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Cumplir con su función

In document Conducta Ministerial - Rogelio Nonini (página 163-167)

5 La conducta de los ministros

1. Cumplir con su función

El pastor debe comprender cuales son sus responsabili­ dades como pastor y cumplirlas. Es verdad que en nuestros días la función de los pastores se ha especializado al punto que hoy tenemos iglesias grandes en las cuales hay equipos de pastores en las cuales cada uno cumple con una tarea específica.

Está el pastor titular, el pastor de alabanza, el pastor de consejería, el pastor de jóvenes, el pastor encargado de la educación cristiana, etcétera. En estos equipos están tam­ bién los evangelistas, los responsables de la administración y otros cargos que conforman una verdadera organización.

Cada pastor debe definir su rol en la iglesia. Si es el pastor titular tiene la responsabiliadad de presidir y de lle­ var adelante la planificación y desarrollo de la tarea de la iglesia para que cumpla con su misión.

Su responsabilidad ética está en cumplir con las tareas asignadas y hacerlo como para el Señor. Debe hacerlo con calidad, con esmero y tratando de perfeccionarse cada día para ser una herramienta más útil en las manos del Señor de la iglesia.

Otro aspecto ético tiene relación con los horarios y las tareas pastorales que realiza y con el salario que percibe. Normalmente el pastor no es controlado laboralmente por la iglesia, ni por su denominación, o sea no se le controla el tiempo que dedica a su función pastoral. Por esta razón el pastor debe ser una persona muy disciplinada y ordenada para ser digno del salario que recibe de la iglesia o denomi­ nación.

Dentro del esquema del trabajo pastoral clásico, o sea de un pastor que está solo al frente de una iglesia, el Pacto de Etica Pastoral Bautista contiene algunas normas de éti­ ca que debemos tener presente.

1. “Procuraré conseguir de los miembros suprema lealtad y mayor centro de interés y amor hacia Cristo y no hacia mi

persona.” !

2. “Prédicaré con fidelidad la Palabra, tanto para ganar nuevas vidas como para edificación de los creyentes.”

3. “Visitaré a todos cuantos puedan ser visitados, pero ten­ dré especial cuidado en hacerlo con los enfermos, los an­ cianos y los atribulados.”

4. “Cultivaré una sincera amistad con los miembros, pero evitaré la excesiva familiaridad que redunde en menospre­ cio de mi ministerio. Mi hogar estará siempre abierto para todos, pero mantendré la vida privada necesaria para el buen desarrollo de la vida familiar.”

5. “Procuraré evitar todo favoritismo de mi parte con los miembros. Seré pastor de toda la iglesia y no de un sector de la misma. En cuanto a la amistad personal que les dis­ pense, tanto yo como mi esposa, será cuidadoso a este as­ pecto. Asimismo procuraré ser imparcial en lo que se refie­ re a la distribución de tareas, en lo que de mi dependa." (2)

Estas normas son básicas y todo pastor debe tenerlas presente para desarrollar un ministerio equilibrado y un cuidado amoroso de los miembros de su congregación.

El pastor debe amar a la iglesia. Como Jesús, quien amó a los suyos hasta el fin, (Juan 13:1) el pastor debe amar a su iglesia y estar dispuesto a dar su vida por ella.

Una tarea importante de todo pastor es protegerla de los ataques del maligno, de falsas doctrinas y de personas per­ versas que quieren afectar a la iglesia con su manera de ser y con su egoísmo. El pastor y los líderes deben orar inten­ samente y enseñar a los cristianos a reprender todo ataque del maligno. Deben enseñar la sana doctrina de tal manera que los cristianos sean maduros para enfrentar las falsas doctrinas, como los Testigos de Jehová, los Mormones y otras que están invadiendo nuestras ciudades. También de­ ben tener discernimiento espiritual para descubrir a perso­ nas que llegan a nuestras iglesias para aprovecharse de los miembros pidiéndoles cosas, engañando con historias fal­ sas, etcétera. Los líderes deben ser firmes para tratar con estas personas e impedir que hagan daño.

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Otro aspecto ético que debe tener presente todo pastor en relación con la iglesia es que ella debe ser un fin en sí misma y no un medio por el cual lograr otros fines perso­ nales como alcanzar prestigio, tener posibilidades de viajar, acceder al pastorado de iglesias más importantes y a cargos dentro y fuera de su denominación. Si fue llamado para pastorear, la iglesia debe ser su fin, trabajará y vivirá para ella.

