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LA CRISIS ECONÓMICA DE FINALES DEL ALTO IMPERIO.

TEMA 17. LA ECONOMÍA HISPANA ALTOIMPERIAL.

62. LA CRISIS ECONÓMICA DE FINALES DEL ALTO IMPERIO.

62.1. CRISIS DE ÉPOCA DE LOS ANTONINOS Y DE LOS SEVEROS

En la segunda mitad del siglo II hay ya síntomas de crisis. En las fuentes escri- tas, se habla del agotamiento de Hispania que se ha relacionado con el exceso de re- clutamiento militar. Posteriores tesis centran dicho agotamiento de la ley de Trajano de que los senadores hispanos invirtiesen un tercio de su capital en Italia; ello produjo una importante fuga de capitales y de hombres, siendo especialmente grave para las pro- vincias de la Bética y la Tarraconense, de donde procedían los senadores hispanos.

En época de Marco Aurelio estalló una revuelta en Lusitania, cuya importancia y efecto sobre la economía se desconocen. Podía estar motivada por la dureza de las levas, por la recaudación de los tributos, y por la mala situación social y económica.

De esta época se conocen la desastrosa situación económica de algunas ciuda- des béticas. La aparición de mosaicos en las villas rústicas señala que los ricos iban abandonando poco a poco las ciudades. Los restos arqueológicos indican una disminu- ción importante de aceite y garum. La disminución de la moneda en circulación es un síntoma claro de una crisis fuerte en la economía.

La disminución de las explotaciones mineras en Huelva, a juzgar por las mone- das, demostraría que la producción era escasa. Después de los Severos prácticamente se dejó de trabajar en las minas del Noroeste por causas desconocidas.

Las calzadas no se repararon. Las invasiones de moros indican la mala situación de la Bética.

62.2. CRISIS DEL SIGLO III

La economía hispana desde finales de la dinastía de los Severos hasta la inva- sión de los francos en época de Galieno se debió mantener en líneas generales uni- forme. Esta invasión cambió radicalmente la situación económica.

Varios autores antiguos aludieron a tal invasión. Los restos arqueológicos seña- lan grandes destrucciones por estos años. En Cataluña, se interrumpe la vida en la Neapolis de Ampurias, Barcelona y Gerona fueron duramente castigadas. Se destruye- ron diversas villas como Tossa del Mar, Sabadell, el castro de San Cugat del Vallés. Tarragona también fue castigada.

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Las destrucciones continuaron en la costa levantina, Tossal de Manises entró en una gran decadencia. A mediados del siglo III Ilici sufrió destrucciones. Castulo fue to- talmente arrasada y la ciudad del siglo IV está levantada con material de deshecho.

Destrucciones se documentan en la Meseta, como en las villas de Dueñas (Pa- lencia), de Prado (Valladolid). Clunia fue destruida e incendiada, al igual que Lancia (León).

En el Sur debió ser saqueada Itálica. Algunas fábricas de salazones o cesaron en el trabajo o lo aminoraron, como las de Jávea (Alicante), Cerro del Trigo (Huelva), Mellaria, Carteria, etc. Aunque estas fábricas podían estar afectadas por la acción de los piratas en tiempos de Probo.

Se ha supuesto dos invasiones francas en el siglo III. La invasión de la época de Galieno saquearía las ciudades de la costa levantina, de la Bética, y del norte de Mauri- tania Tingitana. El número de invasores y las destrucciones no se pueden fijar, pero un dato relevante lo da Osorio, al decir que los invasores vivieron sobre el terreno casi 12 años, lo que explica el gran número de destrucciones, al ser pueblos en movimientos. La segunda invasión entraría por Navarra, azotaría la Meseta Norte y pasaría a Lusita- nia.

El norte de Hispania, que seguía con una economía prerromana no fue afectado ni por la invasión, ni por la crisis del siglo III.

En la segunda mitad del siglo III hubo otros acontecimientos que explicarían las destrucciones y ocultamientos de tesorillos, como el dominio de Póstumo en Hispania, o de Próculo y Bonoso, y la extensión del movimiento bagáudico, ya brotado en el sur de la Galia.

62.3. EFECTOS DE LA INVASIÓN FRANCA

Las invasiones de los francos significaron un corte total en la vida política, social y económica de la Hispania. Comienza la ruralización en gran escala de la Península Ibérica. La economía hispana en lo referente a producción y exportación sufrió un im- presionante descenso. Por vez primera, regiones ricas, como la Bética y Levante, fue- ron arrasadas, con villas y ciudades destruidas y la población mermada considerable- mente.

La decadencia de municipios, cuyas finanzas ya en el siglo pasado no eran bue- nas, se acentúan ahora.

Los cementerios de la segunda mitad del siglo III de Ampurias, Valencia, Tarra- gona, etc. prueban una gran pobreza, generalizada en la población.

La disposición de Probo de permitir plantar vides a los hispanos puede enten- derse como una incentivación para salir de la crisis.

Esta crisis agudizará el proceso puesto en marcha de la ruralización de la pobla- ción y la aparición de los grandes latifundios, el colonato, etc.

Hispania comenzó a recuperarse a finales del siglo III.

