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Conociendo al Conqueror

La morfología del tipo “Conqueror” es la siguiente: Tiene una eslora de 87 metros, menos que los del tipo “O”, sus predecesores, pero es más ancho. Tiene un desplazamiento en inmersión de 4.900 toneladas, o sea el doble que los submarinos tipo 209 – Salta. Son los sucesores del tipo “Valiant”, derivados del prototipo “Dreadnougth”. El armamento de este asesino sumergible es de diverso tipo; poseía 6 tubos lanzatorpedos en proa que podía disparar misiles anti buques “Harpoon”, los “Tigerfish” o de corto alcance, el Mark VIII. El Conqueror y su idéntico, el HMS Courageous, de clase “Churchill” ambos, fueron comisionados en 1971, y se les reconocen también, por unas característica especiales, ya que llevan en su casco planchas de caucho para dificultar su detección por sonar y por sus aletas estabilizadoras.

Foto: un submarino a propulsión nuclear HMS Courageous, de clase Churchill.

Sobre el accionar de los submarinos Splendid, Spartan, Courageous, Valiant y Onix, no se sabe a ciencia cierta su accionar durante el conflicto. No hay en su haber, enfrentamientos con naves argentinas o activa participación bélica. Solo el Conqueror tuvo una activa participación, hundiendo al crucero Belgrano en las aguas frías del Atlántico Sur fuera -aparentemente- de la zona de exclusión marítima, pereciendo cerca de 320 tripulantes del crucero. El submarino llevaba armamento que hasta el momento no había sido utilizado en una guerra moderna: el MK 24. No obstante para atacar al Belgrano, se optó por usar los torpedos de corto alcance MARK VIII, haciendo impacto dos en el crucero y uno, posiblemente en el destructor Bouchard, pero este último no explotaría. A su regreso a la base de Escocia, el Conqueror había subido en su cubierta superior, la tradicional bandera “pirata”, lo que causó controversia entre la poca gente que allí se encontraba. Más bien no fueron recibidos con algarabía sino un recibimiento frío por parte de sus familiares. Este acto sigue siendo polémico sobre todo el cobarde accionar de dicho submarino, pero se debió a una astuta jugada política desde Inglaterra, al dar órdenes de torpedear al Belgrano.

Como dijo veinte años después un tripulante de Conqueror: “Ese mismo político que me mando

allí, ahora se escandaliza por el accionar de nosotros, al tener todo derecho de poner la bandera que así nos parezca”.“Esos mismos políticos, que no comprenden el accionar de un submarino, no se lo debe nombrar, y ahí estaban ellos para recriminarnos dicha actitud.” La fuerza de submarinos estaba

comandada por PGM Herbert.

Foto: el Belgrano es abandonado por su tripulación en sus balsas autoinflabes.

En su misión el submarino se libraba del potencial peligro del crucero y sus escoltas al torpedear desde una distancia de unos pocos kilómetros, como a unos 5 kilómetros. La posición del ARA Belgrano, según se dijo, era de regreso al continente, o sea navegaba hacia el oeste, y de esta manera hay que desechar argumentos que este navío estaba listo para atacar a las naves inglesas. En el ataque murieron un poco más de 300 marineros, muchos de ellos conscriptos. Desde Buenos Aires el Estado Mayor del Ejército había comunicado un parte sosteniendo que el crucero había recibido sólo averías y que la situación estaba controlada. Los torpedos del Conqueror dieron en la proa del buque, produciendo que el casco se partiera en la zona de la artillería. Como lo señalaría un tripulante y testigo del ataque: “luego de

disparar los torpedos, uno se siente un poco mal, se debe a que el buque a que uno dispara hay vidas humanas, y no sabes que pasara. Es algo estremecedor. Ahí encerrados, se siente como el zumbido de un juego de platos de loza que se parten en mil pedazos, o como una araña de un juego de luces que se cae súbitamente. Así se siente el impacto de los torpedos”. Por suerte hubo balsas que llegaron a los buques de

ayuda, como el Gurruchaga y el Bouchard, pero hubo balsas que nunca las encontraron.

