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La actividad artística y la música en la escuela

In document Libro Saitta (página 172-175)

Respecto de la educación musical, en notas anteriores habíamos establecido tres franjas lo suficientemente diferenciadas con la finalidad de acotar, en lo posible, la zona que le corres- pondería a lo que dimos en llamar la educación musical generalizada (la que también puede llamarse educación musical de la escuela elemental, y que comprende el nivel preescolar, el primario y el secundario). También tratamos de establecer cuáles eran sus fines y eventual- mente cómo alcanzarlos.

Así vimos que la franja superior correspondía a la educación musical especializada (la que se imparte en los conservatorios o escuelas de arte) y que la inferior correspondía a lo que se llama animación socio-cultural que también de algún modo habíamos caracterizado. Entre ambas debemos ubicar la franja que corresponde a la educación musical generalizada que, según dijimos, se caracterizaba por tener finalidades didácticas concretas y métodos directi- vos para alcanzarlas.

También habíamos dicho que, eventualmente, los fines de la educación musical generaliza- da podían ser los de contribuir a la adaptación social de los individuos o, por el contrario, orientarlos hacia el desarrollo de un sentido crítico, lo que no sólo contribuiría al desarrollo psíquico de los individuos, sino también al desarrollo cultural de un grupo social.

Planteadas así las cosas, se hace necesario tomar una decisión, optar por uno de estos dos fines. Optar por una educación de adaptación u optar por una educación para la libertad. Estas tendencias están por lo general comprendidas en un marco político y desde allí nacen sus directivas.

Sin embargo, pese a los principios democráticos que rigen a una nación, suele observarse una educación musical altamente dirigista, represora. Cabe preguntarse, entonces, si los do- centes son conscientes de tal situación y también si esta realidad es consecuencia de una voluntad política personal o es consecuencia simplemente de la ignorancia. Si es por una decisión personal, habrá que respetar este posible punto de vista. Si en cambio es una falta de conciencia por parte del docente, entonces tendremos que preocuparnos todavía más puesto que los fines no serán individuales y tampoco serán sociales; dicho de otro modo, no habrá fines. Puede que este último enunciado parezca dramático y salvo que se piense que un fin puede ser el enseñar las notas, los valores, los ritmos, etc., sin dudas lo es.

Habíamos dicho ya en otra oportunidad que la función de la educación artística no puede ser ajena a la función del arte, debemos suponer que entre objeto y función debería haber alguna relación. De allí que trataremos ahora de definir al arte, sabiendo que toda definición sólo se hace cargo de algún aspecto de aquello que se define y que refleja el punto de vista de la persona que la formula. También sabemos que los productos de la cultura cambian permanentemente sus formas aunque no siempre sus fines. Y puesto que toda definición es un acercamiento al objeto que nos ocupa, éste acercamiento será mayor si se cuenta con el mayor número posible de definiciones y puntos de vista. Veamos:

Ariel Bignami1:

...El problema está en que la primera característica a tener en cuenta para definir el arte es la de actividad abierta, innovadora y creativa, donde la apertura expresada en la aparición de nuevas corrientes, nuevos productos artísticos, constituye un rasgo fundamental...” Y más adelante :...”El destino del hombre, su vitalidad y su función social son inseparables de la tarea de instaurar y construir una sociedad en la que pueda desenvolverse plenamente su capacidad creadora, después de superar diferentes formas de enajenación (económica, po- lítica, ideológica) El arte puede contribuir a esta tarea de dos formas fundamentales: con su propia actividad creadora (toda verdadera obra de arte es un proyectil contra la mediocri- dad, la oquedad espiritual y el gusto banal que satisface un subarte por los medios masivos de comunicación) y con su función crítica (el arte puede contribuir así a elevar la conciencia de la realidad y con sus propios medios y no como simple propaganda o elaboración de tesis puede ayudar a subvertir los principios de una sociedad que niega, por su propia na- turaleza el principio creador...

Umberto Eco2:

La impresión de profundidad siempre nueva, de totalidad inclusiva, de apertura, que nos parece reconocer siempre en toda obra de arte, se funda en la doble naturaleza de la or- ganización comunicativa de una forma estética y en la típica naturaleza de transacción del proceso de comprensión, de apertura y totalidad, no está en el estímulo objetivo, ni en el sujeto, sino en la relación cognoscitiva en el curso de la cual se realizan aperturas provoca- das y dirigidas por los estímulos organizados de acuerdo con una intención estética.

Herbert Read3: “De modo que en realidad el arte tiene dos aspectos universales y no perso- nales, su aspecto simbólico inconsciente y su aspecto estético formal, la ‘persona’ es el punto en que ambos se encuentran...”

