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ASPECTOS RELEVANTES PARA HISPANIA DEL REINADO DE LOS JU LIO-CLAUDIOS.

TEMA 13.- ÉPOCAS JULIO CLAUDIA Y FLAVIA.

38. ASPECTOS RELEVANTES PARA HISPANIA DEL REINADO DE LOS JU LIO-CLAUDIOS.

38.1. TIBERIO (14 - 37 d.C.)

La paz y prosperidad económica fue característica general de Hispania bajo el gobierno de Tiberio, pues hubo una gran continuidad en las grandes líneas de actua- ción marcadas por Augusto.

En la actuación política de la corte con respecto a Hispania aparecen dos puntos de especial interés emanados por parte de la administración central, muy cuidados am- bos por Tiberio: represión de los abusos a que dieran lugar algunos gobernadores pro- vinciales y especial atención a los problemas de la Tarraconense. Conocemos en pri- mer lugar la voluntad del Emperador en reprimir los abusos cometidos contra los nati- vos por los gobernadores provinciales, a los que se incoó procesos de concusión para lograr una mayor pureza administrativa, incluso en las provincias denominadas senato- riales. Este interés para conseguir una mayor limpieza administrativa no puedo eliminar la corrupción.

Tiberio mostró cierta predilección por la Tarraconense en la que había estado con Augusto durante las guerras cántabras. En ella llevó a cabo una política de reclu- tamiento de unidades de auxilia extraídas sobre todo del cuadrante noroeste. Según Tácito, el número e combatientes hispanos en los auxiliae era semejante al de los le- gionarios.

Bajo Tiberio se acusa una parquedad de fundaciones coloniales y de otros núcleos que gozaban de estatuto de privilegio; política que contrasta en gran manera con la desarrollada por sus predecesores César y Augusto. Entre ellas cabe citar la ciudad de Clunia (Peñalba de Castro), que fue elevada a la categoría de municipio, según acusan los magistrados de las emisiones numismáticas.

La epigrafía nos presenta a Tiberio como persona que fomentó la política de construcción de vías. A sus años de reinado pertenecen las siguientes: remata la vía Augusta completando el tramo entre Gades, Corduba y Cartago Nova, según certifican los miliarios (piedras que señalaban las millas en las vías). La vía Caesaraugusta - To- letum - Emerita, que unía diagonalmente los valles de los ríos Ebro, Tajo y Guadiana. Y remató la vía de La Plata que unía Emerita y Asturica, así como la de Bracara y Asturi- ca. Todas ellas con miliarios datados en el 33/34 d.C. Es probable que estas vías bus- caran el modo de aprovisionar a las tropas y trabajadores de los centros mineros del NE, así como la salida por mar, hacia el Mediterráneo, de los minerales extraídos.

Tiberio estructuró de manera definitiva el culto al Emperador, sabemos que en el 15 d.C., un año después de la muerte de Augusto, dio consentimiento para que se edi- ficara en Tarraco un templo y se le rindiera culto como a un dios. Hacia el 25 d.C. de- clinó la solicitud de la Bética que pretendía erigirle un templo en vida.

Diversas ciudades rindieron culto al Emperador entre ellas Olisipo, Carmo, Clu- nia y Saetabis y en algunas acuñaciones aparece la leyenda Deo Augusto. A su vez se crean los flamines y augustales como sacerdotes para este culto, de los cuales un ejemplo es el Pontifex Augusti citado en una inscripción de Italica. La divinización del Emperador y de su familia después de muertos es, pues, ya una realidad generalizada en toda Hispania. El documento del año 19 d.C., la Rogatio Ilicitana, establece los

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Los seis últimos años del reinado de Tiberio (31-37) se caracterizaron por su ti- ranía. El gran arma del poder, la lex de Maiestate, del periodo republicano, fue utilizada con normalidad para actuar contra todos aquellos de los que podía sospecharse que atentaban con acciones o palabras contra la seguridad del Estado o sus representan- tes. Los fiscales habituales fueron los delatores que podían beneficiarse de la persecu- ción y condena de los supuestos implicados con una recompensa pecuniaria. Se multi- plicaron los destierros y las confiscaciones.

38.2. “CAIUS” CALÍGULA (37 - 41 d.C.)

Pese a la brevedad de su reinado, la obra de Calígula en Hispania es importan- te. En primer lugar, llevó a cabo un desmantelamiento militar de Hispania que ya no era un país de guerra. Así la apaciguada Hispania veía reducida a una sola legión, la VI Victrix, y a varias unidades auxiliares la defensa del orden interno.

Bajo se reinado se contabilizan ocho cecas, todas ellas pertenecientes a la Ta- rraconense. Siguiendo acuñando monedas algunas ciudades que lo hicieron bajo Au- gusto y Tiberio (Bilbilis, Caesaraugusta, Carthago Nova y Osca). Vemos así que se tiende a una disminución de las emisiones locales. Esta reducción se debió a la inicia- ción de un proceso que finalizaría con la imposición de un tipo de moneda única roma- na, que se consolidaría bajo el reinado de Claudio.

Bajo el mando de Calígula también es importante destacar la continuación del desarrollo de la red viaria, sobre todo en el NW y en la Lusitania.

