Capítulo I. Problemática ambiental y el cambio climático
1. Educación
3.1 Percepción y Representación social
a. Etimología, la historia de los vocablos: percepciones y representaciones sociales
La noción de percepción proviene del latín, de la palabra perceptio, que significa recibir, recolectar o tomar posesión de algo, es decir es el acto y la consecuencia de percibir. Se define como “el acto de recibir, interpretar y comprender a través de la psiquis las señales sensoriales que provienen de los cinco sentidos orgánicos. Es por esto que la percepción, si bien recurre al organismo y a cuestiones físicas, está directamente vinculado con el sistema psicológico de cada individuo que hace que el resultado sea completamente diferente en otra persona. Es, además, la instancia a partir de la cual el individuo hace de ese estímulo, señal o sensación algo consciente y transformable” (Diccionario Definición ABC) Percepción en alemán es Wahrnehmung. Percibir algo literalmente significa, considerar algo como verdadero. La percepción es entonces la interfaz que conecta la mente con el mundo exterior.
Como es sabido el ser humano a lo largo de su ciclo de vida no sólo responde a los estímulos, también les da estructura y significado, al tiempo que desarrolla sus habilidades para utilizar símbolos en pensamiento y acción. Se trata de un concepto relacionado a los sentidos y al conocimiento, ya que la percepción es una sensación que el ser humano experimenta a nivel interior y que descubre a partir de un estímulo externo, a partir de distintos tipos de percepciones, mismas que a continuación se señalan, sin entrar en su descripción, debido a que rebasan el objetivo del presente apartado. Las percepción puede ser: sensorial, extrasensoriales, visual, auditiva, olfativa, táctil, térmicas, espacial, de la forma, del movimiento y social e incluso se habla de la percepción de la calidad ambiental, la percepción del riesgo ambiental y la percepción estética del ambiente, solo por mencionar las más relevantes.
La noción de representación viene del latín representatio y significa “acción y efecto” de representar. Sus componentes léxicos son: el prefijo re-(hacia atrás, repetición), prae- (delante-antes), esse (ser), más el sufijo-ción (de acción y efecto) (Diccionario Etimológico español en línea). Dicho modelo de intervención, por lo general, no se acompaña de procesos educativos que generen conciencia en la totalidad de los miembros de su
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comunidad universitaria sobre la importancia de disminuir los impactos ambientales de sus prácticas de consumo cotidianas.
b. Percepción y Representaciones Sociales: el devenir de su significado
La percepción está considerada como el primer proceso cognoscitivo del ser humano que tiene diferentes formas de percibir el medio que lo rodea, mismas que han sido estudiadas desde diferentes enfoques, que a continuación se describirán de manera breve:
Los enfoques empiristas de la percepción tienden a considerarla como la suma de las sensaciones que tenemos de un objeto, a negar un papel activo en el sujeto y a negar la influencia de elementos que no se encuentren en los estímulos como los recuerdos y las valoraciones del sujeto. La experiencia, entendida como percepción, es el origen y límite del conocimiento: conocemos a partir de lo que percibimos y nada que no sea perceptible puede ser conocido.
Los enfoques racionalistas señalan, por el contrario, que la percepción exige algo más que la mera suma de los elementos -la apercepción por ejemplo-, y destacan la importancia de los elementos cognoscitivos superiores, sobre todo de índole intelectual, a la hora de interpretar los estímulos; el enfoque racionalista señala, por tanto, el papel activo de la mente en la percepción.
