Capítulo 3. De los restos de las instituciones prehispánicas y virreinales a la configuración
3.1 Los restos de las instituciones prehispánicas
3.1.1 La unificación de la Mixteca Alta
Pese a la difícil tarea para reconstruir el pasado mesoamericano, los códices prehispánicos24 contienen una rica información que señala elementos de suma importancia para comprender la organización política, misma que en la Mixteca Alta está fuertemente relacionada con la fundación del linaje que desciende de personajes divinos, mientras que el análisis de restos materiales, propios de la arqueología25, permite registrar las prácticas cotidianas de los diversos estratos sociales, y que como veremos más adelante nos permiten comprender la disposición política y religiosa. En este capítulo, abordaremos los procesos sociales para comprender la organización política, la cual tiene un estrecho vínculo con la cosmovisión para legitimar el poder.
A la llegada de los españoles, Mesoamérica era un área ocupada y organizada por un complejo entramado de un gran número de culturas, con características sociopolíticas claramente definidas y que tenían un creciente intercambio comercial gracias a la vasta diversidad de recursos. En términos generales, las redes establecidas dependían de la producción especializada, de la existencia de un grupo de mercaderes y de una élite política, que mediante el establecimiento de diferentes mecanismos de control de la circulación de los bienes aseguraba su posición política. Estas redes que se tejían en las diferentes culturas a lo largo de Mesoamérica, tenían fuertes efectos a nivel local26.
24 Los estudios entorno a los códices mixtecos son numerosos. Podemos nombrar el trabajo pionero de Alfonso Caso y Mary Elizabeth Smith, seguidos por Nancy Troike, Maarten Jansen, Manuel Hermann.
Las exploraciones arqueológicas son amplias, pese a que la región tiene aún hay muchas exploración por realizar en términos arqueológicos. Entre los trabajos que sobresalen, además de las excavaciones e investigaciones iniciales de Alfonso Caso (1938), se encuentran los trabajos clásicos de John Paddock y Ronald Spores (1967) que vinculan análisis etnohistóricos. Por otro lado, son sustanciales los estudios de John Pohl y Bruce Byland (1994), Stephen Kowalewski (2009), Andrew Balkansky (2013), Stephen Whittington (2003).
25 Para una consulta más detallada se encuentra el texto de Lorenzo (1995). La circulación. En Manzanilla y López Lujan. Historia Antigua de México. Vol. III.
26 Para una consulta más detallada se encuentra el texto de Lorenzo (1995). “La circulación”. En Manzanilla y López Lujan. Historia Antigua de México. Vol. III.
90
Mapa 7. La región arqueológica de Oaxaca y la división de los grupos lingüísticos elaborado por García Granados, 1939 (tomado de John Paddock 1966).
Lo que reconocemos como el actual estado de Oaxaca estaba ocupado por hablantes de al menos 14 lenguas otomangues (Spores, 2018: 4), dentro del cual se encuentra el mixteco, el zapoteco, el trique, el chinanteco, entre otros (mapa 1).
La complejidad de la región despertó el interés de las investigaciones tempranas de la antropología mexicana que pusieron énfasis en, (1) la estratégica ubicación geográfica y su fuerza política, En este caso, se destacan los Valles Centrales que albergaron la cultura zapoteca y su relación con los grupos mixtecos ubicados en la zona montañosa, donde confluyen la Sierra Madre Oriental y la Sierra Madre del Sur, así como los enclaves de otros grupos lingüísticos; (2) en la relación del entorno ambiental que tiene una correlación directa al desarrollo e innovación tecnológica, que en el caso de las culturas mesoamericanas era agrícola. También sabemos que
91 los estudios en relación a este punto27 se enfocan en mostrar el proceso de domesticación de las plantas y el desarrollo de la irrigación, mismas que favorecieron el creciente florecimiento y estratificación social; y (3) en cómo el rico entorno ecológico dio forma a las concepciones particulares de la identidad de cada grupo.
El trabajo de John Paddock (1966), Oaxaca in Ancient Mesoamerica (Paddock, 1966),28 ilustra estos intereses y subraya las características de los habitantes de una región que experimentaba tensiones entre las diferentes filiaciones culturales, así como fuertes vínculos interétnicos que negociaban intercambios económicos, administrativos y políticos. Los diferentes acuerdos, como las alianzas matrimoniales entre élites de diferentes etnias, tenían, como señala Paddock (1966:
232-240), dos caras de una misma moneda: una, lidiar con las tensiones políticas;
y dos, reafirmar los elementos comunes de diferentes grupos lingüísticos. Ambos forman parte de un mismo fenómeno: el sentido de la unidad regional. Más tarde, el proceso de colonización española lidiará con esta unidad, pero estos rasgos difícilmente serán desdibujados, tal vez solo será posible debido a los efectos de la modernidad (Paddock, 1966: 239).
27 Ejemplos de este interés son trabajos pioneros de MacNeish (1967) The prehistory of the Tehuacan Valley, así como los del equipo que encabezó William Sanders (1979) titulado The Basin of Mexico: Studies in Archeology.
