Integración formal
7. Relaciones sociales y modalidades de convivencia
7.2. La mirada de los foráneos sobre los nativos: tres perspectivas
Los migrantes dan mucha importancia al trato o acogida que la población española les ha brindado desde que llegaron a España y, de acuerdo a sus planteamientos y diversas experiencias, valoran la situación de maneras diferentes y tienen expectativas también distintas.
Podemos agrupar estas modalidades de trato por parte de los autóctonos en tres bloques: a) quienes los consideran acogedores y abiertos en general; b) quienes los ven como distantes y aprovechados; y c) los que les critican de racistas y culturalmente atrasados. Cada uno de estos bloques presenta muchos matices, que describimos seguidamente.
a) Los españoles son acogedores y abiertos (“nos abren las manos”)
Esta opinión es defendida principalmente por los latinoamericanos y los europeos del este, si bien señalan que también hay algunos españoles “malitos” que discriminan a los inmigrantes. Se trata de sociedades relativamente próximas a la española, ya sea por los vínculos históricos e idiomáticos (América Latina) o por los lazos político-geográficos (Europa del Este), en especial los países ya ingresados en la Unión Europea. Estas condiciones facilitan la comunicación y, sobre todo, reducen los prejuicios. También podemos incluir en este bloque a minorías de inmigrantes de otras procedencias que, debido a los muchos años de estancia en
España, a su estatus económico-profesional elevado o a otras razones, tienen un concepto positivo y optimista del trato brindado por los españoles.
Hombres y mujeres latinoamericanos con menos de tres años de estancia en Madrid y la mayoría sin papeles ofrecen una visión netamente positiva del trato recibido en la capital de España: “Madrid atrapa”. Madrid es acogedora, se hablan “mil idiomas” y “a uno lo aceptan como es”. La identificación puede llegar a ser tan grande que es “como si hubiera nacido aquí”
(disolución de la extranjeridad). No obstante, este buen trato se refiere a la vida cotidiana en la calle, no en el trabajo, donde se aplica el criterio de la “preferencia nacional”, sobre todo para los no documentados (“al final teniendo papeles tendremos los mismos derechos que un español, excepto el voto”). Asimismo, se afirma que existen sectores minoritarios de nativos “con bajo nivel cultural, bordes y muy cerrados” que desconfían de los inmigrantes y les discriminan (“¡anda, la sudaca!”), pero son minorías con pocos estudios de áreas rurales atrasadas39:
“- (Hombre argentino) Madrid es que lo integra todo bastante bien. Vienen de muchas nacionalidades y ningún problema. Madrid es más abierto, por lo que vi, que otros lugares, es más como… te ayudan más a conocer, es como… no sé, no como el catalán que va como el caballo, así, para adelante… Vas en el metro y son mil idiomas los que se hablan, o sea… mucha gente de todos lados. Por eso me gusta mucho Madrid (…)
- (Mujer colombiana) A mucha gente le gusta vivir aquí en Madrid, aparte de eso… Y cómo el madrileño lo acepta a uno, no le pregunta de dónde eres o de dónde vienes, lo acepta como uno es...
- (Mujer peruana) El español sin estudios es de mente cerrada. Entonces tienen una mentalidad…:
‘¡anda, la sudaca! Y cuantos más estudios tiene, está demostrado que su mente es mucho más abierta. Depende mucho de sus estudios. Tú llamas a un gallego por teléfono y te contesta qué sé yo… ¡un poco borde! Son muy cerrados, ellos de su cuadrado no salen, entonces… depende mucho de dónde seas…” (GD2).
Los grupos realizados con mujeres latinoamericanas con más años en España (jefas de hogar que trabajan en el sector servicios y madres reagrupadas con personas a cargo, incluida una mujer hispano-hablante de la ex-colonia de Guinea Ecuatorial) hacen el mismo diagnóstico de sus relaciones con los españoles en general: la mayoría son “buena gente” que “nos abre las manos” (trabajo, casa, el mismo colegio a donde van sus hijos, etc.) aunque también hay algunos
“un poquito xenofóbicos” que rechazan a los latinos, lo mismo que a los marroquíes y a los gitanos. No obstante, se considera que es preferible “coger lo bueno de ellos” y no fijarse en el rechazo de algunas personas mayores, atrasadas y con prejuicios que “sueltan de todo” (“¡hay que entenderlas!”):
