Capítulo 4. El conflicto por límites territoriales entre Santiago Tilantongo y Santa María
4.4 El Ñuu: no todo es conflicto, el espacio compartido
Como hemos ido señalado, el espacio físico que he descrito tiene elementos culturales sobresalientes, en él convergen símbolos de un grupo etnolingüístico gracias a un proceso histórico de largo aliento. A lo largo del trabajo se han mencionado elementos de identidad cultural, históricos y sociales del pueblo Ñuu Savi, los cuales tienen un fuerte vínculo que fomenta la identificación mediante diversas prácticas, una de ellas es la comunidad como forma de comprender su territorio.
Ciertamente la actual Constitución de Oaxaca señala en su artículo primero, a partir de la reforma del 2015, que el estado es multiétnico, pluricultural y multilingüe, parte integrante de los Estados Unidos Mexicanos, libre y soberano en todo lo que concierne a su régimen interior. Para las poblaciones mixtecas ese pronunciamiento tiene mucho sentido. Siguiendo a Terraciano (2013: 317) Ñuu como comunidad
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179 implica: “tierra comunidad, donde se usa obviamente un préstamo del español. Este término refleja la introducción española de un tipo de tierra destinado a sufragar los gastos para las autoridades, las fiestas y los tributos de la comunidad”.
Como señalan Arrioja y Sánchez (2012), las estructuras agrarias se modificaron fuertemente desde el siglo XVIII, bajo las estructuras coloniales, tal vez de manera tardía con respecto al centro del país. Sin embargo, las poblaciones indígenas no dejaron de figurar con respecto al escenario agrario y económico lo que hizo que, en la transición a la república, el cambio tuviera otros efectos:
…el proyecto anticorporativo se gestó y evolucionó en las postrimerías del régimen colonial y se consolidó durante la primera mitad del siglo XIX; un proyecto cuyos ejes fundamentales fueron disolver la propiedad comunal indígena, eliminar la amortización de los bienes corporativos, restringir los viejos privilegios estamentales, sacar al indio del supuesto estado de pobreza e ignorancia en el que vivía, alentar la propiedad plena e individual y fomentar el progreso económico del estado mediante la agricultura comercial” (Arrioja y Sánchez, 2012: 41).
El territorio no le pertenece al gobierno mexicano, sino a la comunidad, el cual es indivisible. En los sistemas locales de las comunidades, la negociación de muchos procesos es lo que les permite mantener su autonomía. Estos elementos se han mencionado en el capítulo dos, donde se describieron que existen lugares como adoratorios o rutas de peregrinación que conllevan una categoría mayor al territorio.
Actualmente, en la Mixteca Alta, las relaciones se establecen mediante el matrimonio, las cuales son relaciones de parentesco, muchas de las cuales llevaron un largo proceso de conformación84. Además, están también las relaciones entre las familias que se fortalecen mediante el compadrazgo, parentesco ritual. Los lazos familiares ayudan o solventar diversos problemas económicos, pero también participan en diferentes eventos de intercambio, como en diversas celebraciones.
84 Estos rasgos son señalados por Hermenegildo López también para la Mixteca de la Costa. Comunicación personal, entrevista a distancia, 2021.
180 La participación en rituales y fiestas del pueblo también es fundamental. Los rituales aparecen debido a la comunicación que establecen con lo sobrenatural, porque hay que recordar que, a la dicotomía, hombre-naturaleza, debe agregarse la esfera de los sobrenatural como una ontología de relación con el medio.
En términos administrativos, existe un ejercicio de poder local encabezado por instituciones comunales: la asamblea general de ciudadanos y el sistema de cargos.
La asamblea es el más alto órgano de gobierno del territorio comunitario y las personas que sirven a la comunidad, aceptan los cargos de manera obligatoria. En ocasiones, si son migrantes, deben regresar a pueblo natal para cubrir con la responsabilidad. El resto de la población está comprometida a asumir dos tipos de trabajos comunales: el tequio y la ayuda mutua.
Los llamados a tequio pueden realizarse en diferentes momentos; generalmente las comunidades tienen un día fijo para asistir a dar mantenimiento o servicio a la comunidad; pero también, se puede solicitar la ayuda de la comunidad para apoyar las obras públicas en beneficio del pueblo. La donación del trabajo también es una forma de colaborar con la comunidad. Los trabajos que se realizan tienen un beneficio comunitario y familiar, lo cual asegura la reciprocidad de la ayuda. En muchos casos, el tequio termina con la convivencia, comida y bebida, entre la comunidad y las familias. Cumplir con estas obligaciones asegura el derecho de pertenecer a la comunidad. Las personas que se niegan a participar se les aíslan, no reciben favores e incluso les pueden quitar las tierras que les han sido otorgadas por la comunidad.
