5 La conducta de los ministros
1. El pastor y las críticas
Todo pastor y líder debe saber que será criticado, como también lo fue el Señor Jesús. Los fariseos y los escribas lo criticaban por comer y beber con los pecadores (Mateo 9:9- 11); por sanar en día sábado (Mateo 12:9-14) y le hacían preguntas con trampas para hacerlo fracasar, como en el caso del pago de impuestos, la resurrección de los muertos, etcétera. (Mateo 22:15-31)
Los que tienen tareas públicas serán objeto de críticas porque nunca se puede conformar a todos. Lo que más duele al ministro es cuando las críticas son injustas y pro nunciadas por personas a las cuales se les ayudó mucho.
¿Cómo debe reaccionar un pastor frente a las críticas? En general no debe defenderse, no debe salir al cruce de cada crítica para aclarar o explicar lo sucedido. Habrá si tuaciones cuando deba hacerlo y, en ese caso, debe consul tar con el liderazgo de la iglesia analizar la situación y de terminar como hacerlo.
Si las críticas responden a realidades de su vida o mi nisterio, el pastor debe tener la humildad de reconocerlas y pedir perdón haciendo las rectificaciones que sean necesa rias.
que los muchachos de la calle se reían de su canto, con hu mildad respondió: "Es cierto tengo que aprender a cantar". En otra ocasión le notificaron que era calumniado por mu chos. Con mansedumbre contestó: "Esta bien, tengo que vivir de tal modo que nadie las crea". Cuando le comenta ron que un amigo suyo lo estaba difamando o detractando dijo: 'Tengo que tener cuidado, pues yo creo que esa perso na no diría tales cosas de mi vida si no tuviera algún moti vo".
Cuando somos criticados tenemos que analizar lo que se dice para determinar cuanto de cierto tienen esas críti cas. Como Platón tenemos que verlas como un espejo en el cual podemos ver la imagen que estamos proyectando so bre los demás.
Es verdad que muchas personas critican por envidia, por despecho, porque no lograron lo que deseaban y tam bién porque no los apoyamos cuando tuvieron actitudes in correctas. Seremos criticados por los que no aman la ver dad, la corrección, la honestidad, la puntualidad y todas las virtudes que deben adornar la vida cristiana. Cuando un pastor vive en santidad y la enseña con bases bíblicas, disciplinando a los que viven desordenadamente, será obje to de críticas perversas. Estas críticas no deben d esan i marle.
Esto nos lleva a una conclusión, las críticas nunca son malas, aunque las intenciones del que las pronuncia lo sean, porque ellas le permiten al pastor hacer una evalua ción de su vida y ministerio.
Como dijimos, si responden a errores nuestros, nos ayuda rán a enmendarlo y si son mentiras, el Señor se encargará de desbaratarlas. Lo importante es que las críticas no nos desanimen y menos que nos llenen de amargura.
El otro lado de este tema lo constituye la actitud del pastor en relación a otras personas. El pastor no debe criti car a los demás, sean cristianos, líderes o pastores. Cuan do un pastor considera que algo no está bien no debe ha blar por atrás, no debe comentar sus apreciaciones con otras personas sino ir directamente al interesado y presen tarle sus inquietudes con el fin de ayudarle a corregirlas.
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grave y muy frecuente. Critican por envidia, por despecho y por considerar que otros tuvieron oportunidades que él no tuvo para acceder a cierta posición o beneficios.
Si conocemos alguna cosa que consideramos reprocha ble en otra persona, podremos comentarla con personas es pirituales con el fin de orar y pedir consejo para saber co mo proceder, pero nunca para difamar o afectar el buen nombre de otra persona.
“Los mejores cristianos son los que ponen más cuidado en reformarse a sí mismos que en criticar a los demás” (4) El pastor debe ser un ejemplo para la iglesia por que no cri tica a otros y por actuar con humildad y sabiduría cuando lo critican a él.
El pastor y los fracasos ministeriales
El pastor y los líderes no están exentos de fracasar en sus funciones, como tampoco lo están los miembros de la iglesia. Es importante que los ministros estén conscientes de esa posibilidad y preparados espiritualmente para que, aún en sus fracasos puedan ser tín ejemplo de conducta cristiana. No estamos hablando de fracasos ministeriales por causa de pecado, sino de la falta de resultados.
