CAPÍTULO 3 REGIONALIZACIÓN DEL CIBERESPACIO
4.3 La etnografía virtual: un método cualitativo
y de investigación, el peso social y cultural juegan un papel muy importante para el momento de involucrarse en lo virtual y esto requiere habilidades y consideraciones tanto en los usuarios como en los investigadores que buscan entender las nuevas realidades sociales.
Luego entonces, introducirse como investigador en el mundo virtual requiere comprender un mundo que, si bien es paralelo a la realidad de cada sujeto, experimenta una re significación y reconfiguración de las interacciones sociales, porque su construcción no es ajena al mundo real cotidiano; ya que el mundo real es el que nutre de contenidos y significaciones lo virtual. Así, encontramos anteriormente salas de chat, mientras que, en la actualidad redes sociales y profesionales, transmisiones en streaming, espacios para el consumo informativo y más. En consecuencia, no es posible entender algo en lo virtual – salvo con elementos que son nativos del entorno ciberespacial– sin la contextualización y significaciones reales que cada usuario lleva consigo; y es esto lo que vuelve compleja la tarea del investigador y lo que nos ha llevado a incursionar por nuevos caminos de la etnografía. Así, revisemos más a detalle en qué consiste el método de la etnografía virtual y la necesidad imperante para esta investigación.
participante– en el contexto donde se desenvuelven los sujetos de estudio, tal como lo define Hine (2004): “La etnografía nos ofrece la promesa de poder acercamos a la comprensión de cómo las personas interpretan el mundo que las rodea o cómo organizan sus vidas” (p. 56). A su vez, la etnografía tradicional da una mirada importante –dentro de los marcos sociales, culturales y antropológicos–, que hay detrás de cada sujeto y las conexiones sociales que realiza, y lo hace con referencia a marcos estructurales que logran explicar estos procesos (Domínguez, 2007).
Dentro del mundo de la investigación, ha existido un cambio, porque hay que adaptarse a las circunstancias y exigencias académicas en la búsqueda del conocimiento, por lo que el método etnográfico:
ha evolucionado para contribuir al análisis de un fenómeno que tiene dimensiones culturales, sociales y cognitivas emergentes, por lo tanto, son profundamente significativas para entender uno de los ángulos del mundo contemporáneo y de la emergencia de prácticas pedagógicas innovadoras (Ruíz Méndez y Aguirre Aguilar, 2015, p. 70).
Por su parte, Ardèvol y Gómez (2012) aseveran que “la etnografía es un método que consiste en que el investigador se sumerja en el mundo que estudia e intente describirlo teniendo en cuenta el punto de vista de quienes lo viven” (p.
192). Así, conjunta tanto la visión de los sujetos de estudio como del mismo investigador que busca conocer algo referente a esos sujetos y su propio entorno, en donde también es un sujeto participante.
Así, la etnografía tradicional marca una base para la forma metodológica que se trabaja en esta investigación. Aunque, para este proyecto, la adaptación de la etnografía al mundo virtual es la opción por la que se hemos optado, tomando base las estipulaciones de Christine Hine (2004) como la principal guía del trabajo metodológico, sin embargo, hay muchas otras consideraciones de diferentes autores que refuerzan y adaptan nuestra construcción teórica del método para una mejor adaptación y guía acorde con nuestro objeto de estudio y especificaciones más precisas en el ámbito de los estudios regionales.
Recientemente ha habido una mayor atención al estudio de la conectividad y las interrelaciones. Por lo cual, Hine (2004), afirma que existe una mayor preocupación por los fenómenos translocales, ya que “la etnografía ha sido particularmente notable en los estudios de la ciencia y la tecnología [Franklin, 1995] así como en los estudios culturales y de los medios [Radway, 1988]” (p.
76). Sumando a ello, la misma Hine (2004) considera que con este tipo de etnografías se rompe con la noción de espacialidad en las comunidades para concentrarse en los procesos culturales en lugar de los lugares físicos. Como ya hemos discutido en el apartado de regionalización (ver apartado 3) la manera en que ambos aspectos pueden ser concomitantes, ya que existe una separación del espacio geográfico para ubicarnos en una espacialidad virtual y darle mayor peso a las prácticas culturales, las concepciones identitarias y las interacciones sociales pero ambiente el mundo físico provee elementos que están presentes en lo virtual y viceversa.
