CAPÍTULO III. MARCO TEÓRICO
3.6. La teoría de la resonancia
3.6.2. Las esferas culturales de acción y sus ejes de resonancia
La sociedad moderna se encuentra estratégicamente escindida y organizada, a través del mecanismo de diferenciación funcional, en diferentes subsistemas —a los que Rosa (2016) se dirige como esferas culturales preestablecidas de acción— dentro de los cuales los sujetos intentan trazar ejes horizontales, diagonales y transversales de resonancia, es decir, descubrir, crear y desarrollar formas de relación resonante con el mundo o con un determinado fragmento de este aspirando a que estas no solamente sean puntuales, momentáneas, sino que puedan ver consumadas sus posibilidades de recurrencia (Rosa, 2018).
El eje horizontal comprende las relaciones de resonancia que los sujetos establecen con otros: con la familia, con las amistades y con la política. La familia se concibe, entre ellos, como el eje central de resonancia puesto que representa un punto de enclave que garantiza que el mundo responde al sujeto. Esta expectativa se trunca, no obstante hoy en día, debido a los efectos de un sistema macrosocial acelerado y competitivo que se infiltra cada vez más en las relaciones familiares. La familia se convierte así, más bien, en un centro institucionalizado de cálculo y de utilitarismo en el que se entiende que el capital económico, social y cultural debe ser acumulado.
La familia no puede cumplir por si sola, así pues, las expectativas de resonancia horizontales, sino que le hace falta un complemento que, según Rosa (2018), podría ser el de las relaciones de amistad. Las amistades cumplen, a menudo, funciones de descarga puesto que, a diferencia de las de la familia, no se encuentran institucionalizadas, sino liberadas de derechos y de deberes, del contexto rutinario cuotidiano y de la exigencia de proximidad corporal. Estas relaciones corren, no obstante, al igual que lo hacen las relaciones con la familia, el riesgo de caer en las dinámicas de acumulación del capital social (Rosa, 2018).
128 La política, pese a que quizás no aparezca en un primer momento en el imaginario social como un posible eje de resonancia, representa para Rosa uno de los ejes de resonancia por excelencia. La definición de la política como un posible eje de resonancia mantiene un vínculo especial con la noción de agencia política que puede reconstruirse a partir del análisis de la obra de este autor. Este es el motivo por el que los apuntes teóricos en torno a ella se omiten en este espacio para ser desplegados en la sección «3.7. La agencia política desde la perspectiva de Hartmut Rosa» (p. 129) del presente capítulo.
El eje diagonal incluye las relaciones que los sujetos establecen con el mundo de las cosas y, concretamente, con el trabajo, la escuela, el deporte y los hábitos de consumo. El trabajo representa la dimensión en el interior de la que el sentimiento de autoeficacia puede ser mayoritariamente experimentado por el sujeto. La autoeficacia que de este se desprende se ve, no obstante, fuertemente limitada y es que la dinámica de aceleración, de crecimiento y de innovación en la que el trabajo se encuentra inmerso lo convierte, a menudo, en una simple mercancía con la que el sujeto se limita a establecer una relación instrumental basada en la obediencia a directrices (Rosa, 2018).
El trabajo es en realidad el producto de un periodo de aprendizaje y de formación que ocurre en las escuelas. La escuela se consolida, entonces, como la segunda relación susceptible de ser resonante en el eje diagonal. El profesor descubre una materia al alumno que puede suscitarle un interés especial. La materia le habla y el alumno le responde. La relación establecida entre el profesor, la materia y el alumno es, sin embargo, susceptible de convertirse en un espacio de alienación si el profesor concibe al alumno como una amenaza o como alguien a quien no interesa la materia que está impartiendo o si el alumno no se siente afectado por ella.
El deporte permite al sujeto, por su parte, establecer una relación de resonancia con el cuerpo. La relación que con este establece corre el riesgo, no obstante, de devenir instrumental si el cuerpo es interpretado como algo externo que precisa ser moldeado para hacer cada vez más con él, para obtener cada vez mejores resultados y mejores marcas.
Los hábitos de consumo, por otra parte y por último, constituyen para el sujeto una oportunidad para ampliar su acceso al mundo, una oportunidad que corre el riesgo, no obstante, de construir relaciones alienantes con el mundo de las cosas puesto que, centrada en la cantidad de relaciones, a menudo, olvida la importancia de su calidad.
129 El eje vertical incluye, finalmente, las relaciones que los sujetos establecen con el mundo en su totalidad y, concretamente, con la religión, la naturaleza, el arte y la historia.
La relación que el sujeto establece con la historia se erige en el marco de la obra de Rosa y en su conexión con el fenómeno de estudio por el que se interesa la presente tesis doctoral como una dimensión de resonancia que destaca por encima de las demás, razón por la que el resto de dimensiones no son aquí atendidas10. La historia permitiría, en este sentido, el establecimiento de un vínculo constitutivo entre individuo y el mundo con potencial para abarcar su existencia por completo.
Las culturas se encuentran asociadas a lugares, a relatos y a prácticas específicas mediante las que los sujetos establecen un vínculo transhistórico con sus antepasados, con los héroes, los espíritus y los eventos que constituyen su pasado individual y/o colectivo.
El tiempo y los lugares históricos devienen, de este modo, puntos de enclave desde los que los sujetos son abordados e incluso transformados, ya sea positiva o negativamente.
El pasado que es vivido como un co-presente y como un momento conectado de manera simultánea al presente y al futuro es susceptible de desencadenar una experiencia de resonancia en el sujeto (Rosa, 2018).
La historia permite al sujeto conectar, entonces, con una forma de existencia que no tiene por qué haber sido la suya, pero que siente como propia. La resonancia supone no tanto una conexión especial con el aquí y con el ahora, sino una extensión del horizonte espaciotemporal que posibilita la creación de ejes de conexión con el pasado y con el futuro. La propia biografía también es susceptible de desencadenar los mismos efectos (Rosa, 2018). Rosa (2020) defiende que una buena vida no es alcanzable si el sujeto no asimila, de una forma responsiva, su propia biografía y la historia colectiva que la acompaña y en la que se encuentra inmerso.
La buena vida es concebida, en definitiva, como una vida basada en ejes horizontales, diagonales y verticales estables de resonancia en las diferentes dimensiones exploradas.
10Para una descripción detallada de la dimensión vertical de la resonancia puede consultarse «8. Les axes verticaux de résonance» en Résonance: Une sociologie de la relation au monde (Rosa, 2018, p. 295–
352).
130 Rosa (2018) explica que la creación y el mantenimiento de estos ejes no depende de una cuestión exclusivamente individual, sino de la disponibilidad en el medio de condiciones sociales colectivas resonantes, es decir, de instituciones, de prácticas y de modos de socialización capaces de resonancia y es que la ausencia de las mismas hace más probable que la relación que el sujeto establece con el mundo sea una relación alienante (Bialakowsky, 2018).