• No se han encontrado resultados

El carácter de los pastores

In document Conducta Ministerial - Rogelio Nonini (página 83-88)

4 motivaciones del ministro

E L CARACTER DEL MINISTRO

2. El carácter de los pastores

Como pastores o ministros somos responsables de guiar a los cristianos para que vivan agradando a Dios en todo, tanto en su manera de ser, al relacionarse con los demás, como en su manera de actuar al desarrollar sus activida­ des.

El carácter determina en que forma reaccionamos frente a la vida y a las circunstancias, sean éstas buenas o malas, gratas o ingratas, alegres o tristes. También nuestro carác­ ter determina como obramos frente a los demás. El buen carácter embellece las relaciones humanas y le da calidad al trabajo en equipo.

Como pastores tenemos que desarrollar un carácter que sea irreprensible como el de Jesús, quien es nuestro mode­ lo como el “buen pastor”.

Escribiendo sobre el carácter cristiano Alberto C. Knud- son expresa “El carácter es concreto, y ha sido la gloria de la ética cristiana desde su principio, porque no ha encon­ trado su ideal en virtudes o principios abstractos sino en el carácter de una persona histórica. Jesús no solamente nos enseñó lo que es el ideal moral; sino que lo ejemplificó por medio de su vida, nos mandó seguirle. El resultado ha sido el considerar la vida cristiana como constituida por la ‘imi­ tación de Cristo’ más bien que por la obediencia a precep­ tos y reglas generales.” (2)

El pastor debe vivir reflejando el carácter espiritual y ético de Jesús para ser de ejemplo a los creyentes y un de­ safío para que los no cristianos deseen ser como nosotros.

Consideremos algunos aspectos del carácter cristiano:

Los frutos del Espíritu

El Gálatas 5:22-23. Se mencionan nueve aspectos del carácter que el Espíritu Santo desea reproducir en noso­ tros. Debemos reflejar amor, gozo, paz, paciencia, benigni­ dad, bondad, fe, mansedumbre y templanza.

Cuando analizamos el carácter de Jesús descubrimos que él tenía estas cualidades que revelaban su equilibrio para enfrentar todas las circunstancias, aún las mas difíci­ les con amor, paz, bondad, templanza, etcétera.

Al leer los evangelios le encontramos sereno frente a la tempestad (Marcos 4:35-41); lleno de compasión frente a las multitudes, (Mateo 9:35-36); equilibrado frente a la acti­ tud desafiante de los religiosos hipócritas. (Juan 8:1-11)

Algunos requisitos sobre el carácter del ministro según el apóstol Pablo

En las cartas que el apostol Pablo les escribió a Timoteo y a Tito encontramos que la mayoría de los requisitos para ser ministro tienen relación con el carácter y con la con­ ducta que deben tener los pastores, más que con su capa­ citación técnica o intelectual.

Para desear esa función, ese trabajo, debían ser irre­ prensibles en su carácter y en su conducta; en la calidad de su familia y en su relación con los demás quienes de­ bían dar buen testimonio de él como persona. “Palabra fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea. Pero es ne­ cesario que el obispo sea irreprensible... sobrio, prudente, decoroso... amable, apacible, generoso. También es nece­ sario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo.” (1® Timoteo 3-

1-7)

El buen testimonio de los ministros tiene relación con su carácter y su conducta, como también con el comporta­ miento de su familia.

88

Co n d u c t a Mi n i s t e r i a l

anepileotos. dice el Comentario Bíblico Hispanoamericano, I

y II Timoteo y Tito, escrito por Marcos A. Ramos, lo siguien­

te. “Anepileptos indica a alguien que haya merecido ese re­ conocimiento en forma marcada, pero sin una implicación clara que se espera de él la condición de perfecto (como en­ tendemos esa palabra). O que no tuviera mancha alguna en su historial. Para los griegos significaba ‘sin darse el lu­ jo de nada que un adversario pueda aprovecharse’. Sería mucho mas realista entenderlo desde un contexto inmedia­ to, sobre todo en el sentido que su testimonio en el momen­ to de su designación o durante el ejercicio del cargo debe ser irreprensible.” (4)

El ministro no debe tener nada en su carácter que pue­ da ser reprochable, ya sea por su agresividad, como por su pasividad; por su falta de capacidad para enfrentar los pro­ blemas, como por su dureza para resolverlos. En todo debe ser equilibrado como el Señor Jesús.

Tenemos que resaltar que el deseo de ministrar, de ser un ministro de Dios es una buena obra. Es interesante que no dice cargo, puesto o título, el ministerio es un servi­ cio, es un trabajo y requiere personas de buen carácter pa­ ra desarrollarlo. El ministerio es una buena obra a pesar del costo. Lo bueno está en el ministerio en sí y no en los honores que éste pueda brindarle. Lo bueno está en el pri­ vilegio de servir a Dios y a los hombres. En estos días hay muchas quejas sobre los líderes que evidencian mal carác­ ter y que son despóticos, agresivos, abusadores, nerviosos, impacientes, duros y exigentes con los demás.

El apóstol Pablo describe el carácter de los ministros de Dios con estos términos:

1- sobrio, esto es equilibrado. 2- amable.

3- apacible. 4- no soberbio. 5- no pendenciero. 6- dueño de sí mismo.

El mal carácter descalifica al pastor

pueden ser agresivos ni tratar a las personas con gritos o con actitudes descorteses.

