Sé para el futuro que lo mejor es obedecer solamente a Dios; amarlo y temerlo a un tiempo; proceder como si estuviera siempre delante de El; no desconfiar jamás de su Providencia; entregarse del todo a El, que misericordioso en todas sus obras, hace que el bien triunfe sobre el mal, y convierte las cosas más pequeñas en las más grandes, y sorprende con el impulso que se cree más ineficaz los mayores poderes de la Tierra, y toda la ciencia mundana con la más humilde sencillez. Sé que el que padece por la verdad adquiere valor bastante para lograr el supremo triunfo, y que para el fiel, la muerte no es más que la puerta de la vida. Esto he aprendido con el ejemplo de Aquel a quien reconozco ya como mi Redentor siempre bendito.
John Milton, Paradise Lost [12:561-73]
¿Qué mero hombre o mago o tirano o rey pudo jamás hacer tanto por sí mismo? ¿Pudo alguien jamás luchar contra el sistema entero de culto a los ídolos y la hueste entera de demonios y toda la magia y toda la sabiduría de los griegos, en un momento en que todos ellos eran fuertes y florecientes y recogían a todos, como lo hizo nuestro Señor, la mismísima Palabra de Dios? Pero él está aun ahora revelando invisiblemente los errores de todos los hombres, y él solo está llevando con él a todos, de modo que los que solían adorar ídolos ahora los pisotean, los magos de reputación queman sus libros y los sabios prefieren la interpretación de los evangelios antes que todos los estudios. Están abandonando a aquellos a los que antes adoraban, adoran y confiesan a Cristo y a Dios a quien antes solían ridiculizar como crucificado. Sus así llamados dioses son derrotados por la señal de la cruz, y el Salvador crucificado es proclamado en todo el mundo como Dios e Hijo de Dios.
Atanasio, On the Incarnation [53]
"Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo"(Mat. 28:19-20).
La gran comisión a la iglesia no termina simplemente con testificar a las naciones. La orden de Cristo es que hagamos discípulos a las naciones - todas las naciones. Los reinos del mundo deben llegar a ser los reinos de Cristo. Deben ser hechos discípulos, obedientes a la fe. Esto significa que todos los aspectos de la vida en todo el mundo han de ser puestos bajo el señorío de Jesucristo: las familias, los individuos, los negocios, la ciencia, la agricultura, las artes, las leyes, la educación, la economía, la psicología, la filosofía, y cada una de las otras esferas de la actividad humana. Nada puede quedar fuera. Cristo debe "reinar", hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies" (1 Cor. 15:25). Tenemos la responsabilidad de convertir al mundo entero.
En su segunda carta a la iglesia de Corinto, Pablo delinea una estrategia para el dominio mundial:
Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo, y estando prontos para castigar toda desobediencia, cuando vuestra obediencia sea perfecta(2 Cor. 10:3-6).
Como observa Pablo, el ejército de Cristo es invencible: no luchamos con mero poder humano, sino con armas que son "poderosas en Dios" (ver Efe. 6:10-18), divinamente poderosas, más que adecuadas para llevar a cabo el trabajo. Con estas armas a nuestra disposición, podemos destruir todo lo que el enemigo levante en oposición al señorío de Jesucristo. "Estamos llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo": Cristo ha de ser reconocido como Señor en todas partes, en toda esfera de la actividad humana. Hemos de "pensar los pensamientos de Dios según Él" en todo punto, obedeciendo su palabra autorizada, el libro de la ley del reino. Esta es la raíz de todo genuino programa de reconstrucción cristiana.
Pablo nos dice que la meta de nuestra guerra es la victoria total, el dominio completo para el reino de Cristo. No aceptaremos nada menos que el mundo entero. "Estamos listos para castigar toda desobediencia, una vez que vuestra obediencia es completa", dice Pablo. La traducción Moffatt presenta este texto así: Estoy preparado para someter a corte marcial a cualquiera que continúe siendo insubordinado, una vez que vuestra sumisión sea completa. La meta de Pablo es obediencia universal a nuestro Señor.
Pero es importante notar el orden aquí. Pablo no comienza su obra de reconstrucción fomentando una revolución social. Tampoco comienza buscando un puesto político. Comienza con la iglesia, y se dispone a poner
el resto del mundo bajo el dominio de Cristo"una vez que la obediencia de la iglesia sea completa". El centro de la reconstrucción cristiana es la iglesia. El río de vida no fluye de las puertas de las cámaras de los congresos y parlamentos. Fluye del templo restaurado del Espíritu Santo, la iglesia de Jesucristo. Nuestra meta es el dominio mundial bajo el señorío de Cristo, una "ocupación mundial", si se quiere; pero nuestra estrategia comienza con la reforma y la reconstrucción de la iglesia. De allí fluirá la reconstrucción social y política, en verdad un florecimiento de la civilización cristiana(Hag. 1:1-15; 2:6-9; 18-23).
Esto es lo que siempre ha sucedido. Cuando Moisés exigió que Faraón liberara a los israelitas, no dijo: "Iniciemos una república cristiana". Dijo:
Jehová el Dios de Israel dice así: Deja ir a mi pueblo a celebrarme fiesta en el desierto(Éx. 5:1; ver 7:16).
Ciertamente, Dios planeaba hacer de su pueblo una nueva nación. La ley que estaba a punto de darles proporcionaría el fundamento para un orden social y un sistema judicial. Sin embargo, por importante que sea todo esto, lo que es infinitamente más importante es Dios. Y lo que es básico para nuestra continua relación con Él y nuestro servicio para Él es nuestro culto a Él. La disputa fundamental entre Egipto e Israel era la cuestión del culto. Todo lo demás partía de allí.