EN QUE CONSISTE EL MÉTODO “METAFÍSICO”
I. Los caracteres de este método
VAMOS A ESTUDIAR aquí:
El viejo método de investigación y de pensamiento que Hegel llama “metafísico”.1
Hagamos de inmediato una observación: ¿Qué parece más lógico y natural a la mayoría de la gente, el movimiento o la inmovilidad? ¿Cuál es, para ella, el estado normal de las cosas, la quietud, el reposo o el movimiento?
En general, se piensa que el reposo fue antes que el movimiento, y para que una cosa pudiera ponerse en movimiento, estaba primero en estado de reposo.
La Biblia también nos asevera que antes que el universo, que fue creado por Dios, existía la eternidad inmóvil, es decir, el reposo.
He aquí vocablos que emplearemos frecuentemente: reposo, inmovilidad; y también movimiento y cambio. Estas dos últimas palabras no son sinónimos.
El movimiento, en el más amplio sentido liberal de la palabra, es el desplazamiento. Ejemplo: una piedra que cae, un tren en marcha, están en movimiento.
El cambio, en el estricto sentido de la palabra, es el paso de una forma a otra. Ejemplo: el árbol que pierde sus hojas ha cambiado de forma. Pero es también el paso de un estado a otro. Ejemplo: el aire se ha tornado irrespirable. Es un cambio.
Por consiguiente, movimiento quiere decir cambio de lugar, y cambio quiere decir variación, mutación de forma o de estado. Intentaremos respetar esta distinción, para evitar confusiones; pero cuando estudiemos la dialéctica volveremos a examinar el sentido literal de estas palabras.
Acabamos de ver, pues, que, de una manera general, se opina que movimiento y cambio son menos frecuentes que el reposo, y es cierto que tenemos cierta preferencia por examinar las cosas en reposo y sin cambio.
He aquí un ejemplo: hemos adquirido un par de zapatos amarillos y al cabo de un cierto tiempo, después de muchas reparaciones, en las que hemos hecho cambiar suela y tacones, y remendar algunas partes, continuamos diciendo: “voy a ponerme los zapatos amarillos”, sin darnos cuenta de que ya no son los mismos zapatos. Pero para nosotros son siempre los zapatos amarillos que hemos comprado en determinada ocasión y por los que hemos pagado determinado precio. No reparamos en el cambio que han sufrido
nuestros zapatos, siempre son los mismos, son idénticos. Omitimos el cambio para no ver más que la identidad, como si nada importante hubiera sucedido. Este es el
PRIMER CARACTER: EL PRINCIPIO DE IDENTIDAD
PRINCIPIO QUE consiste en preferir la inmovilidad al movimiento y la identidad al cambio frente a los acontecimientos.
De esta preferencia, que conforma el primer carácter de este método, nace toda una concepción del mundo.
“Vemos y consideramos el universo como si estuviera inmóvil”, dirá Engels. Lo mismo ocurrirá respecto de la naturaleza, la sociedad y el hombre. Por eso se oye decir con frecuencia: “No hay nada nuevo bajo el Sol”, lo que quiere decir que jamás ha habido ningún cambio, pues el universo se mantiene inmóvil. También a menudo se oye decir por ahí algo sobre un retorno periódico a los mismos sucesos. Dios ha creado el mundo produciendo peces, las aves, los mamíferos, etcétera, y desde entonces nada ha cambiado, el mundo no se ha movido. Se dice también “ los hombres siempre son los mismos”, como si los hombres jamás hubieran cambiado.
Estas expresiones corrientes son la imagen de esa concepción que está profundamente enraizada en nosotros, en nuestro espíritu, y la burguesía explota a fondo ese error. Cuando se hace crítica del socialismo, uno de los argumentos que más se utilizan es que el hombre es superlativamente egoísta y que, por tanto, necesita la intervención de una fuerza represiva para contenerlo, porque si no reinaría el desorden. El resultado de esta argumentación metafísica, consiste en querer que el hombre tenga una naturaleza inmutable que no puede cambiar.
Es muy cierto que si de golpe y porrazo tuviéramos la posibilidad de vivir en un régimen comunista, es decir, si se pudiera distribuir los productos inmediatamente a cada cual según sus necesidades y no según su trabajo, se desbordaría la ambición de satisfacer los caprichos y tal sociedad no podría sostenerse. Sin embargo, eso mismo es la sociedad comunista y eso es lo racional. Pero, como adolecemos de tener una concepción metafísica arraigada, nos imaginamos al hombre futuro, que vivirá en un porvenir todavía lejano, semejante al hombre de hoy.
