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EL ATAQUE AL HMS INVINCIBLE

Seguramente uno de los ataques que más peligro y animosidad resultó llevar a cabo, fue el ataque a unos de sus dos portaaviones, el HMS Invincible. El almirante Woodward sabía que ante la eventual pérdida de uno de sus dos portaaviones resultaría un desastre y se volvería aun más complicado recuperar las islas. Ya se habían perdido dos importantes escoltas de protección aérea y no se debía improvisar más. De eso eran concientes tanto en Londres como en el Pentágono. Cabe destacar que al tratar este tema, los argentinos tienen un relato que es distinto al de los ingleses que aun hoy, se niegan a reconocer dicho ataque. Si bien en el ataque, que por cierto no fue del todo exitoso, para ser objetivos, resulto un acto de animosidad y demostró lo cual profesional que era, en este caso la armada argentina. Para dicha operación resulto “elemental” el manejo de la información. Había que hacer un buen uso racional de la información que se iba obteniendo. Para el 20-21 de mayo en las centrales de comando de la marina como en Puerto Argentino, no se conocía la posición exacta de los portaaviones.

Durante las operaciones aéreas, los pilotos al regresar al continente no informaban con precisión y borraban los datos de las posiciones de los Harriers, es decir por donde aparecían y por donde desaparecían para lograr determinar a medida de estimación a donde estaba operando el portaaviones. Como decía, la “Armada argentina” se enorgullece por contar con la mejor inteligencia y lo demostró en Malvinas a la hora de llevar a cabo el ataque al portaaviones HMS Invincible. Hundir el portaaviones significaba para nuestra aviación el adueñarse de la supremacía aérea del territorio ya que los Harriers representaban una letal amenaza debido- no precisamente en su cantidad (había 28 en total en sus dos portaaviones) sino a su cualidad de avión; me refiero a su mortífero misil de fabricación norteamericana “Sidewinder” como su capacidad de aterrizaje vertical. De esta manera, el 30 de mayo se planificó, porque así lo hacia posible el tiempo, la operación del hundimiento del portaaviones. Previamente la marina argentina había interpretado los avistamientos de los pilotos y había estimado la posición de los portaaviones haciendo una especie de “banana geográfica” y estimando que los portaaviones se encontraban al este de las islas, como lo dispuso Woodward, posición que dificultarían la llegada de los aviones, debido a la escasa autonomia de vuelo que tenían los aparatos argentinos al partir desde sus bases en tierra. Los portaaviones solo se acercaban muy esporádicamente en cercanías de las islas. Y el portaavión se encontraba al este de las islas.

La operación

En el ataque del portaaviones “HMS Invincible”, que fue un resultado de una operación en

conjunto de la Marina y la Fuerza Aérea, pero principalmente se encomendó a la armada dicha operación utilizando, como en el ataque al Sheffield el 4 de mayo, aviones Super Etendard y uno de ellos, con el último misil Exocet que había. Los pilotos (de elite, por cierto) para dicha operación fueron el capitán de corbeta Alejandro Francisco, quien llevaría el misil y el Teniente de Navío Luis Collavino con el apoyo de radar, y las tácticas teóricamente seria las mismas empleadas en su anterior misión del hundimiento del Sheffield, que tan buen resultado dio a la armada. Previamente se reabastecieron en vuelo, operación llevada a cabo por un avión Hércules C- 130 y posteriormente se dirigieron a la posición que se les habían informado. Paralelamente en apoyo a los Super Etendard de la marina, partían desde la base de Rio Grande cinco aviones A 4 al mando del Teniente Daniel Vásquez, y el Primer Teniente Daniel Ureta eligiendo como compañeros de escuadra al primer Teniente Castillo, el Teniente Paredi, y el Alférez

Isaac. De esta manera se mando a la misión de ataque al portaaviones en total a 8 aviones. Durante el

trayecto, los pilotos de los Super Etendard no se habían enterado de la decisión de los acompañamientos de los aviones A 4, lo que causó cierto malestar entre estos pilotos. Se cambia la estrategia. Así los 8 aviones se encontrarían unidos siguiendo un curso nordeste, en los cuales se sucederían los correspondientes reabastecimiento de combustible en vuelo, mientras tanto los aviones cisterna se encontrarían permanentemente en el sur de las islas a la espera del regreso.