28 Este trabajo forma parte de la publicación clásica Ancient Oaxaca editada por el mismo autor, y en la que también participan Wigberto Jiménez, Alfonso Caso, Ignacio Bernal, entre otros.
92
Mapa 8. Principales lenguas de la región oaxaqueña, en el siglo XVI. De Miguel Othón de Mendizábal, Wilberto Jiménez de Moreno y Mauricio Swadesh, tomado de Commons (2000).
Como se ha mencionado, las sociedades mesoamericanas basaron su desarrollo en la agricultura intensiva, misma que dio orden al urbanismo y con ello a una organización económica, social y política muy característica. El trabajo y vinculación entre los pobladores con la tierra no solo estaban relacionados a la subsistencia de los núcleos familiares asegurando sus alimentos, sino que el constante trabajo que requería la tierra implicaba sus propias formas de ordenamiento de los grupos comunales en el desarrollo y uso de los sistemas agrícolas.
En el relieve accidentado de la zona alta de la Mixteca se han identificado un gran número de asentamientos habitacionales que muestran la alta densidad poblacional de la región, los cuales están directamente relacionados con extensos conjuntos de
93 terrazas para el uso de la agricultura intensiva. Los lamabordos o coo yuu29 son el sistema agrícola tradicional más destacado. Se sabe que estas terrazas aparecieron en periodos tempranos y fueron construidas en las barrancas para retener los suelos deslavados de las lomas contiguas, formando una matriz adecuada para la producción agrícola, actividad fundamental no solo en la sobrevivencia de los pueblos sino que también fue el motivo de que estructuró la organización política y económica, y con ello la distribución de los asentamientos en el espacio.
De acuerdo con Martín (2018: 121), la organización de las jurisdicciones coloniales en términos políticos y territoriales se sustentó sobre las bases organizativas de los señoríos prehispánicos. Ante este panorama, los estudios arqueológicos señalan que la complejidad de la región generó una marcada estratificación social donde el poder se concentraba en un grupo de élite que administraba los recursos materiales y humanos, y que además establecían alianzas matrimoniales y redes comerciales.
Esto implicaba la defensa del espacio, identificado por la presencia de elementos arquitectónicos defensivos (Spores, 1984, 2007 en Martin, 2018: 129).
Por su parte, Byland y Pohl (1994 en Martín, 2018) señalan que en la transición del Clásico al Posclásico se dio una redistribución de poderes, donde un grupo de líderes limitados eran los que mantenían el control de los asentamientos en términos de “fraccionalismo” o pequeños estados (Byland y Pohl, 1994 en Martin, 2008: 131- 132). Esto generaba competencia entre ellos, pero también colaboración que podía implicar alianzas; por otro lado, las facciones eran resultado de asociaciones estables que permitían generar estabilidad para afrontar diversas problemáticas.
Otro estudio que explica la dinámica de distribución de asentamientos arqueológicos en esta región y sus implicaciones políticas es el realizado por Kowalewski y su equipo en 2009, titulado Origins of de Ñuu. Archaeology in the Mixteca Alta. En los resultados de esta investigación se señala que la organización
29 Varios son los estudios sobre el sistema de terrazas lamabordos en la Mixteca Alta, entre los que se encuentran los de Ronald Spores (1969), Michael Kirkby (1972), Verónica Pérez Rodríguez (2006), Norma López Castañeda (2019).
94 prehispánica regional tenía una estructura política vertical. El estudio de Kowalewski (2009), basado en la localización de sitios arqueológicos y el análisis de la distribución de los restos materiales en el área central de la Mixteca mediante la prospección de superficie, muestra que los asentamientos en la región son característicamente dispersos, sin embargo, estos comenzaron a agruparse en aldeas desde etapas tempranas, emplazándose en la cima de los cerros para establecer el control político de los pequeños valles que conforman el territorio. La topografía puede explicar por qué en la Mixteca no hubo un solo estado centralizado, lo cual dio paso a la organización social del Ñuu30.
Terraciano (2013: 160-165) define al Ñuu como un estado potencialmente autónomo. Por su parte, Kowalewski (2009: 331-349) identificó un patrón de asentamiento donde los vestigios materiales de caseríos estaban relacionados entre ellos; los restos registrados en la fase Flores (que corresponde al periodo Clásico mixteco del 500 al 1000 d. C.) tuvieron relación con la siguiente etapa, la fase Natividad (el cual acontece en el horizonte Posclásico, que para la región mixteca es del 1000 al 1521 d. C.) aumentando su población y con ello su complejidad urbana. Kowalewski expone que posiblemente la disposición y desarrollo de la arquitectura pública registrada son resultado de una jerarquía cívica y ceremonial que fue consolidándose en el transcurso de varios siglos. Es importante notar que el patrón general de Mesoamérica, señala una ruptura entre el periodo Clásico y el Posclásico. La cuenca de México y la zona Maya son un claro ejemplo. Por su parte, en la Mixteca se observa una continuidad ocupacional que podría traducirse en una complejidad organizativa que fortaleció la estructura autónoma del Ñuu.
