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Integración formal

6. Los inicios

6.3. Documentación. Acceso a los papeles

raíces”, “durísima separación” del cónyuge, “crisis emocional” por no ver a los hijos o a los padres, etc.

Para una parte de los inmigrantes del Sur con bajo estatus económico-profesional, la intensidad de los problemas que padecen en su primera etapa de asentamiento les lleva a veces a situaciones límite o momentos de “duelo inmigratorio”, en expresión de una mujer marroquí, en los que hace falta “tener una personalidad fuerte”, saber “aguantar” y “no escapar de la realidad con estimulantes”. Un duelo que se vuelve especialmente grave entre los inmigrantes jóvenes impactados en sus países de origen por la imagen de éxito de los emigrantes que volvían a su país de vacaciones (“con su coche y sus casas”) y que luego se han encontrado “todo negro” al llegar a España:

“- (Mujer marroquí) No hemos hablado del duelo inmigratorio, porque hay un duelo inmigratorio, que la gente que se pone loca. Bueno, pasa más en los chicos que en las chicas. Los chicos normalmente vienen con una idea de pasear porque han visto a sus vecinos que han bajado con coche, han visto sus casas, vienen aquí, lo encuentran todo negro y entonces se meten en la droga o a beber y a fumar o lo que sea, o a máquinas tragaperras. Entonces, qué te digo, hay un tanto por ciento que se vuelven locos, a los tres años o cuatro años en este sistema, están cada vez peor, que Dios sabrá cómo lo hacen… (…) Porque la crisis de la vida, si no tienes una personalidad fuerte, tienes que tener una base fuerte y saber y decir: ‘yo voy a inmigrar pero voy a inmigrar y voy a aguantarme todo lo que me digan, sin ir a ningún lado a donde no tenga que ir. Pero hay mucha gente que se escapa de la realidad, que va buscando un estimulante y luego cuando ya está metido en la misma línea ya no quiere irse para atrás y esto es un problema” (GD15).

En el medio plazo, la estrategia de instalación en España depende, no sólo de las condiciones y posibilidades materiales de cada migrante, sino también a su orientación ideológica específica que, como hemos visto, oscila entre el repliegue protector en el propio colectivo de referencia, la normalización del estatus jurídico-laboral prescrito por el estado para los inmigrantes, la integración competitiva en una sociedad pluricultural y con igualdad de oportunidades o bien en la demanda –más retórica que efectivamente articulada- de una ciudadanía intercultural e instituyente a escala planetaria.

situación irregular30, antes de obtener la documentación correspondiente del llamado Régimen general. Sin embargo, la documentación es mucho más fácil para los extranjeros procedentes de la Unión Europea o que reúnen las condiciones para acogerse al llamado Régimen comunitario31. Existen, además, otras formas de residencia legal menos habituales entre las que destacan e l asilo político32 y la tarjeta de estudiante33, así como una figura oficial de registro de la presencia en España, el empadronamiento municipal, que no implica necesariamente disponer de un documento de residencia en vigor y, sin embargo, da acceso a la tarjeta sanitaria y a otras prestaciones sociales, además de servir de prueba para acreditar el arraigo en España.

Según la estadística del Ministerio del Interior, a 31 de diciembre de 2007 había 3.979.014 extranjeros con certificado de residencia en vigor, de ellos el 40,7% del Régimen comunitario y el 59,2% del Régimen general. Dentro del Régimen comunitario no sólo se encontraban los procedentes de la Unión Europea (de ellos el 38% de Rumania y Bulgaria) sino el 48% de los originarios de América del Norte, el 18% de los latinoamericanos (sobre todo de Colombia, Argentina, Perú y Cuba), el 6% de los asiáticos y el 5% de los africanos34. Por último se encuentran aquellos inmigrantes que han obtenido la nacionalidad española y, por tanto, la equiparación plena de derechos con los autóctonos.

