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El debate sobre la escala de análisis y la estructura de las teorías

In document Tesis Doctoral Manuel Gandara (página 173-178)

Una de las más acaloradas discusiones en la filosofía de la ciencia durante la década de 1970 tuvo que ver con la estructura de las teorías [Suppe 1977c]. La obra de Kuhn sacudió repentinamente no sólo las ideas sobre cuál era la metodología que en realidad habían empleado los científicos a lo largo de la historia, sino sobre cuál es la unidad de análisis correcta para estudiar el cambio científico. Como vimos rápidamente en el cap. 2, lo que sucedió es que la escala del análisis había cambiado. Si Kuhn tenía razón, existía ahora una escala no prevista antes (salvo quizá por filósofos como Quine, para la que las teorías desde siempre fueron totalidades): la escala nueva era la de los paradigmas. Fue inmediatamente reconocida como legítima e importante, aunque los detalles de su constitución interior no siempre coincidieran con la propuesta de Kuhn. Lakatos [1983 (orig. 1970)] propuso sus “programas de investigación científica” y autores como Laudan intentaron depurar y clarificar la propuesta de Kuhn [Laudan 1984; Laudan and Álvarez Álvarez 1990].

Nuestra propia propuesta que, por supuesto, de ninguna manera intenta ser de la envergadura o generalidad de cualquiera de las mencionadas arriba, retoma la idea central de que hay diferentes escalas a las que puede proceder el análisis. En la Primera Parte de esta tesis hemos presentado la escala más grande, la de la posición teórica (que, a su vez, se engloba dentro de “tradiciones académicas”) 

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así como sus componentes y la mecánica de análisis a seguir en la identificación y evaluación crítica de posiciones teóricas.

El énfasis en esta escala, sin embargo, parecería ahora restar importancia a escalas menores de trabajo, o incluso poner en duda que es factible su análisis, salvo como un elemento subordinado a y dependiente de, el contexto de las

Mi uso de este término difiere del de Laudan ya mencionado, o del de Olivé [2002). Sería la

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escala de análisis que sigue en amplitud a las posiciones teóricas. Ya con este texto casi terminado, me doy cuenta que quizá hace falta un nivel intermedio, para dar cuenta de las diferentes variantes dentro de una tradición, como podrían ser las variantes de la tradición marxista, que aunque comparten elementos centrales, difieren en detalle o en énfasis político. ¿Constituyen diferentes posiciones teóricas? Mi intuición es que no, sino líneas o “escuelas” dentro de una posición teórica. Pero cuando consideramos la distancia entre una epistemología idealista en Bachelard (base de la variante althusseriana), que parece conectarse a una manera diferente de ver la ontología (compatible con dicho idealismo) y la del marxismo ortodoxo, quizá sí se trata de posiciones teóricas, dentro de una sola tradición marxista. Planteo solamente el problema, para el que no tengo una solución por el momento…

posiciones teóricas. En particular, parecería que lo que está siempre en juego son las grandes posiciones teóricas y que, en efecto, las propuestas de metodólogos anteriores sobre la evaluación de esas escalas menores ya no tienen sentido. Si las hipótesis aisladas no existen y las teorías sustantivas que las engloban dependen de las posiciones teóricas que las contienen, no existiría un ámbito legítimo de análisis a esa escala.

Yo quiero proponer que, al menos en el caso de la arqueología, estas unidades menores siguen siendo precisamente el campo de batalla entre las diferentes posiciones teóricas, por lo que su análisis es central. De hecho, he sugerido que es a través de la evaluación de teorías sustantivas que es factible evaluar empíricamente a las posiciones teóricas correspondientes; que la refutación de la mayoría de las teorías sustantivas de una posición es la razón principal para abandonarla, o al menos cuestionar seriamente sus supuestos, dado que son esos supuestos los que orientan la producción de las teorías en cuestión. Es decir, para mí, la escala más “empírica” del debate es precisamente la de las teorías sustantivas.

Algunas metodologías, notablemente la llamada “modeloteórica” pueden, gracias a un aparato formal flexible basado en la teoría de conjuntos, dar cabida a ambos niveles. Al menos en principio, de acuerdo a lo propuesto por Diez y Moulines [1999], es factible capturar el sentido en que ciertos elementos de la teoría serían más “profundos” y por lo tanto, normalmente menos susceptibles de evaluación empírica directa que otros, que se ubicarían en porciones más internas (o superiores, dependiendo de la metáfora especial empleada), de la red teórica. Los detalles de este modelo son de una complejidad técnica que nos impide tratarlos aquí. Pero para nuestros propósitos es importante señalar que existe al menos una propuesta en la que se reconocen como legítimos ambos niveles y en la que se proponen criterios para reconocer cuál es cuál a nivel formal –problema que yo simplemente glosaré, dado que en el caso de la arqueología es relativamente más sencillo identificar en la práctica ambos niveles (aunque con algunas complicaciones, como veremos en su momento).