Pierre Francastel4:

Entonces evidentemente, las obras del hombre no harían más que encarar soluciones, for- mas preexistentes a toda actividad humana y por supuesto el fin esencial de las artes sería poner de manifiesto ciertas matrices del pensamiento, reveladoras de una delimitación del universo, cuyo carácter intelectual inteligible, nocional, sería indiscutible...

Jacobo Kogan5: “El arte es una creación de sistemas materiales que son la figura de accio- nes realizadas o esbozadas en la imaginación como generadores de conocimientos y figuras virtuales de acción...”

Sheldon Nodelman6:

Cada obra de arte cumple el doble papel no sólo de ‘expresar’ o sea más exactamente de sintetizar una concepción total del mundo o un estado de conciencia global, sino también de transformar activamente la conciencia del observador, de imponerle su estructura y de constituir como parte de un conjunto de obras un lenguaje de la forma artística que condi- cione en función de supuestos y posibilidades la percepción de cada individuo...

Y así podríamos seguir. Sin embargo, y más allá de los diferentes puntos de vista, podemos convenir en que el arte es siempre una creación de sistemas materiales, formas virtuales de acción, esbozadas en la imaginación, generadoras de una particular forma de comunicación basada en dos aspectos, uno simbólico inconsciente y otro estético formal. La obra de arte debe ser capaz de transformar activamente la conciencia del observador, de imprimirle su estructura. Podemos decir entonces que la actividad artística es fundamental para la vida psicológica, afectiva y mental de los individuos.

La obra artística es siempre una forma virtual, una forma de estímulo de lo que llamamos el campo de la representación simbólica. Es siempre una forma de actividad mental diferente que no sólo tiene como finalidad establecer nexos entre lo real y lo ideal, sino también la de ayudarnos a formar una imagen integrada de la realidad, una imagen totalizadora del hom- bre y de su universo.

Es por ello que toda actividad artística -y la educación musical muy bien puede serlo- tiene que ocuparse de estos aspectos, tiene que propiciar tales conductas. Y aquí, una vez más, hay que decir que ninguna de estas cualidades y sus correspondientes implicancias psicoló- gicas pueden manifestarse mientras la actividad musical que se realiza en las aulas no deje de ser una actividad reproductora, elemental y esquemática donde, bajo la pretensión de la enseñanza de un lenguaje universal, se termina por enseñar algunos signos elementales de su escritura, signos que, en la mayoría de los casos, no se sabe qué están señalando.

Sería bueno saber por qué si un alumno es capaz de pintar un cuadro, escribir un poema o un texto de otra naturaleza, si es capaz de generar una situación dramática o teatral, no puede producir una música. No importa cual sea ésta, como tampoco importa si lo hace solo o en forma colectiva.

Hasta que no se entienda que en la clase de música en lugar de producir, reproducimos, imi- tamos torpemente, poco sentido tiene que usemos palabras tales como sensibilización, per- cepción, imaginación, creación, etc., palabras que por otro lado, como muy bien lo explica Barthes7 en su Mitologías, han sido robadas y al restituirlas se las ha cambiado de lugar, se las

ha vaciado de contenido y ante la imposibilidad de abandonarlas será necesario caracterizar muy bien sus alcances que, seguramente, dependerán de las conductas psíquicas corres- pondientes. Lo que sí está claro es que dichas conductas no tienen ninguna posibilidad de manifestarse mientras la actividad musical no sea una actividad musical. Volveremos sobre estos y otros aspectos en un próximo artículo.

1 Bignami, Ariel. Praxis Artística y Realidad. EFECE Editor, Bs.As. 1983. 2 Eco, Umberto. Obra Abierta. Ariel Editores, Barcelona 1979.

3 Read, Hebert. Carta a un joven pintor. Ediciones Siglo XX, Bs. As.1976.

4 Francastel, Pierre. et. al. Estructuralismo y Estética. Editorial Nueva Visión, Bs.As 1969. 5 Kogan, Jacobo. El lenguaje del arte. Paidos, Bs.As. 1965.

6 Nodelman, Sheldon et. al. Estructuralismo y Estética. Editorial Nueva Visión, Bs.As. 1969. 7 Barthes, Roland Mitologías. Siglo XXI Editores, México 1980.

Educación Artística, Aportes para la capacitación Nº 4. “La actividad artística y la música en la escuela”, p. 69. Ediciones Novedades Educativas, Buenos Aires, 1998.

In document Libro Saitta (página 172-175)