Generalmente, los pacientes acuden al gabinete del psicoterapeuta para mo- dificar o bien sus circunstancias o bien a sí mismos. Cuando se establece la meta de cambiarse a sí mismos, a menudo desean que cese una conducta indeseable (por ej. fumar, beber) o que comience una deseable (por ej. hacer ejercicio). Con bastante frecuencia nos dicen que lo único que les impide hacer lo que quieren es la falta de voluntad. Es decir, creen —como la mayoría de los terapeutas— que uno necesita estar motivado en el aquí y el ahora para poder cambiar.
A menudo estos sujetos nos dicen que aunque, realmente «quieren» cambiar, simplemente están «bloqueados» y necesitan un «empujón». En este sentido no es inusual que los clientes soliciten ser hipnotizados para de ese modo poder recibir ese empuje extra de motivación necesario para permitirles llevar a cabo sus deseos. Nuestros clientes más sofisticados pueden describir el dilema como que las cir- cunstancias a corto plazo interfieren con la motivación a largo plazo. De este modo la ausencia de motivación casi nunca significa una ausencia de deseo sino más bien una incapacidad para convertir la motivación o el deseo a largo plazo en el esfuerzo requerido a corto plazo para llevar a cabo un objetivo.
Sin lugar a duda este punto de vista se enmarca en la literatura-conductual. La secuencia cognitiva en la que tanto los clientes como los terapeutas parecen estar de acuerdo es que lo necesario para que ocurra el cambio de conducta puede esquematizarse como sigue.
En esta línea, May y Yalom (1984), dos destacados terapeutas existenciales, han escrito que «la decisión es el puente entre el deseo y la acción» (p.375). Ellis, fundador de la terapia racional-emotiva (RET) y terapeuta existencial por derecho propio, afirma que la mayoría de los clientes desmotivados son simplemente in- dividuos con baja tolerDncia a la frustración (BTF). Frecuentemente estos individuos padecen lo que Ellis (1982) ha denominado «ansiedad perturbadora» y consideran que no pueden y no tienen por qué tolerar el sufrimiento, la incomodidad, o la adversidad. Fundamentalmente la BTF se caracteriza por una ausencia de moti-vación. La RET orienta este problema animando a los clientes a abandonar su filisofªa BTF de vida e insistiendo para que puedan iniciar lo que necesariamente no les gusta. Autores de gran prestigio en la RET (Walen, DiGiuseppe, y Wessler, 1980) han escrito que «la BTF es quizá la razón principal por la que los clientes no mejoran después de haberse visto incrementado el conocimiento de su problema y de cómo lo han originado» (p. 12).
De este modo la suposición tanto del terapeuta existencial tradicional como del existencialista de la RET es que en cuanto nuestros clientes paralicen las expectativas o demandas de que la vida sea fácil o no produzca dolor, conseguirán hacer lo que han estado evitando. Sin embargo, mi experiencia como terapeuta racional-emotivo no siempre confirma esta afirmación. En más de una ocasión los pacientes han desechado su filosofía de BTF y han aprendido a aceptar el hecho de que su vida no tiene por qué ser fácil, libre de dolor y no frustrante. Sin embargo, con frecuencia no cambian su conducta. En una ocasión un cliente me dijo, «Si las circunstancias de la vida son a menudo difíciles y penosas, y con lo mejor de mi capacidad intento no quejarme y lamentarme de las trabas y dificultades que encuentro. Sin embargo, a pesar de eso no quiero aceptar el sufrimiento del cambio y permanezco anclado».
Este aparente cambio de actitud, acompañado del fracaso para cambiar un modelo de conducta, está lejos de ser insólito en terapia. Es decir, aunque «los humanos tienden a percibir, pensar, sentir y actuar simultáneamente» (Ellis 1984), está claro que un cambio en el pensamiento a menudo no es suficiente para producir un cambio en la conducta.
Afirmo que la motivación a corto-plazo no necesita a la fuerza producir un cambio en la conducta. Todo lo que se requiere es el objetivo para cambiar (mo- tivación a largo-plazo), un compromiso para ello y la posesión de las habilidades necesarias para producir el resultado deseado. Con respecto a esto se afirma que una creencia irracional frecuentemente mantenida tanto por los clientes como por sus terapeutas es que uno debe «quereUx hacer algo ahora para producir esa conducta en este momento o en el futuro inmediato. Esto es, a menudo creemos que sólo si estamos motivados en el presente podemos producir la acción en el futuro cercano que habªDmos deseado en el pasado.