39 Se menciona el estereotipo de los aldeanos gallegos y vascos apegados a su terruño y recelosos de los forasteros.
“- (Mujer peruana) A mí me parece bien un intercambio cultural de tantas naciones y lo que todo eso da que aprender, ¿no? Eso a mí me gusta porque yo aprendo, por ejemplo, de una chica rumana, de chicas polacas, incluso de la gente de aquí mismo cuando te cuentan de los pueblos de España, la gente del sur o la gente del norte ¿no?, ¡ay!, ¡qué bonito! y empiezo yo a sacar mis conclusiones…
- (Mujer ecuatoriana) Pero no todas son igual ¿eh?, porque hay algunas personas que son, como se dice, un poquito xenofóbicas, me parece. Porque yo vivo en Vallecas y cuando ven pasar, por ejemplo, a gitanas, marroquíes, que hay bastantes, y cuando empiezan ellas a pasar, ¡huy!, las señoras empiezan a darlas… Entonces, yo digo, pero ¡caramba!, porque a veces sueltan de todo, sobre todo las personas mayores más que los jóvenes…’estas inmigrantes…! Y cuando lo comento con mi marido, me dice: ‘no te hagas caso, algunas son así’, pero ya está, ¡hay que entenderlas!” (GD10).
“- (Mujer guineana) Yo creo que los españoles hacen mucho, mucho, mucho para acogernos, ¿eh?
Y muchos de nosotros que venimos de fuera no sabemos estar en nuestro sitio. Porque ellos nos abren las manos, nos están acogiendo, tenemos trabajo, tenemos derecho a una casa y todo…
Entonces nosotros tenemos que coger lo bueno de ellos, no sólo decirle al español: ‘racista y España no sé qué…’ Si mi hijo va al mismo cole que el hijo de una española, o sea, si tengo los mismos derechos…” (GD11).
Los europeos del Este, en general, se sienten acogidos aceptablemente por los españoles (“gente tan buena y que se da a la amistad”), aunque de vez en cuando tengan que enfrentarse a ciertos prejuicios (“dicen que todos los gitanos del mundo vienen de Rumania”). Se afirma que
“hay de todo, como en todos los sitios”, pero prevalece la idea de que “la mayoría de los españoles son buenos” y “tienen mucha paciencia” a la vista del gran número de extranjeros llegados en los últimos años (“toda la gente quiere trabajar aquí… no he visto ningún país que aguante tanto”):
“- (Mujer rumana) Los españoles son… no sé, gente tan buena y que se da a la amistad… Hay de todo, como en todos los sitios, pero no sé… mi opinión es que tienen mucha paciencia con los extranjeros. No sé, yo no he tenido una experiencia mala con los españoles, ¡jamás! Bueno, depende de cada uno ¿no?, porque depende del carácter, si quieres provocar o no.
- (Hombre rumano 1º) En la calle o entre los vecinos hay gente buena y los malitos, que no... Por ejemplo, en mi barrio hay gente que por ejemplo me dice: ‘¡rumano!’. Y ya me voy.
- (Hombre rumano 2º) Es que tenemos fama de… nos ven más de gitanos, dicen: ‘¡todos los gitanos del mundo vienen de Rumania!’ y esas cosas. Pero no es verdad. Es lo que escucho, pero no es verdad ¿eh? Y hay gente que eso le da igual y les gustan los rumanos, o sea, que la mayoría son buenos. Para mí, creo que los españoles son mejor gente que los rumanos de aquí, porque aquí es que cambias; el aire de aquí es que es muy fuerte (risas)” (GD6).
“- (Hombre ucraniano) Yo veo que España es un país que aguanta… ¡madre mía! Ningún país trata a los extranjeros como España… Yo no conozco ni Italia ni Portugal, pero la gente viene y viene y viene… toda la gente quiere trabajar aquí… no he visto ningún país que aguante tanto”
(GD1).
