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La última batalla

La Biblia

no

enseña que absolutamente todos en el mundo se convertirán. El simbolismo de la profecía de Ezequiel indica que algunas áreas del mundo permanecerán sin ser renovadas por el río de la vida (Eze.47:11). Y sabemos que el trigo y la cizaña crecerán juntos hasta la cosecha en el fin del mundo

(Mat. 13:37-43). En ese punto, al llegar a la madurez el potencial de ambos grupos, a medida que cada lado se vuelve plenamente consciente en su decisión de obedecer o rebelarse, habrá un conflicto final. El dragón será suelto por un poco de tiempo, para engañar a las naciones una vez más en un último y desesperado intento de derribar el reino (Apoc. 20:7-8).

Al describir esto, Juan usa las vívidas imágenes de Ezequiel 38-39, que presentan proféticamente la derrota de los macabeos por los sirios en el siglo segundo A. C.: las fuerzas impías son llamadas Gog y Magog. De acuerdo con algunos escritores populares, esta expresión se refiere a Rusia, y predice una guerra entre los soviéticos e Israel durante la "tribulación". De los muchos problemas con esta hipótesis, mencionaré sólo dos. Primero, Apocalipsis 20 dice que la guerra de "Gog y Magog" tiene lugar al fin del milenio; ¡estos escritores de profecía están colando a Gog y a Magog todo el camino hacia atrás, hasta el punto antes de que el milenio ni siquiera ha comenzado! Segundo, la expresión Gog y Magog no se refiere a Rusia, y nunca lo hizo. Eso ha sido fabricado enteramente de la nada, y simplemente ha sido repetido tantas veces que muchos se imaginan que es verdad.

Regresando a la realidad: Se demuestra que la rebelión final de Satanás es un desastre. Es derribado, sus seguidores son devorados por el fuego que cae del cielo, y él es lanzado al lago de fuego para el tormento eterno (Apoc. 20:9-10). En este punto, el fin del milenio, tiene lugar la resurrección (Apoc. 20:5),y todos los seres humanos son juzgados (Apoc. 20:11-15).

El propósito de Apocalipsis 20 no es dar un bosquejo detallado del fin del mundo, porque eso no cae dentro del ámbito del libro. Apocalipsis se escribió para hablarles a los cristianos del siglo primero de cosas que debían ocurrir pronto, y que trataban especialmente de la lucha de la iglesia contra la bestia, el falso profeta, y la ramera. Todos ellos encuentran su fin cuando llega el fin de la profecía. Pero, por supuesto, detrás de las malvadas conspiraciones de los enemigos de la iglesia está la sombría figura del dragón. Así que Juan da un breve bosquejo del destino del dragón, desde el triunfo definitivo de Cristo sobre él hasta el día final, cuando el dragón y su malvada simiente son destruidos y el pueblo de Dios es plena y finalmente vencedor; cuando el paraíso, en el sentido más completo, es restaurado y consumado.

Capítulo 23 - LA NUEVA CREACIÓN

Capítulo 23

LA NUEVA CREACIÓN (Apocalipsis 21-22)

El Salvador obra poderosamente todos los días, atrayendo a los hombres a la religión, persuadiéndoles a la virtud, enseñándoles sobre la inmortalidad, despertando su sed de cosas celestiales, revelando el conocimiento del Padre, inspirando fortaleza en presencia de la muerte, manifestándose a cada uno, y desplazando la irreligión de los ídolos; mientras que los dioses y los espíritus malos de los incrédulos no pueden hacer ninguna de estas cosas, sino morir en presencia de Cristo, anulada y vacía toda su ostentación. Por el contrario, por la señal de la cruz, toda magia es detenida, toda hechicería confundida, todos los ídolos abandonados y renunciados, y cesa todo placer sin sentido, a medida que el ojo de la fe mira desde la tierra hacia el cielo.

Atanasio, On the Incarnation [31]

Bien, finalmente hemos llegado a un punto en Apocalipsis acerca del cual todo el mundo está de acuerdo, ¿verdad? "Los nuevos cielos y la nueva tierra" - eso tieneque ser literal, y se refiere a la eternidad después del fin del mundo, ¿verdad?

Error

. O, para ser absolutamente preciso, debería decir: Sí y no. La verdad es que la Biblia nos dice muy poco sobre el cielo; de hecho, sólo lo justo para dejarnos saber que vamos para allá. Pero el interés principal de la Escritura es la vida presente. Por supuesto, las bendiciones de los capítulos finales de Apocalipsis sí se refieren al cielo. No es realmente una cuestión de "una cosa o la otra". Pero lo importante es que estas cosas son ciertas ahora. El cielo es una continuación y un perfeccionamiento de lo que es cierto de la iglesia en esta vida. No hemos de esperar simplemente estas bendiciones en una eternidad por venir, sino que debemos disfrutar de ellas y regocijarnos en ellas aquí y ahora. Juan le hablaba a la iglesia primitiva de las realidades presentes, de bendiciones que ya existían y que aumentarían a medida que el evangelio se extendiera y renovara la tierra.