Debe ser una persona equilibrada, que sabe enfrentar, como Jesús, y con la ayuda del Espíritu Santo, todas las circunstancias que le presenta el ministerio. No pueden decir “yo soy así y me tienen que soportar". Los ministros deben ser un ejemplo del poder del evangelio para cambiar la vida incluyendo el carácter más fuerte, duro e inflexible, como el más débil y pusilánime transformándolo en una persona que irradia templanza, estabilidad, paciencia, bon­ dad.

Dios transformó el mal carácter de Juan y de Jacobo, a quienes habían apodado hijos del trueno, probablemente por ser explosivos, "...a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan hermano de Jacobo, a quienes apellidó hijos del trueno.” (Marcos 3:17). En Lucas 9:51-56 se narra el suceso cuan­ do ellos le dijeron a Jesús si quería que pidieran fuego para consumir a los habitantes de una aldea de Samaría porque no los habían recibido. Eran explosivos y de genio vivo, pe­ ro el Señor los transformó para que le sirvan con una acti­ tud de vida más correcta. Juan, quien vivió más de noven­ ta años fue llamado el apóstol del amor, por sus enseñan­ zas y por su carácter que expresaba bondad y amor.

Transformó al impetuoso Pedro en el apóstol equilibrado que ayudó a poner las bases de la iglesia primitiva, como leemos en el libro de los Hechos de los Apóstoles y en sus cartas que contienen palabras de consuelo y de sabiduría para enfrentar, especialmente, tiempos difíciles.

No hay justificativo para tener mal carácter, por eso te­ nemos que pedirle al Señor que obre en nosotros. Si lo pe­ dimos con sinceridad El nos enviará pruebas y circunstan­ cias que irán puliéndonos y transformándonos en hombres maduros y sabios para hacer su obra.

Características del ministro de Dios

El carácter santo determinará una personalidad sana y santa. Algunas de esas características son: honestidad, fi­ delidad, confiabilidad, pureza, humildad, cortesía, afabili­ dad, alegría, sensibilidad, solicitud, mansedumbre y sabi­ duría. Una característica muy importante que debe tener

90

Co n d u c t a Mi n i s t e r i a l

todo ministro es la FLEXIBILIDAD.

El ministro debe ser flexible, debe tener convicciones muy claras y principios de vida bien establecidos en la pa­ labra de Dios, pero debe ser flexible para aplicar esos prin­ cipios y para entender a los demás con el fin de relacionar­ se correctamente con ellos y para no destruirse a sí mismo.

Un maestro de la Palabra dió una lección objetiva sobre este tema usando tres objetos. Primero tomó una regla de madera y dijo “el cristiano que no es flexible es como esta regla rígida, no se dobla. Todo lo tiene bien medido, pero cuando llega una situación extrema en la cual él debe cam­ biar o variar su postura, se quiebra”. Dobló la regla y esta se rompió. Luego tomó un trozo dé alambre dulce o blando y dijo, “El hombre sin convicciones es como un alambre blando, toda circunstancia lo cambia y lo marca. No tiene personalidad y con el correr del tiempo queda como este alambre.” Mientras hablaba iba torciendo en distintas di­ recciones el alambre hasta quedar todo anudado e inservi­ ble. Pero, concluyó, el cristiano sabio es flexible como esta hoja de acero, y mostro una sierra para cortar hierro. “El cristiano flexible tiene su centro en Cristo y en su Palabra, puede recibir nuevas ideas o formas de hacer las cosas que sean distintas a su manera de pensar, puede variar sus formas de obrar pero siempre vuelve a su centro”. Mien­ tras hablaba torcía la hoja hacia uno y otro lado y al soltar­ la, siempre volvía a su centro. El ministro cristiano sabio sabrá escuchar, valorar y considerar todo nuevo movimien­ to o doctrina, puede aceptar parte de esas nuevas cosas, que quizá son contrarias a lo que sostenía antes; pero en vez de quebrarse por no querer doblegarse, o de dejarse lle­ var por todo nuevo movimiento hasta desconcertar a los cristianos por no tener una posición definida, el ministro sabio escuchará, estudiará la Palabra, consultará y decidi­ rá sabiendo que Cristo y su Palabra son su centro.

Características de los malos ministros, (2Q Timoteo 3:1-9)

Amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, sober­ bios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, im­ píos, sin afecto natural, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos,

infatuados, amadores de los deleites mas que de Dios y tie­ nen apariencia de piedad. A ellos debemos evitar y si en­ contramos alguno de estos rasgos en nuestras vidas debe­ mos confesarlo reconociéndolo como pecado y pidiendo que el Señor nos perdone y que nos ayude para no reincidir.

La s m o t i v a c i o n e s

Como hemos apreciado las demandas éticas que rigen la vida de los pastores y de los líderes comienza con la hones­ tidad en reconocer la autenticidad del llamado y en haberse capacitado para desempeñar el ministerio con eficacia.

En segundo lugar, y antes de comenzar con las deman­ das éticas relacionadas con la conducta, consideraremos las motivaciones que orientan la vida y el ministerio del pastor o líder.

Dentro del ministerio no solo importa la calidad de lo que hacemos y la forma como lo hacemos, sino también las motivaciones que nos impulsan a realizar la tarea.

In document Conducta Ministerial - Rogelio Nonini (página 83-88)