El reduccionismo biológico se basa en el supuesto de que por cualquier aspecto determinado, de la sensación del observador hay un hecho fisiológico correspondiente. El filósofo Thomas Hobbes lo reconoció al escribir que “la condición humana se deriva de la comprensión de la biología humana, que la enmarca en las posturas filosóficas siguientes: el reduccionismo, que es el conjunto de métodos y modos de explicación general del mundo de los objetos y de las sociedades humanas” (Benítez, 2010: 1). Es decir, los reduccionistas intentan explicar las propiedades de conjuntos complejos en los términos de las unidades de que están compuestas estas moléculas o sociedades. Esta afirmación significa que el conocimiento del mundo depende de lo que los sentidos le dicen a las personas. Para esta visión, es común la búsqueda de unidades, rutas o procesos neurológicos específicos, que corresponden a experiencias sensoriales determinadas.
El realismo ingenuo sostiene que nuestras percepciones nos ponen en contacto con objetos del mundo real y sus propiedades directamente con sus sentidos, es decir el sujeto es capaz de percibir los objetos tal y como son. El sujeto cree todo lo que ve, las cosas son tal y
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como las percibe, dado que los sentidos simplemente transmiten una imagen del mundo externo hacia el cerebro. Ninguna percepción proporciona un conocimiento directo del mundo exterior, tal conocimiento es el producto final de muchos procesos.
Los enfoques desde las investigaciones psicológicas se refieren fundamentalmente a la descripción de lo que es la percepción (sensación, que se ocupa del primer contacto entre los órganos sensoriales y el mundo externo), de la influencia de los estímulos, de los órganos perceptuales y de la experiencia anterior que el sujeto tiene, debido a que toda la información que tenemos respecto del mundo exterior nos llega a través de los sentidos.
La teoría de la Gestalt surge a principios de 1900, y su objeto de estudio son las estructuras psicológicas entendidas como totalidades organizadas y significativas, dando un total peso a la percepción. Se encuentra dentro de las psicologías que estudian la conciencia, y los procesos cognitivos. La percepción es la impresión que obtenemos del mundo exterior, adquirida exclusivamente por medio de los sentidos. Es una interpretación significativa de las sensaciones. El ser humano en contacto con la realidad capta primero las totalidades y solo después reconoce los elementos particulares constituyentes del todo, es decir que primero percibimos el todo y luego las partes constitutivas. En esta teoría se destaca particularmente las leyes que sigue nuestra mente cuando ordenamos los estímulos y los interpretamos de uno u otro modo.
Las teorías cognitivas intentan explicar los procesos del pensamiento y las actividades mentales que median la relación entre estímulos-respuesta. Se encargan de indagar dentro de la mente, a partir de los procesos del pensamiento y elaboración de ideas, las cuales provienen del entorno inmediato de las personas, que son producto de la adquisición de las percepciones, de todo cuanto rodea al sujeto, para que éste forma un pensamiento racional, que le permitirá almacenar, recuperar, reconocer, comprender y organizar la información adquirida por medio de los sentidos. El sujeto no sólo responde a un estímulo, sino que participa de las experiencias y construye sus ideas a partir de sus vivencias. Luego entonces, la percepción de lo exterior va ir modificando progresivamente la conciencia y encaminando la conducta de las personas.
La psicología clásica de principios del siglo XX se centró en el estudio de las leyes que determinan nuestra percepción sensorial. Con el paso del tiempo algunos psicólogos observaron que dichas leyes se pueden aplicar a la esfera social. La percepción es entendida por la psicología como el primer momento de elaboración cognoscitiva, es decir, la primera
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instancia en la cual la información recibida se transforma en un elemento conocible y comprensible. Siempre partiendo de los datos otorgados por los cinco sentidos (la vista, el olfato, el tacto, el gusto y el oído), se dice que el sujeto percibe la información cuando ya ha hecho un proceso de asimilación y comprensión de la misma que es, obviamente, inmediato, pero que implica una elaboración propia de la misma.
Para que un individuo pueda realizar el proceso de percepción de manera adecuada, la mente recurre a elementos como la memoria, sede de gran parte de información ya procesada que hará la tarea comparativamente más fácil. Si bien la percepción humana es de mucho mayor desarrollo que la de los animales, estos también realizan un proceso de interpretación de los estímulos recibidos a través de los sentidos y esto tendrá que ver siempre con la posibilidad de adaptación que permitirán saber qué tipo de alimento come, qué tipo de protección buscar, qué comportamientos evitar, etc.
