Integración formal
7. Relaciones sociales y modalidades de convivencia
7.4. Relación entre los diversos colectivos de inmigrantes
La relación de unos inmigrantes con otros está marcada, básicamente, por dos hechos: la proximidad/lejanía nacional-cultural-lingüística y la posición de clase. El primero de estos hechos influye sobre todo en los inicios de la trayectoria migratoria, ya que los primeros contactos se establecen con personas del mismo origen nacional o lingüístico, y se abren poco a poco a personas de otras procedencias (vecinos, compañeros de trabajo, etc.). Los latinos se relacionan principalmente con otros latinos (la lengua común es clave para facilitar la comunicación), los musulmanes de diversos países tienen en común su adscripción religiosa (aunque marroquíes y argelinos tienen bastantes conflictos y los musulmanes magrebíes y asiáticos apenas se relacionan entre sí), los europeos comunitarios y no comunitarios sus respectivos lazos históricos y geopolíticos, los paquistaníes conectan bien con los indios gracias a una geografía y una historia muy compartidas, además de una lengua común (“distinta caligrafía pero se habla igual”); los africanos subsaharianos cuentan con diversos factores de proximidad (lenguas y religiones compartidas en algunos casos) además de una herencia colonial común, etc.:
“- (Mujer colombiana) Fuera del trabajo pues trato con sudamericanas, colombianas más que todo.
- (Mujer peruana) Yo tengo amigos de todos los países, de Costa Rica, de todos los países, de todos los países me relaciono bien.
- (Hombre colombiano) Yo me relaciono igual con paisanos míos colombianos y como estuve ocho años en Venezuela, me relacioné mucho en Venezuela… O sea, me relaciono mucho con
venezolanos… conocimos a un argentino y ahora seguimos con la amistad. Todavía me llaman, nos seguimos viendo algún fin de semana (…), cuando tenga tiempo yo voy, siempre…
- (Mujer boliviana) En el caso mío, bueno, yo trabajo y bueno y conozco gente de todas las partes; tengo de Nigeria, de Argentina, tengo tres amigas muy buenas, como somos vecinas, ellas se han ido para allá y todos se conocen la cruz de Bolivia. También tenemos amigas de Perú y tengo una de Colombia y también tengo de Costa Rica… Nos llevamos muy bien y a veces compartimos los platos; dicen: “hagamos esto”; de Argentina me han enseñado el asado.
- (Mujer peruana) Eso es lo bueno ¿eh?, de conocer tanta gente… y tengo una amiga que es argentina que hace las empanadas… ¿cómo es la empanada, verdad? ¡Madre mía! y México, me gusta mucho también” (GD2).
“- (Hombre hindú) Yo tengo amigos paquistaníes y mantengo muy buenas relaciones. Nos vemos y estamos hablando; nos invitamos a comer en casa; él viene a mi casa yo voy a su casa… La lengua que hablamos es la misma, el hindú. En Pakistán se habla el paquistaní pero es muy igual, igual; la misma lengua que nos entendemos...
- (Hombre paquistaní) El hindú se escribe con distinta caligrafía pero se habla igual (GD5).
Por otra parte, se observa una línea divisoria que tiene que ver con la posición socioeconómica de los sujetos. Así, los turistas permanentes que vienen a pasar sus años de jubilación en la costa mediterránea se reconocen netamente distintos de los “inmigrantes” que vienen a trabajar (“nosotros venimos con dinero, ellos piden trabajo”), pero lo mismo pasa con los empresarios, los profesionales cualificados y los estudiantes en relación a esos otros inmigrantes que vienen a España “sin papeles…”, “avalanchas de ecuatorianos y ucranianos…”,
“que están al margen de la sociedad… y la gente se aparta de ellos”. Son las élites económicas, los cuadros políticos y los profesionales superiores de cualquier país que reclaman para sí una distinción (“cada uno de nosotros somos un caso que en absoluto representa el país de origen…”) con respecto a una mano de obra barata, con escaso nivel de formación y potencialmente
“peligrosa”, que viene en masa y satura la calle y el mercado laboral (“todos los espacios se fueron cubriendo, cubriendo, cubriendo…”):
“- (Mujer inglesa pensionista) Creo que nosotros somos más preferidos que los inmigrantes.
