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La lucha por la definición y la interpretación de las necesidades

In document TESIS DOCTORAL 2022 (página 105-112)

CAPÍTULO III. MARCO TEÓRICO

3.3. La agencia política desde la perspectiva de Nancy Fraser

3.3.2. La lucha por la definición y la interpretación de las necesidades

105 Esta autora formula dos ideas generales para tratar de abordar dichas cuestiones. La primera de ellas responde a la legitimidad normativa, es decir, a la cuestión de quién es incluido como par en los debates públicos acerca del bien común, una cuestión que responde a su vez a dos condiciones: la condición de inclusión que, basada en el principio de todos los afectados (Owen, 2014), establece que las discusiones deben estar abiertas a todos aquellos que estén interesados en los resultados de la misma; y la condición de paridad, que propone que todos los individuos que toman parte de una interacción social deben poder expresar sus miradas, determinar las temáticas sujetas a debate, cuestionar los argumentos de otros, cambiar sus posiciones y contar como interlocutores en cualidad de iguales (Fraser, 1990).

La segunda idea que Fraser (1990) plantea en esta dirección se corresponde con la cuestión de la eficacia política de la opinión pública. Esta se refiere a la capacidad que la esfera pública posee para convertir la opinión de la comunidad en una fuerza política, así como para asegurar que las acciones emprendidas a nivel macroestructural respondan a la voluntad de la propia comunidad. Las reflexiones que esta autora emite en este sentido se conectan de manera directa con las reflexiones que, dando continuidad a su trabajo en torno al concepto de esfera pública, conciernen a la temática de la lucha por la definición y la interpretación de las necesidades.

106 encubierto, como también lo son las tareas iniciales de su interpretación. En segundo lugar, critica que desde las teorías tradicionales no se cuestione quién debería encargarse de interpretar las necesidades, desde qué mirada y posición debería hacerlo y qué intereses debería tener.

Las teorías tradicionales sobre la definición de las necesidades son, asimismo y en tercer lugar, acusadas por Fraser (1986) de interpretar las necesidades desde una forma única de discurso público que se encuentra sesgada a favor y en beneficio de los intereses de los grupos dominantes y que puede actuar en contra y en perjuicio de los grupos subordinados. Finalmente y en cuarto lugar, esta autora apunta a que dichas teorías no cuestionan la lógica social e institucional de la interpretación de las necesidades y de las relaciones establecidas entre aquellos que participan en la toma de decisiones en torno a ella.

La respuesta que Fraser (1986) ofrece a las que considera como las debilidades generales de las teorías tradicionales de la definición y de la interpretación de las necesidades consiste en la descripción de tres modalidades de lucha política que difieren entre si en aquello que concierne al papel que el sujeto adopta en relación al discurso.

Estas tres luchas responden a la lucha por la elevación o la negación del estatus de una determinada necesidad como un asunto político, la lucha por la definición de las necesidades y de lo que las cubriría y la lucha por la determinación de los mecanismos y estrategias de satisfacción de las necesidades.

La teorización que Fraser (1986) ofrece en torno a estas tres modalidades de lucha política se interesa, particularmente, por explorar lo que ella misma acuña como medios de interpretación y de comunicación socioculturales, es decir, por el conjunto de recursos discursivos que los miembros de una determinada comunidad política disponen para formular sus necesidades y para comunicar sus reivindicaciones. Los recursos discursivos sobre los que hace girar sus reflexiones se corresponden con:

⁘ Los lenguajes reconocidos de modo oficial desde los que los sujetos manifiestan sus reivindicaciones. Los sujetos, ¿hablan de necesidades? ¿de derechos? ¿de intereses?

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⁘ Los vocabularios específicos dentro de estos lenguajes. Los sujetos, ¿hablan haciendo uso de un vocabulario terapéutico? ¿administrativo? ¿feminista?

¿socialista?

⁘ Las formas paradigmáticas de resolución de las situaciones en las que imperan reivindicaciones opuestas y contradictorias. En la resolución de una situación de conflicto, ¿se usan mecanismos de solución autoritarios o democráticos?

⁘ Las posibilidades para construir discursos individuales y colectivos que dan forma a las identidades sociales. Los sujetos, ¿son capaces de construir sus identidades sociales de un modo autónomo?

⁘ Los modos en que los diferentes discursos sitúan a los miembros de la comunidad como sujetos con diferente capacidad de acción. Los sujetos, ¿son posicionados como normales o como desviados? ¿como determinados o como libres? ¿como víctimas o como potenciales activistas? ¿como individuos dispersos o como miembros de un colectivo organizado?

