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CAPÍ TUL O V CONS PIRA CION

In document Adoum, Jorge - Adonay (página 39-43)

Carta de Adonis a Eva.

Beirut, diciembre ... Amada mía;

Nos separa la distancia. Es verdad... Yo creo que la separación es una cuerda anudada, que mientras más se alejan los extremos, más fuerte se hace el nudo.

Me hace sufrir tu recuerdo. Cuando quiero estudiar, tu imagen alegre y sonriente se dibuja en las páginas del libro. Empleaba antes media hora para retener de memoria todas las lecciones, y ahora en mucho más tiempo

nada aprendo. Porque no puedo dividir mi atención entre tu recuerdo y la aridez de la ciencia. Te veo en todas partes y tu faz me hace olvidarme hasta de mí mismo.

Eva, he llegado a comprender que todo cuanto ha existido, existe y existirá, todo lo que nos rodea, todo cuanto forma la vida y la muerte, todo es amor. Porque Dios es amor en sí mismo...

Muchas veces me pregunto: ¿Por qué sufre la humanidad teniendo el amor al alcance de su mano? No puedo creer que exista o pueda existir un sólo ser que no tenga amor. Y siendo así, ¿por qué sufren los seres?

Desde el momento en que me acuesto en mi lecho, me traslado al tuyo. Pero tú estás despierta y entonces me haces sufrir. Te beso, te abrazo, pero estás fría. indiferente. Piensas en mí, mas no correspondes a mi cariño. Y debo esperar mucho, mucho tiempo, para poder volver a mi alegría. Porque tú me abrazas, me besas, contestas a mis palabras, cuando has entrado en el sueño.

Insisto en que recuerdes mis palabras, pero tú te acuerdas de ellas como de un sueno lejano, o de un eco que se pierde en la distancia. Aun no he podido comprender este olvido tuyo de cosas tan reales y palpitantes. No me gusta que duermas junto a esa chiquilla morena, te lo he dicho ya, porque ambos hemos visto esa bruma que se desprende de su cuerpo. Y a pesar de habértelo dicho, anoche te vi dormida a su lado.

Eva mía, yo no sé qué hacer para enseñarte el recuerdo de los sueños.

La noche anterior me pediste un dedal de plata para tu costura y te lo envió en este mismo correo, junto con esta carta... ¿Ya ves que no olvido lo que me dices en sueños?...

¿Cuál será el misterio de mis noches?... ¿Qué secreto existe en mí?... ¿Por qué no serán así los demás? Entre mis compañeros, hay uno que me quiere hasta llegar a la adoración. Es Juan Bakal, de quien te he hablado ya, y al que espero presentártelo algún día. Hemos resuelto este año, alquilar un cuarto entre los dos, para vivir en él, como hermanos. Todas las mañanas al despertarnos, me saluda diciendo:

—"Os saludo profeta, ¿qué has hecho durante la noche?" Porque según él mis noches son un trabajo continuo.

Recibió hace algunos días una carta procedente de su pueblo, en la que le notificaban que su padre se hallaba muy enfermo...

Al llegar la noche, me dijo en un tono de ruego: —"Adonis, ¿puedes darme noticias de mi padre?" —"No le conozco —le contesté.

Entonces, sacó de su cartera una fotografía suya, diciéndome: —"Este es."

—"Veré si puedo."

Dormí, y al instante estuve a su lado.

Le vi fatigado y asfixiándose. El viejito sufría de pulmonía doble. Tuve para él mucha pena y cariño. Porque estaba enfermo y porque es el padre de mi mejor amigo.

Invoqué con gran ardor a nuestro ángel (no se cómo llamarlo), al que me curó a mi y a ti, el día en que sufriste la caída, para que le curara. Y antes de formular mi deseo, le vi a mi lado, y me dijo:

—"Sé tú mi canal."

Yo le comprendí en seguida. Y sentí que se desprendía de mi aquella cabellera de luz, la que quise dirigirla al enfermo, al padre de Juan. Entonces, me dijo el ángel:

—"No aquí, sino allí."