Quienes se acogen al Régimen comunitario son conscientes de su situación de privilegio en relación a los del Régimen general, en la medida que pueden residir y trabajar sin

30 Los datos del último Padrón Continuo de Población (1 de enero de 2008) registraron a 5.995.962 inmigrantes (residentes en España nacidos fuera) y 5.220.577 extranjeros (residentes en España con nacionalidad extranjera), mientras los permisos de residencia vigentes en esa fecha (concedidos por el Ministerio del Interior) eran 3.979.014.

Esto supone que, en principio y con algunas salvedades, un 23,8% de extranjeros inscritos en el Padrón no contaban en esa fecha con un documento vigente de residencia legal en España. Esta situación se arrastra desde hace muchos años como lo demuestra el hecho de que en una encuesta aplicada en 2000 a 1.579 trabajadoras inmigrantes, el 74%

había iniciado su estancia en España de forma irregular (el 19% había venido con permiso de trabajo y el 6%

acogiéndose al derecho de reagrupación familiar). Ver COLECTIVO IOÉ, Mujer, inmigración y trabajo, Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, Madrid, 2001.

31 Este Régimen se aplica a los ciudadanos comunitarios y a sus familiares directos no comunitarios (cónyuge, hijos o nietos, padres y abuelos) que tienen derecho a la libre circulación, libre establecimiento. libre trabajo y libre reagrupación de otros parientes en España.

32 Durante 2006 hubo 5.297 solicitudes de asilo y se resolvieron favorablemente 168 (3,9% de las solicitudes). De las solicitudes, el 70% correspondían a los procedentes de cinco países: Colombia (2.239), Nigeria (632), Marruecos (281), Costa de Marfil (236) y Argelia (230); y de las resoluciones favorables, 40 eran de Colombia, 16 de Venezuela, 14 de Bielorrusia, 12 de Irán y 10 de Guinea Ecuatorial y de Paquistán. OBSERVATORIO PERMANENTE DE LA INMIGRACIÓN, Anuario de extranjería e inmigración 2006, en www.extranjeros.mtas.es.

33 A 31 de marzo de 2008 estaban vigentes 42.878 tarjetas de estancia por estudios, de las que el 53,5%

correspondían a mujeres. Mas de la mitad precedían de América Latina (27.185), seguida de africanos (5.454), asiáticos (5.013) y de América del Norte (3.398). MINISTERIO DE TRABAJO E INMIGRACIÓN, en www.extranjeros.mtas.es.

34 Ver OBSERVATORIO PERMANENTE DE LA INMIGRACIÓN, Boletín estadístico de extranjería e inmigración, Nº 15, enero de 2008.

restricciones en España con derechos equivalentes a la población nativa, razón por la que a veces se producen trampas, como matrimonios de conveniencia con un español o española, para poder acceder a dicho Régimen (“era la única manera de evitar esos rollos”):

“- (Mujer colombiana) Sacar la residencia por el Régimen Comunitario facilita totalmente las cosas. Yo llevaba cinco años y lo estuve intentando todo, por arraigo y por todo. Y nada, me dijeron que lo más fácil era casarme (con un español), que era la única manera de evitar esos rollos… es automático y obtienes los mismos derechos, o sea, si el Régimen general te condiciona un montón, que si sacarse el permiso, que si tienes que estar cinco años pendiente de tener contrato, que tienes que trabajar, que tienes… En el caso de casarse ¡no es así!

- (Mujer argentina) Pero el romanticismo y el amor mueren también. Es una pena (risas)” (GD17).

