• No se han encontrado resultados

ANSIEDAD PERTURBADORA Y DEPRESION

Albert Ellis

ANSIEDAD PERTURBADORA Y DEPRESION

El concepto de ansiedad perturbadora también ofrece una explicación sobre los orígenes y tratamiento de la depresión mejor que muchas otras teorías. Abramson y Sackheim (1977) señalaron una paradoja parecida en la depresión. Por una parte, los individuos deprimidos —como señala Beck (1976)— se culpan a sí mismo y se ven como incapaces de ayudarse; son inequívocamente auto-derrotistas. Pero por otra parte, insisten, de una manera excesiva en, que deben asegurar y deben controlar el resultado de los acontecimientos de sus vidas; y se deprimen cuando no tienen realmente este tipo de control completo. Por lo tanto se auto-denigran al igual que se auto-deifican, lo cual parece ser algo paradójico.

En términos RET, y en términos de la ansiedad del yo y de la ansiedad perturbadora, esta paradoja parece totalmente resoluble. En la RET, se presupone que el individuo tiende a tener tres creencias irracionales (Ci) básicas acerca de sí mismo y del universo: (1) «Tengo que tener éxito en las cosas importantes que hago en la vida, y ganar la aprobación de las personas significativas en mi vida, y es horroroso cuando no lo consigo. Y por lo tanto no soy tan bueno como debería, y por consiguiente inútil». (2) «Debes tratarme con bondad, justicia y consideración, y es horrible cuando no lo haces. Por lo tanto eres una migaja y un piojo». (3) «Las condiciones bajo las que vivo deben ser fáciles, o al menos no demasiado difíciles, y deben darme todas las cosas que realmente quiera rá-

pidamente y sin demasiada lucha; y es terrible cuando no es de esta forma. El mundo es un lugar realmente despreciable para vivir y no debería ser de la forma en que sin duda es.

Muy a menudo, la gente deprimida tiene dos de esta ideas básicas —la primera y la tercera— y a veces tiene también la segunda. Desde luego, no hay razón por la que no tendrían que tener dos o tres; y tampoco por qué la primera y la tercera, cuando están fuertemente entrelazadas, necesariamente en conflicto unas con otras. La primera de ellas, «\Debo tener éxito en todas las cosas importantes que hago en la vida y ganar la aprobación de las personas significativas en mi vida; y es horrible cuando no sucede de este modo!» parece ser esencialmente auto-destruc- tiva. Pero su perfeccionismo es en esencia grandioso, ya que lo que implica es «Debo ser excepcional, perfecto y maravilloso; y si no soy lo que debo en estos aspectos, es horroroso y soy una persona despreciable inútil». Esta misma clase de grandiosidad está también implicada en la tercera irracionalidad; a saber, «De- bido a que soy (o debería ser) una gran persona para la que todo va bien y la vida es fácil, por lo tanto las condiciones bajo las que vivo no deben ser demasiado difíciles, y en consecuencia es terrible y el mundo es un lugar malo si se presentan dificultades».

La grandiosidad por lo tanto, subyace virtualmente a toda la perturbación emocional; a saber, la exigencia y obligación tácita (o ¡expresada!) de que «yo tengo que tener éxito y ser universalmente aprobado; tu tienes que tratarme bon- dadosa y justamente; y las condiciones del mundo tienen que ser fáciles y grati- ficarme inmediatamente. Cuando estas exigencias y obligaciones no se encuentran —como desde luego, sucede en la realidad— entonces «lógicamente» me pongo ansioso, desesperado, deprimido o enfadado. Sin estos empeños omnipotentes, sólo tendería a ponerme triste, pesaroso, molesto, e irritado.

La ansiedad perturbadora es particularmente importante en la ansiedad y la depresión, como lo mostraré en el siguiente caso ilustrativo. Hace varios años vi a un hombre de 28 años, con gran ansiedad y temor, enfadado y deprimido todos los días del año, que llevaba así desde hacia diez años. Había estado en psicoterapia intensiva desde los 15 años; y durante este tiempo había mejorado moderadamente, de modo que al menos había sido capaz de ir regularmente al colegio y a su trabajo como librero. Pero había sido institucionalizado dos veces, durante un periodo de un año cada vez; no había sido capaz de tener ninguna relación íntima con mujeres; y llevaba una existencia restringida y muy rutinaria. A menudo se encontraba tan deprimido que pensaba seriamente en el sucidio.