Nosotros venimos con dinero, ellos piden trabajo” (GD16).
“- (Ecuatoriana psicóloga) Aquí al principio (años noventa del siglo pasado) era muy de poder estar, muy de poder caminar con muchas oportunidades pues laborales… La verdad estaba muy bien pagado entonces. (Pero) para el año 2000 empezaron a llegar avalanchas de ecuatorianos, en el 2001 pues llegaron los ucranianos y todos los espacios se fueron cubriendo, cubriendo, cubriendo…” (GD4).
A medida que transcurren los años en España, los diversos grupos de inmigrantes tienden a fraguar imágenes y valoraciones mutuas más o menos definidas, en parte coincidentes con las ya descritas para la población española. Así aparecen los típicos estereotipos de los marroquíes (“camellos… irascibles”), los chinos (“cerrados… mafiosos”), los europeos del Este
(“mafiosos… gitanos”) o los africanos (“atrasados… hambrientos”) que, no obstante, son enseguida cuestionados por otras personas para quienes tales opiniones son injustas y prejuiciosas (“hacemos poco por conocernos… ¡hay de todo!”):
“- (Hombre cubano) Los marroquíes son un colectivo que no se integra… es por el tema del tráfico de droga…
- (Mujer venezolana) Porque vienen a lo suyo.
- (Mujer argentina) Son más irascibles… se matan entre ellos.
- (Hombre cubano) Si es que ves doscientos durmiendo y trabajando aquí…
- (Hombre argentino) Pero se hace poco por conocerlos - (Mujer colombiana) No les interesa nada.
- (Hombre cubano) Pero lo que acá en gran medida está pasando… los que llevan mucho tiempo aquí, los chinos, antes trabajaban lo que era todo textil y ahora se han metido en mafias…
- (Mujer argentina) Pero hay españoles que también tienen…
- (Hombre cubano) También tienen… hay de todo…
- (Mujer argentina) ¡Hay de todo!” (GD17).
En algunas ocasiones el debate sobre la convivencia entre personas de distinto origen implica una autoinculpación: “nosotros mismos estamos en un gran error, no nos estamos integrando”. Esta autocrítica la hacen madres inmigrantes que se repliegan sobre su propio colectivo latinoamericano y reconocen no haber sabido “integrarse” con marroquíes o subsaharianas. Sin embargo, en el mismo debate, la apertura a otros colectivos encuentra un atajo en la asunción por parte de todos de la cultura española, que actuaría como mediadora para facilitar la relación entre colectivos diferentes, evitando así la confusión cultural (“al haber tantas clases de cultura, tantas clases de idiomas, tantas clases de….). La preocupación ya no sería entonces entender a las otras inmigrantes (“cómo llegarles, cómo son sus hábitos, cómo piensan…”) sino, simplemente, “adaptarte aquí, porque aquí estamos y aquí todos somos iguales”, “no tenemos que pedir demasiado” sino “saber estar en nuestro sitio” y corresponder a los españoles que “nos abren las manos”, proporcionan a todos “los mismos derechos” y abren
“el cole de sus hijos” a los de la población inmigrante. Es decir, la igualdad se entiende, en este caso, como la asunción por parte de “los venidos de fuera” de las pautas de relación y comportamiento propias de los “de aquí” (asimilación):
“- (Mujer colombiana 1ª) Entre los niños siempre están de todas las nacionalidades pero nosotros, adultos, no lo hacemos… O sea, yo de pronto me voy un poco con las ecuatorianas porque hablan el mismo idioma o me voy un poco con las bolivianas porque también hablan el mismo idioma, pero no me integro con usted (señala a la marroquí) ni me integro con usted (de Guinea Ecuatorial) porque no sé cómo llegarles, ni sé cómo son sus hábitos, ni sé cómo piensan, ni sé cómo eso… Entonces también es un rechazo hacia nosotros. Entonces, claro, es que nosotros mismos estamos en un gran error, que no nos estamos integrando como estamos aquí.