Los solicitantes de asilo agradecen al gobierno el apoyo prestado en su primera etapa de estancia en España (“el gobierno ha sido muy amable, nos han tratado bien y nos han dado techo y comida”), pero plantean dos quejas: en primer lugar, que no les dejen trabajar durante los dos años que suele durar el trámite de la solicitud; en segundo lugar, que se apliquen criterios demasiado estrictos para reconocer el estatuto de refugiados, lo que origina una proporción de concesiones inferior al 5% de las solicitudes. La prohibición de trabajar les parece algo injusto (“esa ley es una pasada”), sobre todo para aquellos asilados con escasos recursos que salieron de su país con el objetivo de trabajar y enviar remesas a sus familias de origen, lo que les induce a buscar empleos en la economía sumergida:

“- (Hombre colombiano solicitante de asilo)A Colombia no podemos volver. Nos han brindao el techo y la comida en un albergue, y tenemos que esperar 6 meses para buscar un trabajo ya que estamos sin plata, sin nada hemos venido para luchar y salir adelante. (…) Llegamos al aeropuerto de Madrid sólo con el pasaporte. En la aduana la policía nos recibió muy bien, en inmigración nos atendieron bien y de ninguna manera nos trataron mal. Estamos muy agradecidos con el gobierno de acá de España, que han sido muy amables, nos han tratado bien, nos han dado techo, comida y eso es muy importante. Después, más tarde, a ver si tenemos trabajo

- (Hombre de Costa de Marfil solicitante de asilo) Estamos agradecidos al gobierno español por lo que ha hecho por nosotros, los africanos que estamos en España. Y pedimos disculpas al gobierno, a la vez que le pedimos papeles para poder trabajar aquí… (porque) en mi opinión esa tardanza (en darles la posibilidad de trabajar) te legitima para trabajar porque me parece una pasada estar dos años esperando ” (GD8).

En cuanto a la baja proporción de concesiones de asilo, además de criticar la exigencia de

“pruebas fehacientes” cuando la mayoría tuvo que salir con lo puesto y no cuenta con testigos directos en España, se sospecha que existen otros motivos no conocidos (“a cualquiera no se lo dan, no se sabe por qué”). El resultado final para la inmensa mayoría de solicitantes de asilo es su paso al estatus de “indocumentados”, a la espera de poder tramitar el Régimen General por la vía del arraigo o bien buscar algún atajo para acceder al régimen comunitario o tener la suerte de

que se produzca una regularización extraordinaria. Esta espera, hasta que se consiguen los papeles, se describe como muy difícil (“jodida… con miedo… sin papeles es muy duro encontrar trabajo, todo el mundo te rechaza…”):

- (Mujer colombiana a la que se ha denegado el asilo) “Yo salí obligada y pedí asilo, pero después de dos años de espera no me lo dieron… al noventa y nueve punto nueve por ciento no se lo dan,

¿por qué?: por lo que me dijeron en la denegación: que no se justificaba lo que decía, o sea, que no había pruebas. Yo conté lo que había pasado, lo que pasaba realmente y, aún así, ellos… Es muy difícil, a cualquiera no se lo dan, no se sabe por qué… Ahora estoy jodida… haciendo la apelación a ver qué pasa. Hay que esperar. Antes no vivía con tanto miedo como ahora, me da mucho miedo salirsin papeles es muy duro encontrar trabajo, todo el mundo te rechaza

Hay que luchar a base de bien… Lo tengo jodido, mal, porque o me tengo que casar con un español –y yo no me quiero casar, eso lo tengo claro- o tengo que esperar un año más para coger el permiso por arraigo, así que a esperar. Y mientras estoy apelando… lo bueno sería que hicieran una regularización… cuando yo llegué estaban en eso” (GD8).

El problema de los papeles se presenta sobre todo para los inmigrantes no comunitarios que tienen que recurrir al Régimen General y que, debido a las restricciones de la política migratoria española, se ven forzados a residir y trabajar sin papeles, con la expectativa de conseguirlos una vez establecidos y empadronados. El empadronamiento en los ayuntamientos es relativamente fácil para los inmigrantes sin papeles que lo consideran, cada vez más, un paso

“imprescindible” para asentarse en España. En varios momentos de nuestros grupos de discusión se alude a un problema de sobrerrepresentación de los Padrones municipales, tanto por abusos de los Ayuntamientos (interesados en aumentar el número de habitantes para acceder a más recursos) como de los propios inmigrantes, que apuntan a personas que no habitan en la vivienda o no se dan de baja una vez que se van, etc., e incluso por la dificultad de “desempadronarse”

cuando se necesita viajar al país de origen y obtener el visado de entrada para solicitar el permiso de trabajo.