En efecto, cuando se dice que una sociedad socialista o comunista no es posible, porque el hombre es egoísta, se olvida que si la sociedad cambia el hombre también cambiará. Diariamente se oyen críticas sobre la Unión Soviética que nos demuestran la falta de comprensión de parte de aquellos que las formulan. Precisamente porque tienen una concepción metafísica del mundo y de las cosas.
Entre los múltiples ejemplos que podríamos citar, tomemos sólo éste. Se dice: “Un trabajador en la Unión Soviética recibe un salario inferior al valor total de lo que produce; hay, por tanto, una plusvalía, es decir, exacción efectuada en su salario. Se le roba. En Francia ocurre lo mismo: los obreros son explotados; luego entonces no hay diferencia, entre un trabajador soviético y un trabajador francés.”
¿Dónde radica, en este ejemplo, la concepción metafísica? Consiste en no comprender que aquí se trata de dos tipos de sociedades y en no considerar las diferencias existentes entre estos dos tipos de sociedades. Consiste en creer que, desde el momento en que hay plusvalía, todo es exactamente lo mismo tanto aquí como allá, sin apreciar los cambios que se han operado en la URSS, donde el hombre y la máquina ya no tienen el mismo sentido económico y social que en Francia. Ahora bien, en nuestro país, la máquina se tiene para producir y el hombre existe para ser explotado. En la URSS, los dos existen únicamente para producir. Sólo que la plusvalía en Francia va al patrón, en la URSS, al Estado, es decir, a la sociedad sin clases explotadoras.
Por consiguiente, vemos en este ejemplo, que los equívocos del juicio proceden, en los que son sinceros, del método metafísico y, muy particularmente, de la aplicación del primer carácter de este método; carácter fundamental que consiste en subestimar el cambio y en aquilatar preferentemente la inmovilidad o, en una palabra, que tiende a perpetuar la identidad bajo el cambio.
Pero, ¿qué es esta identidad? Hemos visto construir una casa que se terminó el 1o. de
enero de 1935, por ejemplo. ¿Cuándo diremos que es idéntica? El 1o de enero de 1936, y
así mismo todos los años siguientes, precisamente porque siempre tiene los dos mismos pisos, las mismas veinte ventanas, dos puertas de calle, etcétera, porque continúa siendo siempre la misma, no cambia, y, por tanto, no es diferente. Así, pues, ser idéntica, es seguir siendo la misma, no transformarse nunca en otra.
Pero, ¿cuáles son entonces, las consecuencias prácticas del primer carácter del método metafísico?
Como preferimos comprobar la identidad en las cosas, es decir, verlas subsistir sin cambio alguno, decimos, por ejemplo: “La vida es siempre la vida y la muerte es siempre la muerte.” Afirmamos, pues, que la vida continúa siendo la vida, que la muerte sigue siendo la muerte, y esto es todo.
Habituándonos a comprender las cosas en su identidad, las separamos unas de otras. Afirmar que “una silla es una silla” es una comprobación natural, pero es poner el énfasis en la identidad, lo que quiere decir al mismo tiempo: lo que no es una silla es otra cosa.
Es tan natural decirlo que subrayarlo parece infantil. En el mismo orden de ideas, diremos: “El caballo es el caballo y lo que no es el caballo es otra cosa.” Así, pues, apartamos por una parte la silla; de la otra el caballo, y hacemos igual con cada cosa. Hacemos, por tanto, distinciones, separando ordenadamente las cosas unas de otras, y así llegamos a transformar el mundo en una sola colección de cosas separadas, lo cual constituye el
SEGUNDO CARACTER: AISLAMIENTO DE LAS COSAS
LO QUE ACABAMOS de decir parece tan natural que es como para preguntarse ¿para qué decirlo? Sin embargo, vamos a ver que, a pesar de todo, es preciso hacerlo, porque este sistema de razonamientos nos conduce a ver las cosas desde un determinado ángulo.
He aquí que una vez más, vamos a juzgar el segundo carácter de este método en las consecuencias prácticas.
En la vida común y corriente, si reparamos en los animales y si razonamos a propósito de ellos, separando los seres, no nos damos cuenta de lo que hay de común entre los géneros y las especies diferentes. Un caballo es, consecuentemente, un caballo y una vaca es por la misma razón una vaca. Entre ellos no hay ninguna relación.
Este es el punto de vista de la antigua zoología, que clasifica los animales separándolos claramente unos de los otros y que no encuentra ninguna relación entre ellos. Lo cual es uno de los resultados de la aplicación del método metafísico.