¿Cómc debemos manejar los fracasos ministeriales? ¿Qué debemos hacer cuando en el ministerio no tuvimos los resultados esperados y tuvimos que dejarlo o nos pidie ron la renuncia?
Es evidente que las respuestas son múltiples como tam bién lo son las causales. Lo fundamental es replantearse con honestidad si Dios le llamó y le dotó para esa tarea. No lograr resultados importantes en nuestro primer ministerio no es índice de fracaso o de ineptitud.
El apóstol Pablo tuvo grandes luchas en su ministerio, pero él sabía que había sido llamado por Dios para esa ta rea. A pesar de la experiencia que ya tenía no tuvo éxito en Atenas. Muchos se burlaron de sus enseñanzas y pocos se convirtieron al cristianismo. (Hechos 17:16-34)
La historia de Juan Marcos es probablemente la que más nos alienta. Como recordaremos él fue llevado por Ber nabé y Saulo en su primer viaje misionero. Por causas que desconocemos él los dejó en Perge de Panfilia, regresando a
Jerusalén. (Hechos 13:13)
Cuando años después Pablo y Bernabé resolvieron ini ciar un segundo viaje, Bernabé quiso llevar a Marcos para darle una segunda oportunidad, pero Pablo se opuso. Esto originó un desacuerdo entre ellos de tal magnitud que re solvieron separarse. Pablo se fue con Silas y Bernabé con Marcos. (Hechos 15:35-39)
Con el correr del tiempo Marcos escribe el evangelio que lleva su nombre y el anciano apóstol Pablo le pide a Timo teo que le lleve a Marcos porque le era útil para el ministe rio. (2B Timoteo 4:11)
El joven que fracasó en su primer viaje, el joven qjáe mo tivó la separación de Pablo y Bernabé creció, maduró y triunfó. Este testimonio debe animamos. -Un frácaso o la falta de los resultados esperados debe m otilón os a orar para buscar la dirección del Señor que nos ájmde a definir nuestro llamamiento y a dar los pasos que sean necesarios para obedecerlo.
Es importante que la persona que se considera fracasa da busque un pastor de experiencia que, como Bernabé, le ayude, le pastoree y le permita comenzar una nueva etapa ministerial dentro de la voluntad de Dios.
No debemos permitir que el desánimo nos invada y de rrumbe “No existe, en verdad, fracaso si no fracasa el áni mo: a menos que hayáis sido derrotado en este terreno, vuestra victoria es cierta.” (4) La seguridad del amor de Dios y de su llamamiento debe animamos a buscar nuestro lugar en su obra y a superar todo desánimo.
Por otro lado todo pastor debe estar dispuesto a ayudar a los líderes y pastores que fracasan y que solicitan su ayu da y consejo. Debe hacerlo con amor, con humildad y con el deseo de restaurarlo. No debe erigirse como juez, sino co mo un hermano mayor, que como Bernabé, actuará lleno de comprensión y sinceridad.
Para ayudarle debemos analizar sus dones, sus capaci dades, su llamamiento, las circunstancias que rodearon su ministerio, los aspectos fuertes y los débiles de su carácter y las habilidades que tiene. Juntos y en oración debemos ayudarle a redescubrir la voluntad divina para su vida y fa milia.
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Dentro de esta tarea de restauración y sanidad espiri tual debemos darle oportunidades para ministrar en aque llas áreas en las cuales se destaca ayudándole a corregir las deficiencias y a perfeccionar lo que hace bien. Esto mis mo debemos hacer con los miembros de nuestras iglesias que no tienen los resultados esperados en los ministerios que desarrollan en la iglesia. El amor, la comprensión y la orientación del pastor permitirán que el cristiano descubra los dones que tiene y el verdadero ministerio que debe desarrollar en la iglesia.
Debemos ayudarle a avivar el fuego del don que está en él y a confiar en Dios, quien le da el valor y el poder para obrar. (2® Timoteo 1:6-7) Paso a paso debemos ayudarle a recobrar la confianza en sí mismo y a tener la seguridad que el Dios que le llamó le ayudará a cumplir correctamen te su ministerio. Paulatinamente el fracaso se transformará en victoria, como lo apreciamos en la experiencia de Mar cos.