- (Mujer colombiana 2ª) Si la gente de aquí quiere compartir sus hijos (en el colegio) con nuestros hijos, igual las madres podríamos ser un poquito más abiertas…
- (Mujer de Guinea Ecuatorial) Yo creo que los españoles hacen mucho, mucho, mucho para acogernos ¿eh?, y muchos de nosotros que venimos de fuera no sabemos estar en nuestro sitio.
Porque ellos nos abren las manos, nos están acogiendo, tenemos trabajo, tenemos derecho a una casa y todo, entonces nosotros tenemos que coger lo bueno de ellos, no sólo decirle al español:
‘racista y España no sé qué…’. Si mi hijo va al cole, el hijo de una española va al cole, o sea, tengo los mismos derechos, entonces nosotros no tenemos que pedir demasiado y tenemos que estar ahí…
- (Mujer colombiana 1ª) Pues será lo que yo inicialmente decía, es la clase de sociedad que estamos haciendo… No hay una sociedad definida, entonces al haber tantos, tantas clases de cultura, tantas clases de idiomas, tantas clases…
- (Mujer colombiana 2ª) Yo le digo a mi hijo: ‘tienes que adaptarte aquí porque aquí estamos y aquí todos somos iguales’ y tenemos que ser así…” (GD11).
A veces la existencia de diversas culturas y orígenes nacionales no se considera un problema sino todo lo contrario: “España ya es un país pluricultural. Estamos todas las culturas aquí, de todos los países… ¡Qué bonito!... ¡lo que eso da que aprender!”. Desde este planteamiento se desea salir del vínculo exclusivo con los paisanos para abrirse a otros pueblos y culturas. Del mismo modo que al interior de España se valora positivamente la diversidad entre
“los pueblos del norte y del sur” (la España plurinacional), del mismo modo hay que apreciar en términos positivos las aportaciones mutuas entre latinos y rumanos:
“- (Mujer peruana) yo siempre le digo a mi marido: ‘me parece que España ya es un país pluricultural, estamos todas las culturas aquí, de todos los países’. ¡Que bonito!, para mí. Un intercambio cultural de tantas naciones y ¡lo que eso da que aprender!, ¿no? A mí me gusta porque yo aprendo, por ejemplo, de una chica rumana, de chicas polacas, incluso de aquí mismo, cuando te cuentan de los pueblos de España, la gente del sur o la gente del norte, ¿no?, ¡ay, qué bonito! y empiezo yo a sacar mis conclusiones” (GD10).
En algunos momentos la valoración de la diversidad transciende el plano más bien ingenuo de las diferencias “culturales” (“¡qué bonito!”) para tomar en consideración las diferencias económicas y políticas que atraviesan la vida social y, en especial, las relaciones internacionales. En tales casos, como ya hemos visto, los ejes de articulación social se plantean desde la lógica de la emancipación de los colectivos oprimidos y superando las barreras jerarquizadoras de los Estados y los bloques geopolíticos:
“-(Hombre senegales) Nos aprietan todo lo que pueden. Es el sistema capitalista ¿no?, que es un cáncer… Las cosas como son. Es que aquí… hay que hacer algo porque no podemos seguir así…
¡hay que dar la vuelta a la tortilla!” (GD9).
En síntesis, las formas de entender la convivencia entre los extranjeros, al margen de la mayor o menor frecuencia con que aparecen en nuestros grupos de discusión y de las mixturas
que se producen entre ellas, pueden entenderse a la luz de nuestro cuadro de posiciones ideológicas de la siguiente manera (ver Cuadro 7):
Grupalidad adscriptiva, ya sea como reclusión relacional y afectiva entre paisanos o personas de la misma cultura de origen, que se considera no compatible con la apertura a otras culturas (casos ya citados del indígena boliviano o la chica china que hace como que no entiende español…), o como repliegue microgrupal con parientes, paisanos o amigos ante las actitudes y prácticas de no reconocimiento o rechazo xenófobo de los nativos, situación más habitual en la primera etapa de estancia en España (sociedad intracultural).
