El salón del Círculo de Beirut, estaba repleto. Hombres y mujeres esperaban ansiosos escuchar la palabra del enviado del Emir Faisal.
Posiblemente la mayor parte de ellos eran espías de los extranjeros.
Todos tenían clavada la mirada en la mesa y el sillón que esperaban al orador en el estrado.
Al final hizo su aparición un joven en cuyos cabellos se reflejaba la luz como en la superficie de ondas líquidas, y con una barba pequeña que le daba una gran semejanza con el Nazareno.
Paseó su mirada por el auditorio, silencioso, sereno. Se inclinó y dijo: "Damas y caballeros:
"Antes de comenzar quisiera saber qué clase de discurso esperáis de mí. ¿Un discurso político? ¿Un discurso patriótico...?
"Si el primero, será una falsa mentira disfrazada de verdad, y si lo segundo, será entonces la verdad desnuda, pisoteada y herida... ¿Cuál de los dos preferís?"
Aquella pregunta causó estupefacción entre los presentes. Guardaron un silencio profundo. Era la primera vez en la historia que un orador pedía el consentimiento de su auditorio. Al fin, unos jóvenes que se titulaban patriotas gritaron:
—¡La verdad, queremos la verdad! Y luego el auditorio gritó:
—¡La verdad! ¡La verdad!
El orador calló un momento para decir luego:
—Damas y caballeros, la verdad es dura al oído de los esclavos y amarga, muy amarga, a sus paladares. —¡La verdad! ¡La verdad! —resonó nuevamente.
—Entonces, tendréis la verdad... Durante mi viaje de Damasco hasta aquí, la suerte quiso que viajara en compañía de tres patriotas en el mismo vagón del tren. Ellos eran: un cura católico maronita, un sheik mahometano y un anciano ortodoxo... El viaje es largo y monótono y siempre los viajeros se unen para acortar la distancia, entablan una amistad que casi siempre es pasajera y tejen varias conversaciones.
"El cura primeramente se dirigió a mí y me dijo: —Al fin ya estamos libres. "—¿De qué? —le contesté—. ¿De nuestras pasiones?
"El me miró atónito y me dijo:
"—No señor, no hablo de esto. Digo que estamos libres del yugo de los turcos. Y ahora los católicos libaneses y el Patriarca estamos pidiendo ante la misión americana para que Francia venga al país, porque nosotros los maronitas sentimos que somos franceses de corazón.
"—¿Y para qué quieren los maronitas que vengan los franceses? —le dije. "—¿Cómo para qué? Para librarnos de los enemigos.
"—¿Y del demonio también?
"El sheik se rió a carcajadas y el ortodoxo ocultaba la cara con sus muecas. El cura se disgustó y me dijo: "—Seguramente usted es faisalista.
"—No, padre, no soy faisalista. Yo soy Adonay y por añadidura árabe. "—Lo mismo es árabe o faisalista.
"—Mas o menos como el maronita y el francés.
"Esta vez el ortodoxo ya no pudo ahogar su risa y soltó la carcajada. Y de tanto reír el hombre, al mismo tiempo lloraba y dejaba caer su saliva."
Cuando llegó a esta parte, tuvo que callar porque la risa contagió al auditorio. Luego continuó diciendo: "Podéis reír señores, pero recordad la sabiduría del adagio que dice 'La peor desgracia es la que causa risa.' "Después, el compañero terminó de reír y me dijo:
—¡Qué le parece a usted, señor, los ingleses nos salvan y el reverendo quiere adjudicar el honor a los franceses, y lo que es más, quieren traerlos al país como gobernantes! Son los ingleses los que deben quedarse con nosotros, porque ellos son los que pueden darnos la prosperidad y la dicha!
"El sheik mahometano le miró con ojos que despedían rayos de cólera y le contestó con una frase coránica: "—Cuando Dios quiere aniquilar a un pueblo, divide sus opiniones. ¿Qué nos faltaba a nosotros en los tiempos de Turquía? ¿Acaso no éramos felices? ¿Por qué hoy tenemos que atraer sobre nosotros a nuestros enemigos, los infieles?
"Cuando vi que la conversación iba a conducirnos a una pugna, les llamé la atención y les supliqué que cambiaran de tema.