"He aquí, yo hago nuevas todas las cosas"

Juan dice que, primero, vio "un cielo nueva y una nueva tierra, porque el primer cielo y la primera tierra pasaron" (Apoc. 21:1). Para entender esto, necesitamos recordar una de las lecciones más básicas del tema del paraíso: la

salvación es una re-creación. Por eso se usan en la Escritura el lenguaje y el simbolismo de la creación cada vez que Dios habla salvar a su pueblo. El diluvio, el éxodo, y la primera venida de Cristo son vistos como Dios creando un nuevo mundo. Así, pues, cuando Dios habló por medio de Isaías, profetizando las bendiciones terrenalesdel reino venidero, dijo:

Porque he aquí yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento. Mas os gozaréis y os alegraréis para siempre en las cosas que yo he creado; porque he aquí que yo traigo a Jerusalén alegría, y a su pueblo gozo. Y me alegraré con Jerusalén, y me gozaré con mi pueblo; y nunca más se oirán en ella voz de lloro, ni voz de clamor. No habrá más allí niño que muera de pocos días, ni viejo que sus días no cumpla; porque el niño morirá de cien años, y el pecador de cien años será maldito. Edificarán casas, y morarán en ellas; plantarán viñas, y comerán de ellas. No edificarán para que otro habite, ni plantarán para que otro coma; porque según los días de los árboles serán los días de mi pueblo, y mis escogidos disfrutarán de la obra de sus manos. No trabajarán en vano, ni darán a luz para maldición; porque son linaje de los benditos de Jehová, y sus descendientes con ellos. Y antes que clamen, responderé yo; mientras aun hablan, yo habré oído. El lobo y el cordero serán apacentados juntos; y el león comerá paja como el buey; y el polvo será el alimento de la serpiente. No afligirán, ni harán mal en todo mi santo monte, dijo Jehová(Isa. 65:17-25). Esto no puede estar hablando del cielo, ni de un tiempo después del fin del mundo; porque en estos "nuevo cielo y nueva tierra" todavía hay muerte (a muy avanzada edad - "los días de los árboles"), la gente construye, planta, trabaja, y tiene hijos. Podríamos pasarnos el resto de este capítulo examinando las implicaciones de este pasaje de Isaías, pero lo único que quiero subrayar aquí es que es claramente una declaración para esta era, antes del fin del mundo, y muestra lo que pueden esperar las futuras generaciones a medida que el evangelio penetra en el mundo, restaura la tierra a la condición de paraíso, y hace fructificar las metas del reino. Isaías está describiendo las bendiciones de Deuteronomio 28 en lo que es probablemente el mayor logro terrenal. Por eso, cuando Juan nos dice que vio "un cielo nuevo y una nueva tierra", debemos reconocer que el significado principalde esa frase es simbólico, y tiene que ver con las bendiciones de la salvación.

Después, Juan vio "la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido" (Apoc. 21:2). No, no es una estación espacial. Es algo que debería ser mucho más emocionante: es la iglesia. La esposa no sólo está en la ciudad: la esposa es la ciudad (ver Apoc. 21:9-10). Estamos en la nueva Jerusalén ahora. ¿Prueba? La Biblia nos dice categóricamente: "Os habéis acercado al monte de Sión, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están

inscritos en los cielos ... (Heb. 12:22-23; ver Gál. 4:26; Apoc. 3:12). La nueva Jerusalén es una realidad presente; se dice que viene del cielo porque el origen de la iglesia es celestial.Hemos "nacido de lo alto" (Juan 3:3) y ahora somos ciudadanos de la ciudad celestial (Efe. 2:19; Fil. 3:20). Este pensamiento es ampliado en la declaración posterior de Juan. Oyó una gran voz del cielo que venía de trono, diciendo: "He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios" (Apoc. 21:3). Como Pablo, Juan relaciona estos dos conceptos: somos ciudadanos del cielo, y somos morada de Dios, su santo templo (Efe. 2:19-22). Una de las bendiciones edénicas que Dios prometió en Levítico fue: "Y pondré mi morada en medio de vosotros" (Lev. 26:11); esto se ha cumplido en la iglesia del Nuevo Testamento (2 Cor. 6:16). La voz que Juan escuchó continuó:

"Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas. Y me dijo: Hehco está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida" (Apoc. 21:4-6).

Finalmente, esto se cumplirá en el cielo hasta lo máximo. Pero tenemos que reconocer que ya es cierto. Dios ha enjugadonuestras lágrimas. La prueba de esto es la obvia diferencia entre los funerales cristianos y paganos: nos lamentamos, pero no como los que no tienen esperanza (1 Tes. 4.13). Dios ha quitado el aguijón a la muerte (1 Cor. 15:55-58). Y más impactante es la siguiente frase: "Las primeras cosas pasaron ... He aquí, yo hago nuevas todas las cosas". ¿Dónde hemos leído eso antes? Viene de 2 Cor. 5:17: "De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, todas son hechas nuevas". ¿Es verdad esto ahora? ¡Por supuesto! La única verdadera diferencia entre los temas de 2 Cor. 5 y Apoc. 21es que Pablo está hablando del individuo redimido, mientras que Juan está hablando de la comunidad redimida. Pero tanto el individuo redimido como la comunidad redimida son restaurados al estado de paraíso en la salvación, y la restauración ya ha comenzado. El agua de vida nos alimenta libremente ahora, dando vida a los individuos y fluyendo para dar vida al mundo entero(Juan 4:14; 7:37-39). Dice Dios: "El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo" (Apoc. 21:7); el hijo de Dios se caracteriza por la victoria contra la oposición (1 Juan 5:4). El lenguaje usado aquí ("Yo seré su Dios") es la promesa básica de pacto de salvación (ver Gén. 17:7-8; 2 Cor. 6:16-18). El mayor logro tendrá lugar en el cielo por la eternidad. Pero, definitiva y progresivamente, es verdad ahora. Vivimos en el nuevo cielo y la nueva tierra; somos ciudadanos de la nueva Jerusalén.

Las cosas viejas pasaron, todas son hechas nuevas.