De forma minoritaria, inmigrantes africanos o asiáticos también tienen una opinión positiva de cómo discurre su relación o trato cotidiano con los españoles cuando han logrado una buena situación económica o después de haber pasado muchos años en España y haber conseguido el reconocimiento de sus vecinos (“todo el mundo me saluda”). En el polo opuesto, están los optimistas ingenuos que llegaron a España creyendo que era un “paraíso” y han quedado desengañados:
“- (Hombre gambiano) “Después de 9 años aquí tengo amigos y todo va bien, tengo papeles para siempre y gracias a Dios estoy bien con los españoles y no me dan ningún problema…
- (Hombre senegalés) Llevo 17 años en España y nunca jamás he tenido una palabra mala. Si me dicen ‘hola’, ‘hola’ respondo. Todo el mundo me saluda, todos, todos porque me conocen todos.
Tú tienes que respetar y buscar siempre que no haya problemas” (GD9).
b) Los españoles son distantes y aprovechados (“van a lo suyo”)
Esta posición es la dominante entre los inmigrantes asiáticos y aparece también en segmentos importantes de los otros colectivos, en especial entre los latinoamericanos y los europeos comunitarios. Se considera que los españoles están a “lo suyo” y se relacionan principalmente entre ellos, mientras utilizan a los inmigrantes en función de sus intereses, sobre todo por las ventajas que acarrean en el plano económico; también hay nativos acogedores o xenófobos, pero se trata ahora de casos más bien excepcionales.
Los asiáticos mantienen por lo general poca relación con los autóctonos o bien ésta es superficial (“hola y adiós”), lo que se acentúa debido a barreras culturales e idiomáticas (esto incrementado en las comunidades bilingües como Cataluña) o cuando el colectivo inmigrante se repliega sobre sí mismo en el terreno laboral (economía étnica) y en sus relaciones de convivencia y amistad. En este punto hemos detectado una diferencia significativa entre los colectivos chino e indo-paquistaní. Los chinos tienden al repliegue porque consideran que abrirse a la cultura española supone dejar de ser chino: la alumna china que es reservada con sus compañeros (“casi nadie me habla”) como medida de autoprotección (“si hablas se ríen de ti… te escupen o te dicen: ¡chinita, chinita!”) se contrapone a la que “siempre ha jugado con españoles y no sabe hablar bien el chino” (no es verdadera china). En cambio, los indo-paquistaníes consideran una gran limitación no poder conectar más fácilmente con los españoles (“todo bien por fuera, pero por dentro te sientes muerto”), aunque esperan superar ese problema con el paso del tiempo (“cuando tenga papeles estas situaciones se irán arreglando”). En compensación, pese
a las diferencias y las guerras que han mantenido los dos países a lo largo de la historia, una vez establecidos en España parecen relacionarse bien entre sí y se juntan “para llorar penas entre todos”:
“- (Joven hindú) Las chicas españolas buscan a los chicos españoles. Muy poquito las chicas españolas van con chicos indios y pakistaníes. (…)
- (Joven paquistaní) Es un problema la relación. Yo voy con tres o cuatro amigos pero, no sé, va todo bien por fuera pero por dentro te sientes muerto. Por fuera vas casi tan bien o igual que un español pero por dentro estás muerto. No tienes ganas, no tienes trabajo, te sientes muerto… hay muchos problemas que no te dejan centrar en nada y te dificultan relacionarte con la gente… estás preocupado por los papeles, por el trabajo, por la familia. Estas cosas poco a poco también te van afectando… Por fuera vamos muy bien, tal y cual, pero por dentro llevamos muchas cosas: ¿cómo pago el piso? Muchas veces no llevas ningún duro en el bolsillo y estamos preocupados todo el rato, ¿qué vamos a hacer? Nos juntamos con amigos para llorar penas entre todos… ¿qué hay nuevo?, ¿qué se puede?, ¿qué no se puede hacer? Bueno, cuando tengan papeles también esas situaciones se irán arreglando” (GD5).
“- (Joven china) Cuando estoy en clase casi no hablo nada, cuando ellos dicen: ‘¿eres de China?’, pues digo sí con gestos. Es que si digo algo y no lo digo bien pues se ríen. En mi clase hay otra chica china, pero como hace mucho tiempo que está aquí pues siempre ha jugado con los españoles y tampoco sabe hablar muy bien el chino, o sea, cada día pues me quedo allí sola, casi nadie me habla, muy aburrida y no tengo ganas de estudiar. Cada vez cuando llega la hora de estudiar, me empuja mi padre: “venga”. Y cuando llegas a la calle, como no sabes hablar nada,
¿no?, hay gente que te ha escupido o te dice: “china, china; chinita, chinita”. Esa palabra… no sé, no me gusta oírla” (GD18).