Así y dado que nuestro interés en esta tesis es la evaluación de una teoría sustantiva en particular, la de SPS, en esta Segunda Parte de la tesis reivindicaré la importancia del análisis de las teorías sustantivas, destacando el papel crucial que tiene la noción de explicación (y de principios generales); para presentar un procedimiento de análisis que es el que luego aplicaremos a la teoría de SPS en la Tercera Parte de este trabajo.

Las teorías sustantivas: unidades de análisis, desde la hipótesis aislada hasta las teorías más complejas

Definimos antes (Capítulo 1) a las teorías sustantivas como los intentos de una posición teórica para explicar o comprender un determinado fenómeno, evento o

proceso. Es decir, tienen un propósito pragmático, que es responder a las preguntas “por qué” y “cómo” en su sentido causal (en las tradiciones académicas nomotéticas) y “qué significa” o “qué motivó…” (en las tradiciones académicas ideográficas, incluyendo las hermenéuticas).

Mi propia definición de teoría sustantiva está en deuda con la definición original de teoría dentro de la tradición neopositivista, en particular con la formulación de Rudner [1966:18 y sigs.], aunque solamente con lo que considero tres características que me parecen rescatables de esta propuesta [ver Gándara 1983:117-8 y nota a pie]. Así que el resultado final quizá no se parezca mucho al modelo original, dado que añado un cuarto elemento y cambio el énfasis de los tres elementos rescatados:

a. Una teoría sustantiva es un conjunto de enunciados, articulados

entre sí. Hoy día la corriente modeloteórica pone en duda esta

primera característica. De hecho, el nombre de la propuesta deriva precisamente de que para estos autores, las teorías no están constituidas de enunciados, sino que son modelos de segmentos de la realidad [Diez y Moulines 1999]. En la caracterización de Rudner [1968] se señalaba que en disciplinas desarrolladas, típicamente cuantitativas, o al menos formalizadas, esta articulación adquiere la forma axiomática (Rudner revela así el respeto que le tenía el neopositivismo a la geometría como el ideal de la formalización científica). En arqueología las teorías sustantivas están característicamente subdesarrolladas, como veremos, así que es cuestionable si algún día llegaremos a un nivel de formalización completa, mucho menos de axiomatización y si esta tarea es fructífera o incluso posible. Aunque en arqueología contamos con un intento, destacable en muchos sentidos: el de Fernando López, que hizo un intento concienzudo y completo para formalizar la teoría arqueológica [López 1984, 1990]. Ello no significa que las teorías sustantivas en arqueología no tengan una articulación de algún tipo; es decir, la mayoría no son hipótesis simples aisladas, sino conjuntos de hipótesis.

b. Que normalmente incluyen cuando menos un enunciado de corte

general (o “principio general”). De nuevo, en la propuesta original

de Rudner estos enunciados son auténticas leyes, si la teoría es una teoría legítima [1966:18 y sigs.]. El término “ley” es problemático en la filosofía de la ciencia neopositivista, considerando las dificultades que tuvo esta posición en distinguir entre auténticas leyes y “generalizaciones accidentales”, derivadas, me parece, de su rechazo a involucrar la noción de causa y poner en suspenso la de verdad (con excepción quizá de Hempel). En arqueología el término “ley” ha sido objeto de muchas confusiones, reflejadas en una abundante literatura con

dejos filosóficos que es de las partes más universalmente repudiadas de la teoría en arqueología. Prefiero evitarme esa polémica y hablar, eufemísticamente si se quiere, de “principios generales”. Estos principios generales establecen las conexiones (causales, en las tradiciones nomotéticas; de significado, en las hermenéuticas) entre las variables, conjuntos o sistemas de variables de interés para la teoría. Una teoría de complejidad media puede incluir muchos de estos principios. Son ellos los que hacen posible la aplicación de la teoría a más de un caso. En la tradición ideográfica se niega que existan y muchos hermeneutas protestarían de inmediato, señalando que ellos no creen que tales principios sean generales o necesarios. Intentaré, al final de esta tesis, esbozar un argumento de por qué sí existen y son necesarios. Por el momento, pido a mis lectores que simplemente me concedan el punto en un acto de fe que espero no traicionar.

