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La lucha de los contrarios, motor del pensamiento

EL CUARTO RASGO DE LA DIALÉCTICA: LA LUCHA DE LOS CONTRARIOS

III. La lucha de los contrarios, motor del pensamiento

PUESTO QUE la ley de las contradicciones tiene tan importante lugar en la naturaleza y en la sociedad, es fácil observar que, como el hombre es un ser a la vez natural y social, su pensamiento está igualmente sujeto a la ley de los contrarios. Por otra parte, hemos notado ya el carácter dialéctico del pensamiento en la lección IV. No debería sorprendernos. Puesto que somos materialistas, apreciamos el pensamiento como momento del movimiento universal; las leyes de la dialéctica gravitan, pues, sobre el pensamiento como sobre el conjunto de la realidad. La dialéctica del pensamiento es, en su esencia, de la misma naturaleza que la dialéctica del mundo; su ley fundamental es, por tanto, la contradicción. Por eso Lenin escribió:

11 MALENKOV: Informe ante el XIX Congreso del Partido acerca de la actividad del C. C. del P. C. de la URSS., p. 113. Ed., en

Lenguas Extranjeras, Moscú, 1952.

“El conocimiento es el proceso mediante el cual, el pensamiento se aproxima infinita y eternamente al objeto. El reflejo de la naturaleza en el pensamiento humano debe ser comprendido no de una manera ‘muerta’, ‘abstracta’, sin movimiento. Sin CONTRADICCIONES, sino en el PROCESO ETERNO del movimiento, del nacimiento y solución de las contradicciones.”13

Así es como el tránsito cualitativo de la sensación al concepto es un movimiento que se realiza por contradicción: la sensación refleja, efectivamente, un aspecto singular, limitado de lo real; el concepto niega este aspecto singular para afirmar lo universal14;

sobrepasa las limitaciones de la sensación para manifestar la totalidad del objeto. En este sentido, el concepto de la negación de la sensación (por ejemplo, el concepto científico de la luz, como unidad de la onda y del corpúsculo, niega la sensación de luz, sensación que nos descubre la presencia de la luz, pero nos dice lo que ella es). Pero el concepto, que se ha formado así mediante la negación de la sensación (mediante la lucha contra este nivel inferior del conocimiento), actúa en cambio sobre la sensación. Después de haberla negado, facilita los medios de afirmarse con una forma nueva, porque se nota mejor lo que se ha comprendido.15

“Nuestra práctica testimonia que los objetos que percibimos no pueden ser comprendidos por nosotros de inmediato, y que solamente las cosas comprendidas podemos sentirlas de manera más profunda.”16

Así, sensación y concepto, concepto y sensación comprenden una unidad de contrarios en interacción, cada uno apoyándose contra la otra, aunque se fortalecen una con otra (la sensación precisa del concepto que la aclara, y el concepto necesita de la sensación, que es su punto de apoyo).

Si observamos las diversas fases propias del pensamiento, volveremos a encontrar la ley de los contrarios. Así ocurre con el análisis y la síntesis, pasos absolutamente necesarios a todo pensamiento, y que el metafísico considera como opuestos; ciertamente, son opuestos, ¡pero es la oposición de dos procesos inseparables! Análisis y síntesis se relacionan, surgen uno del otro. En efecto, analizar es hallar las partes de un todo; pero las partes sólo son partes como partes de un todo, no “hay partes en sí”: la totalidad, pues, está representada en las partes; la síntesis y el análisis se definen, por tanto, una por la otra, aunque cada una sea lo inverso (lo contrario) de la otra.

De igual manera, la teoría y la práctica son dos fuerzas contrarias en interacción dialéctica: se penetran y se confunden mutuamente.

Precisamente porque el pensamiento es dialéctico, puede entender la dialéctica del mundo (Naturaleza y sociedad). Las contradicciones del mundo objetivo que sostienen y alientan al pensamiento se manifiestan en él, y el movimiento de pensamiento así creado es dialéctico en sí mismo, como todos los demás aspectos de lo real.

