Vanos fueron los esfuerzos de Adonis. Ashtaruth no se convencía o no quería convencerse por ninguna razón.
Pasaban los días, aumentaba su pasión y su cuerpo se iba aniquilando lentamente.
El Bey contemplaba en silencio aquella escena trágica, y veía cómo su hija se consumía en silencio. Veía cómo su cuerpo delicado demostraba el sufrimiento de su espíritu. Y era visible también el dolor de Adonis.
El jatib, indeciso en lo que debía hacer, tuvo al fin este pensamiento:
—"¿Por qué hago sufrir a esta muchacha? ¿No sería mejor alentar en ella la esperanza, en vez de matarla como lo estoy haciendo?"
Ashtaruth por su parte, comenzaba a construir castillos de naipes en su imaginación y los ofrecía a su amado. El mayor de ellos era el de huir al exterior, después de terminada la guerra, para poder casarse y vivir felices lejos de las tradiciones drusas.
Con esa esperanza, la hija del Bey volvió a reanimarse, como la rosa que se marchita con el calor y recibe el rocío de la noche.
Mientras Adonis estaba dedicado a estudiar y amar, llegó Aristóteles.
Cuando se presentó el Hierofante, éste le acogió con ternura, diciéndole: —Mucho me ha alegrado tu triunfo.
—¿Qué triunfo, Maestro?
—El triunfo sobre ti mismo y sobre los demás. Debes saber, Adonis, que, una sola persona puede cambiar la situación del mundo, sea en bien o en mal.
"¿Te das cuenta de lo que has hecho? Primero, los fanáticos drusos, habitantes de este pueblo, creían que el "perro cristiano" no puede poseer ningún mérito, por lo que odiaban a todo el que no era druso. Yo hice mucho al respecto, pero inútilmente, pues se necesitaba el sacrificio y tú fuiste la víctima. Las fuerzas superiores te habían designado a ti.
"Has sembrado en este pueblo la semilla del sacrificio y del amor. Pronto esta semilla será regada entre todos, y llegará el día en que drusos y cristianos comprendan que son hermanos.
"Por otra parte, tu sacrificio era necesario para redimir a Ashtaruth, aquel ángel que se hallaba preso entre las rejas de la ignorancia y del odio. Hoy ha vuelto a su prístino origen y tú has sido el joyero que ha devuelto el brillo a ese metal puro. A ella también le corresponde otro sacrificio, y muy grande por cierto, cuyo objeto es devolver a los drusos y cristianos la fraternidad. Y está cercano el día, en que estando tú lejos de aquí, la mujer drusa sea esposa del druso.
—Entonces —preguntó Adonis anhelante—, ¿debo yo casarme con Ashtaruth?
—No, hijo mío, esto no sería ningún sacrificio. Ashtaruth debe morir por su amor, para que los padres drusos comprendan su error. Debe sacrificarse por sus hermanas de raza.
—Por Dios, Maestro, ¿no puedo yo sacrificarme en lugar de ella?
—El sacrificio puede ser por medio de la muerte o por medio de la vida. A ella le corresponde el primero y a ti el segundo. Ya te dije desde el principio que tu vida será una cadena de sacrificios. Este es nuestro deber, hijo mío, y tenemos que cumplirlo.
"Ya te falta muy poco para la iniciación, pues el Fuego Creador, rasgó tu médula espinal y abrió el tubo necesario para ascender al Padre.
"Tus dolores han sido tremendos; pero tú has podido soportarlos. Mas, en lo sucesivo deberás soportar otros que son necesarios para llegar a la meta.
"Mira: un mago debe colocarse siempre en el medio, para poder conservar el equilibrio de las cosas. En política, en religión y en ciencias, el hombre profano nunca tiene el término medio. Porque todo hombre es el platillo de una balanza, excepto el mago que debe ser el juez que pese las cosas según la ley.
"Después de la iniciación has de tener muchos errores también, porque tu cuerpo no puede responder todavía al llamado de tu Yo Soy interno. Pero cuando llegues a la Edad de la Religión del Padre, entonces se despertarán en ti los efectos de la Iniciación Interna.
"Óyeme, Adonis, y déjate de pensar en Eva y Ashtaruth..."
—Perdón, Maestro —se disculpó el discípulo con lágrimas en los ojos.
—Todavía hay una tercera mujer que tiene que ocupar otra parte de tu vida. La primera te inducirá al amor y al arte. La segunda te vigilará desde el otro mundo dándote saber y poder. Y la tercera, equilibrará con su oración, el saber y el poder en tí. Las tres son necesarias y te servirán de escalones para ascender a tu trono interno.
"En la actual condición del mundo el dolor debe prevalecer al gozo. Por estas razones nadie puede llegar a la verdadera iniciación sino por medio del dolor y del sacrificio que purifican las pasiones y elevan el deseo. De modo que el dolor de ellas por ti, te conducirá por el sendero y tu dolor por ellas será como la luz para guiarlas.
"Una vez librado completamente de tus cadenas, comenzaremos tu iniciación que será por medio del sueño. "Todo conocimiento viene al hombre en estado de éxtasis o de desligamiento de sus propios sentidos. Es por medio de esta libertad que el Yo Soy comienza a obrar por sí mismo en su vehículo, libre de su prisión, el cuerpo, y de sus cadenas, los sentidos.
"Son tres los misterios de la Iniciación: "1°) De dónde hemos venido;
"2°) En dónde estamos; y "3°) A dónde vamos.
"Explicarte estos tres misterios con palabras sería perder el tiempo.
"Tú debes ver y explorar por ti mismo. No debemos adelantar las cosas: a su debido tiempo lo comprenderás todo.
"Tienes treinta días de preparación, a partir de hoy. Todos tus esfuerzos debes dedicarlos a la obra. Tu preparación consiste en tres cosas:
"Trabajar. "Meditar.
"Encender en ti más y más el fuego sagrado para quemar todos los deshechos."
Después Aristóteles siguió prodigando sus consejos a Adonis, por espacio de una hora. Por último le entregó ciertos trabajos para treinta días, despidiéndose con estas frases:
—Hay ciertas escuelas que aconsejan matar las pasiones y amortiguar la carne. Tu camino será distinto, hijo mío. Debes despertar en ti las pasiones, escucharlas y refutarlas con sabiduría. Tú debes ser tentado varias veces, y nunca debes huir de la tentación. "Espero encontrarte preparado a mi vuelta."