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El Llamado al Ministerio

In document Conducta Ministerial - Rogelio Nonini (página 70-74)

2 Base bíblica y teológica

2. El Llamado al Ministerio

Nos llena de gozo pensar que el mismo Dios que llamó a Abraham, a David, a los grandes profetas y a los apóstoles, hoy nos llama también a nosotros para que le sirvamos. Por eso decimos que el ministerio es una vocación santa y que responde a un llamado de Dios bien definido.

Vamos a analizar la experiencia del apóstol Pablo como uno de los casos mas inspiradores:

La experiencia del apóstol Pablo

Romanos 1:1. Dice que era apóstol de Jesucristo y lla­ mado para ser apóstol. Todos conocemos su dramático lla­ mamiento narrado por Lucas en el libro de los Hechos, (cap. 9:1-22) Cuando testificó ante Agripa recordó que Je­ sús le dijo: “...levántate, y ponte sobre tus pies; porque pa­ ra esto te he aparecido a ti, para ponerte por MINISTRO y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a tí, librándote de tu pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora te envío, para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban por la fe que es en mí,

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perdón de pecados y herencia entre los santificados. Por lo cual, oh rey Agripa, no fui rebelde a la visión celestial.” (re­ saltado del autor). (Hechos 26:16-19)

“Pablo, apóstol (no de hombres ni por hombre, sino de Jesucristo y por Dios el Padre que lo resucitó de los muer­ tos)... Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó (itálicas del autor) por su gracia, revelar a su Hijo en mí, para que yo le predícase a los gentiles, no consulté enseguida con carne y sangre, ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo; si­ no que me fui a Arabia y volví de nuevo a Damasco.” (Gála­ tas 1:1, 15-17)

Dios lo llamó para revelar en él Su gracia y para que la proclame. En esta carta expresa que era apóstol no por vo­ luntad o por designación de hombres y explica su experien­ cia con el Señor y con los líderes de la iglesia de Jerusalen. (Gálatas 1:11-23) Los hombres pueden instruimos, acon­ sejamos, inspiramos y animamos para que ministremos, pero si no tenemos UN CLARO LLAMADO DE DIOS PARA HACERLO, no debemos aceptar ningún ministerio y menos el pastorado.

Pablo escribe que Dios le puso en el ministerio con estas palabras “Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús nuestro Señor, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio.” ( I 9 Tim. 1:12) Es este llamado el que nos per­ mite seguir adelante cuando todo parece andar mal, cuan­ do no vemos los frutos esperados, cuando hay luchas y contradicciones. El apóstol Pablo suprió como pocos por causa del ministerio, como apreciamos en 29 Corintios 11:22-28. Pero siguió porque él sabía quien lo había llama­ do y para qué. En su primer carta a Los Corintios escribe “Hasta esta hora padecemos hambre, tenemos sed, esta­ mos desnudos, somos abofeteados y no tenemos morada fi­ ja. Nos fatigamos trabajando con nuestras propias manos; nos maldicen, y bendecimos; padecemos persecución, y la soportamos. Nos difaman, y rogamos; hemos venido a ser hasta ahora como la escoria del mundo, el desecho de to­ dos.” ( I 9 Corintios 4:11-13)

En su segunda carta les testifica “Porque hermanos, no queremos que ignoréis acerca de nuestra tribulación que

nos sobrevino en Asia, pues fuimos abrumados sobremane­ ra más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aún per­ dimos la esperanza de conservar la vida.” (2° Corintios 1:9)

Pablo anima a Timoteo a avivar el fuego del don que po­ seía y le dice que ellos tenían un llamamiento santo. (2a Ti­ moteo 1:6-11) “Quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propó­ sito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús...” (Vers.9)

Pastores au.tonombrad.os

Toda persona que se autonombre pastor sin haber reci­ bido un claro llamado de Dios estará obrando en desobe­ diencia y por consiguiente su ministerio no será ético por­ que estará desarrollando una tarea para la cual Dios no le llamó. No es correcto asumir el pastorado o un ministerio dentro de la iglesia, o en entidades de servicio sin tener un claro llamado del Señor, sin los dones del Espíritu que lo capacitan, sin el carácter y sin la madurez emocional para desarrollarlo.

Un h o m b r e d o t a d o c o n l o s d o n e s d e l Es p í r i t u Sa n t o

Todo ministro debe estar dotado con los dones del Espí­ ritu Santo que le capacitan y habilitan para desarrollar un ministerio dentro de la iglesia.

En Efesios 4:6-16 el apóstol Pablo nos dice que Dios dió a la iglesia para su crecimiento, hombres llamados y capa­ citados con dones del Espíritu Santo. “Y él mismo consti­ tuyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros evangelis­ tas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfec­ to, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.” (vers. 11-13)

El pastorado, como los otros ministerios que el Señor dió a la iglesia, son dones o regalos. Con esto queremos decir que los líderes, pastores, evangelistas, maestros, pro­ fetas, directores de ministerios, son regalos de Dios para la

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Iglesia, quien se beneficia con su ministerio. Por ese moti­ vo los ministros deben tener presente que ellos no son los dueños de la iglesia, sino sus servidores. La iglesia debe sentirse agradecida a Dios por sus ministros, deben hon­ rarlos e imitar su fe y conducta. “Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os pre­ siden en el Señor, y os amonestan; y que los tengáis en mucha estima y amor por causa de su Obra.” (1° Tesaloni­ senses 5:12,13)

“Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la Pa­ labra de Dios; considerad cual haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe. Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, co­ mo quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con ale­ gría, y no quejándose, porque eso no os es provechoso." (Hebreos 13:7,17)

Quiero reiterar que los apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros son cristianos dotados con dones del Espíritu que les capacitan y les califican para desarrollar esos ministerios. Todo ministerio responde a un don del Espíritu Santo y quienes no lo poseen podrán desarrollar una tarea, pero no tendrán el poder, rfi la autoridad divina para funcionar. Podrán tener el cargo, ejercer la función, pero no tendrán la aprobación divina. Cuando Dios llama a un cristiano para desarrollar una actividad ministerial le da, junto al llamamiento el don, la capacitación y la autori­ d a d p^ra funcionar. Nunca el ministerio verdadero, o basa­ do en la palabra de Dios, es el resultado del esfuerzo perso­ nal, sino del llamamiento y la dotación que recibimos de Dios. No es por voluntad humana o personal, sino divina.

1. El pastorado

El pas'torado es un ministerio en el cual se combinan distintos dones como:

Pastor maestro. Pastor evangelista. Pastor administrador. Pastor consejero, etcétera.

2. El Evangelismo

El evangelismo es un ministerio con muchas facetas.

Son evangelistas, o tienen dones para evangelizar:

Los predicadores que desarrollan campañas con distin­ tas dimensiones en lo que hace a convocatoria, cantidad de personas que asisten para escucharlo; a resultados, mani­ festaciones de fe, sanidades, liberaciones, etcétera.

Los cristianos que hacen obra personal, visitando hoga­ res, hospitales, colegios, cárceles, etcétera. Son pastores o cristianos que tienen la gracia divina de llevar a los pecado­ res a Cristo.

Los que evangelizan a multitudes por medio de la radio, la TV, los medios gráficos, y otros medios sociales de comu­ nicación.

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