Aquí afirmamos que «esperar» y «hacer» son conceptos localizados en campos separados y están relacionados casualmente sólo por aquellos individuos que creen erróneamente que el querer debe preceder a la acción. Cada día la experiencia nos
Precedentes de la motivación a largo plazo
(valor, meta)
Motivación a corto plazo, lo que precede
(necesidad, deseo, fuerza de voluntad)
cambio de conducta
UN COMPLEMENTO PARA LA COMPRENSION Y TRATAMIENTO... 161
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Bob y Doris llevaban seis años casados y no habían consumado todavía su matrimonio. Bob manifestaba que su meta a largo-plazo era tener relaciones se- xuales con su mujer. Sin embargo, encontraba imposible realizar ninguna tarea sexual asignada porque según nos contaba no encontraba atractivos (o motivación a corto plazo) a su mujer.
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Esta conversación IXH un progreso para este paciente. De hecho se duchó con su mujer y, más tarde, utilizó un razonamiento similar para ayudarse a superar los obstáculos que encontraba ante otras metas sexuales. Un enfoque parecido ha sido beneficioso para romper el modelo destructivo de abuso de drogas en un individuo que creía que si quería (a corto plazo) tomar drogas, no podría a largo plazo cumplir su compromiso de dejar de tomarlas. Así mismo, otros clientes han aprendido a ignorar los deseos a corto plazo temporalmente para lograr metas antes inalcan- zables.
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1. Identificación del problema. Esta fase consiste en un análisis cognitivo- conductual de las áreas del problema presente. Una de las cosas que los clientes con problemas de evitación hacen es eludir enfocar cuidadosamente los problemas; no es inusual en estos sujetos llegar al tratamiento bastante tiempo después de que otros puedan ya haber solicitado y recibido ayuda. Como consecuencia, los pro- blemas están incrustados tan afondo que incluso tomando la historia de un caso acabado puede provocar gran evitación y ansiedad en la mayoría de estos clientes. En particular es importante que no permitamos a estos individuos evitar examinar todos los temas relevantes, incluyendo sus características de personalidad de BTF. Es así mismo importante centrarse en los problemas de déficit motivacional en este momento.
2. Pedagógico. Esta fase incluye la discusión de las creencias irracionales. Para los clientes con BTF estas creencias se centran a menudo en sus demandas de que los acontecimientos se presenten de la forma que desean, catastrofizando sobre las circunstancias difíciles, y evitando la experiencia de malestar que a menudo se necesita para cambiar. En suma esta fase permite a nuestros clientes extraer la distinción entre los dominios del querer, el desear, o la fuerza de voluntad, y el de la acción. Para obtener esta distinción a menudo es útil definir la falta de motivación como el resultado inafortunado de creer que los dominios deben estar conectados. En este sentido debemos señalar que, aunque puede que no queramos algo, podemos actuar de todas formas como en el ejemplo anterior de Bob. Así mismo, podemos tener algo que no queremos, tal como cansancio o depresión, pero podemos actuar de cualquier forma para conseguir metas, tales como levantarse para ir a trabajar cuando estamos cansados.
3. Tareas. La asignación de tareas, llevadas a cabo fuera del gabinete de terapia, permite a los pacientes demostrarse a sí mismos la validez y utilidad de su filosofía recién adquirida. Además para llevar a cabo la práctica de una habilidad, la tarea siempre se presenta como un experimento u oportunidad para descubrir los límites por los cuales un sistema de creencias cognitivo y filosófico puede ampliarse. Por este motivo el énfasis se pone menos en obtener ciertos resultados y más en arriesgarse, acumular datos y, quizá lo más importante de todo, cumplir compromisos.
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CONCLUSION
De forma breve he tratado en este artículo de presentar una filosofía comple- mentaria al tratamiento cognitivo conductual tradicional de sujetos con déficits motivacionales. He trazado la distinción entre metas a largo plazo y fuerza de voluntad a corto plazo. Se ha explicado que el déficit de fuerza de voluntad es auto-definido típicamente por los individuos como contando que no desean hacer algo y por lo tanto se creen incapaces de obrar sobre un compromiso previo o meta. Además de utilizar las estrategias ya establecidas para tratar este tipo de sujetos, se sugiere que el trazar la distinción entre motivación y acción puede a menudo servir para movilizar a clientes inmotivados.
REFERENCIAS
Ellis, A. (1982). Psychoneurosis and anxiety problems. In R. Grieger& I. Z. Grieger (Eds.), Cognition and emotional disturbance. New York: Human Sciences Press.
Ellis, A. (1984). Rational-emotive therapy. In R. J. Corsini (Ed.), Current psychotherapies (3rd ed.). Peacock.
May, R., & Yalom, I. Existential psychotherapy. In R. J. Corsini (Ed.), Current psychot- herapies (3rd ed.) (pp. 354-391). Itasca, 111.: Peacock.
Walen, S. R., DiGiuseppe, R., & Wessler, R. L. (1980). A practitioner’s guide to rational- emotive therapy. New York: Oxford University Press.