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La cápsula del tiempo

In document Tesis Doctoral Manuel Gandara (página 38-40)

En cierto sentido, decíamos que el centro de este trabajo es como una “cápsula del tiempo”. Es decir, como esas muestras de una generación que incluyen elementos representativos de un momento histórico y son luego enterradas dentro de contenedores especiales que aumentan la probabilidad de que se preserven para el futuro. Los estadounidenses lo hacen de manera regular.

Mi cápsula del tiempo tiene que ver con la discusión sobre el origen del

estado, tal como ésta se daba, sobre todo en el mundo anglosajón, alrededor del momento en que se publica The Basin of Mexico [1979). Es decir, tomando la obra de SPS como eje, examinaré, en la medida de lo posible, con los ojos de ese momento, que me tocó vivir y con las herramientas disponibles para esa época, el debate en torno a esta teoría y, en particular, sobre su estatuto: el mejor ejemplo de una teoría refutada, o una teoría prácticamente corroborada, al grado de convertirse en “La Biblia Verde”. Limito de esta manera el ámbito del estudio, dado que no pretendo rastrear ni todos los antecedentes que llevaron a la publicación del libro desde décadas atrás, ni todas las reacciones que la teoría ha suscitado desde 1979 hasta nuestros días, simplemente porque una empresa de tal tamaño rebasa tanto las posibilidades de tiempo como las de conocimientos que este doctorante tiene en esta coyuntura particular. También encuentro muy difícil (y vaya que si lo intenté), el mantener una narrativa en varios planos temporales: lo que se pensaba en la época, pero cómo luego la teoría en arqueología cambió y qué efecto tuvo una década después esto en las evaluaciones del problema, que a su vez estaban inspiradas en cambios en la filosofía de la ciencia de la década previa, etc. Aquello es realmente imposible de resolver, al menos con las restricciones que tiene el texto linear. Albergué ingenuas fantasías en algún momento en torno a resolverlo mediante el recurso del hipertexto, dado que ahora

crear un texto que contenga a otros textos y establezca ligas entre sus componentes es algo que incluso el procesador de palabras que estoy usando podría en principio resolver. El asunto es el tiempo requerido para resolverlo. Así que abandoné (más tarde de lo que la prudencia hubiera requerido) esa pretensión y opté por este otro recurso, el de limitar el trabajo a un marco temporal en torno a 1979, fecha de publicación de la teoría de SPS.

Ello no implica que no buscara reconstruir al menos parte de la historia de la recepción de la teoría, o rastreara algunos impactos más tardíos que los años inmediatamente subsecuentes a su publicación. En particular, el debate entre el grupo de Michigan (del que era miembro Blanton en ese momento) y el de Penn State (el departamento desde el que se construyó la teoría), no terminó con la reseña de Blanton que citamos antes. El intercambio entre los alumnos y seguidores de Sanders y los de Flannery prácticamente ha seguido dos décadas después. El corpus resultante –centrado muchas veces en cuestiones de detalle empírico- es enorme y no todo relevante a mi interés central aquí: el de ver cómo se resuelve el problema de determinar si una teoría está refutada o no. Es en ese sentido que la teoría de SPS es interesante para mí. Un trabajo de historiografía de sobre cómo se han entrelazado y reaccionado la una a la otra las obras de estos dos gigantes de la arqueología y sus respectivos seguidores es una tarea altamente apetecible, pero no la mía en esta tesis.

Recuperaré solamente un momento en esa trayectoria que queda fuera de momento histórico de interés señalado (finales de la década de los 70’s, inicio de los 80s’s), que es el nuevo intercambio entre ambos bandos a raíz del libro editado por Marcus precisamente para contestar a dos interlocutores: Sanders, por un lado y Marcos Winter por otro, a inicios de la década de 1990. Y lo hago porque el discurso de Blanton en este nuevo enfrentamiento explícitamente hace uso de la filosofía de la ciencia, para tratar de presentar una imagen de Sanders, ya no solamente como un arqueólogo necio que propone teorías obsoletas, sino como un ejemplo de “deshonestidad intelectual” y el problema sigue siendo la manera en que se interpretan los datos tanto de la Cuenca de México como del Valle de Oaxaca y los puntos de vista que conducen hasta dos visiones diferentes.

Así, nuestra atención se centrará en esa cápsula del tiempo, de la que solamente saldremos en la tercera parte de este texto, para tratar de evaluar una intuición que me persigue desde 1982: hasta dónde el refutar a diestra y siniestra teorías podría llevar de regreso a la arqueología hacia una nueva forma de particularismo histórico. Las recientes pretensiones de Yoffee [2005) de haber refutado ya no una teoría en particular, sino toda una posición teórica, la que él llama “neoevolucionismo” y en la que ubica explícitamente a Sanders [Id.:20, 22, 26). Aunque pudiera ser una casualidad, Yoffee labora para la misma universidad que Flannery: la Universidad de Michigan.

Es importante aclarar, de entrada, precisamente en el contexto del diálogo entre estos dos grupos, que la iniciativa de tomar como caso de estudio la teoría

de SPS no es el resultado de una sugerencia o solicitud por parte de Sanders o alguno de los otros autores. Por el contrario, una vez en los 80’s, otra en los 90’s y ahora que Sanders vino al Centro de Estudios Arqueológicos [CEQ) del Colegio de Michoacán (COLMICH) en marzo de 2007 explícitamente a que lo entrevistara en torno a mi análisis de su teoría, Sanders se ha mostrado reticente (e inclusive uno podría pensar que hasta no tan terriblemente entusiasmado) con la idea. Como me dijo esta última vez, antes de empezar con las entrevistas formales: “Pero Manuel, ¿realmente necesitamos resucitar ese debate? Es agua que hace tiempo pasó debajo del puente [expresión inglesa para indicar que algo es cosa del pasado]. ¿Tiene sentido volver a revivir todo ese asunto? [Sanders, comunicación personal, La Piedad, Mich. Marzo 2007). Yo creo que sí. Y si bien Sanders optó por nunca contestarle (al menos no directamente) a Blanton o a otros de sus críticos y yo no tengo especial interés en molestar o enemistarme ni con el grupo de Oaxaca ni con Blanton, a quien conocí en 1973 y por el que siento un gran respeto, creo que sí es necesario que se oiga “el punto de vista opuesto”, como dicen en las noticias norteamericanas. Me parece un asunto de elemental justicia. Del resultado el lector será el árbitro.

In document Tesis Doctoral Manuel Gandara (página 38-40)