Sin duda, la práctica comunitaria y la elección de las autoridades mediante usos y costumbres abren un gran número de variables a estudiar, que no pudieron ser abordadas en esta investigación, pero que es importante mencionar. “Estas palabras de usos y costumbres se prestan para muchas interpretaciones” me explicaba Antonio García (2021)85, en una entrevista personal. Cuando las personas asisten a elegir a sus gobernantes como parte de “las buenas costumbres” se tiene
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181 una intención democrática y de representación del pueblo, aunque la realidad es más compleja: “sí levantas la mano… pero detrás de todo eso hay un manejo político e intereses de los grupos político, del caciquismo político… y esto es en gran medida porque el pueblo lo permite”, me refiere Antonio García (2021)86, originario de Jaltepetongo, Oaxaca.
Pese a esto, las autoridades estatales se encontraron con dificultades en el estado de Oaxaca, debido a la presencia y resistencia indígena y el predominio del uso del territorio. Esta historia se repitió en eventos posteriores con otras reformas y guerras en el país como ya se ha señalado. En estos procesos, el sistema comunitario fue adquiriendo diferentes tintes y también complicaciones. Por un lado, la esencia de la tierra, como la hemos descrito anteriormente, no enmarcaba con las nuevas reformas liberales. Y por otro, las tierras cada vez más erosionadas, tampoco implicaban fuentes productivas para los indígenas.
Ante los registros que tenemos podemos reconocer que los pobladores siempre se refieren de manera muy respetuosa al entono que los rodea y a los pueblos que integran la propia mixteca. Así, la integración de otros pueblos a sus fiestas o eventos es sustancial. Por lo tanto, las vías dogmáticas de resolución agraria de división y confrontación no deben ser las únicas. Más bien, el acercamiento a los grupos, sus líderes y su cosmovisión deben favorecer la solidificación de caminos nuevos para evitar las confrontaciones violentas que ejercen poder entre los grupos mixtecos y que a su vez, como lo mencionamos anteriormente, el Estado fractura un entretejido que tiene profundas raíces, que sobrevive y seguirá persistiendo.
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182 Conclusiones
La pandemia que azotó al mundo a principios del año 2020, obligó a que el proyecto de investigación que daría resultado a esta tesis cambiara de perspectiva metodológica. Si bien, el interés por conocer las causas y el proceso del conflicto de tierras entre Tilantongo y Tataltepec se mantenía firme, tuvo que descartarse la posibilidad de hacer trabajo de campo en la Mixteca. La investigación se centró en la revisión bibliográfica, el análisis documental y la comunicación a distancia con algunos pobladores y especialistas mixtecos. Este giro inesperado, que al principio parecía azaroso, llevó a esta investigación a una fuente de datos abundantes y fructíferos para entender la delicada situación que viven los habitantes del Ñuu Savi ante los litigios de tierras, los cuales han sido presentados a lo largo de cuatro capítulos.
La perspectiva que se presenta en la investigación muestra el fuerte sentido de arraigo territorial de las comunidades mixtecas, el cual se instituye bajo un código de representaciones y la concepción del espacio con profundas raíces que se remontan a las culturas mesoamericanas, mismas que se reelaboran y resignifican en la actualidad. Los datos históricos, en esta tesis, permitieron identificar cómo se consolidaron las formas y modos de vivir de los habitantes, y la relación de su vínculo con la tierra, que al mismo tiempo se concretan en una organización interna particular.
Uno de los elementos fundamentales en la concepción de los pueblos mixtecos responde a la legitimación de sus gobernantes y el territorio mediante elementos simbólicos, plasmados antiguamente en códices y documentos coloniales. La ocupación del espacio contiene elementos históricos y míticos que generan un fuerte anclaje a su identidad. De esta manera, la historia está tejida cercanamente a la vida de las personas y a su ejercicio de poder, el cual se enlaza con los aspectos rituales y de administración de los recursos naturales. La continuidad de la tradición Ñuu Savi, se ha visto ligada a la persistencia de la lengua y de la memoria que guardan de los lugares sagrados, los linderos, parajes y mojoneras.
183 A la llegada de los españoles, la estructura política propia de los mixtecos se fragmentó pero el cacicazgo se consolidó como la élite con origen prehispánico, que articulaba el aprovechamiento del medio y la mano de obra indígena con la administración colonial. El control del territorio se perdió, al fragmentarse los linajes prehispánicos. Los caciques y pueblos se fortalecieron con sus propias maneras de administrar el territorio. La fragmentación entre los pueblos generó una lucha de poder interna y externa. Por otro lado, el vasto territorio tenía su propia manera de ser identificado: bajo linderos y mojoneras que tenían un reconocimiento por los pueblos en términos físicos, simbólicos e históricos.
En la investigación se identificó que la tierra para los mixtecos contiene una relación sagrada debido al vínculo que establece la actividad agrícola, que aunque en peligro de desaparecer, sigue manteniendo una dinámica mítico-religiosa y ritualidad.