Individualismo clientelar, ya sea ajustando la forma de convivencia a las normas y costumbres del contexto español -asimilación uniforme asumida-, o como adaptación forzosa, y provisional, a las prácticas y discursos de la preferencia nacional y la jerarquización de las relaciones sociales (sociedad monocultural).
Individualismo liberal, que plantea la convivencia entre personas de culturas y posiciones socio-económicas diversas desde el principio de la equiparación de derechos (igualdad de oportunidades) y sobre la base de un asentamiento jurídico, profesional y familiar de los migrantes. La pluralidad cultural es la prueba de la modernización de España que, no obstante, debe evitar los problemas de la masificación e inseguridad, debidos a la falta de control racional de los flujos migratorios (sociedad pluricultural).
Grupalidad electiva, que propone la convivencia intercultural de inmigrantes y autóctonos frente al clasismo, el machismo y el racismo. Defensa del mestizaje cultural y la ciudadanía planetaria, con equilibrio económico y capacidad instituyente de los grupos sociales (sociedad transcultural).
Cuadro 7
Formas de entender las relaciones sociales por parte de los inmigrantes
Buen súbdito (estado) Individuación Competidor eficiente (mercado)
Populismo regresivo Cierre Sujeción a las normas
C
Individualismo clientelar
Formas de relación ajustadas a las normas y costumbres de las sociedad española (asimilación uniforme), asumiendo la posición regulada-subordinada como inmigrantes, como asalariados y como ciudadanos.
Adaptación forzosa a las prácticas y discursos de la preferencia nacional y la jerarquización de las relaciones sociales.
Control rígido de fronteras (“coladero”). El Estado debe asumir su papel de regulación de la vida social.
B
Individualismo liberal
Convivencia entre personas de culturas y posiciones socio-económicas diversas desde el principio de la equiparación de derechos (igualdad de oportunidades) y sobre la base de un asentamiento jurídico, profesional y familiar de los migrantes.
La pluralidad cultural como prueba de la modernización de España que, no obstante, debe evitar los problemas de la masificación e inseguridad, debidos a la falta de control racional de los flujos migratorios.
Populismo progresivo Apertura Promoción meritocrática
A
Grupalidad adscriptiva
Reclusión relacional y afectiva entre paisanos o personas de la misma cultura de origen, que se considera no compatible con otras culturas.
Repliegue microgrupal con parientes, paisanos o amigos próximos ante las actitudes y prácticas de no reconocimiento o rechazo xenófobo de los nativos.
El aumento del número de inmigrantes incrementa la xenofobia, sobre todo en coyunturas de declive económico.
D
Grupalidad electiva
Convivencia intercultural de inmigrantes y autóctonos frente al clasismo, el machismo y el racismo (transculturación).
Defensa del mestizaje cultural y la ciudadanía planetaria, con equilibrio económico y capacidad instituyente de los grupos sociales.
Los nuevos discursos contra la actual globalización preconizan cambios profundos en las relaciones sociales.
Endogrupo Grupalidad Exogrupo
Sociedad pluricultural
(Integración formal)
Sociedad monocultural
(Inserción subalterna)
Sociedad intracultural
(Repliegue defensivo)
Sociedad transcultural
(Proyección instituyente)
En los textos analizados aparece con mucha fuerza la categoría de “inmigrantes”, como sujeto colectivo diferenciado y contrapuesto al de los nativos. Se trata de un concepto que ha ido adquiriendo cada vez más peso en el discurso social a medida que la población extranjera aumentaba en España. Para unos, el flujo de inmigrantes en los últimos años ha sido tan grande que ha dado lugar a un proceso de masificación y deterioro de las relaciones sociales y de la convivencia; para otros, en cambio, el creciente número de inmigrantes es a la vez síntoma y resultado de la modernización y apertura de la sociedad española, que ya no puede dar marcha atrás. Dos visiones enfrentadas que podemos comprender a la luz de nuestro cuadro de posiciones ideológicas: los cuadrantes de la izquierda tienden a ser pesimistas-regresivos (el aumento de inmigrantes perjudica la convivencia: “somos demasiados”) y los de la derecha optimistas-progresivos (“España ya es un país pluricultural, ¡qué bonito!”). Como en el resto de asuntos, la posición de los inmigrantes en esta materia se encuentra condicionada por los discursos y las prácticas de la población nativa, tal como se recoge brevemente en el Cuadro 7.
