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LAS LEYES DE LA DIALÉCTICA PRIMERA LEY: EL CAMBIO DIALÉCTICO

I. Qué se entiende por movimiento dialéctico

LA PRIMERA ley de la dialéctica empieza por comprobar que “nada se queda donde está, nada permanece como es” y que decir dialéctica es lo mismo que decir movimiento, cambio. Cuando se habla de situarse desde el punto de vista del movimiento, del cambio. En efecto cuando queramos estudiar las cosas según la dialéctica, las estudiaremos en su movimiento, en su cambio.

He aquí una manzana. Adoptemos dos medios de estudiar esta manzana: por un lado, desde el punto de vista metafísico; por otro, desde el punto de vista dialéctico.

En el primer caso, haremos una descripción de este fruto, su forma, su color. Expondremos sus propiedades, hablaremos de su gusto. Después, podremos comparar la manzana con una pera, señalar sus semejanzas sus diferencias, y por último, sacar la conclusión: una manzana es una manzana y una pera es una pera. Así se estudiaban las cosas antiguamente, y hay cantidad de libros que relatan de este modo estos estudios. Mas si queremos estudiar la manzana situándonos desde el punto de vista dialéctico, nos situaremos desde el punto de vista del movimiento, no del movimiento de la manzana cuando rueda y se desplaza, sino del movimiento de su desarrollo. Entonces constataremos que la manzana madura no siempre ha sido como es. Antes era una manzana verde. Previamente a su condición de flor era un botón; y así nos retrocederemos al estado del manzano en la época de la primavera. Luego, la manzana no ha sido siempre una manzana; la manzana tiene una historia y por eso no permanecerá tal como es. Si cae de la rama, se pudriría, se descompondrá; esparcirá sus semillas, que darán, si todo sigue su curso, un retoño, después un árbol. Y si la manzana no siempre ha sido como es, entonces no permanecerá tampoco en el mismo estado. He aquí lo que se dice estudiar las cosas desde el punto de vista del movimiento. Es, en definitiva, el estudio desde el punto de vista pasado y del porvenir. Estudiando así, sólo se observa la manzana como un cambio entre lo que era en el pasado y lo que será en el porvenir.

Para apreciar correctamente esta manera de ver las cosas tomaremos aún dos ejemplos: la Tierra y la sociedad.

Situándonos desde el punto de vista metafísico diseñaremos la forma de la Tierra y todos sus detalles. Entonces comprobaremos que en sus superficie existen mares, tierras, montañas. Estudiaremos las propiedades del suelo colocándonos siempre desde el mismo punto de vista. Después, podremos hacer comparaciones de la Tierra con los otros planetas o con la Luna; y, por fin, llegaremos a la conclusión de que la Tierra es la Tierra.

Mientras que, desde el punto de vista dialéctico, al estudiar la historia de la Tierra, comprobaremos que no siempre fue como es, que ha sufrido transformaciones y que, por lo tanto, la Tierra experimentará en el porvenir, de nuevo, otras transformaciones. Hoy, sin embargo, debemos considerar, en este estudio de la Tierra, que ésta no es más que una transición entre los cambios habidos y los cambios por venir.

En efecto, no es más que una transición en la que los cambios que se realizan son imperceptibles, aunque se produzcan en una escala mucho más grande que los que se realizan en la maduración de la manzana.

En consecuencia, aplicando nuestros dos métodos veremos que, desde el punto de vista metafísico, se nos afirmará que siempre ha habido ricos y pobres. Se confirmará que hay grandes bancos, fábricas enormes. Nos darán una reseña detallada de la sociedad capitalista comparándola con las sociedades antiguas: feudal, esclavista, buscando las semejanzas y las diferencias y se dirá: La sociedad capitalista es como es.

Y desde el punto de vista dialéctico comprobaremos que la sociedad capitalista no siempre ha sido como es. Si constatamos que han existido otras diferentes sociedades en el pasado, será para inferir de ello que la sociedad capitalista, al igual que todas las sociedades, no es definitiva sino que sólo es para nosotros, una realidad temporal, un estado de transición entre el pasado y el porvenir.

