TERCERA LEY: LA CONTRADICCIÓN
III. afirmación, negación, negación de la negación
AQUÍ DEBEMOS HACER una diferencia entre lo que se denomina contradicción verbal, que indica que cuando se dice “sí”, se contesta “no”, y la contradicción que acabamos de ver y que se denomina contradicción dialéctica, es decir, contradicción en los hechos, en las cosas.
Al hablar de la contradicción que encontramos en la sociedad capitalista, no estamos diciendo que unos digan sí y los otros no en determinadas teorías; quiere decir que hay una contradicción en los hechos, que existen fuerzas reales que se combaten: en primer lugar una fuerza que tiende a afirmar, y que es la clase burguesa que tiende a sostener su
clase; después, una segunda fuerza social que tiende a la negación de la clase burguesa, que es el proletariado. La contradicción está por lo tanto, en los hechos, porque la burguesía no puede existir sin crear su contrario, el proletariado. Como lo dijo Marx: “Ante todo, la burguesía produce sus propios sepultureros” (Manifiesto del Partido Comunista).
Para que esto no sucediera, la burguesía tendría que renunciar a sí misma, lo que sería absurdo. De ahí que, afirmándose, crea su propia negación.
Mas si tomamos como ejemplo el huevo que una gallina pone e incuba, en seguida vemos que en el huevo está el germen que a cierta temperatura y en determinadas condiciones, se desarrolla. De este germen, al desarrollarse, brotará un pollito; de suerte que, así, este germen ya es la negación del huevo. Comprobamos claramente que en el huevo existen dos fuerzas: la que tiende a que continúe siendo huevo y la que tiende a que se convierta en pollito. El huevo está, pues, en desacuerdo consigo mismo al igual que todas las cosas están en desacuerdo con ellas mismas.
Esto puede parecer difícil de entender, porque estamos acostumbrados al razonamiento metafísico, y por eso debemos realizar un esfuerzo para acostumbrarnos de nuevo a ver las cosas en su realidad.
Una cosa empieza por ser una afirmación que nace de la negación. El pollo es, por tanto, una afirmación surgida de la negación del huevo. He aquí una fase del proceso. Pero la gallina será la transformación del pollito, y en esta transformación, habrá una contradicción entre las fuerzas que luchan para que el pollito se transforme en gallina. La gallina será, por tanto, la negación del pollito que procedía a su vez de la negación del huevo.
Entonces, la gallina es, en ese caso, la negación de la negación. Y ésta es precisamente la marcha general de las fases de la dialéctica:
1. Afirmación, se llama también Tesis. 2. Negación o Antítesis.
3. Negación de la negación o Síntesis.
En estas tres palabras (Tesis, Antítesis y Síntesis) está contenido el resumen del desarrollo dialéctico. Se las emplea para representar la concatenación de las fases, para señalar que cada fase es la destrucción de la precedente.
Así, si hay destrucción, decimos negación. El pollito es, pues la negación del huevo, puesto que, al nacer destruye el huevo. La espiga de trigo también es asimismo la negación del grano de trigo. El grano en tierra germinará; esta germinación es la negación del grano de trigo, que germinará la planta y esta planta a su vez florecerá y dará una espiga; ésta será la negación de la planta o la negación de la negación.
Constantemente, vemos que la negación de que habla la dialéctica es una manera resumida de hablar de la destrucción. En consecuencia, hay negación de lo que desaparece, de lo que se destruye:
El socialismo será la negación del capitalismo. El capitalismo es la negación del feudalismo.
El feudalismo fue la negación de la época esclavista.
Igual que para la contradicción, en la cual hemos establecido una diferencia entre contradicción verbal y lógica, debemos comprender bien qué es la negación verbal que dice “no” y la negación dialéctica que quiere decir “destrucción”.
Mas si la negación quiere decir destrucción, de ninguna manera se trata de cualquier destrucción, sino de una destrucción dialéctica. De ahí que cuando aplastamos una pulga, ésta no muere por su propia destrucción, por negación dialéctica. Esta
destrucción no es el resultado de fases autodinámicas: es sencillamente el resultado de un cambio puramente mecánico.
La destrucción es una negación únicamente si es un producto de la afirmación, si surge de ella.
Del mismo modo que el huevo incubado es la afirmación de lo que era el huevo, éste engendra su negación: se transforma en pollito y éste simboliza la destrucción, o la negación del huevo al picar la cáscara destruyéndola.
En el pollito encontramos dos fuerzas adversas: “pollito” y “gallina”; en el transcurso de este desarrollo de procesos, la gallina pondrá huevos, y habrá nueva negación de la negación. De estos nuevos huevos partirá entonces un nuevo encadenamiento de procesos.
En relación con el trigo, vemos también una afirmación y una negación de la negación. Pondremos como otro ejemplo, el de la filosofía materialista.