38.3. CLAUDIO (41 - 54 d.C.)

La rápida desaparición de Calígula motivó el que no dejara un heredero. El Se- nado romano quiso aprovechar esta coyuntura para restablecer el ansiado régimen re- publicano, pues no quería entender que los tiempos habían cambiado y que ahora la fuerza residía en el ejercito. Claudio fue proclamado emperador por los pretorianos; era un hombre inteligente, bien aconsejado por sus libertos e individuos pertenecientes al ordo ecuestre. Tuvo una visión universalista y generosa del imperio y de la ciudadanía romana: lo que le enfrentó al Senado. Sobresale su política económica en busca de nuevos centros mineros, la conquista de Britania y la promoción de Mauritania a pro- vincia. El impulso dado a la Hispania atlántica era parte de este programa.

La política hispana de Claudio ha merecido opiniones totalmente contrapuestas. Así,. Mientras Charlesworth dice que no dejó huellas importantes, los estudios de D. Nony prueban que mostró un gran interés, sobre todo por la Hispania Atlántica. Claudio ordenó a los gobernadores provinciales que atendiesen as quejas de los nativos, for- muladas en las asambleas provinciales, que consolidaban las funciones de los Conven- tos Jurídicos. Tenia buenas razones para vigilar la administración porque las provincias de Hispania debía aprovisionar a las legiones que actuaban en Mauritania para intentar sofocar las revueltas de indígenas.

Claudio se mostró generoso con las concesiones del derecho de ciudadanía a los provinciales, a la vez que aceleró la romanización mediante numerosas fundaciones coloniales. Según Séneca, Claudio había prometido otorgar la ciudadanía romana a todos los griegos, galos, hispanos y bretones. Pero a juzgar por los datos de la arqueo- logía y de las fuentes escritas, sólo dos ciudades se beneficiaron de su favor: Baelo Claudia (Bolonia, Cádiz), promovida al estatuto de ciudadanía, y Claudionerium (Mere-

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jo, Ría de Camariñas), de la que se ignora si fue una fundación nueva o si obtuvo el derecho de ciudadanía. A su vez, Iulia Traducta (Tarifa) adquirió el rango de colonia, pero no el título, al recibir veteranos de la guerra mauritana de Tingis (Tánger).

Algunos autores se han preguntado si bajo el reinado de Claudio existió un clan hispano. Entre los hombres mas destacados de su reinado son seguros de Hispania Umbronious Silius y C. Appius Iunious Silanus. A su vez inician su carrera ecuestre o senatorial los tres hermanos Séneca. El Emperador prosiguió en la política dinástica de promover económicamente todas las regiones hispanas, en particular la provincia de Lusitania y la mitad occidental de la Tarraconense. Su impulso de la Hispania atlántica encaja bien en el marco de política pro-occidental. De ello se benefició Bracara cuyo comercio fue muy importante este comercio irradiaría hacia el Mediterráneo y el Atlánti- co Norte. Respecto a las cecas hispanas conviene señalar su práctica desaparición, pues tan sólo contabilizamos la de Ebusus, que también cesará bajo su reinado. Su preocupación por el desarrollo de la red viaria queda manifiesta en la cuantía de milia- rios que se conservan de este emperador, hasta 21 en las vías de Bracara-Asturica, Bracara-Olisipo y en la vía de La Plata, que quedó prácticamente completada.

La arqueología y la epigrafía acusan el recuerdo de algunas de sus obras. Se aproximan a la docena las inscripciones dedicadas a Claudio: Nebrissa (Nebrija), Cas- tulo, Cabeza de Griego (Sodales Claudiani). A su vez se conservan seis retratos de Claudio y Agripina. Todos estos hallazgos se detectan en ciudades que gozaron de estatuto de privilegio. Según Mac Elderry son deudoras de algún tipo de favor a Claudio las ciudades de Clunia, Lucus Augustus, Pompaelo, Segobriga, etc.

38.4. NERÓN (54 - 68 d.C.)

A la muerte de Claudio fue designado heredero Nerón. Bajo este Emperador se va a producir un cambio en la política, pues los libertos, que tan importante papel hab- ían desempeñado en el reinado anterior, serán alejados de los altos organismos minis- teriales. Nerón volverá a iniciar una política de colaboración con el senado a merced de la influencia que sobre el ejercían el hispano Séneca y Burro, prefecto del pretorio, diri- gentes del nuevo régimen. Durante los primeros años de su reinado se inspiró en la política de Augusto; luego degenerará en una etapa despótica entre los años 62 y 68 d.C. para llegar a un trágico final de su mandato.

Merced a esta inspiración sabemos de una posible revuelta de los astures duran- te el reinado de Nerón, y que fue sofocada. La supuesta rebelión debió tener lugar en- tre los años 53 y 60 d.C.; la importancia del combate no debió ser grande y simplemen- te se limitaría a una acción de policía. Es decir, no debió participar toda la legión, sino tan solo una primera cohorte. También se produjeron durante su reinado algunas re- vueltas en las Islas Baleares que obligaron a la creación de una administración especial de la que se encargó un prefecto dependiente del gobernador de la Citerior.

Se suele decir que en tiempos de Nerón se produjo un movimiento de cristiani- zación de Hispania. La epístola dirigida por San Pablo a los romanos, redactada en Corinto (aprox. Entre el 53-58 d.C.), donde les promete venir a Roma e Hispania. Apre- sado en Jerusalén, fue conducido a Roma en el 61 en donde debió permanecer hasta el 63. Según s. Clemente, S. Pablo vino a Hispania, pero en honor a la verdad faltan hasta el momento testimonios que avalen la existencia de comunidades cristianas en estos momentos.

Entre los años 37 y 68 se produjo un debilitamiento del culto al emperador. En cambio, durante el reinado de Nerón prosiguió la política de fomento de la red viaria; se hicieron reparaciones en la vía Augusta, y que certifican el interés del Emperador por

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las comunicaciones de la zona norte de la Península.

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