En la realidad de otro ejemplo, podemos sacar a colación el hecho de que la burguesía quiere que la ciencia sea la ciencia, que la filosofía continúe igual a sí misma; y lo mismo con respecto a la política y –se entiende- no hay nada común, absolutamente ninguna relación entre ellas.
Las conclusiones prácticas de semejante razonamiento convienen en que un sabio debe seguir siéndolo sin mezclar su ciencia, en la filosofía y en la política. Lo mismo quiere con respecto al filósofo y al hombre de un partido político.
Cuando un hombre de buena fe razona así, se puede deducir que lo hace como metafísico. El escritor inglés Wells visitó la Unión Soviética hace unos años y tuvo una entrevista con el gran escritor, hoy desaparecido, Máximo Gorki. Le propuso constituir un club literario en el que no se haría política, porque, según él, la literatura es la literatura y la política es la política. Parece que Gorki y sus amigos se echaron a reír y Wells se sintió molesto. En efecto, Wells veía y concebía al escritor como si viviera fuera de la sociedad, mientras que Gorki y sus amigos sabían que no ocurre así en la vida, en la que todas las cosas están vinculadas.
En la práctica corriente nos preocupamos por distinguir, por separar las cosas, por verlas, por estudiarlas solamente por ellas mismas. Los que no son marxistas consideran el Estado en general separándolo de la sociedad, como independiente de la estructura de la sociedad. Razonar así es aislar al Estado de la realidad, es aislarlo de sus vínculos de relación con la sociedad.
En el mismo error se incurre cuando se habla del hombre marginándolo de los otros hombres, de su medio, de la sociedad. Si se considera también la máquina por sí misma, separándola de la sociedad donde produce, se comete el error de pensar “máquinas en París, máquinas en Moscú; plusvalía aquí y allá no hay diferencia, es totalmente la misma cosa”.
Constantemente, se puede leer esto, y los que lo leen lo admiten porque el punto de vista común es aislar, dividir las cosas. Es un hábito característico del método metafísico.
TERCER CARACTER: DIVISIONES ETERNAS E INFRANQUEABLES
DESPUÉS DE HABER preferido considerar las cosas, como estáticas y sin cambio, las hemos clasificado, catalogado, estableciendo así entre ellas divisiones que nos hacen olvidar las relaciones que pueden tener unas con otras.
Esta forma de ver y de juzgar nos conduce a creer que esas divisiones se realizan una vez por todas ( un caballo es un caballo) y que son absolutas, insalvables y eternas. He aquí el tercer carácter del método metafísico.
Pero debemos poner atención cuando hablamos de este método; porque cuando nosotros, los marxistas, afirmamos que en la sociedad capitalista existen dos clases, la burguesía y el proletariado, también hacemos divisiones que pueden antojarse emparentadas con el punto de vista metafísico. Pero no es metafísico únicamente por el simple hecho de que se introduzcan divisiones, sino por el modo, la manera como se establecen las diferencias, las relaciones que hay entre estas divisiones.
Por ejemplo, cuando decimos que existen en la sociedad dos clases, la burguesía piensa inmediatamente que hay ricos y pobres. Y, naturalmente, nos dirá: siempre ha habido ricos y pobres.
“Ha habido siempre” y “habrá siempre”, es un modo metafísico de razonar. Se clasifican para siempre las cosas independientes una de otras, y, entre ellas, se levantan paredes, muros infranqueables.
Se divide a la sociedad en ricos y pobres, en lugar de comprobar la existencia de la Burguesía y del Proletariado, y aun cuando se acepta esta última división, son consideradas fuera de sus relaciones mutuas, es decir, de la lucha de clases. ¿Cuáles son los resultados prácticos de este tercer carácter que opone entre las cosas barreras definitivas? Es que entre un caballo y una vaca no puede existir ningún vínculo de parentesco. Sucederá lo mismo con respecto a todas las ciencias y a todo lo que nos rodea. Veremos si esto se halla en el dominio de lo posible, pero aún nos queda por
examinar cuáles son las consecuencias de esos tres diferentes caracteres que acabamos de describir, todo lo cual da lugar al
CUARTO CARÁCTER: OPOSICIÓN DE LOS CONTRARIOS
SE DESPRENDEN de todo lo que acabamos de examinar que cuando decimos: “La vida es la vida y la muerte es la muerte”, estamos afirmando que no hay nada de común entre la vida y la muerte. Las clasificamos perfectamente aparte una de otra, considerando la vida y la muerte cada una por sí misma, sin tomar en cuenta las relaciones que pueden existir entre ellas. En tales condiciones, un hombre que acaba de perder la vida debe ser considerado como una cosa muerta, porque es imposible que esté a un mismo tiempo vivo y muerto, puesto que la vida y la muerte se excluyen mutuamente.
