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Conclusión general sobre la contradicción.

EL CUARTO RASGO DE LA DIALÉCTICA I El carácter específico de la contradicción

V. Conclusión general sobre la contradicción.

MARXISMO CONTRA PROUDHONISMO

“La dialéctica propiamente dicha es el estudio de la contradicción en la propia esencia de las cosas.”16

Lenin insiste sobre la mayor importancia de esta cuarta ley, que él considera como el núcleo fundamental de la dialéctica.

14 MAO TSE-TUNG: En torno a la contradicción, p. 77.

15 Ibid, p. 77.

Su impotencia para comprender esta ley golpea al socialismo en el corazón. El ejemplo más notable es Proudhon. En el Manifiesto del Partido Comunista, Marx clasifica a Proudhon en la categoría del socialismo conservador o burgués:

“Los burgueses socialistas quieren perpetuar las condiciones de vida de la sociedad moderna, pero sin las luchas y los peligros que surgen fatalmente de ellas. Quieren perpetuar la sociedad actual, pero sin los elementos que la revolucionan y descomponen. Quieren la burguesía sin el proletariado.”17

Proudhon toma, en efecto, la unidad de los contrarios como unidad de un lado bueno y un lado malo. Quiere eliminar el lado malo y conservar el bueno. Eso es negar el carácter interno de la contradicción: la contradicción burguesía-proletariado es verdaderamente constitutiva de la sociedad capitalista, y la explotación capitalista sólo puede desaparecer con esta contradicción. La conciliación de los intereses de clases fundamentalmente opuestos es utópica.

Marx caracteriza así a Proudhon:

“Quiere figurar como hombre de ciencia por encima de los burgueses y de los proletarios; no es más que el pequeño burgués que se bambolea constantemente entre el capital y el trabajo.”18

Este desconocimiento de la dialéctica lleva a Proudhon al reformismo, a la negación, cien veces repetida, de la acción revolucionaria, es decir, de la lucha de clases. No hay que asombrarse, pues, de que escriba al emperador Napoleón III (carta del 18 de mayo de 1850):

“He predicado la conciliación de las clases, símbolo de la síntesis de las doctrinas.” ni de que escriba en su cuaderno de notas, en 1847:

“Tratar de entenderme con Le Moniteur Industrial (El Monitor Industrial), diario de los amos, mientras que Le Peuple (El Pueblo) será el periódico de los obreros.”

para declarar, después del golpe de Estado de Badinguet:

“Luis Napoleón es, lo mismo que su tío, un dictador revolucionario; pero con esta diferencia, que el primer cónsul acababa de cerrar la primera fase de la Revolución, mientras que el presidente abre la segunda.”

Los jefes socialistas, como Blum (el autor de A la medida humana), como Jules Moch (en confrontaciones, de la cual hablamos en una lección anterior), se dedican a corregir el proudhonismo, so pretexto de respetar “las leyes universales del equilibrio y de la estabilidad”. De esta forma justifican la capitulación ante la burguesía. Así se comportan, según la expresión de Blum, como “gerentes leales del capitalismo”. Capitular, entregar el proletariado a la burguesía, ése es el verdadero sentido de su pretendida “lucha de dos frentes”, de su pretendida “tercera fuerza”. La social-

17 C. MARX-F. ENGELS: Manifiesto del Partido Comunista, p. 75. Ediciones en lenguas extranjeras, Moscú, 1953.

democracia es el oportunismo en toda la línea; el proletariado debe, por tanto, combatirla sin misericordia si quiere vencer al enemigo de clase.

El socialismo científico de Marx, Engels y Lenin es el único socialismo revolucionario porque eleva al primer plano la lucha de los contrarios, como ley esencial de la realidad. Así, sostiene un combate inflexible y de todos los instantes contra el “contrario” del proletariado revolucionario, la burguesía reaccionaria, y contra los jefes de la social- democracia que se dedican, negando la dialéctica, a encubrir las contradicciones, para licenciar al proletariado en pleno combate.