Vemos por estos ejemplos que apreciar las cosas desde el punto de vista dialéctico es considerarlas en su mutabilidad, en su cambio; teniendo una historia en el pasado y debiendo tener una historia en el porvenir, teniendo un comienzo y debiendo tener un fin.

II. “Para la dialéctica no hay nada definitivo, absoluto, sagrado...”

“Esta filosofía dialéctica acaba con todas las ideas de una verdad absoluta y definitiva y de un estado absoluto de la humanidad congruente con aquélla. Ante esta filosofía, no existe nada definitivo, absoluto, consagrado; en todo pone de relieve lo que tiene de caducidad y no deja en pie más que el proceso ininterrumpido del devenir y de lo transitorio (F. ENGELS, L. Feuerbach).”

He aquí una definición que confirma lo que acabamos de ver y que vamos a estudiar. “Para la dialéctica no hay nada definitivo.” Esto quiere decir que, para la dialéctica, cada cosa tiene un pasado y tendrá un porvenir; que, por consiguiente, no es así de una vez por todas, y lo que ella es hoy no es definitivo (ejemplos de la manzana, la Tierra, la sociedad).

Para la dialéctica no existe fuerza en el mundo ni más allá del mundo que pueda poner las cosas en estado definitivo; por tanto, “nada es absoluto”. (Absoluto quiere decir que no está sujeto a ninguna condición, por lo tanto, que es universal, eterno perfecto.) “Nada consagrado.” Esto no quiere decir que la dialéctica lo desprecie todo. ¡No! Sagrado quiere decir que los casos considerados como inmutables, no se deben tocar ni discutir, sino sólo venerar. La sociedad capitalista es “sagrada”, por ejemplo. ¡Y bien! La dialéctica enseña que nada escapa al cambio, al movimiento, a las transformaciones de la historia.

“Caducidad” proviene de caduco, quiere decir: que cae. Una cosa caduca es un algo que debe envejecer y desaparecer. La dialéctica nos comprueba que lo que es caduco ya no tiene razón de ser, que todo está condenado a desaparecer. Lo que es joven se hace viejo; lo que hoy tiene vida, muere mañana, y nada existe, para la dialéctica, “más que el proceso ininterrumpido del devenir y de lo transitorio”.

Así, pues, situarse desde el punto de vista dialéctico, es considerar que nada es eterno, salvo el cambio. Es considerar que ninguna cosa particular puede ser eterna, salvo el “devenir”.

Pero ¿qué es el “devenir” de que habla Engels en su definición?

Ya hemos visto que la manzana tiene una historia. Tomemos ahora, por ejemplo, un lápiz, que también tiene su historia.

Este lápiz que está usado hoy, ha sido nuevo. La madera con que está hecho procede de una tabla y esa tabla procede de un árbol. Por consiguiente, la manzana y el lápiz tienen

una historia cada uno, y que uno y otro no siempre han sido lo que son. Pero ¿hay una diferencia entre esas dos historias? Sin duda.

La manzana verde ha madurado. ¿Podía, siendo verde, si todo sigue su curso normal, no madurar? No, ella debía madurar, de la misma manera que cayendo a la tierra, debía podrirse, descomponerse, liberar sus semillas.

Mientras que el árbol de donde procede la madera del lápiz puede no transformarse en tabla y esta tabla puede no transformarse en lápiz. En cuanto al lápiz, puede permanecer entero, no ser cortado.

Entre esas dos historias vemos una diferencia. En lo que se refiere a la manzana, es la manzana verde que se transforma en madura, si no se produce nada anormal, y es la flor que se ha transformado en manzana. Dada una fase, la otra le sucede necesariamente, inevitablemente (si nada detiene el desarrollo).

En la historia del lápiz, por el contrario, el árbol puede no convertirse en una tabla, la tabla puede no convertirse en un lápiz y el lápiz puede no ser cortado. Así, dada una fase la otra fase puede no seguir. Si la historia del lápiz pasa por todas estas fases es gracias a una intervención extraña.

