Capítulo 3. De los restos de las instituciones prehispánicas y virreinales a la configuración
3.2 Instituciones virreinales para el orden y control del territorio
3.2.2 Las encomiendas y la Audiencia Real
110 élites prehispánicas y su propia administración. A continuación, se señalaran brevemente las estrategias para reorganizar el territorio por parte de los colonizadores y cuáles fueron sus efectos en las jurisdicciones que competen a esta investigación.
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La ordenanza para la creación de la segunda Audiencia estipuló su naturaleza de tribunal de justicia. Esta segunda etapa fue encabezada por el presidente Sebastián Ramírez Fuenleal, obispo de Santo Domingo quien gobernó por cinco años hasta la llegada de don Antonio de Mendoza primer virrey de México, a partir de ese momento todos los virreyes fueron presidentes de la Audiencia (Hernández Vidal, 2015: 24).
La primera Audiencia reguló algunas de las encomiendas otorgadas por Cortés.
Pero, a la llegada de Antonio de Mendoza, quien tenía una clara política de fortalecimiento de la Corona Española, limitó de manera estricta el trabajo de los encomenderos. De acuerdo con Gerhard (1986: 8-10), las regulaciones que la encomienda tuvo en la segunda Audiencia consistieron en:
1) Reducir las propiedades de Cortés.
2) Prohibir a sus descendientes conceder mercedes (de tierra u otras propiedades).
3) Regular el tributo con una tasa uniforme.
4) Ubicar en cada encomienda una jurisdicción, con el objetivo de administrar y supervisar a los pueblos por medio de un inspector de la Corona.
5) Establecer el tributo para el Rey, en aquellas encomiendas donde el recipiente era la Corona, además de ser administrada por un corregidor.
Por su parte, los pueblos mantenían su propio gobierno interno, a lo que se le llamó República de indios. La élite prehispánica conservó sus privilegios por algún tiempo al ser nombrados caciques, quienes eran subordinados del corregidor y podían demandar diferentes inconformidades ante otras instancias administrativas españolas. Así, por la naturaleza de la Real Audiencia, esta era un derecho que tenían incluso los indígenas, como veremos a continuación; sin embargo, dependía de la persona que estaba a cargo de impartir justicia en nombre del rey abogar o no por los indígenas.
Estas políticas y normatividades en la Mixteca Alta tuvieron sus propios efectos.
Mencionaremos algunos elementos importantes relacionados con el área de estudio que nos ocupa. Sabemos que los reinos predominantes a la llegada de los españoles eran Tlaxiaco, Teposcolula, Yanhuitlán, Coixtlahuaca y Tilantongo, los
112 cuales tenían su legitimidad política en la historia sagrada que se construía en torno a ellos, además de la administración de recursos y pueblos que estaban en su dominio, las cuales ocupaban considerables extensiones de territorio (Martín 2018:
48).
En el caso particular de esta investigación, Tataltepec fue un pueblo dentro de la jurisdicción de Tlaxiaco. Gracias a la tesis doctoral de Martín (2018) podemos señalar algunos datos que nos permitan conocer la condición de Tataltepec ante el proceso de encomiendas durante el periodo temprano de la colonia. En la investigación “Territorialidad y paisaje a partir de los traslados y congregaciones de pueblos en la Mixteca, siglo XVI y comienzos del siglo XVII: Tlaxiaco y sus sujetos”, Martín (2018) expone la configuración territorial temprana de este lugar, pero además el elemento de disputa desde tempranas épocas, mostrando el desarrollo de la implementación del poder y la configuración territorialidad (Martín, 2018: 195) Tlaxiaco tuvo un primer recinto católico en la década de 1530. A la llegada de los dominicos, en 1550, edificaron un convento en el centro del valle de Tlaxiaco y la población se asentó a los alrededores (Martin 2018: 192). Sobre la conquista religiosa se encontraban los intereses de explotación de los recursos de los lugares conquistados y por lo tanto la encomienda, fue punto de disputa en muchos casos, quienes impulsaron la economía en los territorios conquistados (Miranda y Ruiz Medrano, 1947 en Martín, 2018: 195).
Después de que la provincia de Tlaxiaco le fuera retirada a Juan Núñez Sedeño por parte del Marqués del Valle, debido a las diferencias que tuvieron; Tlaxiaco quedó encomendado a dos conquistadores: Martín Vázquez, y Francisco Maldonado. Esta división, entre otros eventos, derivó en un pleito por un pueblo Atoyaque. Martín (2018) muestra con muchos detalles la reconstrucción de este pleito, pero de él nos interesa el dato particular donde se señala que, a la conclusión del litigió en 1544 Tataltepec, un pueblo desde entonces limítrofe con Tilantongo, estaban encomendado a Francisco Maldonado:
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…tres años después del cierre del último pleito entablado entre ellos, el 28 de mayo de 1544, siendo testigo el obispo de Antequera Juan López de Zárate, ambos llegaron al acuerdo de volver a juntar los indios como antes los tenían, para el beneficio tanto de los naturales como de los encomenderos…
En resumen, Francisco Maldonado disfrutaría de Achiutla, Tataltepec, Tlazultepec, Miquitla, Chalcatongo, Atatlahuca, Chicahuaxtepec, Atoyaque y Ocotepec, con sus sujetos respectivos; por su parte, Martín Vázquez poseería Chicahuaxtla, Tlaxiaco – incluidas las importantes estancias denominadas Teponaxtla y Cuespalistlahuaca– y Xilotzingo, en el centro de México, el cual había sido intercambiado por Mixtepec. Por lo tanto, en este acuerdo Martín Vázquez perdía Atoyaque y Ocotepec, pero afirmaba su control sobre el valioso territorio de Tlaxiaco situado en la cañada de Yosotiche.
(Martín, 2018: 208-209).
El pleito, de acuerdo a la investigación de Martín (2018), no terminó con este acuerdo, pues diversas transgresiones continuaron por parte de los encomenderos.
Lo que nos interesa resaltar en este momento es en qué condiciones se encontraba el pueblo de Tataltepec y cómo, desde momentos coloniales tempranos, se encontraba envuelto en una dinámica de litigios y pleitos por la administración de su territorio.