Fraser (1986) explica que los recursos discursivos con los que cuentan los miembros de una comunidad política se encuentran sujetos a los ejes de subordinación que ordenan la sociedad, por lo que se encuentran socialmente distribuidos de una manera no equitativa entre ellos. Los medios de interpretación y de comunicación socioculturales se encuentran inmersos, de este modo, en un marco de patrones de subordinación y de dominación que genera diferencias entre ellos y que los escinde, concretamente, en medios de interpretación y de comunicación hegemónicos y medios de interpretación y de comunicación no hegemónicos.

El concepto de hegemonía es comprendido por Fraser (1986) como la faceta discursiva del poder, es decir, como el poder para establecer lo que debe ser considerado como de sentido común en la sociedad y, en el caso de aquello que concierne a los medios de interpretación y de comunicación, como el poder que estos ejercen para determinar la agenda política, los límites entre publicidad y privacidad, las situaciones y las necesidades de la comunidad, así como la justificación y la resolución de los desacuerdos en torno a ellas en los debates públicos. La hegemonía sitúa a los miembros de una comunidad, así pues, en un gradiente que posee como extremos la ventaja y la desventaja en su relación al discurso.

108 La diferencia entre los medios de interpretación y de comunicación socioculturales hegemónicos y no hegemónicos responde, de este modo, al acceso diferencial al poder que los individuos disponen para establecer como hegemónicas o como de sentido común, a través de sus voces, de sus actos y de sus intervenciones, sus respectivas necesidades.

Fraser (1986) no pretende, sin embargo, ofrecer una visión fatalista de aquello hegemónico y es que no apoya la idea de que aquello hegemónico sea inamovible, sino que, al contrario, defiende que aquello hegemónico puede ser subvertido mediante la negociación y la práctica política.

Los individuos pueden, entonces, expresarse como agentes contrahegemónicos, es decir, como agentes que contribuyen en la lucha por la institucionalización de sus horizontes de valor cultural, un detalle que renueva las posibilidades de desarrollo de su agencia política en dirección a su emancipación. Los discursos que los individuos articulan con este fin son etiquetados por Fraser (1990) como opositores, siendo estos aquellos que surgen cuando los miembros o las colectividades de una determinada comunidad política comienzan, desde abajo, a cuestionar sus identidades, sus roles subordinados y la interpretación tradicional que, desde arriba, se proyecta sobre sus necesidades.

La (re)politización de las necesidades alcanzada a través de los discursos opositores consigue poner en primer plano algunas de las tareas principales de la Teoría Crítica, como la de cuestionar la división establecida entre los asuntos públicos y privados, la de proponer visiones alternativas sobre sus propias necesidades, la de construir nuevos contrapúblicos subalternos desde los que presentar sus reivindicaciones a públicos más amplios, la de cuestionar y movilizar elementos hegemónicos que subordinan y la de cristalizar nuevas formas de identidad, de interpretación de sus necesidades y de (de)construcción de los significados sociales (Fraser, 1986).

El compromiso con las tareas anteriores deja entrever el progresivo desplazamiento de los individuos como observadores de su propia represión y distorsión hacia su consideración como agentes capaces de protagonizar movimientos sociales, de participar como pares, de hablar y de ser escuchados, de poder controlarse a si mismos y de dar voz propia a sus vivencias, sus experiencias y sus reivindicaciones en la vida social (Fraser, 1986). Los discursos opositores no circulan, a pesar de todo, de forma libre sino que

109 chocan contra dos nuevas modalidades de discurso que Fraser acuña como discursos reprivatizadores y discursos de expertos.

Los discursos reprivatizadores representan aquellos discursos que, por un lado, bloquean los discursos opositores defendiendo las divisiones preexistentes entre los asuntos públicos y privados, abogando por la despolitización de las necesidades y la restricción de la difusión de las reivindicaciones realizadas por los contrapúblicos hacia públicos más amplios. Esta modalidad de discurso, al renovar el no reconocimiento de las necesidades de los individuos y de los colectivos subordinados en la sociedad, pueden, sin embargo, desprender resultados paradójicos y es que pueden suponer una reacción de crispación con potencial para reforzar el compromiso en la lucha social (Fraser, 1989).

Los discursos de expertos representan aquellos discursos que, por otro lado, convierten las necesidades que han logrado politizarse en necesidades que deben ser controladas y que deben ser intervenidas desde arriba. Esta modalidad de discurso desencadena, así pues, la construcción de los individuos y de las colectividades de las que estas necesidades proceden como individuos y colectividades pasivos, que perciben la cobertura de sus necesidades y, entonces, como individuos y colectividades que renuevan su posición de subordinación de estatus desde la que las posibilidades de alcanzar sus aspiraciones emancipadoras se ven drásticamente reducidas (Fraser, 1989).