Y es que, tal como lo consideran Ruíz y Aguirre (2015) la utilización de las TIC no debe ser visto como especie de amenaza para las relaciones sociales; sino que ésta “aumenta sus posibilidades de reestructuración en términos tempo- espaciales, por lo que el uso y la apropiación de una cultural digital contribuye a la definición de la modernidad que caracteriza al mundo actual” (p. 75).
Sumado a esto es necesario entender que “el interés por la etnografía virtual o en línea surge cuando el objetivo es no sólo estudiar los usos de Internet, sino también las prácticas sociales en línea y de qué manera estas prácticas son significativas para la gente” (Mason, 1999 en Ardèvol, Bertrán, Callén y Pérez, 2003, p. 73). De esta manera, adoptar este tipo de método para abordar lo social en el ciberespacio, es una tarea que sólo puede lograrse entendiendo el contexto que implica la red, porque según Ardèvol y Vayreda (2002), en la etnografía virtual los dispositivos se vuelven mediadores que tienen injerencia en las prácticas, en las formas y en los usuarios. Es posible entonces mencionar el papel primordial que tienen las herramientas tecnológicas para lograr un análisis más completo y bien encaminado de los fenómenos sociales abordados en las investigaciones que utilicen este método. Las herramientas tecnológicas
colaboran a lograr un análisis completo y bien encaminado hacia los objetivos de investigación, deben estar relacionado ampliamente con las formas y hábitos de uso de los sujetos y ciberespacios a estudiarse.
Así, la etnografía virtual se enfoca en interacciones dentro de espacios digitales que permiten un mejor acercamiento al objeto de estudio en su ecosistema natural, mediante una red social situada en el ciber espacio. Y es que, tal como aprecian Ruíz Méndez y Aguirre Aguilar (2015), en la etnografía virtual, “la participación continua del investigador, en los escenarios virtuales donde se desarrollan las prácticas, permite el análisis de dinámicas, negociaciones, transacciones, contemplando esa dualidad entre lo real y lo virtual” (p. 78). El uso de Facebook –como ya se ha mencionado–, se hace de características que lo colocan como una oportunidad de múltiples interacciones, de constantes y variables informativas, instantaneidad, de fugacidades e incluso de adopción de identidad y/o elementos culturales propios de los entornos digitales o relacionados a ellos (ver apartados 1.1 y 1.3).
Domínguez (2007) considera que la etnografía virtual va más allá de un solo trabajo virtual, implica también concepciones reales y que forman parte del usuario, ya que no trabaja sólo con comunidades virtuales, no busca únicamente grupos más o menos homogéneos –con características comunes–, que estén o no ubicados en contextos espaciales, su campo de estudio no es únicamente el ciberespacio, así como los temas que estudia no son sólo los temas de los que tratan las comunidades virtuales y su método de estudio no consiste sólo en analizar las comunicaciones en un espacio virtual. De este modo, se realizan interacciones en espacios digitales que permitan un mejor acercamiento al objeto de estudio en su ecosistema natural, en este caso el trabajo mediante una red social, donde la introducción personal en el contexto de internet es necesario para la investigación.
Christine Hine (2004) entiende que el estudio de espacios virtuales conlleva ciertos inconvenientes, entre los que destacan “la autenticidad de las interacciones mediadas como material para la comprensión etnográfica y la selección de sitios adecuados para estudiar internet como cultura y como objeto
cultural” (p. 57). Así, la autora propone entender el rol de la etnografía aplicada a las nuevas tecnologías mediante tres elementos fundamentales de análisis o áreas para conocer:
• EI rol del viaje y de la interacción cara a cara con la etnografía.
• Texto, tecnología y reflexividad.
• La constitución del objeto etnográfico.
A partir de estos tres elementos, se generan los dispositivos necesarios para poder realizar el trabajo etnográfico virtual que ayude a entender el comportamiento de los rasgos identitarios y de prácticas –en Facebook en nuestro caso–, como un grupo en interacciones constantes y con características significativas de representación cultural en sus consumos culturales. A la par, Mosquera Villegas (2008) comprende que es importante entender que la etnografía virtual tiene una función que “puede ser parcialmente concebida como una respuesta adaptativa y plenamente comprometida con las relaciones y conexiones, y no tanto con la localización” (p. 543). Por ello, se considera que este método es adecuado para la investigación que aquí se realiza.