Igualmente, se da una sinergia entre el producto del campo con la tierra y el agua, la vida cotidiana y los ritos como prácticas cíclicas que favorecen a la cohesión de las comunidades. Los rituales por petición de lluvia en lugares específicos como la casa de lluvia o Vehe Ndute, en el caso de Tilantongo, y otros santuarios, son ejemplo de la significación y territorialidad del espacio. La ritualidad, junto con otros procesos en los etnoterritorios, reaviva, renueva y resignifica los mitos o historia sagrada. Sus ritos además cohesionan a la comunidad y la identifica en un territorio.
El espacio sacralizado es ejemplo de cómo la cosmovisión interactúa con el espacio.
Además, en el desarrollo de la tesis, se buscó comprender la relación simbiótica que las sociedades agrícolas mantienen con su entorno. Dicha relación nos llevó a reafirmar el conocimiento y la diversidad no canónica de los pueblos indígenas, mismos que no son reconocidos por el Estado más que en términos de usos y costumbres y tenencia de la tierra comunal.
Durante la consolidación del Estado nacional, el límite del territorio se determinó bajo la concepción de tierras con fronteras precisas. Siendo el Municipio Libre la base de la administración territorial. Así, un punto nodal en la investigación fue la comprensión de los límites como motivo del conflicto. Por ello se planteó que era sustancial identificar las características y principios de las instituciones para
184 administrar el territorio en su propia concepción. La revisión de la formación de los límites, como un principio administrativo se contrapone a la comprensión de un territorio continuo, la cual implica la fragmentación del territorio indígena y además la fuerte disputa entre ellos, al volverse irreconciliable el uso y aprovechamiento de recursos y espacios simbólicos.
Con el estudio de los documentos y los intereses cambiantes de las instituciones, sabemos que, los habitantes de Tataltepec y Tilantongo, ya en tensión a finales del siglo XIX, solicitaron la intervención del Estado. El problema fue abordado por las autoridades para definir un límite entre jurisdicciones. El Acuerdo Gubernativo firmado en 1892 además buscó legitimar las administraciones a través de los gobiernos municipales: pobladores elegidos por los mismos habitantes de la comunidad. De esta forma, se reconocían las leyes del Estado entre los habitantes mixtecos, a la vez que se legitimaba la intervención del Estado en el conflicto. El Acuerdo Gubernativo, contradictoriamente, no fue acatado por los pobladores, prolongando la tensión y la disputa hasta nuestros días.
Es importante mencionar que el área en conflicto, que hemos descrito con grandes problemas de erosión y abasto, contenía áreas de esquilmos de pasto, praderas y aguas, así como pastos, maderas y palmas; además de la posible presencia de mármol o algún tipo de roca caliza parecida. Por otro lado, además de los elementos simbólicos en disputa, es mediante el registro de los documentos que se pudo saber que el aprovechamiento del entorno se sumaba al conflicto. Investigaciones futuras con trabajo de campo presencial permitirán contrastar mejor la información.
Finalmente, la sentencia del 2008 es un instrumento con considerable información sobre los actores dentro de la disputa. No solo los pobladores y los jueces, sino las instituciones externas y peritos que tienen gran injerencia en la evaluación del caso.
El procedimiento tan minucioso que contiene la sentencia, concluye que el Acuerdo Gubernamental de 1892 tiene el límite más acertado conforme a las pruebas presentadas por el levantamiento topográfico, la cual es la mejor herramienta para delimitar el área en conflicto por su precisión.
185 El estudio del caso, tratado como un conflicto agrario, nos permite comprobar que las instituciones agrarias no contemplan aristas fundamentales para abordar la problemática. A su vez, los pobladores no han permitido la aclaración del conflicto, porque esto implica el reconocimiento las normas jurídicas en su territorio. El espacio en disputa, tiene elementos simbólicos, históricos y bienes naturales que implican la complejidad del tema. El reconocimiento de la propiedad de tierra en sí, es una contradicción ante el sistema tradicional de los pueblos indígenas y a su cosmovisión, anclada a una profunda y larga historia, la cual resignifica su identidad.
Así, para la reorganización del territorio las instituciones administrativas instauraron nuevos papeles y ordenamientos desde la estructura interna de los pueblos, dejando de lado su propia organización tradicional. Reconocer la tensión entre los pueblos es aceptar y dar parte de su cosmovisión y defenderla bajo diferentes consecuencias, que a su vez, implican la lucha por recursos naturales necesarios para el abastecimiento diario, y la lucha de poder entre ellos. Por lo tanto, las valoraciones jurídicas del Estado, a través de sus instituciones agrarias, carecen de los mecanismos fundamentales para atender los factores culturales que hacen que la disputa entre Tataltepec y Tilantongo persista.
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