Como ya hemos avanzado, y se ampliará en el próximo capítulo, la estancia en España sin la documentación requerida representa para muchos inmigrantes una etapa complicada y que puede durar bastantes años, en la que no están garantizados los derechos básicos de la persona empezando por la propia seguridad (miedo a ser detenidos y expulsados del país), los abusos laborales (frecuente explotación en empleos sumergidos), el hacinamiento en la vivienda y la incomprensión y el rechazo social de una parte de la sociedad española, en especial hacia los procedentes de países de mayoría islámica o que presentan rasgos fenotípicos o culturales diferenciados (subsaharianos, amerindios, gitanos, etc.).

Lo más difícil es conseguir los primeros papeles (“se te hacen un mundo”). Se considera que los “engranajes” para legalizar son “kafkianos”, con “mecanismos horribles que te hacen acumular odio” y “hacen que no fluya la cosa”. El inmigrante se ve “atrapado en esa red”, con

“filas interminables” y acoso policial (“están yendo a por nosotros”). Tanto si vas de paseo como si estás en el trabajo la policía pide papeles (“venga, ¡papeles!”), produciéndose detenciones y a veces órdenes de expulsión, con la complicación que supone contratar y pagar a un abogado.

Muchos inmigrantes sin papeles están atemorizados (“salimos con miedo… no podemos trabajar bien”) y en general hay consenso en que “en lo de legislar España no está a la altura” y debería

“mejorar el sistema”:

“- (Hombre cubano) Los sistemas para conseguir los papeles son kafkianos.

- (Mujer argentina) A eso me refería yo, en lo de legislar España no está a la altura… Eso diez años atrás ¡vale!, cuando venían cinco gatos locos, pero ahora ya no, ahora ya esto cambió, viene mucha más gente de muchos más lados y otro tipo de gente, entonces tendrían que mejorar el sistema… porque es kafquiano.

- (Hombre cubano) Y los engranajes para legalizar eso son… Es lo que ella decía… Por ejemplo, un extranjero que va a hacer un trabajo que un español no quiere realizar, y tiene que regresar a su país y en la embajada española hacer ese contrato legal… Son unos mecanismos horribles, que te hacen acumular odio. (…) Son engranajes bastante kafkianos, que no hacen que fluya la cosa, y entonces el inmigrante se ve atrapado en esa red… filas interminables… ¡en Cuba sabemos mucho de eso!” (GD17).

“- (Hombre boliviano) Ahora la policía está controlando más, está agarrando más gente en la calle, están yendo a controlar más a las construcciones y también están yendo al campo porque el caso de algunos amigos que estaban trabajando en media cosecha, llegó la policía: ’venga,

¡papeles!, ¡arriba!, ¡vamos!…’. O sea, ahora sí, la cosa ya está un poquito más grave… En cuestión de papeles, legalizaciones y todas esas cosas, a los ilegales les va mal porque usted se va de paseo y la policía: ‘venga, ¡papeles!’. ‘No’. ‘Pues vamos a dar un paseo…’. Ese es el caso, que mayormente tenemos un poco de miedo, ése es el motivo de que las cosas están yendo ahora un poquito mal, están yendo a por nosotros que no llevamos los papeles. Y salimos con miedo, con temor, no podemos trabajar bien… Y aquí en Murcia estamos mejor que en Madrid o en Barcelona o en Valencia, la policía allí controla más que aquí en Murcia, eso es lo que me han comentado algunos amigos que están por allá” (GD4).