"Señores, yo refiero las cosas y no comento nada. Vosotros me habéis pedido la verdad y yo os la digo: nosotros somos dominados por las pasiones y el esclavo de las pasiones es esclavo de sus semejantes.
"Oíd la declaración de Inglaterra y Francia, fechada el 8 de noviembre del año pasado, de 1918:
"'La causa por la cual Inglaterra y Francia hicieron del Oriente un campo de batalla, fue el gran deseo de los aliados de librarlo de la tiranía y la esclavitud de los turcos, y para salvar a sus habitantes de la ambición de los alemanes. Tienen el anhelo de formar en este país gobiernos libres e independientes. Que cada gobierno sea elegido por la voluntad de la nación, de donde obtiene su poder. Inglaterra y Francia se comprometen a ayudar al pueblo para que constituyan sus gobiernos, en Siria, Mesopotamia y todo el país libertado por los aliados. Inglaterra y Francia reconocen estos gobiernos desde el momento de su formación y no intervendrán en sus asuntos, ni les dictarán leyes, ni códigos, porque las dos naciones no tienen otro deseo que el de ayudarles y vigilar por su prosperidad hasta elevarles al nivel de las demás naciones en economía, educación y fuerza.'
"Este es más o menos el texto de la declaración. Ahora os dirijo esta pregunta: ¿Son ciertas las intenciones de las dos naciones? ¿Son éstos sus deseos? Y si lo son, ¿qué significa la venida de la Misión Americana que está hoy entre nosotros? ¿Cuál es su. objeto?
"Señores: tal vez vosotros no os habéis dado cuenta del desarrollo de los sucesos... ¡Inglaterra y Francia no piensan cumplir con las promesas dadas a los árabes!"
En esto, Adonay fue interrumpido por los gritos del auditorio que decía: —¡Abajo el orador!
—¡Abajo el Emir Faisal!
No se inmutó Adonay y gritó más fuertemente:
—¡No me callo hasta decir toda la verdad! La verdad, porque vosotros me la habéis pedido, señores... Estoy seguro de que ésta es la última vez que os dirijo la palabra. Pero esta palabra se grabará con letras de fuego en el corazón de los traidores del país y de sí mismos. Después de decir la verdad, me callaré. Porque el suelo cuyas espinas estrangulan su trigo, no merece ser sembrado... Pero ahora continuaré.
"En el tratado de Paz del 20 de enero de 1919 decidieron los representantes de las cuatro potencias: Inglaterra, Francia, los Estados Unidos e Italia, separar el país árabe de Turquía, y enviaron una misión para estudiar el problema de los pueblos árabes y consultar sus deseos según el artículo 22 del protocolo de la Sociedad de las Naciones... Inglaterra y Francia demostraron muy poco interés en colaborar en esta misión. Pero Mister Wilson, presidente de los Estados Unidos, el único defensor de la verdadera democracia, insistió y ordenó a la misión americana, que viajara al instante a nuestro país sin sujetarse a las dos misiones, francesa e inglesa.
"Cuando estas últimas naciones sintieron la presión y la insistencia del señor Wilson, formaron cada una, una misión que colaborara con la americana; pero Francia puso como condición el tratar primero la suerte del país ocupado antes de que llegue la misión. Mister Wilson se negó rotundamente a aceptar esa condición. Entonces Francia anuló su expedición. Luego intervino ante Inglaterra quien le siguió en su política, cancelando también la suya.
"Ha llegado ya la expedición americana. Pero hasta hoy nadie ha averiguado el por qué Inglaterra y Francia no enviaron sus misiones con la americana, ni a nadie se le ha ocurrido el motivo.
"Pues señores, debéis saber que si Inglaterra y Francia no quisieran aprobar el plan de Mister Wilson es porque hay un motivo, una razón que es la siguiente. Oídla bien:
"Inglaterra y Francia tienen un tratado firmado en 1916. llamado el Convenio Sayex-Picó, cuyo objeto es dividir el país en dos partes: ¡Palestina para los ingleses y judíos, y Siria para los franceses!"