Y me señalo otro ser, bastante confuso, pero muy semejante al enfermo. Le dirigí la luz que se desprendía de mí, y grande fue mi sorpresa cuando le vi entrar en el cuerpo del enfermo, el que sentándose con gran facilidad, llamó.

Y antes de abandonarme, el ángel me dijo:

—"Siempre que quieras curar a un enfermo, por amor y bondad, estaré a tu lado." ¿Qué te parece todo esto, amada mía?

Al día siguiente dije a Juan que su padre se encontraba bien y la tarde de ese día, recibimos una carta del enfermo en la que decía: "El médico, aseguraba que tenía pulmonía. Pero viendo que hoy día me desperté muy mejor, no supo qué decir y se fue disgustado de su ignorancia."

Juan quiso que le contara los pormenores, pero no satisfice sus deseos.

Eva mía, veo que has descuidado tus estudios, porque vives solamente por el amor. Es bueno amar y a la vez estudiar. Porque quiero que mi futura esposa sea mi ayudante hasta en el saber... ¡Qué desgraciado es el hombre que ata su vida a la de una mujer que no sabe nada, a más de comer y dormir!

Vi ayer a tu tío, aquí en Beirut, por quien sé que todos se encuentran bien de salud. En otra carta te contaré más cosas. Hasta pronto amada mía.

ADONIS.

Carta de Eva a Adonis.

Ibrin...

Amado Adonis:

Cada vez que recibo y leo tus cartas, tiemblo Adonis. ¿Sabes por qué? Pues porque no me considero digna de ti. Tu futura esposa debe ser una mujer superior... Esta idea me atormenta pero... ¿qué quieres que haga?, no puedo dejar de pensar en ello.

Junto con tu carta recibí el dedal de plata, y sentí miedo, miedo de ti, amado mío. Es cierto que quería uno y te lo iba a pedir. Pero no lo hice, teniendo en cuenta tus múltiples ocupaciones. Imagínate mi sorpresa al ponérmelo después de recibido.

Dime Adonis, ¿quién eres tú? ¿Eres un ángel o un hombre cualquiera? ¿Es verdad que yo en sueños te abrazo y te beso?... Si es así, quisiera pasar toda mi existencia en un eterno dormir.

Adonis, quiero estudiar cada vez más, sobre todo siendo éste mi último año de estudios. Cuando obtenga mi diploma te lo daré como el fruto de algunos años de trabajo. Cada vez que recibo una carta tuya, me siento muy pequeña ante ti, palpo mi inferioridad y me siento muy desgraciada. ¿Cómo podré llegar al nivel tuyo, Adonis? ¿No puedes ayudarme?

El otro día, enseñé tu retrato a una amiga. ¿Sabes qué fue lo que me dijo? "Estos ojos fascinan con dulzura." Fue tal la alegría que me causaron sus palabras, que la abracé y la besé.

Nada recuerdo de mis sueños. Y obedeciendo a lo que deseas, pedí y obtuve permiso de la madre para trasladar mi cama a otro lugar. ¿Estás contento, amado mío?

La curación hecha al padre de tu amigo es maravillosa. Más no puedo decir. Te abraza:

EVA.

Carta de Adonis a Eva.

Beirut... Amada mía:

Ahora ya estoy seguro de que las palabras "voluntad" y "libre albedrío", son hasta hoy muy relativas. No podemos, muchas veces, obrar de acuerdo con nuestra voluntad, y nos vemos arrastrados a fines desconocidos.

No se cómo empezar mi revelación, ni se tampoco cómo, abrirte mi corazón. ¿Quieres creer, amada mía, que yo, Adonis, el que odiaba tanto la política estoy ahora convertido en político? Feliz tú que no entiendes nada de esas infernales maquinaciones hipócritas e inicuas.

Pues, sí amada. Es algo increíble que esté yo envuelto en estas redes.