La confluencia entre los discursos opositores, reprivatizadores y de expertos hace plantear a Fraser (1989) la pregunta de cómo puede reconocerse la definición y la interpretación de necesidades justificada de aquella que no lo es. La respuesta que ofrece a esta pregunta contempla una cuestión procedimental y una cuestión de resultado, siendo así, respectivamente, una interpretación de necesidad mejor que otra cuando se establece a través de procesos comunicativos basados en principios de democracia, de solidaridad, de igualdad y de equidad y cuando no sitúa a ciertos miembros de la comunidad política en desventaja respecto a los demás (Fraser, 1989).

PARTE II

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HARTMUT ROSA

111 3.4. Los apuntes biográficos preliminares

Hartmut Rosa (Lörrach, 1965) es catedrático de sociología en la Friedrich Schiller University de Jena y director del Max Weber Center for Advanced Cultural and Social Studies de la Universidad de Erfurt, en Alemania. Filósofo, sociólogo y politólogo es considerado en la actualidad como uno de los principales representantes de la Escuela de Frankfurt y, de hecho, como miembro de su cuarta generación. Su adscripción disciplinar se corresponde con los campos de conocimiento de la sociología, de la Teoría Crítica, de las ciencias políticas y de la filosofía, materias que imbuyen su actividad académica y personal.

Rosa procede de una familia de clase obrera, asentada en un pequeño pueblo situado en el sur de la Selva Negra, muy experimental en cuestiones de religión. Estas dos particularidades —su lugar de nacimiento y las vivencias que hizo a través de las distintas religiones que sus padres decidieron adoptar cuando él solamente era un niño— se dejan entrever y reflejar en su obra y su pensamiento filosófico por medio de sus recurrentes alusiones al interés por comprender la conexión que los individuos establecen con la naturaleza y de su sensibilidad hacia la diversidad y la multiculturalidad presentes en las sociedades actuales.

Rosa emprendió sus estudios universitarios en Filosofía, Ciencias políticas y Filología y, de una forma simultánea, en Literatura Alemana en la Universidad de Friburgo. De un modo similar a aquello que motivó a Fraser a acercarse a la filosofía a través del estudio de las lenguas clásicas, Rosa consideró que la literatura era en ese momento la mejor manera de acceder a la filosofía y es que, para él, esa era la mejor forma de filosofía. La literatura le permitía aproximarse de una forma fiel y no abstracta a las cuestiones por las que sentía mayor inclinación tales como «de qué se trata la vida»

o «qué es aquello central para el ser humano» (Bialakowsky, 2018).

La orientación de los estudios en Filosofía en Alemania, muy centrada en el pensamiento filosófico de Heidegger, de Kant y de los filósofos griegos, se alejaba de las preocupaciones e intereses personales y académicos de Rosa. A punto de abandonar su formación por este motivo, se le presentó la oportunidad de realizar una estancia en la London School of Economics and Political Science, una oportunidad que puso en suspensión su decisión de abandonar sus estudios. Su estancia tuvo, en este sentido, dos

112 repercusiones de diferente índole, pero de similar importancia para él, que marcaron profundamente la orientación futura de su pensamiento filosófico.

Londres contrastaba, por una parte, con su vida habitual en Lörrach. La vida en una gran ciudad desencadenaba una forma muy distinta de estar en el mundo y de relacionarse con él. Estas reflexiones se encuentran en la base del desarrollo de su teoría de la aceleración social. La orientación de los estudios en Inglaterra le permitió descubrir, por otra parte, el pensamiento del filósofo canadiense Charles Taylor (1931), del que se interesó especialmente en sus aportaciones sobre la construcción de las identidades modernas, temática que le ayudó a formular algunos elementos de su teoría de la aceleración social y de su teoría de la resonancia.

Estas dos repercusiones llevaron a Rosa a encontrar por fin su camino como filósofo.

A su regreso a la Universidad de Friburgo, terminó sus estudios en Filosofía en 1992 y se especializó en Ciencias políticas y Teoría política en 1993. Emprendió seguidamente sus estudios de doctorado y se doctoró en 1997 con una tesis sobre Charles Taylor, bajo la dirección del filósofo alemán Herfried Münkler (1951) y del filósofo alemán de la tercera generación de la Escuela de Frankfurt Axel Honneth (1949). A través de este último se interesó en la tradición de la Teoría Crítica a la que aportó un enfoque que trató de superar las divisiones entre disciplinas para unir en ella campos de conocimiento tan diversos como los de la filosofía, la psicología, las ciencias políticas o la sociología.

Entre sus obras más destacadas se incluyen Alienation and acceleration – towards a critical theory of late-modern temporality (2010), Social acceleration: A new theory of modernity (2015), Resonance: A sociology of our relationship to the world (2018) y su obra más reciente The uncontrollability of the world (2020).

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