Proyección instituyente
3. Integración formal
3.2. Igualdad de oportunidades en base al esfuerzo. Mano de obra competitiva
En el terreno laboral, se postula actitud individual-competitiva, más frecuente entre los inmigrantes asentados y cualificados que tienen posibilidades “realistas” para
reclamar sus derechos, pero también presente en una minoría de trabajadores menos cualificados e incluso sin papeles (“si tú quieres, tú puedes”). Se exige paridad de trato con los nativos, lo que implica que ambos “suden la camiseta” igualmente y que los inmigrantes no acepten de antemano el papel de “víctimas” sino que sean ambiciosos:
ser “egoístas”, tratar de “llegar a ser jefes”, aspirar a “ser ricos”, “abrir la boca y preguntar”, etc.:
“- (Mujer rusa) Si tú quieres, tú puedes… Ahora si tú no quieres luchar por tu vida, por tu vida para mejorar, es otra cosa. Si dices: ‘¡ah!, vale, que no pasa nada, que yo soy no sé qué… yo soy víctima’. Eso no, ¡no!, ¿sabes? Hay que abrir la boca y preguntar:
‘¿qué pasa?’” (GD6).
“- (Hombre marroquí) Tenemos que ser egoístas por una parte ¿no?, en lo que es el trabajo es ser egoísta porque si un jefe ha llegado a ser jefe y ¿por qué yo no?... De aquí a cinco años me gustaría ser rico… en un puesto distinto de trabajo… o tener un negocio con mis hermanos, tener una empresa; eso me gustaría. Sacar el carnet y poder llevar un trailer. De aquí a cinco años ¡a ver si mejoro un poco la vida!” (GD9).
El típico proyecto de los migrantes de ahorrar para luego montar un negocio en su país o en España es objeto de un encendido debate entre trabajadores de varios países del este de Europa. Nadie cuestiona el interés del proyecto pero sí su viabilidad. Para un trabajador rumano de orientación competitiva, tal proyecto es posible si el sujeto se lo propone (“es como todo en la vida… cada uno tiene una política”), lo que se considera no realista por el resto del grupo: tendrían que pasar 50 años trabajando para ahorrar 100.000 euros y, aún así, sería insuficiente para montar un negocio en Ucrania. El partidario del ahorro-inversión sostiene que se trata de “tener una meta”, siendo posible así hacer de la clase social una mera cuestión de opción personal (“si quieres”). Al mismo tiempo, convierte esta condición competitiva en la seña de identidad de los trabajadores rumanos en España (“los rumanos son un poco avariciosos…”) y, por extensión, de los europeos del este (“nosotros los de Europa del este no somos como los de África”). Pone el ejemplo de su cuñado, de quien cuenta se hizo transportista en Estados Unidos viviendo en un camión comprado a crédito y “cobrando 14 o 15.000 por mes”. La réplica del resto del grupo insiste en que su posición es más modesta (“vamos a hablar de personas más humildes, así como somos nosotros”), no “de millonarios”, y que ya tienen suficiente con la aspiración de “trabajar y mantener a la familia”.
Trascribimos una breve secuencia de esta larga polémica:
- (Hombre rumano) Y cuando ganes cien mil euros ¿regresarás a tu país?
- (Hombre ucraniano) Con cien mil euros no, no. No se puede hacer nada con cien mil euros en mi país, dentro de tres años me quedaría igual con este dinero. Yo te digo la verdad, no hay ni para empezar…
- (Hombre rumano) Yo te digo que en cualquier país… te vas a Estados Unidos y con cien mil euros puedes empezar un negocio.
- (Hombre ucraniano) No, no.
- (Hombre moldavo) Lo que pasa que nosotros hablamos de cien mil euros, de doscientos mil euros, de muchos miles de euros, pero a ver quien está ahorrando aquí esos miles de euros… A lo mejor dentro de cincuenta años ahorras los cien mil euros pero la vida habrá cambiado… Mejor vamos a hablar de personas más humildes, así como somos nosotros, y no de los millonarios, porque… ¿cómo vamos a pensar nosotros en ahorrar muchísimo dinero?”
- (Hombre ucraniano) Yo, por ejemplo, tengo posibilidad de coger un crédito sin problemas pero no quiero, no quiero ni empezar porque me parece un lío, ¡madre mía!