El asociacionismo y otras formas de movilización colectiva entre la población inmigrante presentan un perfil bastante débil. La mayoría no está asociada ni ha tenido experiencias de participación directa en la defensa de asuntos públicos sino que, más bien, vive replegada en redes de proximidad (parientes y amigos) o adopta una estrategia individual, ya sea con un enfoque clientelar-subalterno (“quien viene aquí está obligado a asumir la cultura, las responsabilidades y la carga de venir de fuera”) o liberal-competitivo (“Si tú quieres, tú puedes”). La minoría que valora positivamente la participación colectiva ofrece una gama de experiencias y propuestas muy variada, acorde con su orientación ideológica. De un lado, referencias a asociaciones de inmigrantes –a veces vinculadas a iglesias o mezquitas- que suponen un apoyo material y de contactos e información en la primera etapa migratoria, además de cultivar las tradiciones del país de origen (lengua, folclore, fiestas, gastronomía, etc.); de otro lado, experiencias –y sobre todo propuestas- de movilización en defensa de los intereses colectivos de los migrantes, ya sea mediante la incorporación a los cauces políticos habituales en España (un partido de inmigrantes, participación en la política local con presentación de concejales propios…), promoviendo grupos transnacionales de apoyo mutuo (asociaciones gallegas, alusiones al lobby judío...) o mediante huelgas u otras medidas de presión social (“si los inmigrantes de España hiciesen una huelga, se paralizaba el país”).
8. La incardinación en el mercado de trabajo
La primera necesidad de los inmigrantes adultos, una vez establecidos en España, es obtener un empleo que les proporcione los recursos necesarios para sobrevivir sin depender de los demás. Aparte de los jubilados que viven de sus pensiones, sólo se libran de esa norma tres categorías de personas: los estudiantes, los cónyuges acogidos al permiso de reagrupación familiar y los solicitantes de asilo a quienes se prohíbe trabajar mientras se tramita su solicitud.
Pero incluso en estos casos se reclama con frecuencia “documentación para poder trabajar”
cuando no se ha optado ya por trabajar “en negro”:
“- (Solicitante de asilo de Costa de Marfil) Nosotros tenemos un planteamiento claro: lo que queremos es documentación para poder trabajar y desarrollar un poco nuestra vida… en mi opinión el que no nos dejen trabajar mientras se tramita la solicitud me parece una pasada pues no podemos estar dos años esperando Yo creo que esa tardanza nos legitima para trabajar” (GD8).
“- (Mujer colombiana) Yo también trabajo en negro porque trabajo por mi cuenta y doy clases y me piden… como no tengo papeles, sólo tengo residencia y piden…” (GD22).
En primer lugar ofreceremos una visión de conjunto del trabajo de la población extranjera, para centrarnos después en el bloque mayoritario de inmigrantes del Sur que han tenido que pasar –o están pasando- por una primera etapa anómala de empleo sumergido, tras el que inician un lento proceso de normalización laboral hasta abrirse paso al mismo abanico de situaciones que existe en el mercado de trabajo español: con empleos cualificados, estables y bien remunerados, en un polo; empleos no cualificados, temporales y poco remunerados, en el otro polo; y trabajos por cuenta propia de diversa dimensión y características. Finalmente recogeremos las estrategias más habituales de los migrantes en sus diversas etapas de inserción laboral, a partir del cuadro de posiciones ideológicas que hemos avanzado en la primera parte.