En el inicio, encontramos un materialismo primitivo, espontáneo, que por su propia ignorancia crea también su propia negación: el idealismo, que niega el antiguo materialismo es, a su vez, negado por el materialismo moderno o dialéctico porque esta filosofía se desarrolla con las ciencias dando origen a la destrucción del idealismo. En efecto, también aquí advertimos la afirmación, la negación y la negación de la negación. Constatamos, de igual modo, este ciclo en el desarrollo de la sociedad.
En la historia de la humanidad, encontramos como primera forma de sociedad el comunismo primitivo; es decir, sociedad sin clases, sin otra base que el trabajo en común y la propiedad común de los rudimentarios instrumentos de trabajo. Empero, esa primitiva forma de sociedad llega a convertirse en obstáculo para el desarrollo más elevado de la producción y por eso da vida a su propia negación: la sociedad constituida por diferentes clases, basada en la propiedad privada y en la explotación del hombre por el hombre. Mas esta sociedad también lleva en sí misma su propia negación, porque el progreso superior de los medios de producción implica la necesidad de negar la división de la sociedad en clases, de negar el derecho de propiedad privada, y así regresamos al punto de partida: la necesidad de construir una sociedad comunista, pero en otro plano; en un principio, carecíamos de productos, pero hoy día tenemos una capacidad de producción muy elevada.
Debemos observar a este respecto que, por todos los ejemplos que hemos puesto, volvemos al punto de partida, pero en otro plano (desarrollo en espiral), o sea en un plano más elevado.
Observamos, pues, que la contradicción es una gran ley de la dialéctica. Que la evolución es una lucha de fuerzas antagónicas. Que las cosas no sólo se convierten unas en otras, sino también que todo se convierte en su contrario. En efecto, las cosas no están de acuerdo con ellas mismas porque hay en ellas lucha entre fuerzas antagónicas, porque hay contradicción y oposición interna.
Observación. Debemos dedicar atención al hecho de que la afirmación, la negación, la negación de la negación no son otra cosa que un resumen del desarrollo dialéctico y que no se trata de encontrar o de ver en todas partes estas tres fases. Por que no las hallaremos siempre todas, sino a veces sólo la primera y la segunda, puesto que el desarrollo no está concluido. No es acertado el querer ver mecánicamente, en todas las cosas, estos cambios en la misma forma. Recordemos, sobre todo, que la contradicción misma constituye la gran ley de la dialéctica. Es lo esencial.
YA SABEMOS que dialéctica quiere decir método de pensar, de razonar, de analizar, que faculta para hacer buenas observaciones y estudiar correctamente, porque nos obliga a buscar la fuente de todo y a explicar su historia.
No cabe duda que el viejo método de pensar – lo hemos visto- ha sido necesario, a pesar de todo, en su tiempo. Pero estudiar con el método dialéctico es constatar –repitámoslo- que todas las cosas aparentemente inmóviles no son más que un encadenamiento de procesos en los que todo tiene un principio y un fin, y que en las cosas, pese a todo su aparente carácter fortuito y a todos los retrocesos momentáneos, se acaba imponiendo siempre una trayectoria progresiva (F. Engels, L. Feuerbach).
Únicamente la dialéctica nos deja comprender el desarrollo, el cambio evolutivo de las cosas; sólo ella nos hace comprender la destrucción de las cosas viejas y el nacimiento de las nuevas. Sólo la dialéctica nos hace comprender todos los desarrollos en sus cambios conociéndolos como constituidos todos por contrarios. Porque, para la concepción dialéctica, el desarrollo natural de las cosas, los cambios, son lucha permanente de fuerzas y de elementos una antagónicos.
Para la dialéctica, la primera ley es la comprobación del movimiento y el cambio: “Nada queda donde está” (Engels), y esto sucede porque las cosas cambian no sólo transformándose unas en otras, sino convirtiéndose en sus contrarios. La contradicción es, pues, una gran ley de la dialéctica.
Ya hemos estudiado lo que es desde el punto de vista dialéctico la contradicción, pero todavía tenemos que insistir para aducir ciertas precisiones y también para señalar ciertos errores que no deben cometerse.
Es muy cierto que, en primer lugar, debemos familiarizarnos con esta afirmación que está de acuerdo con la realidad: la transformación de las cosas en sus contrarios. Decirlo desagrada al entendimiento, nos extraña, porque estamos acostumbrados a pensar con el viejo método metafísico. Pero ya hemos visto por qué es así; hemos visto de una manera minuciosa, por medio de ejemplos, que esto es así en realidad y por qué las cosas se convierten en sus contrarios.
Por tanto, se puede decir y afirmar que, si las cosas se transforman, cambian, se desarrollan, es porque se encuentran en contradicción con ellas mismas, porque contienen en sí su contrario, porque llevan en ellas la unidad de los contrarios.