A primera vista, el problema de este hombre era la ansiedad del yo, puesto que insistía en que tenía que hacer bien las cosas y ganar la aprobación de los demás, y se desplomaba siempre que algo le salía mal. Decía que se odiaba, no tenía auto-confianza, y tenía un miedo enorme a fracasar así como de tomar alguna decisión importante, por miedo a equivocarse ya que después tendría que castigarse por este error.

Realmente, y a pesar de todo, este cliente se había beneficiado en alguna medida de la terapia anterior, en particular leyendo el libro de Ellis y Harper(1975), A New Guide to Rational Living, que usó prácticamente como su biblia. En cierto modo, sentía relativamente poca vergüenza o culpa cuando, por ejemplo, vestía descuidadamente y le criticaban por no socializarse, y cuando actuaba con egoísmo, incluso con los amigos y familiares a los que más quería y respetaba.

ANSIEDAD PERTURBADORA: UN NUEVO CONSTRUCTO COGNITTVO-CON... 127

Así que empecé a sospechar que su problema principal era la ansiedad perturbadora, más que la ansiedad del yo, aunque también tenía aspectos de la última (como quizá sucede en casi todo el mundo). En un típico arranque de ansiedad, depresión y cólera, pensaría y actuaría de la siguiente forma:

1. Llegaría a estar excepcionalmente «ansioso» o «atacado» cuando tuviera que hacer cola en una tienda o esperar que le sirvieran en un bar. Aquí, parecía estar demandando que las condiciones fuesen fáciles y que se le sirviera inmediatamente; tenía claramente baja tolerancia a la frustración o ansiedad perturbadora.

2. Una vez que se encontrase «atacado» se diría «No debería actuar de esta manera; ¡soy un canalla! y experimentaría la ansiedad del yo. Pero generalmente con mucha más fuerza se insistiría «¡No debo estar atacado y sentir tal incomodidad por estar atacado!» y entonces experimentaría síntomas secundarios de ansiedad perturbadora.

3. Después caería en la cuenta que estaba continuamente aterrado más allá de luchas y de dificultades; y cuando viese que era así (en gran parte como resultado de la RET que estaba experimentando), insistiría en que la vida era demasiado dura y que era horrible que siguiera encontrándose tan mal. Me preguntaría ingenuamente, «¿No te sientes fatal cuando la gente te fuerza a hacer lo que realmente no quieres, tal como esperar una cola durante mucho tiempo en una tienda?». Cuando le contestara que efectivamente no me gustaba ese tipo de cosas pero que las aceptaba y por consiguiente era capaz de evitar casi por completo los inconvenientes que me causaban, él simplemente no podría entender cómo podía aceptarlo. Consideraba intrínsecamente horrible que se le impidiera algún deseo, incluso relativamente pequeño como tener que esperar para ser atendido en una tienda, y pensaba que todo el mundo creía que era igualmente horrible.

4. Como continuaba trastornándose de esta forma, comprendió que era, al menos en el grado de su perturbación, diferente de otras personas. Así se derrumbaba de nuevo por ello y volvía, una vez más, la ansiedad del yo. Además también se sentía horrorizado por la incomodidad de sentirse continuamente aterrado y vuelta atrás, una vez más, a la ansiedad perturbadora a causa de esta perturbación continua; esto es, no la aceptaba y la vería como si estuviese en un estado virtualmente insoportable. De nuevo, sentía ganas de quitarse la vida (aunque no enérgicamente) a consecuencia de estos sufrimientos continuos; y otra vez se cuestionaba sobre su suicidio, y si era una persona despreciable, muy diferente y peor que los demás, por tener tales sentimientos. A veces, sin embargo, simplemente aceptaba tales sentimientos y pensaba que era bastante justificable el hecho de pensar sobre su muerte debido a las incomodidades «horribles» de vivir.

5. Debido a que este cliente definía casi todo lo que quería o deseaba con fuer- za como necesidades absolutas —lo que se encuentra en la esencia filosófica de la ansiedad perturbadora— volvía a enfatizar su creencia irracional, «¡Debo hacerlo bien!». Creía a pies juntillas que sólo por hacerlo bien conseguiría totalmente la mayoría de las cosas que «necesitaba». Cuando no lo realizaba a la perfección, no sólo se derrumbaba por su incapacidad sino también sentía que su desempeño estaba por debajo de su nivel «necesario», y por consiguiente experimentaba tanto ansiedad perturbadora como ansiedad del yo.