Entre los latinoamericanos hay dos segmentos que podemos ubicar en esta posición. Uno lo forman hombres y mujeres sin especial cualificación profesional (construcción, hostelería, servicio doméstico…) que llevan poco tiempo en España y que se han encontrado con bastantes dificultades para relacionarse con los nativos. En primer lugar, existen pocos espacios y poco tiempo disponible para interactuar; en segundo lugar, se añora mucho la tierra que dejaron (“un espacio tan querido… que parece que la tierra te sonríe”) y aquí lo que se encuentran son personas “frías como muros de cemento” con los que sólo cabe una relación formal pero no de amistad (“es muy difícil aquí encontrar alguien que realmente te aprecie o que te quiera”).
Sienten que los inmigrantes ocupan un segundo plano en todos los ámbitos y sólo se les valora como mano de obra (“todo era trabajo, trabajo, trabajo”) o como consumidores (“en cuanto nos ven como personas poderosas de consumo”); pero si reclaman sus derechos “vienen los conflictos laborales y emocionales”:
“- (Mujer ecuatoriana) Las relaciones a nivel social eran sumamente limitadas. Nuestro entorno era: ‘¿cómo te va en tu trabajo?, ¿qué haces en tu trabajo?’. Todo era trabajo, trabajo, trabajo y hablar en los locutorios… la sociedad en sí no te daba un espacio para alternar en otro tipo de actuación o participación ciudadana. Hasta el momento no se ven esos espacios de poder interactuar socialmente, no los hay o son muy contados… Con los padres de familia de los niños,
es difícil poder encontrar un punto de acuerdo en el que podamos dialogar y poder hablar… Con los vecinos, claro, me llevo… pero una relación de amistad ¡no!, porque es muy difícil aquí encontrar alguien que realmente te aprecie o que te quiera.
- (Hombre ecuatoriano) Claro que venimos sensibles… ¿por qué?: porque dejamos todo un espacio tan querido para nosotros que parece que la tierra nos sonríe y venimos acá y encontramos cementos, muros, muros tras muros, muros tras muros y hasta las personas frías con muros. (…)
- (Mujer boliviana) “En tanto cuanto nos vean personas poderosas de consumo, pues entramos al Corte Inglés y a todos los centros comerciales, y cuando nosotros podamos devolver trabajo, producción… somos los mejores, los más buenos del mundo y todo eso. Pero ya cuando empezamos nosotros a reclamar nuestros derechos… vienen los conflictos laborales y emocionales” (GD4).
Otro segmento de latinoamericanos, por el contrario, lleva bastante tiempo viviendo en España y ha conseguido una notable inserción profesional, pero siguen echando de menos el modelo de vida y de relaciones sociales de su país de origen. Aparte la xenofobia de algunos nativos “incultos”, en especial personas mayores (“desde que han venido ustedes estamos así de putos jodidos en España”), no les gusta el individualismo dominante en la sociedad española (“cada uno va a lo suyo”) que se contrapone a la cultura más solidaria de sus paisanos (“tiramos de la manta para caber todos”), por lo que piensan retornar a su país cuando hayan ahorrado suficiente dinero o, a más tardar, cuando se jubilen:
“- (Mujer brasileña) Los españoles no se ayudan entre sí, nos ayudamos más nosotros que ellos entre ellos. Ellos no se ayudan, cada uno va a lo suyo y si a uno le va mal, a los demás les da exactamente igual. Pero nosotros no: tiramos de la manta para caber todos y damos de comer al que lo necesita.
- (Mujer ecuatoriana) : “el otro día me dice un señor en un ascensor: ‘por estos, por estos estamos así de putos jodidos en España’. Y yo, que que no me callo la boca, le digo: ‘a ver, ¿España antes era mejor?’, ‘ahora, desde que han venido ustedes, ahora todo está caro por su culpa”, le digo: ‘no se exprese así’.
- (Mujer peruana) ¿A qué es jubilado, verdad?
