesidades de entendimiento del consumo.

consiguiente, la identificación de diversos grupos que buscan contenidos especiales de acuerdo con sus necesidades y/gustos.

2) Grupos homogéneos, porque dentro del mismo Facebook, las comunidades a las que pertenece cada usuario por intereses afines, procesos comunicativos eficientes y demás, favorecen la sociabilidad y el intercambio de significados culturales y satisfacción de ciertas necesidades, como afirma García Canclini (1993): “Es tan fundamental en el consumo la posesión de objetos y la satisfacción de necesidades, como la definición y reconfirmación de significados y valores comunes” (p. 29).

3) Objetivación de deseos, ya que pueden generarse acciones como informarse, relacionarse, intercambiar elementos, compartir, etcétera. Todo esto puede ser motivo de deseo, lo que, dentro de un espacio virtual como Facebook, existen altas probabilidades de que sea conseguido.

4) Como un proceso ritual, ya que diariamente son más las personas que utilizan este tipo de espacios y los incorporan a su vida cotidiana dándole preponderancia sobre otras actividades o bien, como una actividad repetitiva para satisfacer esos deseos o necesidades mencionados ya anteriormente.

Dadas las características simbólicas y de prácticas sociales y culturales que esta propuesta contiene, al momento de nuestro interés en los consumos culturales virtuales, es necesario revisar el siguiente concepto, que es la identidad, ya que éste ayudará a entender formas de gusto/interés por ciertos tipos de consumos, así como pensar tanto en elementos individuales de los usuarios como de las comunidades que se forman en lo virtual.