Considerando las cosas como aisladas, distintas unas de otras, concluimos por separarlas, oponiéndolas unas a otras.
Ya hemos llegado al cuarto carácter del método metafísico que opone los contrarios unos a otros y que aseveran que dos cosas contrarias no pueden existir al mismo tiempo. En efecto, en este ejemplo de la vida y de la muerte no puede darse una tercera posibilidad. Es preciso elegir absolutamente una u otra de las clasificaciones que hemos hecho. Consideramos que una tercera posibilidad sería una contradicción, que esta contradicción es un absurdo, y, por consiguiente, una imposibilidad.
El cuarto carácter del método es, por tanto, el rechazo categórico de la contradicción. Las consecuencias prácticas de ese razonamiento consisten en que cuando se habla de democracia y de dictadura, por ejemplo, el punto de vista metafísico exige que una sociedad elija entre las dos, porque la democracia es la democracia y la dictadura no es la democracia. Por tanto, debemos elegir, sin lo cual estamos frente a una contradicción, a un absurdo, a una imposibilidad.
LA ACTITUD MARXISTA ES TOTALMENTE DIFERENTE
CREEMOS, por el contrario, que la dictadura del proletariado representa y es a la vez, la dictadura de la masa y democracia para la masa de los explotados.
Creemos que la existencia de los seres vivos, sólo es posible porque hay una lucha perpetua entre las células y porque, constantemente unas mueren para ser reemplazadas por otras. Así, la vida contiene en ella, la muerte. Creemos que la muerte no es tan absoluta, total, y separada de la vida como lo cree la metafísica, porque en un cadáver toda la vida no ha desaparecido totalmente, puesto que algunas células continúan viviendo cierto tiempo, y que de ese mismo cadáver surgirán otras vidas.
II. Recapitulación
LOS DIFERENTES caracteres del método metafísico nos induce a considerar las cosas desde un cierto ángulo y nos conducen a razonar de cierta manera. Constatamos que esta manera de analizar tiene cierta “lógica” que estudiaremos más adelante, y comprobaremos que esto corresponde en mucho a la manera de ver, de pensar, de estudiar, de analizar, que se utiliza en general.
Comenzaremos por:
2. Separar las cosas unas de otras, desvincularlas de sus relaciones mutuas. 3. Establecer entre las cosas divisiones eternas, muros infranqueables.
4. Oponer los contrarios, afirmando que dos cosas contrarias no pueden existir al mismo tiempo.
Cuando examinamos las consecuencias prácticas de cada una de las enumeraciones anteriores, comprobamos que ninguna corresponde a la realidad.
¿Acaso la realidad del mundo coincide con esa idea? ¿Es que las cosas se hallan estáticas y sin cambios en la naturaleza? No. Constatamos que está sujeto a cambio y movimiento. Por consiguiente, esa concepción está en desacuerdo con las cosas mismas. Evidentemente, la naturaleza tiene razón y esta concepción está equivocada.
Hemos afirmado, desde el comienzo, que la filosofía pretende explicar el universo, el hombre, la naturaleza, etcétera. Así como las ciencias estudian los problemas particulares, hemos manifestado que la filosofía se ocupa de los problemas más generales de la materia, la sociedad y el pensamiento.
Por eso el viejo método “metafísico” de pensar que se aplica a todos los problemas es, también una concepción filosófica que considera al universo, al hombre y la naturaleza de una manera completamente particular.
“Para el metafísico, los objetos y sus imágenes en el pensamiento, los conceptos, son objetos de investigación aislados, fijos, inmóviles, enfocados uno tras otro, como algo dado y perenne. Piensa solamente en antitesis inconexas; para él una de dos: sí, sí; no, no, y lo demás sobra. Para él una cosa existe o no existe; un objeto no puede ser al mismo tiempo lo que es y otro distinto. Lo positivo y lo negativo se excluyen recíprocamente en absoluto. La causa y el efecto revisten asimismo, la forma de una rígida antitesis.”2
Por tanto, la concepción metafísica considera “el universo como un conjunto de cosa fijas”, y para comprender bien esta manera de pensar vamos a estudiar cómo concibe la naturaleza, la sociedad y el pensamiento.