En resumen, la (AP) ansiedad perturbadora de este cliente se entremezcla continuamente y ayuda a reforzar su (AY) ansiedad del yo; y viceversa. Parece

TXH PXFKDV SHUVRQDV SHUWXUEDGDV HQ SURIXQGLGDG SUREDEOHPHQWH KDEUªDQ IXQFLRQDGR SREUHPHQWH FRQ V°OR $< \D TXH D PHQXGR VH GHUUXPEDQ SURIXQGDPHQWH SRU VXV HUURUHV \ SRU H[SHULPHQWDU OD GHVDSUREDFL°Q GH ORV RWURV 3HUR HV LPSUREDEOH TXH KXELHUDHVWDGRWDQJUDYHPHQWHSHUWXUEDGRFRPRHVWDEDVLQVXVXIULPLHQWRWDQWRGHOD DQVLHGDGGHO\RFRPRGHODDQVLHGDGSHUWXUEDGRUD$WUDY¦VGHREVHUYDUOHD¦O\DRWURV PXFKRV FOLHQWHV FRPR ¦O SDUWR GH OD KLS°WHVLV GH TXH DOJXQRV VXMHWRV VXIUHQ HPRFLRQDOPHQWHGHELGRDVXDQVLHGDGGHO\R\RWURVDVXDQVLHGDGSHUWXUEDGRUD\TXH DTXHOORVTXHWLHQHQXQDFRPELQDFL°QGH$<\$3JUDYHHVWžQLQFOXVRPžVSHUWXUEDGRV TXHDTXHOORVTXHWLHQHQXQDRODRWUD\HVWDPEL¦QPHQRVSUREDEOHTXHFDPELHQRTXH VHEHQHILFLHQGHDOJ·QWLSRGHSVLFRWHUDSLD

2WURIHQ°PHQRSHUFLELGRFRQIUHFXHQFLDTXHSXHGHVHUH[SOLFDGRDWUDY¦VGHOD KLS°WHVLV GH OD DQVLHGDG SHUWXUEDGRUD HV OD REVHUYDFL°Q GH TXH OD JHQWH TXH SDGHFH XQD GHSUHVL°Q JUDYH D PHQXGR KD SHUGLGR D VXV IDPLOLDUHV R D RWUDV SHUVRQDV VLJQLILFDWLYDVDWHPSUDQDHGDGHVWDFODVHGHGHSUHVL°QHVWžWDPEL¦QUHODFLRQDGDFRQOD S¦UGLGD GHO WUDEDMR FRQ XQ VHULR UHYHV HFRQ°PLFR R FRQ OD FDªGD GH XQD EXHQD SRVLFL°Q VRFLDO \ TXH FRPR PXHVWUDQ /HYLWW \ /XELQ   OD SURSHQVL°Q D OD GHSUHVL°QQRVHUHODFLRQDFRQYDULDEOHVGHPRJUžILFDVWUDGLFLRQDOHVFRPRHGDGVH[R\ UD]D VLQR TXH DXPHQWD FRQ HO IRQGR HGXFDWLYR OD UHQWD DQXDO \ OD KDELOLGDG SDUD PHMRUDUODGHFUHFLHQWHVLWXDFL°QILQDQFLHUDSURSLD6LHVWDVREVHUYDFLRQHVVRQFLHUWDV SRGHPRVFRQFOXLUFRQIDFLOLGDGTXHODVSHUVRQDVTXHHVWžQSULYDGDVGHIDPLOLDRGH VDWLVIDFFLRQHVHFRQ°PLFDVDQWHVRGHVSX¦VDORODUJRGHVXVYLGDVVXIUHQXQDS¦UGLGD GH HVWDWXV \ FRPR FRQVHFXHQFLD OD DQVLHGDG GHO \R \ TXH SRU OR WDQWR VRQ PžV SURSHQVDV D SDGHFHU JUDYHV VHQWLPLHQWRV GH GHSUHVL°Q 3HUR TXL]ž GH IRUPD PžV O°JLFDSRGHPRVFRQFOXLUTXHODJHQWHTXHHVWžGHSULYDGDHQHVWRVDVSHFWRVDIHFWLYRV\ HFRQ°PLFRV D PHQXGR DXQTXH GHVGH OXHJR QR VLHPSUH  WLHQH EDMD WROHUDQFLD D OD IUXVWUDFL°QRDQVLHGDGSHUWXUEDGRUD\TXHXQDFRPELQDFL°QGHIUXVWUDFL°QUHDOPžVVX DQVLHGDGSHUWXUEDGRUDcon respectoDHVWDIUXVWUDFL°QOHVOOHYDDPHQXGR\GHIRUPD GLUHFWD D UHDFFLRQHV GHSUHVLYDV JUDYHV /D IUXVWUDFL°Q DILUPDURQ HQ RWUR WLHPSR HUU°QHDPHQWH'ROODUG'RRG0LOOHU0RZUHU\6HDUV  FRQGXFHDODDJUHVL°Q (QVLPLVPRHVWRQRHVDVªQLFRQGXFHDODGHSUHVL°Q3HURODIUXVWUDFL°Qde la gente con ansiedad perturbadora profunda HQODTXHSXHGHH[LVWLUWDQWRXQDSURSHQVL°QR YXOQHUDELOLGDG ELRO°JLFD FRPR XQ UHIXHU]R R UHVXOWDGR SURJUHVLYR GH VXFHVRV LQXVXDOPHQWH IUXVWUDQWHV  SXHGH FRQGXFLU D DOJ·Q WLSR GH UHDFFL°Q SHUWXUEDGRUD LQFOX\HQGRODDJUHVL°Q\ODGHSUHVL°Q