La estructura puede describirse en dos sentidos. Por un lado, en términos verticales, el poder se acentúa y las evidencias arqueológicas muestran centros urbanos capitales registrados arqueológicamente. Por otro lado, la diversidad ambiental
30 Ya hemos señalado en el capítulo anterior acepciones de la palabra Ñuu, la cual se refiere a tierra, pero también a pueblo y que en este capítulo es entendida desde su significado dentro del sistema sociopolítico.
95 requirió de una complejidad horizontal que favoreciera el aprovechamiento del entorno e intercambio comercial. Así, esta región altamente poblada, tenía una política autónoma al resto de los estados mesoamericanos y de la propia región de la actual Oaxaca, basando su economía en la agricultura intensiva gracias a diferentes sistemas de terrazas, recursos que eran administrados por los centros urbanos que aseguraron la estabilidad y sustento de la población.
El sistema agrícola, que definió la urbanización de los sitios31, se tecnificó con la construcción de terrazas y residencias que ocuparon las laderas, mientras que templos y plazas se edificaron en la cimas de los cerros, los cuales implicaban el dominio de los pequeños valles. Estas unidades fueron denominadas barrios o Siqui32 (Kowalewski, 2009: 337), quienes trabajan la tierra mediante la organización comunal. Entonces, los grupos habitacionales formaron barrios, los barrios formaron comunidades dentro de los valles, y alguno de ellos, en ocasiones fungía como centro primario. Todo este conjunto conformaba al Ñuu, como una unidad autónoma integral, la cual tenía un componente políticamente más grande, pese a que se establecieron políticas centralizadas, alianzas matrimoniales o sometimiento militar, como veremos más adelante.
En los diversos estudios de la distribución y patrones de asentamientos en la región, pueden identificarse los barrios locales y los centros principales donde se ubicaban los centros administrativos y religiosos de los gobernantes; además de esto, Kowalewski (2009) en su estudio señala la existencia de sitios y límites de los Ñuu, marcados por la cantidad de material asociado a los sitios y su filiación. Sin duda, los trabajos arqueológicos en la Mixteca tienen un largo camino por explorar, en gran medida por la necesidad de realizar excavaciones que ahonden en los datos
31 En arqueología un sitio puede ser definido por la concentración y ausencia de restos materiales. En este caso, se considera el conjunto de estructuras y vestigios observados en la superficie aunque el análisis de Stephen Kowalewski (2009) plantea un número definido de materiales, así como la distancia entre la presencia y ausencia de material para establecer los límites.
32 Kevin Terraciano (2013) identifica la palabra Siqui, Siña o Dzini, como un componente del Ñuu.
96 que hasta la fecha se han propuesto mediante la técnica de prospección arqueológica.
Mapa 9. Patrón de asentamiento durante la fase Natividad, correspondiente al posclásico tardío.
Kowalewski et al (2000).
El origen del Ñuu, que para Kowalewski tiene un fortalecimiento desde el horizonte Clásico y que se consolida para el Posclásico, está vinculado a la unificación de la
97 Mixteca que diferentes estudios etnohistóricos33 han reconocido. El papel del personaje 8 Venado en el siglo XI es fundamental para este proceso, quien a través de diferentes campañas militares toma el dominio de un gran número de pueblos mixtecos, posicionando a Tilantongo como el señorío principal en esta extensa región, delegando la sucesión de la Mixteca entre sus hijos. De esta forma, el linaje de Tilantongo se establece como primordial para la red de alianzas matrimoniales.
Un rasgo más, que es importante resaltar sobre los estudios durante la época prehispánica, es la identificación de los Ñuu y las alianzas entre ellos, de los cuales resalta: Teposcolula, el Cerro Jazmín en Yanhuitlán, Achiutla, Huamelulpan, Tilantongo y Tlaxiaco. Estos vínculos, permitieron el intercambio comercial y consolidaron la unificación de la mixteca mediante alianzas matrimoniales en función del control territorial, a través de prácticas cívicas, políticas y religiosas.
Estas alianzas, las cuales han sido compaginadas con el estudio etnohistórico, se establecieron mediante la figura del Yuhuitayu, de la cual hablaremos en el siguiente apartado.
La unificación de la Mixteca prehispánica como un evento político se reconoce por medio de la figura de 8 Venado y la legitimación del linaje de Tilantongo que se generó mediante el sometimiento de los pueblos vecinos y las relaciones políticas y económicas con los otros grupos étnicos mesoamericanos. Esto nos permite comprender el complejo entramado sociopolítico antes de la llegada de los españoles, mismo que persistió durante varios siglos gracias al mantenimiento de las elites prehispánicas durante el periodo virreinal. Como nueva forma de organización, los españoles “negociaron” con los señoríos para lograr la sumisión ideológica de los habitantes originarios, mantener su tributo y su mano de obra.
33 La bibliografía básica que aborda este evento se encuentra en Alfonso Caso (1977), Reyes y reinos de la Mixteca; Ferdinand Anders, Maarten Jansen, Luis Reyes García (1994), El rey 8 Venado Garra de Jaguar y la dinastía de Teozacualco- Zaachilall; Manuel Hermann, (2017).
98