Un pensamiento que ignora las contradicciones deja escapar por tanto, la esencia de la realidad. La simple definición de la cosa más insustancial es ya la expresión de una contradicción. Si digo: “la rosa es una flor”, convierto la rosa en una cosa distinta de lo que es; la sitúo en la calificación de las flores. Y ése es un principio de pensamiento dialéctico, porque, paso a paso, a partir de esta humilde rosa hallaremos el universo entero (sabemos que “todo se relaciona”). Un pensamiento no dialéctico se conformará

13 LENIN: Cuadernos Filosóficos.

14 “Negar” no debe entenderse en el sentido de anular, sino en el sentido dialéctico: superar todo apoyándose sobre... El concepto

(universal) supera la sensación (limitada), pero todo se apoya sobre ella.

15 Por eso se dice que la cultura educa la sensibilidad.

con decir: “la rosa es la rosa”, lo cual no enseña nada sobre la naturaleza y los caracteres de la rosa.

Sin embargo, ello no impide que a veces sea bueno recordar que una rosa es una rosa y no un carruaje. La lógica elemental, es decir, no dialéctica, que tiene por principio el principio de identidad (a es a, a no es no-a), no es falsa. Simplemente es parcial, manifiesta el aspecto inmediato, superficial de las cosas. Ella dice: “el agua es el agua”; “la burguesía es la burguesía”. La lógica dialéctica por encima de la apariencia estable, atrae el movimiento interno, la contradicción. Encuentra que el agua lleva en su propia composición las contradicciones que demuestran que se puede pasar del agua al hidrógeno y al oxígeno. Igualmente, la lógica dialéctica explica la burguesía en oposición con el proletariado, su contrario, y también lo describe en la diversidad cualitativa de los elementos que la constituyen (ella dice: la burguesía es la burguesía, como clase idéntica en sí, pero hay una burguesía antinacional y una burguesía nacional, que hasta cierto punto defienden intereses contradictorios).

Expuesto eso, la lógica de la identidad, denominada lógica formal o de la no- contradicción, es necesaria, aunque no suficiente. Ignorarla o escarnecerla, es volver la espalda a la realidad. Ejemplo: Jules Moch escribe en Confrontaciones:

“En el régimen actual, dos clases –capitalismo y proletariado- se encuentran en presencia.”

Frase absurda. Es muy cierto que el proletariado es una clase; pero la clase adversaria del proletariado, es la burguesía y no el capitalismo, que es un régimen social. El autor sitúa en la misma categoría realidades que no pertenecen al mismo orden. Una clase es una clase; un régimen social es un régimen social. Confundir éste con aquélla, es ultrajar la lógica más elemental, que exige que se aclaren los términos que se usan. Y, por lo tanto, es insultar la lógica dialéctica, que no permite en modo alguno tal revoltijo, sino que toma la identidad como un aspecto de lo real, aspecto que no puede ignorarse sin falsificación. La contradicción dialéctica no rechaza sin ton ni son; para ella un gato primero es un gato, aunque esto no es suficiente para determinar lo que es un gato. Por otra parte, la afirmación de Jules Moch es instructiva: demuestra que el repudio de la dialéctica, de la lucha de los contrarios, encamina al rechazo de la lógica más corriente. Los falsificadores que por razones políticas se enredan con la ciencia, terminan por enredarse con el buen sentido.

PREGUNTAS DE CONTROL

1. ¿Por qué los divisionistas del movimiento obrero niegan la existencia de la lucha de los contrarios?

2. Demuestre, con un ejemplo preciso, que toda contradicción no es antagonismo. 3. ¿En qué es la autocrítica lucha de los contrarios?

LECCIÓN VII

EL CUARTO RASGO DE LA DIALÉCTICA