Voy a contarte algo de mi actual situación: Tú sabes, Eva, que después del año 1860, año aciago para todos los libaneses, en el que los turcos dividieron a nuestro país en dos bandos religiosos y atizaban el odio entre ellos, y en el que los drusos degollaron a los cristianos en Dair el Kamar, con el consentimiento del mismo Sultán; las potencias europeas, con el pretexto de defender a los cristianos (puede ser que sus intenciones hayan sido buenas, aunque lo dudo), intervinieron eficazmente y el resultado de su intervención fue el siguiente:

1°) La independencia de Monte Líbano, bajo la vigilancia y protección de las siete potencias europeas; 2°) Que el Sultán está obligado a pagar al gobierno libanés, 500 sacos anualmente;

3°) Que el Sultán tiene poder para nombrar un Mutsarrif, el cual confirman y aprueban las potencias de Europa;

4°) Que Líbano tendrá por bandera la turca.

Hasta hoy hemos vivido con mucha paz y abundancia. Pero últimamente esta paz comenzó a turbarse, sin que yo sepa el motivo. Tal vez Europa tiene interés en nuestro país, o tal vez el Sultán está arrepentido de firmar tal tratado. Lo cierto es que actualmente estamos en una época de gran inquietud.

Hace ocho días fui invitado por un amigo mío a una reunión de intelectuales. Acudí gustoso y encontré en ella a algunos amigos que se habían distinguido por su inteligencia. Pero grande fue mi sorpresa al ver que no se trataba de literatura, ni de ningún problema intelectual, sino sólo de política. Nosotros los libaneses, somos muy diestros en el arte de la oratoria.

Hablaron muchos con bastante elocuencia; y lo que se pedía fue la independencia total y absoluta de nuestro país.

Mientras yo pensaba en la manera de huir de aquel antro político, el portero anunció a su Excelencia Jorge Picó, Cónsul de Francia.

Entró el Cónsul y estrechó la mano de todos. Después de descansar un momento, habló elocuentemente, sobre Francia, madre de la libertad, sobre el Líbano, sobre los maronitas, hijos predilectos de Francia, que fue la primera en enviar en l860 su escuadra a Líbano, mientras las otras potencias seguían tratando la situación de nuestro país. Luego dijo que los libaneses con su historia, su inteligencia, y su raza, pueden escalar tan alto, que podrían nivelar a cualquiera de las razas del mundo.

Este fue el sentido de su alocución, interrumpida por los gritos de: "¡Viva Picó!" Supe después que Jorge Picó es el resorte oculto de todo el movimiento.

Eva mía. yo te confieso que he sido un cobarde, porque no tuve valor para decir una sola palabra: Al contrario, me adherí a la causa. Y aquí me tienes hecho un político a la fuerza.

Por la noche, conversé sobre esto con Juan Bakal. Se entusiasmó tanto, y me dijo que mañana mismo buscaría al secretario de la asociación, para adherirse al movimiento revolucionario.

Tuve que recurrir hasta al insulto para persuadirle de que yo había cometido una estupidez. Como me quiere tanto, cambió de proyecto.

No pude dormir aquella noche, hasta la madrugada.

Todas las noches veo patíbulos y ahorcados. Veo a mis compañeros que colgados y meciéndose en el aire, me miran con ojos vidriosos ya. Hay otros que hasta me llaman... Despierto bruscamente, e instintivamente llevo mi mano a la garganta.

Eva, ya estoy enjaulado y no puedo escapar. Sufro, Eva mía. No puedo renunciar, porque si aparece un Judas, no quiero que nadie sospeche de mí.

Perdóname esta carta árida, tan desprovista de sentimientos amorosos. He perdido la dulzura de la palabra. Eva mía, ¿no podrás aliviar con un poco de cariño a tu sufrido amado?

ADONIS. P. D. Quema esta carta, porque es comprometedora.

Eva contesta a Adonis.

Amor mío:

No sé qué puedo contestarte. Amado de mi alma, al leer tu última carta he llorado mucho. Es lo único que sabemos las mujeres. Y nosotras en estas circunstancias ¿qué más podemos hacer sino es duplicar nuestro cariño?...