En un relato - que no deja de ser emotivo- el capitán del Belgrano, Héctor Bonzo decía: “Fue como

si el viejo crucero le llegara su fin, y así fue. Yo por mi parte me quedé hasta el último, contemplando como llegaba a su fin. En compañía de un suboficial, los dos en la proa del buque nos miramos, no

sabíamos si lo hacíamos por última vez, nos deseamos suerte, y nos arrojamos a buscar una balsa. Ya desde el mar, miraba como se iba al fondo lentamente, y aún cuando existía la posibilidad de que se arrastre consigo balsas. Pero el crucero se tomó su tiempo al hundirse, fue como si nos esperara a que las balsas se alejen mas del lugar y dejarlo así solo al crucero y contemplar como se iba al fondo; grande como lo fue en su vida, se despidió tristemente de nosotros”

Esa fue la triste travesía del viejo crucero y esto significó el primer acto de guerra en materia naval,

controvertido, y muy discutido a nuestros días, por cierto. Según reportes de capitanes de submarinos británicos, dicho crucero representaba una potencial amenaza para la Task Force por llevar el Belgrano misiles Exocet y una potente artillería.

EL MISTERIO DEL ARA SALTA

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Quizás uno de los secretos mejores guardados es la misión - o las misiones- si tenemos en cuenta a

los submarinos ARA San Luis y Santa fé, es además saber que pasó con uno de nuestros submarinos: el ARA Salta.1 Por empezar el ARA Salta no pudo intervenir del conflicto.

Aquí me propongo a develar que ocurrió realmente sobre este submarino ya que circularon muchas versiones en la armada por la suerte del mismo. Sobre el Salta me baso principalmente en un articulo que le hicieron en su oportunidad a al capitán de fragata (RE) Roberto Salinas, precisamente ex comandante del ARA Salta, en el mes de julio de 2001. Al inicio del conflicto, el ARA Salta, uno de nuestros dos submarinos clase 209 de fabricación alemana y que supuestamente era el que mejor condiciones se encontraba, al igual que su gemelo, ARA San Luis. Para abril de 1982 el ARA Salta este se encontraba en Puerto Madryn realizando una serie de pruebas. Durante las pruebas realizadas el submarino debió pasar a dique seco por razones de mantenimientos. El problema detectado era el excesivo ruido que éste hacia lo cual lo convertiría en una presa fácil ya sea para los destructores y fragatas o los helicópteros. Además su comandante debió ser rápidamente relevado por problemas de salud lo cual dificultó aun más la operación de dicho submarino.

Bóveda, Jorge Rafael, “Todo es Historia” op. cit. Luna, Félix. “El secreto del Salta” 1 El ARA Salta por ese tiempo tenía unos 9 años de vida operacional en la armada argentina.

El relevo del comandante de la unidad a pocos días de iniciado el conflicto con Inglaterra incidió negativamente en la moral de la plana mayor y tripulación del buque.

El vicealmirante Juan José Lombardo, un veterano oficial de submarinos, y el entonces COFUERSUB5 (Capitán de Navío Eulogio Moya Latrubesse) se abocaron a la búsqueda urgente de un reemplazante que pudiera alistar el buque para su rápido despliegue a la zona de operaciones. La elección recayó en el capitán de Fragata Roberto F. Salinas, a la sazón edecán naval del presidente de la República. Este oficial había egresado en el segundo lugar de su promoción de la Escuela Naval Militar, era ex comandante del ARA SALTA y le precedía una reputación de submarinista experimentado con una intachable foja de servicios.

El 13 de abril de 1982 el Capitán SALINAS recibió una comunicación del Director General de Personal Naval (DGPN) ordenándole hacerse cargo del "comando accidental" del ARA SALTA para lo cual debía presentarse en el término de 24 horas en la BNPB. La noticia lo sobresaltó pues hacía poco más de dos años que no ejercía el comando de un submarino clase SALTA, desconocía por completo el estado de adiestramiento de la nueva dotación y la situación operativa de la unidad. Para agravar aún más las cosas la Fuerza de Submarinos carecía de experiencia de combate sobre la cual apoyarse, desconocía la capacidad antisubmarina desplegada por el enemigo y no disponía de una doctrina de combate preestablecida para hacer frente a la flota inglesa, dado que Inglaterra no constituía una hipótesis de conflicto para la Argentina. En ese contexto no cabía otra alternativa que improvisar sobre la marcha y esperar lo mejor.

