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Los Roles en la Familia

In document Conducta Ministerial - Rogelio Nonini (página 143-146)

5 La conducta de los ministros

3. Los Roles en la Familia

Hablamos de roles para referimos a las responsabilida­ des que tiene cada uno de los componentes de la familia.

El esposo *

“Las casadas estén sujetas a sus maridos, como al Se­ ñor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cris­ to es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su salvador.” (Efesios 5:22-23)

En este pasaje el apóstol Pablo define el rol del hombre como cabeza de la mujer y hace una comparación magnífi­ ca con Cristo y su relación con la iglesia. “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se en­ tregó a sí mismo por ella, para santificarla... Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, se ama a sí mismo. Por­ que nadie aborreció Jamás a su propio carne, sino que la sustenta y la cuida, como Cristo también a la iglesia.” (Efe­ sios 5:25-31)

El amor debe ser expresado con palabras, ellas no sólo deben saber que las amamos, también necesitan que se lo digamos.

Le demostramos nuestro amor cuando le obsequiamos cosas, aunque sean pequeñas. Debemos hacerlo cort^re- cuencia y no sólo en fechas especiales como el cumpleaños, navidad o año nuevo.

Le manifestamos nuestro amor y gratitud, cuando le agradecemos las cosas que ella hace por nosotros y por la familia.

Es evidente que otra manera práctica de demostrarle nuestro cariño es ayudándole con las tareas de la casa, con el cuidado de los niños y a resolver sus conflictos.

El amor romántico debe ser cultivado y debe embellecer nuestra vida sexual. El esposo debe respetarla, compren­ derla y lograr su satisfacción plena.

Ese amor debe ser como el de Cristo por su iglesia, o sea un amor responsable que está dispuesto a sacrificarse

para protegerla y para servirla de tal manera que se realice como persona. Ser cabeza de la esposa no implica privile­ gios que determinen que debe ser servido por ella, como si fuera el amo y Señor, sino que nos habla de la responsabi­ lidad que tiene el hombre de presidir con su ayuda la fami­ lia.

Juntos deben planear y llevar adelante la vida familiar. Cuando el esposo no está la esposa asume la autoridad en la casa con la facultad de orientar y disciplinar a los hijos, efectuar las compras que sean necesarias y tomar las deci­ siones que correspondan de acuerdo con las circunstancias y dentro de la filosofía que ambos han establecido.

El matrimonio debe funcionar como un equipo de traba­ jo y cuando llegan los hijos deben ser integrados para que

todos se sientan parte de la familia.

El hombre debe ser primero una autoridad espiritual en su hogar, para después ejercer las otras prerrogativas.

Por ese motivo es responsable del desarrollo espiritual de su esposa. Como Cristo se dió para santificar a la igle­ sia, el esposo debe preocuparse por el crecimiento espiri­ tual y ministerial de su cónyuge. Para lograrlo debe dedi­ carle tiempo, debe tenerle paciencia, debe comprenderla y no debe desmayar.

La esposa

El apóstol Pablo nos dice que la esposa debe estar suje­ ta al marido como lo está la iglesia de Cristo. Esta es una sujeción voluntaria y por amor.

La esposa será feliz en la medida que gozosamente se sujeta a un hombre que la ama, la respeta y trabaja para que se realice como persona.

La sujeción de la mujer tiene relación con la coopera­ ción y la complementación. Ella y su esposo deben ser una unidad que funcionan en armonía para honrar y servir a Dios; para ayudarse mutuamente y para crear un ambiente agradable y sano en el cual se formen sus hijos.

La sujeción no debe ser condicionada por la manera de ser del esposo, o sea por su carácter, su vida espiritual o por su salud. Debe sujetarse en obediencia al Señor. Por otro lado esta sujeción debe estar condicionada a la volun­

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o n d u c t a Mi n i s t e r i a l

tad de Dios y a sus principios de yida espiritual. En otras palabras, la sujeción al esposo, nunca debe llevarle al peca­ do. Si él le pide algo indecoroso, ella tiene el derecho de no obedecer.

La sujeción no le priva a la mujer de su personalidad, no le esclaviza al punto de no ser ella misma, ella puede y debe opinar. No debe anularle, ni quitarle su creatividad. En Proverbios capítulo 31 eHcontramos las características de una esposa virtuosa quelionra a su esposo y que es ala­ bada por sus hijos.

La esposa no es inferior al esposo, la diferencia está en las funciones que deben desempeñar en el hogar. Ambos deben complementarse para lograr los objetivos que Dios tiene para ellos, como personas, esposos y ministros suyos.

Las esposas de los ministros tienen presiones y proble­ mas que no tienen, en general, las otras esposas. Sus espo­ sos son personas públicas, son reconocidos, alabados, hon­ rados y también criticados. Las esposas deben ser maduras emocionalmente para no caer en competencia, en celos y en actitudes que afecten el matrimonio y el ministerio de am­ bos.

Para evitar estas situaciones es muy importante el diá­ logo. Deben conversar sobre todos los temas que molestan, preocupan o que perturban la relación matrimonial para que llegen a un acuerdo. La esposa debe conocer y aceptar el ministerio de su esposo y complementarle para que él pueda desarrollarlo. Otro tanto debe hacer el esposo. Am­ bos deben ayudarse para que cumplan con su vocación.

No es ético que la esposa viva quejándose de su esposos de su situación económica, de la casa, de sentirse sola o in- comprendida. Debe analizar con su esposo cada situación conflictiva y, si las cosas se agravan, deben consultar jun­ tos algún consejero matrimonial o hablar con un pastor de experiencia para que les ayude a resolver las diferencias. Un matrimonio que funcionaba admirablemente era el de Aquila y Priscila. Siempre aparecen juntos ayudando al apóstol Pablo, aconsejando a Apolos, trabajando en Efeso, etc. (Hechos 18:1-3; 24-28). De igual manera es importante que la esposa acompañe a su esposo en el ministerio y que se ayuden mutuamente.

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