Yo también tengo miedo, Adonis. Esto es algo grave. Pero si Francia interviene efectivamente en esto, no creo que haya mayor peligro.

Dice el Evangelio: "No hay mal que por bien no venga." Puede ser que esta situación sea para bien nuestro. Tú sabes que Francia lo es todo en nuestro país y tal vez algún día tú puedas escalar grandes posiciones en el gobierno.

Sin embargo, te conjuro a que no te hundas demasiado.

Estamos en exámenes, querido mío, y por tanto, no puedo dedicarte más tiempo. Pero en las vacaciones se consagrará completamente a ti, tu futura esposa.

Vacaciones de Navidad.

El amor estrecha más y más a los dos enamorados. Han construido muchos castillos ilusorios. Pero la mano de la tristeza agarra fuertemente el corazón de Adonis, y sólo puede sentirse feliz junto a Eva.

El Obispo comenzó a sospechar algo. Ya no recibía a Adonis con el agrado de antes. Llegó un día en que amonestó a Eva, su sobrina.

Supo Adonis lo sucedido. Y cambió sus visitas diurnas por las nocturnas. La noche le protegía mientras dormía el Obispo.

Aunque los críticos decían que la guerra sería cosa de un mes o dos a lo máximo. Adonis no compartía su opinión. Las potencias de Europa se desangraban hacía ya tiempo.

Como todas las vacaciones, las de Adonis tuvieron su fin. Volvió a continuar sus estudios y continuar con sus inquietudes.

Un desfile de cartas a Eva se sucedía constantemente. La primera llevaba como fecha la de principios del año 1915.

Primera carta:

Beirut... Amada Eva:

He perdido la serenidad. Mis sueños, horribles visiones de tormenta, son más frecuentes. Se habla ya de la ruptura de relaciones entre Francia y Turquía. Esto, en otras palabras, significa guerra.

Jorge Picó reunió a los jefes del partido opuesto a Turquía y aseguró que Francia no abandonará a Líbano. Raras veces asisto a las reuniones secretas del partido de la oposición.

Estoy engolfado en mis estudios, pues quiero terminarlos en este año para ir a rendir mi examen en Bahabda.

Las circunstancias difíciles nublan mi vista. No me quejo, aunque veo que me rodea una densa neblina. No me atrevo a contarte mis sueños, porque son fatídicos y no tengo derecho a envenenar tu vida. Pero debes estar segura siempre, de que te amo y te amaré hasta la muerte.

Segunda carta:

Perdóname amada, el haber demorado en contestar tu cariñosa misiva.

Ayer por la noche, nuevamente estuve a tu lado, lo que me alivió mucho. Pero siempre lloro el final, y tú te entristeces sin poder llorar.

Se dice que Jorge Picó abandona el país.

También se sabe por la prensa, que el Sultán M. Rached, en Constantinopla, por la influencia del Anuar Pacha, pretende declarar la guerra a los aliados... Parece que Turquía no puede conservar su neutralidad.

Te amo.

Tercera carta:

Mañana vamos a Bahabda para rendir nuestro examen final de grado. Ruega para que la iluminación divina penetre en la mente de tu

ADONIS. Turquía declaró la guerra a los aliados.

Jamel Pacha entró con su ejército en Siria y Líbano. Se fue Jorge Picó y como el cuervo de Noé, no regresó.

Judas vendió a Jesús por 30 monedas de plata. Felipe Zalzei vendió a sus hermanos de la oposición por 2000 quintales de trigo. (Fue más inteligente que el Iscariote.)

Se descubrieron los documentos comprometedores en el Consulado francés. La langosta invadió el país.

Jamel Pacha arrestó a muchos miembros del bando de la oposición. El Consejo de Guerra los declaró culpables y fueron ahorcados en Beirut.

Los demás conspirados, huyeron por mar y por tierra. Entre los proscritos, estuvo Adonis a quien hemos visto al comienzo de este relato, despidiéndose de su madre y de su pueblo, para huir de las garras de la muerte.

CAPÍ TUL O VI

In document Adoum, Jorge - Adonay (página 39-43)