“- (Hombre paquistaní) Cuando dan la carta de expulsión, tienes que dejar el país y no te queda más remedio que contratar a un abogado, de esos abogados que de alguna forma nos ayudan u orientan: ‘oye, ¿qué se puede hacer frente a este aviso de expulsión?, ¿qué debo hacer’” (GD5).

La lucha con la burocracia se mantiene mientras duran los permisos temporales (primera y segunda renovación, de dos años de duración cada uno), hasta que se obtiene el permiso permanente o la nacionalidad española35. El ritual de los papeles, o “fetichismo de los papeles”

35 A 31 de diciembre de 2007 había 322.000 extranjeros con permiso inicial (de un año), 873.000 de primera renovación, 272.000 de segunda renovación y 852.000 permanentes. El mayor número de primera renovación incluye a los extranjeros que se acogieron al proceso extraordinario de normalización de 2005. Por otra parte, en 2006 se registraron 62.339 concesiones de nacionalidad por residencia, de las que el 83% corresponden a los

en expresión de Liliana Suárez36, tiene su punto de inflexión al cabo de este plazo de cinco años, a partir del cual se produce la apertura de una nueva etapa, una vez superado lo más duro de la asfixiante tutela administrativa (incluso la nacionalización requiere muchos trámites).

Como se trata de permisos individuales, las familias se quejan del tiempo y el dinero que han de emplear para tramitar los papeles de ellos y de sus hijos (“cada cosa nos cuesta mucho dinero”), así como de la lentitud de los procesos de reagrupación familiar (“ya estamos aburridos”), los casos de denegación y vuelta a empezar (“hacer colas otra vez y otro año esperando”), etc.:

“- (Mujer brasileña) Sacar los documentos es horrible, ¡horrible! Cuando tuve que renovar la tarjeta, que me había vencido, tuve que llegar a la extranjería a las tres de la mañana y tenía treinta personas delante… ¡treinta personas a las tres de la mañana!, pues dormida en la cola. Para nosotros los inmigrantes, un documento aquí es horrible, ¡horrible!

- (Mujer ecuatoriana) Nosotros cada año tenemos que estar cuatro meses sacando papeles… ya estamos aburridos también, o sea, podía ser como en otros países para diez años, pero aquí cada año, cuatro meses… de nosotros y hasta de los hijos. Mis hijos tenían para un año, ya los he presentado, no sé para qué tiempo les saldrán, y saca de la mayor, saca de la otra y dinero para Ecuador porque tiene que venir lo de la partida de nacimiento con un sello de Ecuador, y otra vez… ¡que gastamos mucho en eso! Cada cosa nos cuesta mucho dinero. Una partida de nacimiento cuesta mucho dinero” (GD15).

“- (Mujer peruana) Sabe lo que pasa, que hay mucha gente que ha pedido papeles y se los han denegado y eso tarda un año o año y medio o dos años y luego tienes que volver otra vez a intentarlo. Mucha gente se pasa el tiempo esperando y al final no tienen nada. Y hacer colas para el tema otra vez y otro año te tiras esperando” (GD2).

Ante “la cuestión de los papeles” la postura que adoptan los migrantes varía mucho de unos casos a otros dependiendo de su posición ideológica, el estatus económico-profesional y la experiencia particular que cada persona ha tenido en materia de documentación.

Desde la posición de repliegue defensivo lo que prevalece es el derecho del propio grupo a sobrevivir, algo que se coloca por encima de las prescripciones de los estados, sea éste el de origen o el de destino. En cambio, desde la inserción subalterna se otorga primacía al orden estatal y, en principio, se considera que lo adecuado es emigrar con los papeles en regla. En el primer caso, no se niega que la documentación sea importante pero se le otorga una función

procedentes de siete países: Ecuador (19.477), Colombia (12.720), Marruecos (5.960), Perú (4.713), Argentina (3.536), República Dominicana (2.805) y Cuba (2.703). OBSERVATORIO PERMANENTE DE LA INMIGRACIÓN, Anuario de extranjería e inmigración 2006, en www.extranjeros.mtas.es.