La percepción pertenece al mundo individual interior, al proceso psicológico de la interpretación y al conocimiento de las cosas y los hechos de los seres vivos y humanos, por ello, somos capaces de percibir sensaciones, gracias al trabajo de nuestros sentidos, ideas y conocimientos. La percepción no es otra cosa que un proceso nervioso superior, el cual, gracias a la acción de los sentidos del organismo que perciben los estímulos, recibe, elabora e interpreta la información que recogen estos, ya sea del individuo mismo o de su entorno.
En suma, entiendo la percepción como la impresión del mundo exterior alcanzada exclusivamente por medio de los sentidos. Es el primer conocimiento directo de una cosa, no conceptual, de los objetos físicos, percibido por medio de las impresiones que comunican nuestros sentidos. Es una interpretación significativa de las sensaciones, al ser la manera primaria de cómo nosotros como individuos obtenemos o recibimos conocimiento de nuestro medio.
La percepción no es un proceso aislado, sino un acto organizado, por el cual las personas interpretamos la realidad social, diferenciamos unas cosas de otras, las formas en que percibimos a los demás o las maneras en que explicamos su comportamiento, dado que cada individuo realiza un proceso perceptivo único y diferente al de los demás. Es clave a la hora de interpretar la información que recibimos de nuestro entorno. La información que percibimos sobre los demás es compleja, pues observamos innumerables acontecimientos de muy diversa índole. Así, en primer lugar percibimos las características físicas del otro (su complexión, su estatura y su aspecto general). Luego percibimos las características no
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observables del sujeto, lo cual implica una serie de sentimientos y emociones. Asimismo, también captamos características de su personalidad, su ideología, sus comportamientos, sus gustos y sus habilidades. Por tanto, no podemos olvidar que en este proceso de percepción está siempre presente la cultura del sujeto-observador y sus experiencias previas y el tipo de información que posea.
En cuanto al devenir del concepto de las representaciones sociales, éstas originalmente pretendían ser un dinámico contrapeso social para el concepto individualizado de actitud, que parecía demasiado estático y poco social para la psicología moderna. Sin embargo, su proximidad histórica a los conceptos clásicos de actitud y opinión, propiciaba que se empalmara de manera equivocada como un equivalente a esos términos. Esta teoría se considera como un intento de superación a los modelos conductistas y al enfoque positivista de la ciencia psicológica. Fue precisamente en los inicios de la década del sesenta del siglo pasado cuando sale a la luz pública esta teoría que estaba dirigida a las personas preocupadas por entender la naturaleza del pensamiento social.
El padre más directo de la teoría de las RS es el sociólogo Emile Durkheim “cuando debatió la teoría de los sistemas simbólicos utilizando el ejemplo de la religión, al observar que tales sistemas constituyen un medio para que la sociedad tome conciencia de sí misma y objetive sus reglas de interacciones sociales” (Wagner, 2011: 66). Durkheim también es considerado el precursor del concepto de representación colectiva, al establecer que:
… los hechos sociales no difieren sólo en calidad de los hechos psíquicos;
tienen otro sustrato, no evolucionan en el mismo medio ni dependen de las mismas condiciones. Esto no significa que no sean también psíquicos de alguna manera, ya que todos consisten en formas de pensar o actuar. Pero los estados de la conciencia colectiva son de naturaleza distinta que los estados de conciencia individual; son representaciones de otro tipo: tienen sus leyes propias (Durkheim citado en Wagner, 2011: 66).
