Capítulo 1. El territorio Ñuu Savi y sus límites en tensión como problema de estudio
1.4 Territorio y límite. La zona en conflicto
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40 actores durante las prácticas colectivas. Por lo tanto, la autora también considera que “el territorio es un factor de disputa y de relaciones de poder entre grupos”
(Barabas, 2004b: 149) donde se pactan los recursos disponibles y los elementos simbólicos.
Los elementos mencionados son de gran utilidad para esta investigación, pues es importante entender las características del espacio en disputa, así como los fundamentos que conforman la territorialidad de los Ñuu Savi, a partir del conflicto de un límite entre los municipios. Así, parafraseando a Barabas (2004b), el territorio cumple con el papel de identificar a sus habitantes y cohesionarlos dándoles un sentido de pertenencia; el sentido de territorialidad es el resultado de procesos de larga duración, donde se han consolidado mitos, ritos y ceremonias. Esta concepción señala que el territorio y la territorialidad están moldeados y delimitados por fronteras o límites, este último es un concepto clave para la investigación. En primer lugar, los límites pueden ser geográficos; en segundo lugar, en un sentido más amplio, las fronteras o límites son simbólicas y porosas; y en tercer lugar, los límites son líneas artificiales e impuestas, las cuales tienen la función de organizar y administrar el espacio; este ordenamiento está ligado a procesos agrarios y administrativos del Estado (Barabas, 2004; Sánchez Ayala, 2015).
Es importante no perder de vista que, en esta tesis, en el conflicto por límites territoriales participan la resignificación de la identidad del pueblo, los instrumentos de control del Estado, la legitimación de las leyes del Estado entre los pobladores Ñuu Savi y los conflictos entre los habitantes. Así, el registro histórico en conjunto con el análisis antropológico permite comprender la variación que existe entre la concepción de territorio en estos actores y variables.
Es fundamental comprender que desde la postura geopolítica, el Estado asume la delimitación y estructuración del territorio de los pueblos indígenas y por lo tanto de los derechos sobre estos espacios. Es de esa manera que tal demarcación jurídica y aparato legal hace su aparición con ejercicios de poder en un contexto local que detenta sus propios usos, costumbres y creencias sobre la tierra y el territorio que
41 van más en consonancia con una naturaleza que desconoce líneas limítrofes; en suma, un espacio local que no concibe líneas. Llevar el conflicto al ámbito legal ha traído una serie de tensiones entre los grupos locales, alebrestado por procesos jurídicos, que arrastran largas y tediosas etapas burocráticas. Esto no quiere decir que los grupos locales no tengan su propia conflictividad, sino que suman a este.
Barabas (2004: 24) señala que esta contradicción puede entenderse debido a que:
“la naturaleza o el espacio puede ser concebidos sin límites, pero los territorios habitados y apropiados sí los tienen, como lo comprueban los códices, los mapas, los lienzos y los títulos, así como los mitos y los rituales…”.
Ahora bien, el territorio está en constante configuración y adquiere diferentes dimensiones que implican la lucha de tierras. Estas disputan incluyen la resistencia popular latinoamericana ante el despojo de tierras por parte de la clase dominante, así como los conflictos agrarios. Por un lado, la participación del Estado consiste en aplicar leyes que protegen los bienes sobre la tierra en disputa, lo cual implica políticas que no favorecen la condición de tierra común y la convierte en propiedad privada:
Para la solución de estos problemas en la mayoría de los casos las instituciones gubernamentales no aplican la ley que protege el derecho de quien lo tiene sobre la tierra disputada, sino una política de “conciliación” que incluye medidas para que los sujetos perjudicados negocien sus derechos con quienes los afectan… (López Bárcenas, 2005, pp. 87).
Esto nos lleva a considerar que los pleitos por los territorios están relacionados con el dominio y control del espacio como bien estratégico, político y económico. Para López Bárcenas (2005: 105) los conflictos “se orientan hacia la población que ocupa una región, es decir, tienen un radio de impacto mayor que las disputas agrarias”
(López Bárcenas, 2005: 104). Un tipo de conflicto concierne al de los territorios locales por la propiedad y control de la tierra, los cuales:
…se refieren al dominio y control del espacio como bien estratégico, tanto en el orden político como en el económico. La tierra como parte importante del territorio tiene un papel que va más allá de su función productiva, o representa un espacio comercial, pero
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sí un ejercicio de poder, una fuente de recursos naturales, un área de paso o de conexión, etc. (López Bárcenas, 2005: 105).
Por lo tanto, la relación con el territorio no es únicamente agraria y los conflictos que acarrean forman parte de una problemática más compleja.
Conjugado a lo anterior, es importante considerar que las fronteras simbólicas en el territorio global representan tensión entre pueblos, por lo que su análisis debe centrarse en las diferencias que se generan como grupos ante la norma institucional para conocer sus diferencias, así como el empalme de la misma.
Como ya se mencionó, estos elementos deberán contener un eje analítico que es fundamental, el cual articule el concepto de territorio desde la mirada crítica y reconocimiento de saberes de las comunidades, debido a que el territorio y la planificación del mismo, generalmente es abordado desde el enfoque neoliberal. Es importante no perder de vista que el territorio tiene una dimensión política, debido a su relación con el ambiente y con el Otro. Los grupos en un espacio apropiado colocan señales y signos que se inscriben en la naturaleza.
Por lo tanto, la investigación se apoyará en el conocimiento local (conocimiento de los sistemas de la naturaleza) que han sido abordados desde ópticas cognitiva, epistemológica, etnobiológica y antropológica (Escobar, 2010). Así, nos acercaremos al planteamiento que favorece las construcciones de la naturaleza elaboradas por la gente (Escobar, 2010).
Por su parte, es valioso el concepto ecología de saberes, desarrollado por De Sousa Santos (2010), que reconoce la existencia de la pluralidad del conocimiento más allá del ámbito científico. Es por ello que deben abandonarse las epistemologías generales. Existen diversas formas de conocimiento y diversas maneras de conceptualizar; sería importante establecer criterios que pueden validar estos conocimientos. La riqueza de la diversidad no canónica del mundo, contrasta con las tradiciones occidentales validadas.
43 El conflicto territorial, planteado en este trabajo, está enmarcado en un contexto muy específico étnico e histórico. Por lo tanto, a partir de la discusión con los autores anteriores y otras conceptualizaciones parecidas, se considera que podrá comprenderse la relación del territorio y sus habitantes, el cual ha sido cruzado por diferentes esferas de poder y concepciones culturales. La apropiación del territorio, que lleva siglos de consolidación, se refleja en los diferentes actores de ambas comunidades, aunque no de manera hermética, sino que convive y negocia con las figuras estatales, como históricamente lo ha hecho con otras figuras administrativas.
Junto con ello, considero importante, que esta investigación aborde elementos teóricos relacionados con el territorio y el conocimiento local que permitan el acercamiento al problema desde las cualidades y concepciones culturales propias de los Ñuu Savi.