En la historia de la manzana comprobamos que hay fases que se suceden pasando de la primera a la segunda fase, etcétera. Sigue el “devenir” de que habla Engels. En la historia del lápiz las fases se yuxtaponen, sin derivar una de otra. Es que la manzana sigue un proceso natural.

III. El proceso

(PALABRA que viene del latín “processus” y que quiere decir marcha adelante o ir adelante.)

¿Por qué motivo la manzana verde se hace madura?

Por lo que contiene a causa de los encadenamientos internos que impulsan la manzana a madurar: porque como era manzana antes de estar madura, no podía dejar de madurar. Cuando se examina la flor que llegará a ser manzana, después la manzana verde que llegará a ser madura, se comprueba que esos encadenamientos internos que impulsan la manzana en su desarrollo actúan bajo el imperio de fuerzas internas denominadas el autodinamismo, lo que quiere decir, fuerza que procede del ser mismo.

Cuando el lápiz era todavía tabla, fue necesaria la intervención del hombre, porque nunca la tabla se habría transformado por sí sola en lápiz. No ha habido fuerzas internas ni autodinamismo, ni proceso. Luego, quien dice dialéctica dice no sólo movimiento; quien dice dialéctica, dice también autodinamismo.

Vemos, por tanto, que el movimiento dialéctico lleva en sí mismo el proceso, el autodinamismo, que es lo esencial. Porque tampoco todo movimiento o cambio es dialéctico. Si tomamos una pulga, a la cual vamos a estudiar desde el punto de vista dialéctico, diremos que no siempre ha sido lo que es y que será siempre lo que es; si la aplastamos, se operará en ella un cambio, sin duda, pero este cambio, ¿será dialéctico? No. Sin nuestra intervención no se habría aplastado. Este cambio no es dialéctico, sino mecánico.

Debemos poner mucha atención, cuando hablamos del cambio dialéctico. Pensamos que si la tierra, continúa existiendo, la sociedad capitalista será sustituida por la sociedad socialista; después por la comunista. Será un cambio dialéctico. Pero si la Tierra salta, la sociedad capitalista desaparecerá no por un cambio autodinámico, sino por un cambio mecánico.

En otro orden de ideas, decimos que hay disciplina mecánica cuando esta disciplina no es natural. Pero es autodinámica cuando es libremente, consentida, es decir, que

proviene de su medio natural. Una disciplina mecánica es impuesta desde afuera. Es una disciplina que procede de jefes distintos de los que dominan, y comprendemos que la disciplina no mecánica, la disciplina autodinámica, no está al alcance de todas las organizaciones.

En efecto, debemos evitar servirnos de la dialéctica de una forma mecánica. Esta es una inclinación que proviene de nuestro hábito metafísico de pensar. No debemos repetir como un loro que las cosas no siempre han sido lo que son. Cuando un dialéctico dice esto, debe cerciorarse por los hechos qué han sido antes las cosas. Decirlo no es la finalidad de un razonamiento sino el principio de estudios para observar pormenorizadamente qué han sido antes las cosas.

Marx, Engels, Lenin han hecho estudios extensos, profundos y precisos respecto de lo que ha sido la sociedad capitalista antes que ellos. Han observado los detalles más insignificantes para observar los cambios dialécticos. Para criticar y ver los cambios de la sociedad capitalista, para describir el período imperialista, Lenin ha efectuado estudios muy precisos y consultado numerosas estadísticas.

Cuando hablamos de autodinamismo, nunca debemos tomarlo como fundamento literario; sólo debemos usar esa palabra a sabiendas y para los que la comprenden totalmente.

Después de haber comprobado, estudiando una cosa, cuáles son los cambios autodinámicos y haber observado qué cambios se han operado, hay que estudiar, investigar por qué razón es autodinámico.

Por eso precisamente, la dialéctica, las investigaciones y las ciencias están estrechamente vinculadas.

La dialéctica no es un sistema para explicar y conocer las cosas sin haberlas estudiado, sino el medio de estudiar bien y realizar buenas observaciones analizando el principio y el fin de las cosas, de dónde proceden y adónde van.

CAPÍTULO XII

SEGUNDA LEY: LA LEY DE LA ACCIÓN RECÍPROCA