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Las representaciones sociales y el proceso educativo

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Capítulo I. Problemática ambiental y el cambio climático

1. Educación

3.4 Las representaciones sociales y el proceso educativo

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generadores y organizadores de prácticas conscientes pero también, la mayoría de las veces, inconscientes”.

(Bourdieu citado en Echaverry, 2004: 6) postula que:

En dicha actividad [en el campo de la educación] las representaciones juegan el rol de sistema de valores, creencias, prácticas, esquemas, hábitos, que posibilitan la orientación hacia la comprensión, comunicación y dominio del contexto donde interactuamos [...] Estas representaciones cobran características diferentes sean estas de los alumnos hacia los docentes, de los docentes hacia los alumnos, de los docentes hacia ellos mismos, de los alumnos hacia la institución, de los alumnos hacia los saberes. Este tejido de representaciones que incluyen necesariamente a las expectativas y generan múltiples respuestas que orientan la vida escolar.

En suma, la teoría de las representaciones sociales constituye una forma de pensamiento social, su aportación es dar un mayor conocimiento sobre la forma en que los sujetos actúan para construir su realidad social, a partir de historias y experiencia particulares, que reproducen ciertas representaciones sociales que les permita entrar en vínculo con los otros, en virtud de que si bien surgen y son compartidas en un determinado grupo, presentan una dinámica individual, que resulta de un contexto de intercambios cotidianos de pensamientos y acciones sociales entre los miembros de un grupo social. Estos acercamientos entre los sujetos, develan la configuración de un cúmulo de representaciones sociales que se ponen en juego y que permiten que haya la posibilidad de entrar en relación, no sólo con los otros, sino con el mundo.

Las representaciones sociales, desde la perspectiva de un proceso educativo, se pueden entender como dispositivos de mediación social y cultural que rigen las relaciones sociales y que, por lo mismo, están presentes en las diferentes áreas de la interacción humana, permitiendo al sujeto asumir un rol social, hecho que promueve la relativa apropiación de una identidad personal, de grupo o de comunidad, en virtud de que los supuestos que cada estudiante asume o, en el mejor de los casos, construye, les permite tener una cosmovisión del mundo distinta, producto de las representaciones sociales construidas sobre la base de su historia personal, que responde a determinados intereses políticos, sociales, culturales y económicos.

Las representaciones sociales de cada uno de los estudiantes que integran la comunidad educativa coexisten dentro de los muros de la universidad, que en su calidad de institución social, responde, en términos generales, a las características de la sociedad, y alberga un

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cúmulo de representaciones sociales, a partir de sus estructuras formales, su complejidad institucional, los recursos disponibles, el ambiente, las alianzas estratégicas y la existencia de estímulos diversos sobre la socialización de los estudiantes, que se refleja en que el sistema escolar, hace grandes esfuerzos por clasificar, categorizar y tratar de controlar, las diferentes formas de comunicación y convivencia entre los miembros de su comunidad escolar que se encuentran en un espacio común, lo que hacen que la organización de las instituciones y procesos educativos, tengan una repercusión real sobre las actuaciones estudiantiles, al regir las formas, los comportamientos, condiciones y el ritmo con el cual se desarrollan las relaciones sociales cotidianas de un determinado espacio escolar, que prefiguran la representación que se espera que ellos hagan de su estar y ser en el mundo, es decir, una representación social creada para satisfacer intereses políticos y sociales, so pretexto de educarlos. En suma, las universidades se valen de la autoridad simbólica que en el imaginario social han tenido como aparato ideológico, por medio de sus acciones y posturas que en ella tomen forma, mismas que indudablemente trasciendan sus muros e impacten en la comunidad, lo que se traduce como una representación social, de tal forma que las visiones y posturas que de ellas emanen, se conviertan en comunes para todos y se establecen como parte de los rasgos de una identidad social. Al tiempo que permiten que la interacción dinámica entre los ambientes escolares y los estudiantes configuren las interpretaciones que éstos hacen de sus respectivas experiencias institucionales y también de sus representaciones sociales, en virtud de que la comprensión que cada individuo tiene de su situación escolar sirve para reforzar o debilitar el compromiso o para aumentar o disminuir la calidad de los esfuerzos que los estudiantes están dispuestos a hacer respecto de su propia formación, situaciones que van determinando la construcción de una representación social de sí mismo como estudiante.

Este abordaje permite mostrar cómo se van acomodando las acciones, discursos, representaciones sociales y simbólicas, vertidas en el proceso educativo y qué tan cerca o no estamos de que lo que se dice en el discurso educativo, para que impacte en las prácticas, y más aún en los estudiantes. De ahí la importancia de haber dado cuenta de las implicaciones del binomio representaciones sociales y el proceso educativo, como una manera de entender a qué escenario se enfrenta la educación ambiental, que sigue percibiéndose como una cuestión secundaria, prescindible o hasta cosmética, lejos de las prioridades institucionales.

Justo por dichas razones, está la urgencia de direccionar de manera crítica los procesos

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educativos referidos a las cuestiones ambientales, para que no sea un esfuerzo aislado, sino transversal e integral, que evite el “accionismo ciego” cortoplacista, cargado de muy buenas intenciones pero que solo responden a situaciones remediales temporales. El reto es como abordar, construir y redireccionar otras posibilidades educativas ambientales, ante la diversidad de estilos de aprendizaje existentes en las aulas y las formas de aprender de cada uno de los estudiantes, para logar un impacto pedagógico en ellos, dado que son hacia quiénes se orientan toda nuestra intención formativa y nuestras acciones.

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