Lo anterior significa que los hechos sociales no pueden ser reducidos a hechos psicológicos, por ello, Durkheim estableció diferencias entre las representaciones individuales y las representaciones colectivas, que se refieren a “la forma en que el grupo piensa en relación con los objetos que lo afectan, las considera hechos sociales de carácter simbólico, producto de la asociación de las mentes de los individuos” (Durkheim citado en Wagner, 2011: 68), explicando que lo colectivo no podía ser reducido a lo individual.
Dado que la conciencia colectiva trasciende a los individuos como una fuerza coactiva y que puede ser visualizada en los mitos, la religión, las creencias, y demás productos culturales.
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Es decir, los estados de la conciencia colectiva son de naturaleza distinta a los estados de conciencia individual; son representaciones de otro tipo: tiene sus leyes propias. Las representaciones colectivas son concebidas como formas de conciencia que la sociedad impone a los individuos e implica una reproducción de una idea social.
En este sentido, se puede entender que una sociedad conserva su unidad debido a la existencia de una conciencia colectiva, la cual consiste en un saber normativo, común a los miembros de una sociedad, que no se puede reducir a la conciencia de los individuos ya que constituye un hecho social, entendido como representaciones y actos, es decir, todo modo de ver, modos de hacer, de pensar y de sentir, exteriores al individuo, dado que existen fuera de la conciencia de éste, además poseen un poder imperativo y capacidad de coerción en virtud del cual se le imponen al individuo y a ellos se les da el calificativo de sociales. De ahí que la educación tiene justamente por objeto constituir al ser social.
En otro orden de ideas, la teoría de las RS es una teoría sobre el origen social del conocimiento, al lograr ligar los conocimientos con los procesos sociales y sus implicaciones, este hecho coloca a esta teoría aparte de los enfoques tradicionales. Lo más importante de la teoría de las representaciones sociales es que esos conceptos simbolizan relaciones sociales (sistemas de organización social). El paso crucial hecho por Mosovici fue adaptar la conceptualización de Durkheim sobre las representaciones sociales, haciéndolas más dinámicas, aplicables a las sociedades modernas, situando “el origen y el funcionamiento del pensamiento simbólico en las representaciones colectivas y otra el señalar que la organización cognitiva reposa en la organización social” (Pérez, 2004: 26).
Al hacer esto Moscovici intentó hacer una ruptura con la psicología social tradicional que se limitaba a describir categorías individuales sin explicar la constitución social de las conductas, dado que lo social era concebido como un complemento a los mecanismos psicológicos de naturaleza personal, su aporte fue justamente darle relevancia a la cuestión social y cultural, aunque en un primer momento, la influencia de la corriente conductista que reconocía el comportamiento manifiesto como único objeto de estudio, subestimaba otras explicaciones apoyadas en elaboraciones subjetivas, para ellos, la representación no era más que un nuevo modo de conceptuar la actitud. En virtud de lo anterior, se han producido numerosos debates alrededor de las diferencias y semejanzas entre representaciones sociales y actitudes que perduran hasta hoy día.
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Según Moscovici (1976) las RS, son “conjuntos de conceptos, afirmaciones y explicaciones”
y deben considerarse como teorías del sentido común o inclusive que la “representación social es una modalidad del conocimiento particular que tiene como función la elaboración de conductas y la comunicación entre individuos” (Moscovici, 1976: 26). Las imágenes y RS, como expresiones del conocimiento de sentido común, son complejas elaboraciones que un grupo o comunidad construyen sobre algo o alguien. Difieren sustancialmente de las construcciones de los científicos sociales y naturales sobre la realidad, como también de los conceptos formulados por los filósofos sobre la naturaleza y el ser humano.
En 1986, Denise Jodelet principal colaboradora de Moscovici, incorpora nuevos elementos a la definición de Moscovici, definiendo las representaciones sociales como “... imágenes condensadas de un conjunto de significados; sistemas de referencia que nos permiten interpretar lo que nos sucede, e incluso, dar un sentido a lo inesperado; categorías que sirven para clasificar las circunstancias, los fenómenos y a los individuos con quienes tenemos algo que ver... formas de conocimiento práctico que forja las evidencias de nuestra realidad consensual...” (Jodelet, citado en Perera, 1999: 9).