El blanco se encontraba, exactamente en la posición sur 53° 38´ y los aviones se unirían en 55°50´ / 58° o, donde se haría el reabastecimiento. Para dicha operación en sus primer momento y siendo

prioridad el ataque con el misil, los Super Etendard se aproximaría a una distancia de 38 kilómetros y arrojarían el misil para luego aviones los aviones A 4 se encargaran de seguir la estela del misil y tomar por sorpresa al buque, lanzando bombas y cohetes en su paso a baja altura. Se cumplió a rajatabla dicha operación resultando abatido el primer teniente Vásquez, aparentemente por un misil de protección aérea Sea Dart de un escolta o del mismo portaavión. Los tres restantes aviones siguen en trayectoria y donde otro misil Sea Dart derriba el avión de Castillo. Siguen adelante el primer teniente Ureta e Isaac donde estos alcanzan a arrojar sus bombas y luego regresando rápidamente, y sin perder tiempo debido la escasez de combustible, a la base de Rio Grande, en el continente.

Acababa así la misión más larga y peligrosa que se había planificado. El portaaviones Invincible, no resultó así muy “Invencible” que digamos. Fue burlado y atacado por nuestros aviones, resultando así una de las operaciones más peligrosas y controvertidas, si vamos a que los ingleses mismos no reconocen los daños del portaavión. Éste fue reparado rápidamente y la información se mantiene en secreto. Según fuentes británicas lo que los argentinos atacaron era el casco del porta contenedores Atlantic Convenyor que todavía no se terminaban por ir al fondo del mar, o el destructor Exeter; hecho que demuestra el falaz argumento y evasivas por parte de los ingleses. No resulta nada complicado, el reconocimiento por parte de nuestros pilotos, las siluetas de un destructor, fragata o un portaavión. Era inconfundible su silueta; ¡Pues la eslora de éste mide un poco más de 200 metros! Quedaba así inutilizada la segunda nave en importancia de la Task Force. El gobierno en Londres con respecto a la información del Invincible, la cajoneó y puso en calidad de “Secreto de Estado” el ataque del Invincible y se podrá tener acceso a dicha información dentro de unos ochenta años. Luego de la guerra de las Malvinas, los norteamericanos ayudaron a la Task Force en equipar al Invincible y sus gemelos de mejores sistemas de misiles y una eficaz inmunidad antiaérea.

Para ser sincero, en cuanto a estos mortíferos misiles Exocets, La armada argentina tenía solo unos pocos, unos 5 misiles que habían sido adquiridos a Francia junto a los 5 primeros aviones. Pero el gobierno argentino, tras conocer el embargo de armas y la cancelación de los restantes aviones con sus respectivos misiles, intentó desesperadamente adquirir estos misiles a países árabes o en el mercado negro. Con respecto a esto, se mandaron vuelos de “Aerolíneas Argentinas” a Libia para tratar de conseguir unos cuantos misiles más. Ese acto del ataque al portaaviones resultó una de las últimas operaciones en materia naval, quedando así por esperar los cruentos combates en tierra que se libraban ya para ese entonces, es decir luego del 30 de mayo.

Luego años posteriores a la guerra, el ex secretario de estado norteamericano Alexander Haig, afirmó que Rusia estaba dispuesta a hundir un portaaviones inglés, posiblemente el Invincible, y dejar que la Argentina se lo atribuya como una acción propia. (El Liberal, lunes 26 de marzo de 1984.) En efecto, Rusia apoyaba la ocupación argentina en las Malvinas y repudiaba la acción colonialista inglesa, inclusive este país estaba dispuesto a brindar ayuda a la Argentina, lo cual fue desestimado ya que nuestro país se defendería solo y no podía por lo tanto, aceptar ayudas extranjeras, lo cual se apartaría de los valores de occidente y ampliaría aún más el conflicto arrastrando a demás países en algo de mayores dimensiones.