&RPRVH®DODQ%HFN  \(OOLV  ODGHSUHVL°QHVWžJHQHUDOPHQWH YLQFXODGDFRQODDQVLHGDGGHO\RFRQODVSHUVRQDVTXHVHGHVDSUXHEDQDVªPLVPDVSRU VXSREUHGHVHPSH®R\FUHHQTXHFRQVHFXHQWHPHQWHGHELGRDTXHellosVRQLQ·WLOHVR LQFRPSHWHQWHV VLQ HVSHUDQ]D QR SXHGHQ PDQHMDU ODV VLWXDFLRQHV GH OD YLGD \ HQ SDUWLFXODUODVVLWXDFLRQHVGLIªFLOHVTXHHVWžQRFXUULHQGRRSXHGHQRFXUULU3HURLQFOXVR HQ HVWH DVSHFWR GH OD DQVLHGDG GHO \R HQ OD GHSUHVL°Q OD DQVLHGDG SHUWXUEDGRUD HV WDPEL¦Q SUREDEOHPHQWH XQ IDFWRU SRU HO TXH ORV VXMHWRV GHSULPLGRV QR HVWžQ VLPSOHPHQWH GLFL¦QGRVH TXH VRQ WDQ LQFRPSHWHQWHV TXH QR SXHGHQ YHQFHU ODV VLWXDFLRQHV GH VX YLGD QRUPDO \ QR SXHGHQ SUREDU OR lYDOLRVRVx lJUDQGHVx TXH VRQ 3UREDEOHPHQWHWDPEL¦QVHGLFHQTXHVRQWDQGHVHVSHUDGDPHQWHLQHSWRVTXHQRSXHGHQ HYLWDUORVinconvenientesHincomodidadesSUHVHQWHV\IXWXUDV\TXHSRUORWDQWRVXV YLGDVVRQ\FRQWLQXDUžQVLHQGRWHUULEOHV\KRUURURVDV

La depresión incluye además otro elemento y quizá el más común de la ansiedad perturbadora. A menudo la gente deprimida tiene una tolerancia a la

ANSIEDAD PERTURBADORA: UN NUEVO CONSTRUCTO COGNITIVO-CON... 129

frustración tan sumamente baja que rehúsa entablar peleas suaves y comunes, sólo se lo permite en contadas ocasiones y puede quejarse y lamentarse con facilidad cuando no tiene acontecimientos bastante buenos en sus vidas, o cuando en otro tiempo tenía condiciones más fáciles y confortables, y ahora al haber perdido sus trabajos o perdido dinero no tiene eso bueno.

Hace años, antes de darme cuenta de lo importante que es generalmente un factor de ansiedad perturbadora en el proceso de sentimientos de depresión pro- fundos, enseñaba fundamentalmente a mis clientes deprimidos que no tenían que valorarse a sí mismos por pasar por la vida sin destacar (o por hacerlo menos bien que los demás) y que podrían aceptarse a sí mismos incondicionalmente, tanto si tienen un buen desempeño como si no y tanto si son aceptados por personas significativas como si no. Esto les ayudaba en gran medida en muchas ocasiones, pero en otros encontré que no era suficiente.

Ahora también busco su ansiedad perturbadora, y prácticamente siempre pa- rece que la encuentro. Si soy capaz de ayudarles, como a menudo lo hago, a renunciar a sus demandas e imposiciones para que las condiciones sean más fáciles y de gratificación más inmediata, y a sus insistencias para conseguir lo que quieren fácilmente y sin esfuerzo, encuentro que no sólo superan sus depresiones profundas, a veces en bastante poco tiempo, sino que también tienen mucha menos tendencia a recaer en el estado depresivo cuando algo malo sucede en sus vidas en el transcurso del tiempo.