• No se han encontrado resultados

Ascendiendo al trono

En una visión posterior, Daniel previó realmente la entronización de Cristo como el Rey prometido:

Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido. (Dan. 7:13-14). En la actualidad, se supone comúnmente que este texto describe la Segunda Venida y así, que el reino de Cristo (llamado a menudo el milenio) comienza sólo después de su regreso. Por supuesto, esto pasa por alto el hecho de que Daniel ya había profetizado que el reino comenzaría en los días del Imperio Romano. Pero nótese exactamente lo que Daniel dice: ¡Se ve a Cristo

acercándose, no alejándose! ¡El Hijo del hombre va hacia el Anciano de Días, no en dirección opuesta a él! ¡No está descendiendo en las nubes a la

tierra, sino ascendiendo en las nubes hacia su Padre! Daniel no estaba prediciendo la segunda venida de Cristo, sino más bien el clímax del primer advenimiento, en el cual, después de expiar los pecados y derrotar la muerte y a Satanás, el Señor ascendió en las nubes del cielo para sentarse en su glorioso trono a la derecha del Padre. Vale la pena notar también que Daniel usó el término Hijo del hombre, la expresión que Jesús adoptó más tarde para describirse a sí mismo. Claramente, debemos entender la expresión Hijo del hombre simplemente como hijo de Adán - en otras palabras, el segundo Adán. Cristo vino como el Hijo del hombre, el segundo hombre (1 Cor. 15:47), para llevar a cabo la tarea que había sido asignada al primer hombre. Vino para ser el Rey.

Este es el constante mensaje de los evangelios. El relato de Mateo sobre la Natividad registra la historia de los magos de oriente que llegaron a adorar al Rey, y el celoso intento de Herodes de destruirle por considerarle rival de su propio dominio injusto. En su lugar, Cristo escapa y es Herodes es el que muere (Mat. 2). Inmediatamente, la historia de Mateo salta 30 años hacia adelante para subrayar lo que quiere decir:

En aquellos días, vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, y diciendo: "Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado" (Mat. 3:1-2).

Luego, Mateo se vuelve hacia el ministerio de Jesús, dándonos un resumen del mensaje básico de Cristo para Israel: "Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado"(Mat. 4:17). "Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellas, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo" (Mat. 4:23). Un simple vistazo a una concordancia revelará cuán central era el evangelio del reino al programa de Jesús. Y nótese bien que el reino no era algún milenio lejano miles de años en el futuro, después de la Segunda Venida. Jesús anunció: "El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio" (Mar. 1:15). Jesús dijo claramente a Israel que se arrepintiera

ahora, porque el reino vendría pronto. El reino estaba cerca. Jesús lo estaba introduciendo delante de los propios ojos de ellos (véanse Mat. 12:28; Lucas 10:9-11; 17:21), y pronto ascendería al Padre para sentarse en el trono del reino. Por eso, les dijo a los discípulos:

De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino(Mat. 16:28).

¿Estaba Jesús en lo cierto, o estaba equivocado? En los términos de algunos maestros modernos, Jesús estaba errado. Y esto no es un pequeño error de cálculo: ¡Jesús erró el blanco por miles de años! ¿Podemos confiar en él como

Señor y Salvador, y todavía sostener que estaba equivocado, o que de alguna manera su profecía se había descarrilado? Jesús no era sólo un hombre, como el primer Adán. Es Dios, el Señor del cielo y de la tierra; y si se dispone a traer el reino, ¿puede algo detenerle? Ni siquiera la crucifixión fue un contratiempo, porque era un aspecto crucial de su plan. Por eso dijo: "Pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo" (Juan 10:17-18). Tenemos que creer lo que Jesús dijo: Durante la vida de los que le escuchaban, vendría en su reino. Y eso es exactamente lo que hizo, culminando en su ascensión a su trono celestial.

Dice Mateo que la entrada de Jesús en Jerusalén cumplió específicamente la profecía veterotestamentaria de la inauguración del reino:

Alégrate mucho, hija de Sión; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna. Y de Efraín destruiré los carros, y los caballos de Jerusalén, y los arcos de guerra serán quebrados; y hablará paz a las naciones, y su señorío será de mar a mar, y desde el río hasta los fines de la tierra.(Zac. 9:9-10; ver Mat. 21:5).

El apóstol Pedro entendía que el significado de la ascensión era la entronización de Cristo en el cielo Citando una profecía del rey David, Pedro dijo:

Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono, viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción. A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís. Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. Sepa, pues, ciertísimamemte toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo (Hechos 2:30-36).

Es crucial que entendamos la interpretación de la propia Biblia acerca del trono de Cristo. Según el inspirado apóstol Pedro, la profecía de David acerca de Cristo sentado en un trono no era una profecía de algún trono terrenal en Jerusalén (como algunos insisten erróneamente). David estaba profetizando acerca del trono de Cristo en el cielo. Es la entronización celestial la que el rey David predijo, le dijo Pedro a su auditorio el día de Pentecostés. Desde su trono en el cielo, Cristo ya está reinando en el mundo.

Dios "le hizo sentar a su diestra en lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia" (Efe. 1:20-22). Ahora bien, si Cristo está sentado ahora sobre sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, si todas las cosas están ahora bajo sus pies, ¿por qué algunos cristianos están esperando que el reino de Cristo comience?

Según Pablo, Dios "nos ha libradode la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo" (Col. 1:13). La Biblia dice que el reino hallegado; algunos teólogos modernos dicen que no ha llegado. ¿Hay en realidad alguna duda sobre a quién debemos creer?