Era un lío…
- (Hombre rumano) Hombre, el problema es como todo en la vida, si quieres ser un obrero, un trabajador que trabajas…
- (Hombre ucraniano) Yo quiero trabajar para mantener mi familia y ya está.
- (Hombre rumano) ¿Sabes por qué te lo digo?, porque muchos rumanos han venido aquí a España como trabajadores, como peones, como albañiles, como no sé qué… Y ahora ya han ahorrado cincuenta, sesenta mil euros…
- (Hombre ucraniano) ¿Y sabes a cuántos miles de gente deben dinero?” (GD1).
Un segmento de jóvenes inmigrantes cualificados acentúa mucho la responsabilidad personal del inmigrante: la dignidad del trabajador equipara a inmigrantes y nativos, y es la fuente de legitimidad social (ciudadanía laboral). Pero ello requiere poner límites a los empresarios y saber negociar la mejor posición posible en el mercado de trabajo (es “cuestión de carácter… saber hacerse valer… exigir lo justo”). En particular, el inmigrante joven y soltero debe aprovechar la ventaja comparativa que se deriva de su mayor movilidad y flexibilidad, aun cuando ello suponga dejar temporalmente de lado los compromisos familiares. Es preciso ponerse una meta (“ser positivo”) y esforzarse por conseguirla a nivel individual (“depende de ti misma… me toca luchar”):
“- (Mujer peruana) En la vida, hay que ser positivo; intentar construir poco a poco, porque las cosas no te vienen de la noche a la mañana. Y construir depende de ti misma, de tu esfuerzo, de lo que puedas hacer para construir el día de mañana. Tú tienes el poder de decir ‘quiero hacer esto, intentar hacerlo, conseguir una meta’ y eso creo que es importante. Si no, nos pasamos la vida y no sabemos lo que queremos. Conozco mujeres que están así: ‘me voy, no me voy, si me voy, si me quedo’… ¡no se puede pasar así toda la vida! Yo tengo claro que, aunque tengo a mis padres y son muy buenos, ¡pero son ellos y soy yo! Yo me tengo que buscar el día de mañana, qué es lo que quiero, qué voy hacer, pero me toca luchar” (GD2).
Ante el acoso de los nativos (“¡ellos y nosotros!”), a veces es preciso apiñarse y defenderse colectivamente, siendo conscientes de que la inmigración cada vez pesa más en España (“somos un grupo importante”), no sólo como fuerza de trabajo y de nuevos negocios sino como consumidores y potenciales votantes. La banca ya ha tomado nota de ello y les conceden préstamos como a los españoles:
“- (Mujer argentina) Cada vez los inmigrantes se están consolidando más, me parece, porque claro… las condiciones son brutales: ¡ellos y nosotros! Entonces, en un punto te apiñas con el ciudadano del mismo país… entonces, hay un punto en que vamos a ser…
somos un grupo importante.
- (Hombre cubano) Hombre… gracias a la inmigración de este país empieza a proliferar negocios, por ejemplo, algo tan simple como los locutorios que ahora existen, las inmobiliarias, bancos, seguros para inmigrantes, constructoras para hacer casas en el país, envíos de dinero, o sea, la inmigración es un mercado, un mercado que genera intereses de todos los que tienen trabajo, donde ellos ven una fuente de ingresos, véase en votos… Antes a un inmigrante no le daban un préstamo, ya se lo dan sin tener que ser español, ¡se lo dan!” (GD17).
Los empresarios y trabajadores autónomos inmigrantes, por su parte, presentan el mismo tipo de demandas que los españoles: recibir más “ayudas”, al menos en proporción a los impuestos que pagan (“estamos pagando muchos impuestos”); rebajar los salarios y los pagos de IRPF y de la Seguridad Social a fin de “ampliar tu negocio y crear trabajo”, etc.:
“- (Hombre colombiano) Somos la mayoría autónomos y siento que debemos también tener una ayuda porque nosotros estamos pagando muchos impuestos, creamos trabajo pero veo que es muy caro contratar gente, por más que quisieras ampliar tu negocio. El banco, lo que tienes que pagar de impuestos… es caro ¿eh?, el IRPF más la Seguridad Social. Comparando a cambio lo que recibes, entonces… ¿cómo puedes seguir con esa clase de negocio?” (GD22).