Ni una lluvia de descargas eléctricas hubiera causado el mismo efecto. En este momento retumbaron en el gran salón gritos y silbidos ensordecedores, clamores confusos:
—¡Abajo el orador! —¡Abajo Feisal! —¡Abajo Francia!
En tanto, perdidos por la bulla, se escuchaban otros gritos: —¡Viva Adonay!
—¡Viva el Emir!
Aquella batahola era al parecer interminable. Quiso Adonay retirarse pero hubo nuevos clamores: —¡Que hable!
—Que siga...
La divulgación de este secreto político trastornó a todos, pues mientras unos querían ocultarlo otros deseaban lo contrario.
Unos cinco minutos duraron los silbidos y los gritos. Un cuerpo de policía que irrumpió en el salón, restableció el orden. Los clamores volvieron a insistir:
—Que hable el orador...
Pero desde aquel momento, Adonay sintió como una transformación de su persona, y dijo, cambiando el tema:
—Veo el fracaso de la misión americana, y por consiguiente el fracaso de los catorce puntos de Wilson. Veo a los judíos ayudados por los ingleses en Palestina. La sangre será derramada allí. Veo a los franceses verter sangre árabe en Siria y acabar con el último intento de la Unión Árabe. Veo nuestras derrotas. Veo la ola de la corrupción invadir nuestro país. Veo a los traidores esclavos del yugo extranjero y al país esclavo de los traidores. Veo que el mandato es sinónimo de colonización. Veo la prostitución de vuestras mujeres y de vuestras hijas...
"Y veo todo esto, porque el maronita trabaja para que le domine Francia, el ortodoxo llama a Inglaterra, el mahometano suspira por Turquía y no sé qué pide el druso, el chiita, el nuzairi, etcétera.
"Bien ha dicho el Divino Jesús: 'Toda nación que se divide entre sí, se extingue.' Y muy bien dice el profeta árabe: 'Cuando Dios quiere aniquilar a un pueblo, divide sus opiniones...'
"Señores: yo no culpo ni a Francia ni a Inglaterra, porque cada una de ellas sabe lo que le conviene y obra para su propio bien. Ni tampoco os culpo a vosotros, porque sois todavía niños y creéis en las promesas. Pero si me lamento y lloro por la muerte de aquellos seres que derramaron su energía, sacrificaron su fortuna y ofrecieron y ofrecen su sangre como holocausto en el altar de la libertad. Y vosotros hacéis de aquel altar un muladar en donde quemáis vuestras escorias, olvidando que en aquel lugar fueron ahorcados los más nobles del país y este cuello, el mío, se salvó por milagro, porque no merece el honor de ser llamado un mártir como se llaman los demás, y porque también fue una piedra inservible en aquel monumento.
"Señores: me habéis exigido la verdad y la verdad está dicha."
Y diciendo esto se retiró. No hubo ninguno que se atreviera a acercarse al enviado del Emir, porque ya estaba estigmatizado.
¿Quién se atrevería a decir tales verdades contra la política de aquellos tiempos?
Tal vez algunos esperaban al orador con el intento de despedazarle la cabeza. Aquel tratado era un secreto para todo el mundo. ¿Cómo pudo llegar a Adonay?
Solamente dos diarios de Beirut, hablaron de la conferencia en términos muy injuriantes dirigidos al orador: que es un revolucionario cuya enferma imaginación visualiza tratados secretos.
Los demás periódicos ni siquiera lo mencionaron por la mordaza que en sus labios puso Francia.
Adonay, que de antemano esperaba lo sucedido, salió por una puerta secreta que conducía a la calle. Encontró el coche esperándole y embarcándose en él ordenó: —A Beit Eddin.
—¿En esta misma noche? —preguntó su compañero.
—Con tal de salir de Beirut, podemos dormir en cualquier lugar.
A tres cuartos de hora de la ciudad, Adonay rió estrepitosamente, diciendo a su compañero de viaje:
—Oye David, recuerdo que una vez pregunté a un amigo: "¿Cómo has amanecido hoy?" Y él contestó: "Muy mal con Dios, con el prójimo y con el demonio." Pues yo puedo repetir con él: "Quedé mal con el Emir. con el pueblo y con los señores del país, los franceses."