El ejemplo del militante dialéctico que sale de la virtud innovadora de la lucha de los contrarios es, en Francia, Maurice Thorez. Al evocar el “aprendizaje” de jefe revolucionario, escribe en Hijo del pueblo:

“Un pensamiento principal de Marx se imprimió en mi espíritu: el movimiento dialéctico mantiene la revolución y la contrarrevolución más encarnizada y más osada cada día; a su vez, la contrarrevolución hace progresar a la revolución y la obliga a darse un partido verdaderamente revolucionario.”19

Pero la dialéctica no solamente facilita comprender e impulsar hasta el fin de la contradicción principal que constituye la lucha de clases (el proletariado contra la burguesía), lucha que engendrará el socialismo. También facilita al proletariado el medio de descubrir las inmensas fuerzas con las cuales puede conquistar la alianza contra la burguesía. El propio desarrollo de la política reaccionaria de la burguesía suscita la oposición creciente del campesinado laborioso, de las clases medias, de los intelectuales, etcétera... Otras tantas contradicciones que el dialéctico saca a la luz del día, como sabe hacerlo Maurice Thorez, teórico del Frente Popular contra la burguesía reaccionaria y del Frente Nacional por la independencia del país.

Cierto que no todas las contradicciones aparecen a la primera mirada, y por eso el dialéctico va siempre de la apariencia a la realidad y se guarda de impaciencias que detienen el movimiento queriendo acelerarlo. Tal empleado de baja categoría vota por R. P. F., lee L’Aurore, es “come-comunistas”... ¿Es un reaccionario? Razonar así no es llegar hasta el fondo de las cosas. Si este empleado vota por el R. P. F. y lee L’Aurore, es porque está descontento y cree encontrar aliados en R. P. F. y en L’Aurore. Su conducta, es pues, el reflejo subjetivo de las contradicciones objetivas de las cuales es víctima. La labor del militante que domina la teoría, es ayudar a este pequeño-burgués descontento a ver claro en sí mismo, a tomar conciencia de las contradicciones objetivas que son inherentes al capitalismo y de las cuales es víctima, a adquirir conciencia de que la solución de estas contradicciones sólo puede venir de la lucha librada por el proletariado en alianza con todos los trabajadores, y no del R. P. F. y del L’Aurore, que defienden la libertad de los grandes capitalistas en nombre de la “libertad de los pequeños”.

Una observación: la búsqueda necesaria de las contradicciones no tiene nada que ver con la confusión de ideas. No hay que mezclarlo todo con el pretexto de buscar la unidad de los contrarios. Un pensamiento que se contradice no es un pensamiento dialéctico. ¿Por qué? Porque un pensamiento dialéctico comprende la contradicción, mientras que un pensamiento que se contradice es víctima: es un pensamiento confuso. Ejemplo: algunos dirigentes burgueses y social-demócratas han afirmado durante años: “Deseamos mucho negociar con el Viet-Nam y hacer la paz, pero no queremos negociar con Ho-Chi-Minh”. Razonamiento antidialéctico, porque le vuelve la espalda a la

realidad: en efecto, hacer la paz, es negociar con el adversario, y el adversario de la burguesía colonialista en el Viet-Nam, es Ho-Chi-Minh y ningún otro.

Por lo tanto, tal razonamiento es falso. Sin embargo, si nos preguntamos por qué descubrimos que este razonamiento es falso, es porque refleja una contradicción objetiva, de la cual son víctimas los que hablan de este modo: contradicción entre los intereses de los colonialistas, que quieren continuar la guerra, y los intereses del pueblo, que quiere la paz (lo que obliga a los colonialistas a hablar de paz). Un razonamiento falso y confuso puede traducirse, pues, en una realidad perfectamente objetiva y dialéctica. El análisis dialéctico va del razonamiento falso a la realidad que él disimula o ignora.

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