Más recientemente ha apuntado que:
Las representaciones sociales conciernen al conocimiento de sentido común que se pone a disposición en la experiencia cotidiana; son programas de percepción, construcciones con status de teoría ingenua, que sirven de guía para la acción e instrumento de lectura de la realidad; sistemas de significaciones que permiten interpretar el curso de los acontecimientos y las relaciones sociales; que expresan la relación que los individuos y los grupos mantienen con el mundo y los otros; que son forjadas en la interacción y el contacto con los discursos que circulan en el espacio público; que están inscritas en el lenguaje y en las prácticas; y que funcionan como un lenguaje en razón de su función simbólica y de los marcos que proporcionan para codificar y categorizar lo compone el universo de la vida (Jodelet, 2000, citado por Perera, 2005: 47).
Por su parte Tomás Ibáñez plantea que:
... las representaciones producen los significados que la gente necesita para comprender, actuar y orientarse en su medio social. En este sentido, las representaciones actúan de forma análoga a las teorías científicas. Son teorías de sentido común que permiten describir, clasificar y explicar los fenómenos de las realidades cotidianas, con suficiente precisión para que las personas puedan desenvolverse en ellas sin tropezar con demasiados contratiempos. En definitiva, las representaciones sociales parecen constituir unos mecanismos y unos fenómenos que son estrictamente indispensables para el desarrollo de la vida en sociedad (Ibáñez, 1988: 55).
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Por otro lado, Esperanza Tuñón explica que “la representación social de lo que significa nacer hombre o mujer en los diferentes entornos sociales, no tiene que ver sólo con el tipo de comportamiento y rol que desempeña cada uno, sino con los derechos que ambos tienen como personas, ya que la diferencia biológica acaba siendo la justificación de una desigualdad en el ejercicio de sus capacidades” (Tuñon, 2015: 71). De ahí la importancia de subrayar el papel que ha jugado y sigue ejerciendo el proceso educativo, debido a que en muchos casos, al no estimular la reflexión sobre las cuestiones de género, éste legitima estas desigualdades.
De modo general, hemos dado cuenta del origen y diversos conceptos que se han planeado de las representaciones sociales desde Durkeim, Moscovici, Jodelet, Ibañez y Tuñón, no obstante, a pesar de que estos autores enfatizan distintos elementos, se considera que existen componentes constantes (cultura, la ideología y la pertenencia socio-estructural), que no son excluyentes, sino que tienden a complementarse con elementos afectivos, cognitivos, simbólicos y valorativos que participan en la configuración de objetos de representación, que ha permitido que a lo largo del tiempo hayan existido diversas formas de percibir el mundo que van desde la sacralización hasta las miradas cientificistas hegemónicas debido a la diversidad de civilizaciones. En la cultura occidental el modelo de construcción del conocimiento, privilegia los conceptos científicos y su reproducción, el adiestramiento de sujetos sociales, hace que los procesos imaginativos están necesariamente reprimidos En este camino reductor ha transitado la civilización occidental, que trajo como resultado el sacrificio de lo imaginario.
De acuerdo con Alicia Lindon, nuestras percepciones de la realidad se "transforman en representaciones y estás, por un proceso simbólico, se constituyen en imaginarios" (Lindon, 2007: 8), que es una manera compartida de representar el espacio y el tiempo, son un producto de la interacción social entre las personas y en esencia representan una especie de carta de navegación del comportamiento y la percepción de los individuos, que emergen en las conversaciones, en las argumentaciones, en las prácticas y experiencias concretas que siempre están entretejidas y relacionadas con las de otro -que se tiñen de significados, emociones y afectividad- y en los decires de los individuos, que se ponen en juego a cada instante e integran una trama compleja dentro de la cual se desarrolla la historia de cada sujeto.