Al día siguiente se presentó ante el COFUERSUB para asumir su nuevo comando, pero se le informó que no podría hacerlo hasta el 17 de abril, pues el buque acababa de salir de dique seco y estaba siendo sometido a una prueba de ruidos en aguas de el rincón bajo el mando del segundo, Capitán de Corbeta Esteban J. Arata. Este oficial se había desempeñado como subdirector de la Escuela de Submarinos en Mar del Plata cuando Salinas ocupaba el cargo de director, por lo que ambos oficiales se conocían bien. Al regresar el buque de una corta navegación el Capitán Arata informó que el problema de los ruidos y vibraciones de origen desconocido aún subsistía. El COFUERSUB ordenó entonces someter el buque a una nueva revisión en dique seco, debiendo el personal del Taller de la BNPB desmontar el eje y la hélice de cinco palas de paso fijo de 3,20 metros de diámetro, el sello de popa, etc. Para efectuarle una recorrida completa. Mientras se realizaban los trabajos de reparación se recibieron varias alarmas de

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ataque aéreo, pues se temían posibles bombardeos de los Vulcan, lo que obligó a inundar repetidamente el dique seco para poder remolcar al submarino a un lugar menos expuesto. Por fortuna los temidos bombardeos nunca se llevaron a cabo.

El Capitán de Corbeta Esteban Arata, luego segundo comandante del ARA Salta durante el conflicto con Gran Bretaña en 1982 y tripulante de Submarinos de Mar del Plata. Dos semanas después, sin que se hubieran determinado aún las causas de los ruidos del buque, Salinas zarpó con destino a la Base Naval de Mar del Plata para alistamiento de campaña de guerra. Ya navegando en superficie por el canal y encontrándose el buque a la altura de la boya Nº 9 recibió la orden de regresar a puerto pues se había informado que un avión explorador propio había detectado un submarino nuclear (presumiblemente enemigo) navegando en superficie a unas 80/100 millas náuticas de la boya faro (referencia náutica que señala el comienzo del canal de acceso a la BNPB). Como consecuencia de este hecho el COFUERSUB ordenó alistar el buque en la BNPB solución que el Capitán Salinas ya había sugerido antes de zarpar por cuanto consideraba que el puerto de Mar del Plata era notoriamente indiscreto para tal maniobra, pudiendo la inteligencia enemiga conocer con exactitud el día y la hora en que el SALTA se hiciera a la mar si la base era observada por agentes enemigos, tal como parece haber ocurrido con el crucero ARA General Belgrano cuando zarpó de Ushuaia.

A principios de mayo se recibieron alarmantes informes del ARA SAN LUIS que daban cuenta de que los torpedos SST-4 no eran confiables, dado que había efectuado dos lanzamientos fallidos contra unidades de superficie enemigas y uno contra un presunto blanco submarino, sin poder determinarse el origen de las fallas. Estas eran pésimas noticias para el ARA SALTA ya que además del problema de los ruidos sin resolver debía ahora vislumbrar que iría a combatir al enemigo sin perspectivas de éxito, como consecuencia del mal funcionamiento de los torpedos.

Para atacar el problema el 12 de mayo de 1982 el COFUERSUB creó una comisión especial integrada por cuatro oficiales, presidida por el propio Salinas para analizar y determinar las causas de los frustrados ataques del ARA SAN LUIS y evaluar la confiabilidad del sistema de armas proponiendo las medidas adecuadas para poner el sistema en condiciones operativas. Dado los limitados medios técnicos disponibles y los términos perentorios impuestos a la comisión para efectuar su evaluación se emitió un informe parcial a las 72 horas sin poder llegar a determinarse, fehacientemente, el del ejercicio sobre un blanco reconvenido ubicado convenientemente al frente del submarino.

En la actualidad el submarino ARA Salta es parte de la fuerza de submarinos de la Argentina junto a los submarinos ARA San Juan y Santa Cruz, también de fabricación alemana y que pertenecen a una generación más nueva de sumergibles. Estos fueron entregados al país en 1983 y 1984. El Salta fue sometido a un proceso de modernización en los astilleros de Río Santiago en 1995, y continua operable en la actualidad. La infructuosa operación del Salta demostró luego de la guerra que tan rezagada había quedado la armada argentina en materia de guerra submarina, cuando otros países desarrollados ya habían optado hace tiempo por el empleo del arma submarina como componente importante de la flota.