36 Ver SUÁREZ, L., “Inmigración: irregular, regularizaciones y efectos en la identidad de los inmigrantes”, en II Congreso sobre la Inmigración en España, Madrid, 2000.

instrumental o utilitaria (se gana tranquilidad, se accede a servicios y prestaciones, etc.); en el segundo, los papeles son esenciales ya que sin documentación (reconocimiento estatal) se borra la identidad social (“como si no existieses”) y el sujeto se invisibiliza (“no tocar, no mirar nada… no llamar la atención”) y, de alguna manera, se siente culpable (“pedimos disculpas al gobierno”). Los migrantes sin papeles han cometido una falta que están dispuestos a reparar: a cambio de la gracia de los papeles, hacen la promesa de “comportarse correctamente”, adaptarse a las normativas españolas (asimilación) y ser buenos trabajadores que contribuirán a la riqueza del país con sus cotizaciones:

“- (Hombre paquistaní) Sin papeles, de alguna forma, es como si no existieses… Por la calle voy tranquilo: no tocar nada, no mirar nada… Espero que cambie la situación en el momento que tenga papeles” (GD5).

“- (Hombre de Ghana) El gobierno debe justamente hacer algo después de esto y entonces darnos los papeles legales… y entonces nosotros pagaremos impuestos, porque si no los países se van para abajo, y podremos vivir, podremos comer… Pero no podemos hacer nada sin la ayuda del gobierno. Por eso yo llamo para que el gobierno nos ayude a nosotros en esto que necesitamos”

(GD3).

“- (Hombre de Costa de Marfil) Estamos agradecidos al gobierno español por lo que ha hecho por nosotros, los africanos que estamos en España. Y pedimos disculpas al gobierno… Uno tiene que comportarse correctamente y no abusar del sitio donde está. No puede dedicarse a robar y tal.

Entre los que vienen hay de todo pero nosotros tenemos un planteamiento claro: lo que queremos es documentación para poder trabajar y desarrollar un poco nuestra vida” (GD8).

Un sector de los emigrantes españoles, desde la perspectiva del retorno, recuerda que en su época fueron mayoría los que salieron de España sin papeles (“era una inmigración masiva”)37 y pide comprensión hacia los actuales inmigrantes a los que les pasa lo mismo (“si hay necesidad, tienen que salir”). Se apunta a una especie de ley general de la historia humana (emigrar para sobrevivir: “mis abuelos se fueron a cuba sin nada en el bolsillo… mis tatarabuelos emigraron de España a Argentina”), frente a otro sector de retornados que recuerda que ellos emigraron con un contrato en regla y que lo mismo debe exigirse ahora (“como tiene que ser”):

“- (Emigrante español retornado de Suiza) Mi vida en Suiza al principio con muchas dificultades, yo fui uno de los emigrantes que marcharon allí por las buenas. En el cincuenta y nueve no exigían contrato de trabajo, yo cogí una maleta de aquellas que salen en las películas casi atadas con cuerdas, no estaba atada

37 Entre 1950 y 1975 emigraron a América algo más de 800.000 españoles, pero el principal flujo, de alrededor de dos millones de trabajadores, se orientó en esa época hacia los países del centro de Europa que se encontraban en un proceso de reconstrucción económica después de la Segunda Guerra Mundial. En contra del mito franquista de la emigración asistida, la emigración irregular (entonces llamada “no asistida”) superó casi todos los años el 50% del flujo migratorio hacia Europa. Ver BABIANO, J. y FERNÁNDEZ, A., “El fenómeno de la irregularidad en la emigración española de los años sesenta”, en Documentos de Trabajo de la Fundación 1º de Mayo, Madrid, 2002; y SANZ, C., “Clandestinos”, “Ilegales”, “Espontáneos”… La emigración irregular de españoles a Alemania en el contexto de las relaciones hispano-alemanas, 1960-1973, CEHRI, Madrid, 2004.