No buscará enriquecerse, ni reclamará un sueldo muy alto en relación con lo que gana su gente, tampoco abando­ nará a su congregación porque una iglesia le ofrece mejores condiciones económicas. “Seguiré siendo pastor de mi igle­ sia mientras pueda continuar siendo útil y crea que es la voluntad de Dios. No abandonaré la iglesia por convenien­ cias personales, ni me aferraré a la misma cuando mi per­ manencia sea perjudicial para su desarrollo. Nunca sacrifi­ caré el bien de la iglesia a mi favor, pero estaré dispuesto a sacrificarme a favor de ella” (3)

Estas normas no implican que un pastor no pueda de­ sear y tratar de progresar, de cambiar de congregación y de acceder a cargos y ministerios importantes. Lo que puntua­ lizamos es la motivación. El ministro no debe usar a la igle­ sia para sus fines personales y egoísta. Al no ser un medio, sino un fin en sí misma sólo la dejará cuando haya cumpli­ do con su tarea en obediencia al Señor. Cada pastorado tie­ ne un tiempo de duración que generalmente coincide con etapas del desarrollo de la congregación. Hay momentos cuando una iglesia necesita un pastor con otras caracterís­ ticas y, también, hay pastores que terminan su ministerio en una iglesia al llegar a ciertas metas.

El cambio debe producirse de común acuerdo entre la iglesia, el pastor y, si corresponde, con la denominación.

En estos cambios es fundamental interpretar la volun­ tad de Dios. El problema ético surge cuando los pastores esgrimen el tema de la voluntad de Dios para justificar sus propios planes y voluntad.

Hay pastores que se constituyen como profetas en la iglesia y únicos representantes de Dios. Como resultado só­ lo él tiene el conocimiento o la revelación divina para toda la actividad de la iglesia. Cuando esto incluye el manejo

dictatorial de la congregación, incluyendo el dinero, entra­ mos en un terreno muy peligroso, subjetivo y sujeto a gra­ ves problemas éticos. Todo ministro debe actuar en equipo con otros pastores y con líderes de la iglesia que cooperan con sus dones y talentos. Estos equipos permiten que la voluntad de Dios sea interpretada por todos dándole segu­ ridad a la congregación que no hay motivaciones persona­ les o camales de parte de su pastor.

No es ético que un pastor actúe solo, debe formar un equipo de trabajo. El ministerio del Señor Jesús nos lo en­ seña. El llamó a los doce, entre ellos designó un tesorero. Aunque era el Hijo de Dios obró con toda prudencia y sabi­ duría dejándoles un ejemplo de la forma como debían tra­ bajar.

En la iglesia primitiva se siguió este ejemplo, los apósto­ les trabajaban en equipo. Cuando el apóstol Pedro fue co­ misionado por el Señor para visitar a Comelio, llevó consi­ go a seis hermanos como testigos. (Hechos 11:1-18} El apóstol Pablo también trabajaba en equipo y cuando esta­ blecía autoridades ponía ancianos, o sea más de uno, deja­ ba un equipo de hombres al frente de la congregación. (He­ chos 14:23)

Al escribir a la iglesia de Efeso dió instrucciones del tra­ bajo de los pastores expresando que el trabajo de los pasto­ res y demás líderes era “a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”. (Efesios 4:11-13)

Todo pastor tiene el privilegio y la responsabilidad de formar a los cristianos que le ayudarán en el ministerio. Deben ser personas llenas del Espíritu Santo, de buen tes­ timonio, personas reconocidas y aceptadas por la congrega­ ción. Deben ser cristianos con criterio propio y no obse­ cuentes con el pastor. No deben ser personas que obedecen sin pensar, aceptando todo lo que dice su pastor sin anali­ zarlo a la luz de la Palabra de Dios y con oración.

Por eso no es ético que el pastor designe en los ministe­ rios de la iglesia a familiares, amigos o a personas que no le

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observan cuando se desvía de la verdad o de los verdaderos objetivos de la iglesia.

La responsabilidad más importante del pastor es que la iglesia cumpla con su misión. Jesús la definió con estas palabras: “Id y haced discípulos a todas las naciones, bau­ tizándoles..., enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado” (Mateo 28:19-20)

La dimensión geográfica de la misión es a todo el mun­ do, “Y me seréis testigos en Jerusalém, en toda Judea, en Samaría, y hasta lo último de la tierra.” (Hechos 1:8) El pastor tiene la responsabilidad ética de cumplir con esta misión.

Debe trabajar con el objetivo de lograr que personas re­ ciban a Cristo como su salvador, que sean discipuladas, in­ tegradas a la congregación, capacitadas y organizadas para que la iglesia se expanda, en la ciudad, en el país y en todo el mundo.

El pastor debe organizar la iglesia ocupando a los miem­ bros de acuerdo con su madurez espiritual, con sus dones y talentos. Debe ser humilde y reconocer que no tiene todos los dones y que alguno de los miembros de su iglesia serán mas capaces que él para desarrollar algún ministerio. Cuando esto suceda, no debe tener celos, sino dar todas las oportunidades que sean necesarias para que los ejerzan y la iglesia crezca.

El pastor debe comprender que lo mas importante no es su ministerio, sino la iglesia y el cumplimiento de su mi­ sión.

Un pastor cumple con sus responsabilidades y triunfa ministerialmente cuando logra constituir una iglesia en la cual todos tienen la oportunidad de capacitarse para vivir el evangelio y para trabajar de acuerdo con sus capacida­ des. Una Iglesia en la cual todos se sienten integrados, úti­ les y con oportunidades para servir.

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