- (Mujer ecuatoriana) Le digo: ‘señor, usted es jubilado ¿verdad?’, ‘sí, yo soy jubilado’, ‘¿usted ha visto en su nómina cómo le han subido el sueldo?, es gracias a nosotros, que estamos dando más trabajo y su sueldo está subiendo’” (GD15).
Los jubilados comunitarios o de países más desarrollados en un pueblo turístico de la costa alicantina y los estudiantes extranjeros de la Universidad de Valencia coinciden en que los españoles en general no facilitan el acceso a una relación personal con ellos (“no nos dejan entrar en sus grupos”). En su opinión, los compañeros estudiantes nativos o los alicantinos de la costa viven encerrados en sí mismos, sin ofrecer al foráneo la oportunidad de introducirse en sus círculos (“hay un límite que no se traspasa”). No se afirma que la comunidad valenciana sea xenófoba sino que vive al margen o en paralelo con los extranjeros residentes, a diferencia de otros lugares “cosmopolitas” como Madrid o Barcelona; un provincianismo que afecta también a
los españoles de otras regiones que residen temporalmente en la comunidad por razón de estudios o de turismo. Los residentes comunitarios y los estudiantes extranjeros no son rechazados pero tampoco especialmente queridos (“en el fondo es no aceptarnos”). Algunas anécdotas son muy expresivas, como la ya aludida de una señora suiza residente en la costa alicantina que, cuando llegó al pueblo hace más de diez años, rechazó acudir al club suizo porque quería integrarse con los españoles y ahora forma parte de la junta del club; o el desencuentro entre el camarero español y una jubilada inglesa cuando ésta se esfuerza por hablarle en castellano, idioma que ha estudiado con mucho esfuerzo, y el camarero le responde en inglés. Los jubilados residentes son bienvenidos como consumidores y pagadores de impuestos “pero, claro, España para los españoles”:
“- (Estudiante eslovaca) Cuando los extranjeros que somos de otros sitios y estamos aquí para mucho tiempo gastando un Erasmus… no nos dejan entrar en sus grupos, no sé por qué, pero es así, y es como tenernos así, al margen. También tenemos amigos muy buenos, pero la mayoría es así. (…) Si nos apuntamos a hacer juntos algún trabajo de clase, no hay problema, pero después no hablan con nosotros. No hablan con nosotros como amigos, para intentar la relación de amistad, de cosas normales, nos miran como a unos extranjeros.
- (Estudiante brasileño) De todas maneras, yo creo que les pasa lo mismo a estudiantes de otras zonas de España que vienen a estudiar a la Comunidad de Valencia. Por ejemplo, yo tengo amigos españoles que son de Asturias y del País Vasco, son de aquí también, pero son como extranjeros en la Comunidad Valenciana. Bueno, yo expreso mi experiencia. Quizás es más por la gente de aquí, entendiendo que ellos tienen aquí su grupo de amigos de toda la vida, ya cuando uno agarra veinte, veintidós años, veinticinco años, y toda la vida con sus amigos, entonces… es complicado entrar así a su grupo” (GD7).
“- (Mujer suiza) Los españoles no se mezclan con los extranjeros o es muy difícil…
- (Mujer inglesa) Pienso que en el fondo es no aceptarnos. Mira, somos bienvenidos a pagar los impuestos y todo, a ver todas las fiestas, pero, claro, España, para los españoles. (…) Mi español no es bien. Pero es muy difícil hablar con los españoles porque es más fácil con ingleses, franceses, alemanes y para mí hablar español es difícil porque soy vieja para hablar (risas). Por tanto, voy a clases de español pero después de cuatro años es miserable. Quiero hablar español, pero no es fácil hablar español, no es fácil practicar. Por ejemplo para comer en un restaurante, yo hablé en español con el chico y él me respondió en inglés” (GD16).
c) Los españoles son racistas y atrasados (“se nos cuestiona todo”)
Esta posición obtiene casi siempre el consenso entre los inmigrantes africanos, sean estos magrebíes o subsaharianos, y también aparece esporádicamente en sectores minoritarios de los otros colectivos. Para los magrebíes, tanto si llevan poco como mucho tiempo, los españoles les han puesto en el punto de mira (“nos ponen a todos como objetivos”): encuentran más trabas que los demás inmigrantes en el acceso al trabajo (“si eres árabe o marroquí, no te aceptan en los