Ardèvol y Gómez (2012) entienden que el mundo virtual tiene un impacto profundo en diversos aspectos de la vida social, por lo que aseveran que
“cualquier objeto de estudio de las ciencias sociales pasa por Internet y que son muy pocos los campos de estudio que escapan a la red, ya que esta permea prácticamente todos los ámbitos de la vida social, personal y colectiva” (p. 197).
Y es que el objeto de estudio de cada investigación es una oportunidad, una ventana a nuevas formas de conocimiento y a la vez de nuevas formas de acceder a ese conocimiento, si se ve a lo tecnológico desde un aspecto social de influencia en el usuario, entonces el objeto de estudio es una hibridación tecno social que:
Va más allá del texto y más allá de una mirada exclusivamente sociológica o psicosocial centrada en el sujeto o en el discurso textual. La etnografía virtual es entonces una oportunidad para transformar reflexivamente el propio método y replantear los supuestos teóricos y epistemológicos que sustentan nuestra relación con lo técnico (Ardèvol, Bertrán, Callén y Pérez, 2003, p. 89).
La etnografía virtual ha ido creciendo como forma de investigación, pero también crece en su construcción teórico epistemológica, gracias a que el mismo conocimiento así lo exige. No es posible quedarse anclado en una sola opción metodológica –como la etnografía tradicional–, porque el acercamiento a la realidad propicia ramas de conocimiento que hay que ir siguiendo y detallando poco a poco. Entonces, la etnografía virtual permite un acercamiento más adecuado al ciberespacio. También logra que el investigador recurra a nuevas formas de entender y expresar un mundo virtual que es, de alguna manera, un reflejo del mundo real, pero a la vez, una dimensión donde es fácil desorientarse por el cúmulo de información, identidades, multimedios y demás elementos que es posible hallar en la web y que son compartidos y transformados a grandes velocidades y en diversas direcciones.
Así, la evolución de la etnografía ha llevado a entender que desde esta nueva óptica –la de la etnografía virtual–, se tiene que ver más allá de lo que ocurre en el ciberespacio; y esto requiere entender las vinculaciones de las dos dimensiones: la realidad cotidiana y lo virtual. Esto se debe a que son dos entes concomitantes y en constante interconexión compleja; por lo que cuando pareciera que se ha logrado entender una parte de un fenómeno social; el otro lado del mismo, su efecto de reflejo en el espejo –en esa dimensión virtual–, es algo que se describe e interpreta de forma diferente. Por esto es importante también agregar que el puente entre el mundo físico y el virtual debe estar evidentemente bien delimitado, ya que como afirman Ardèvol, Bertrán, Callén y Pérez (2003):
A la hora de pensar en formas creativas y funcionales de metodologías de investigación en estos nuevos contextos, debemos pensar en positivo a partir de las posibilidades que se nos ofrecen para evitar los discursos totalmente carenciales del medio que nos hagan caer en el error de hacer adaptaciones directas de las metodologías offline (p. 90).
Finalmente, es posible afirmar que la etnografía virtual abre posibilidades para entender nuevos contextos socioculturales, en donde los individuos
establecen nuevas formas de relacionarse, de expresarse, de comunicarse. Hoy en día, la vida social está estrechamente vinculada con la tecnología y, por lo tanto, con dimensiones virtuales a donde se traslada la acción social. Por ello, esta metodología es una oportunidad para que la generación de conocimiento no quede fuera de foco o rezagada; sino que lleguemos por nuevos caminos, a entender mejor las manifestaciones emergentes de la sociedad. El hecho de buscar por medio de nuevos acercamientos metodológicos las explicaciones de fenómenos de la vida social, seguramente otorga la oportunidad de entender mejor al ser humano como un ente cambiante y poco predecible.
De esta manera, en el siguiente apartado se detalla cómo es que se ha aplicado la etnografía virtual en la presente investigación, de forma que se explican las técnicas y los instrumentos que se han usado para el acercamiento con el objeto de estudio y la manera en que se hacen los análisis posteriores con los resultados obtenidos.