62.4. CIRCULACIÓN MONETAL

Entre los años 193 y 260, en toda Hispania, se observa la progresiva desapari- ción del sestercio, desplazado por la moneda vellón.

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El antoniniano llegó con cierto retraso, y en escaso número, lo que motivo que se mantuviera la circulación del bronce. Se impuso la moneda radiada. Es la única que circuló depreciándose continuamente y aumentando su número. Hasta Constantino sólo circula el vellón.

A partir del 260 aumentó la tesaurización. La moneda se deprecia continuamente y aumenta su número en circulación.

La mayoría de las monedas de los últimos años del gobierno de Galieno proce- den de talleres romanos. En tiempos de Diocleciano estos talleres perdieron su mono- polio. Un número elevado de monedas proceden de cecas orientales, seguidas por las de talleres romanos de Cartago y de la Galia.

NOTA.- Otras preguntas no contempladas en el temario, pero que aparecen en el libro.

62.5. ARTESANADO

Los talleres de tradición indígena, como el de Clunia, continuaron trabajando y exportaba sus productos a Numantia, Termantia, Langa del Duero, llegando hasta Ma- drid. En Tricio se encontraba un taller de sigillata hispana, que ha dado una gran canti- dad de moldes. Exportaba sus productos a Lancia, Asturica Augusta, Emerita, Itálica.

La comercialización de estos productos cerámicos precisaban de redes de distri- bución, transportes, almacenes, etc. muy abundantes y perfeccionados.

En Hispania también había fábricas de vidrio. Se han hallado en Santa Colomba de Somoza (León) y en Mataró, pero no parecen anteriores al siglo II.

En el valle del Guadalquivir hay vidrio de calidad, en fecha temprana. Estos talle- res dependían de las fábricas sirias de vidrio soplado. Estas fábricas hispanos produc- ían vasos con escenas de circo y anfiteatro.

Famosas fueron las fundiciones de Bilbilis y Turiaso, de las que se conservan ejemplares muy buenos, como el busto de Tiberio.

Los talleres que labraban la piedra estaban muy activos en época julio-claudia, principalmente en la Bética, como se deduce de las cabezas de Druso el Mayor, de Augusto, de Germánico, etc. En la capital de Lusitania trabajó un taller de gran calidad artística, que produjo excelentes retratos.

Plinio ha recogido las noticias de algunos inventos hispánicos, como el cedazo y el tamiz de lino.

Artistas griegos trabajaron el mármol en Hispania. Tarragona, Itálica y Emerita son las ciudades que contaron con mejores talleres de esculturas.

En los dos primeros siglos el mosaico hispano acusa influjo itálico y es en blanco y negro. A partir de ahora, se generalizan los mosaicos en colores.

62.6. COSTO DE VIDA

En opinión de Marcial el coste de vida era mucho más bajo que en Roma. Debe referirse principalmente a Bilbilis.

Circulación monetaria.- La circulación monetaria fue intensa en los años de Au- gusto-Claudio, 21 ciudades hispanas acuñan monedas; disminuye con Nerón y Vitelio, desapareciendo las acuñaciones hispanas. Una intensa circulación se dio entre los

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años de Vespasiano a Marco Aurelio. Declinó con Cómodo, y más todavía con Sépti- mio Severo. En los dos primeros siglo dominaron el sestercio y el vellón.

Grandes terratenientes.- La existencia de grandes capitales queda bien reflejada en el lujo de algunos de los monumentos funerarios, como en la llamada tumba de Ser- vilia, en la necrópolis de Carmona, o la Torre de los Escipiones en Tarragona.

Se conocen algunos nombres de ricos importantes. Séneca el Retórico alude a riquísimas familias béticas.

La Península ofrecía grandes contrastes entre la Bética, la costa levantina y el valle del Ebro por un lado y el norte del río Duero hasta el Cantábrico, que seguía con una economía prerromana.

Patrimonio Imperial.- Era numeroso, pero no está bien localizado. Monopolio es- tatal eran las minas de oro. Al patrimonio imperial pasaron las minas confiscadas de S. Mario. Los juegos de gladiadores fueron una fuente de ingresos importante.

Gasto público.- El gasto público era el pago de la administración, la reparación de las calzadas y el sostenimiento del ejército. Terminadas las guerras cántabras, sólo la legio VII Gemina, estuvo acuartelada.

Impuestos.- Los impuestos indirectos eran la quinquagesima sobre la explota- ción; la vigésima sobre la herencia y la vigésima sobre la venta de esclavos.

Los censos perfeccionaron el sistema de impuestos sobre personas y riquezas. Se ocuparon de ellos los equites.

Las aduanas se encontraban colocadas en las principales ciudades. Los escla- vos controlaban las mercancías en el momento del embarque.

Centros comerciales.- Durante la época imperial y hasta de decadencia de la ciudad, continuaron los mismos centros comerciales que al final de la República. Roma favoreció la creación de fora, mercados, que dieron lugar con el tiempo a las ciudades. Además servían a la administración para recaudar tributos, lugar de reclutamiento. Su creación , por lo general, debe datarse de finales del siglo I d. C., como el Forum Limi- corum, en Guinzo de Limia, Orense, donde comerciaban los límicos; el Forum Biballo- rum, mercado de los bibalos, etc.

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