c. Que es “refutable en principio”, a partir de sus consecuencias “observables”, por teorías que las superan. Aquí en la propuesta

original de Rudner [Ibid.] se requería que las teorías fueran “confirmables”, lo cual es congruente con la metodología probabilista que sostenían los neopositivistas. Dado que, por las razones expuestas en los capítulos 8 y 9 yo me afilio más a la propuesta popperiana (y, en particular, a la versión lakatosiana), no retomo la confirmación, sino la “refutación en principio”, que no es ajena tampoco al neopositivismo, pero que le debe más a Popper y su grupo. Una hipótesis es refutable en principio cuando podemos especificar, de antemano, las condiciones en las que la abandonaríamos. Típicamente ello involucra establecer qué “reportes de observación” la contradirían, indicando que es probablemente falsa. Se especifica que sea “refutable en principio”, por dos razones: la primera, porque los datos requeridos para su refutación pueden no estar disponibles de momento, o ser peligrosa su obtención: los propios neopositivistas reconocían que, por ejemplo, sería riesgoso evaluar una teoría sobre la inclinación del eje terrestre modificando éste en la realidad: nos saldríamos de órbita. Lo interesante es que podemos plantear, en principio, un conjunto de observaciones que, de darse el caso, mostrarían que la hipótesis está refutada*. Como se recordará, el asterisco nos remite a la segunda razón de por qué esta refutación es solamente en principio: la refutación podría ser espuria si los datos (o las hipótesis auxiliares, indispensables para derivar las “consecuencias observables”) resultaran estar mal; y, por último, la refutación completa no ocurre a merced de los datos, sino de una teoría que mejore a la teoría preexistente.

d. Y que se proponen con la intención pragmática de explicar o comprender un evento, fenómeno o proceso. Aquí los términos complicados son, por supuesto, “explicación” y “comprensión”, como vimos en el capítulo 3. Por el momento, baste con que intentan responder a preguntas de tipo “por qué” y “ c ó m o ” ( c a u s a l e s ) o b i e n “ q u é s i g n i f i c a ” o “ q u é motivó…” (interpretativas). Pero este punto resulta crucial: en algunas discusiones se producen ejemplos de explicaciones espurias (ese es el punto de la discusión, mostrar que es factible construir explicaciones formalmente impecables, pero de todas maneras espurias), pero que parecerían no responder a nada; dan la impresión de haberse construido de “arriba para abajo”, seleccionando elementos para explicar algo que no se explicita sino a posteriori. Al menos en arqueología esto no sucede así: no se formula un principio general para ver luego a qué se aplica, o qué explica; sino, por el contrario, se empieza con una pregunta y se trata de darle respuesta mediante principios generales. Este aspecto pragmático, destacado por varios de los críticos más lúcidos del modelo hempeliano de explicación, lo retomo aquí como un elemento central de la definición propuesta. No por ello me comprometo a “comprar” en su conjunto, las propuestas neopragmatistas sobre la explicación, como la de Van Fraasen[1991 (orig. 1977)], la de Bromberger [1970 (orig. 1966)], o la de Achinstein [1983].

Las teorías sustantivas son la razón de ser de las posiciones teóricas. De nuevo, espero que la lógica expositiva seguida hasta aquí no haya creado la impresión de que un grupo de sabios se reúne para determinar qué supuestos valorativos, ontológicos, epistemológicos y metodológicos asumirá y luego busca en dónde aplicarlos; por el contrario, las posiciones teóricas nacen en torno a problemas explicativos o interpretativos, reconocidos como relevantes, para los que se busca una solución. Eventualmente, los supuestos que permitieron reconocer el problema como relevante y la solución como legítima se articulan junto con otros elementos de la posición teórica, pero el punto de partida es la formulación de teorías sustantivas 

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Aquí los boasianos, si queda alguno, protestarían sobre la base de que ellos supuestamente no

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proponen teorías (sustantivas). Pero, de nuevo, esta es una falsa impresión, derivada de la retórica de la posición y no de su práctica real. Boas mismo es autor de teorías tan importantes como la que permitió combatir el racismo a principios del siglo XX: la teoría de que raza, lengua y cultura son tres elementos completamente independientes entre sí: es decir, que la raza ni determina la lengua ni la cultura, así como éstas tampoco determinan (quizá más obviamente) la raza. Los filósofos analíticos dirían que la lengua sí determina la cultura, pero es porque ignoran precisamente las observaciones de Boas con inmigrantes en Nueva York, que mostraron que niños pequeños de cualquier nacionalidad e idioma original eran capaces de aprender a moverse como nativos en la lengua y cultura norteamericana, sin perder muchas veces su lengua y su cultura originales, hasta donde ello es posible en una situación de inmigración.

Tal como Kuhn señalara, hay teorías sustantivas que adquieren prestigio a partir de sus capacidades explicativas (o que quizá fueron las que se usaron en el debate con otras posiciones teóricas), a las que llama “ejemplares”. Yo retomo aquí el término con el mismo sentido y simplemente añado, para aquellas posiciones empeñadas en que no producen teorías sustantivas, la idea de “proyectos ejemplares”, que son casos de investigaciones que juegan el papel de ejemplares en dichas posiciones teóricas, en el sentido de que son imitadas y utilizadas en la formación de nuevos investigadores.

In document Tesis Doctoral Manuel Gandara (página 173-178)