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personas de la periferia

5.3 La subjetividad del k'epiri (configuración)

5.3.1 Sobre el cuento

5.3.1.2 Características narrativas

“Un relato representa una forma de discurso en virtud de la cual alguien informa a alguien acerca de unos acontecimientos” {Martínez y Scheffel 2011 [1999]: 30}. Diferenciar entre los relatos de palabras y los relatos de sucesos, sirve para distinguir respectivamente, las interpretaciones de las experiencias en el cuadrado praxeológico. Además, para diferenciar la voz196 del narrador de los pensamientos del

personaje, porque en el cuento que analizamos se confunden. Los relatos de palabras son aquellos en los que se citan lo dicho por los personajes sin verbum

dicendi, también sus pensamientos. Los relatos de sucesos describen lo que ocurre y

traen al lenguaje cosas que no son palabras {Martínez y Scheffel, 2011 [1999]: 76-95}. En el relato de El k'epiri no se citan las palabras de los personajes, pues está de por medio el narrador, pero sí se citan los pensamientos del personaje central. En el cuento se usa el modo narrativo y se lo transpone a un estilo indirecto libre {Martínez y Scheffel, 2011 [1999]: 74-95}197. De esta manera, el narrador ve a través de los ojos

196 Bajo la categoría “voz”, se entiende “todos los problemas relativos al acto de la narración, es decir, además de a la persona del narrador, a la relación entre del narrador y lo narrado, así como entre el narrador y el lector/oyente” {Martínez y Scheffel 2011 [1999]: 102}.

197 “Los procesos internos, por un lado, se representan aquí desde la perspectiva personal del personaje, y, por otro lado, mediante el empleo de la tercera persona y del pretérito épico, se integran en el discurso —que tiende a una cierta distancia— de una instancia narrativa que, per definitionem, es lingüísticamente competente. La ya comentada posibilidad de una transición sin fisuras entre el informe del narrador y el estilo indirecto libre posibilita, además, una rápida alternancia entre la perspectiva de los personajes y la del narrador, y, así, una gran movilidad de la narración” {Martínez y Scheffel 2011 [1999]: 89}.

197 del k'epiri, no hay una “focalización cero”, donde el narrador sabe o dice más (omnisciente) de lo que puede decir y saber el personaje {Martínez y Schaffel, 2011 [1999]: 97}. El narrador sabe lo que el personaje sabe, conoce muy bien su historia. Todo esto podría sugerir un grado de identificación del narrador con el k'epiri.

Un pasaje dice: “Sería una especie de desprestigio para la profesión, porque si estas cosas se aceptaban, el oficio caería muy bajo, y ya no habría escritores y poetas que alaben y ensalcen dicha actividad” (62). ¿Es una opinión del narrador o es el pensamiento del personaje? El mismo k'epiri no pudiera pensar eso sobre su oficio, es decir, la relación de su trabajo con la literatura, pues no sería verosímil que un cargador de los mercados considere el tema de la literatura como una cosa importante para él. Si se lo adscribe al k'epiri, sería un cargador consciente de la importancia literaria de su vida. Puede ser que esa consciencia literaria del k'epiri sea parte del juego ficcional y se esté hablando, como se sugiere en el mismo cuento, de un k'epiri excepcional. De hecho, es lo que quiere proponer Viscarra, un cargador diferente y construido a partir de su propia experiencia. Aquí se va a aceptar que se trata de un k'epiri único, consciente que es inspiración para escritores y poetas. Pues, como se verá, esto refuerza el sentido general del cuento. La oración: “(ninguno de ellos tenía un saco como el suyo)” (59), puede ser un comentario del narrador o quizás una valoración que hace el mismo personaje acerca de su saco. Tomando en cuenta la “focalización” interna de la narración, se considerará como pensamiento del personaje. Otra frase donde se confunden las voces es la siguiente: “siempre y cuando los caballeros de las casas y sus hijos varones no se encarguen de truncar ese estado señorital” (60). Se habla de la amenaza de los caballeros a las hijas del k'epiri, ¿es opinión del narrador o es lo que el personaje cree? Para el análisis se considerará como pensamiento del personaje, pues el k'epiri parece conocer bien cómo son los caballeros de la ciudad y de las casas.

En algunas frases, se explicita la distancia entre narrador y personaje: “que se podría decir”, “y hasta se puede decir” (55). Con ellas, el narrador explica un sentimiento del personaje. La frase: “Y es que el k'epiri es el mismo hombre que hace más de tres décadas ha llegado del campo a la ciudad (de dónde más iba a llegar)” (56), es un aporte del narrador y la idea entre paréntesis, su comentario. Con la frase: “k'epiri, que, me imagino, en aymará debe significar alguna cosa” (56), el narrador añade otro comentario suyo. Las siguientes frases que transcribimos señalan la presencia explícita del narrador: “(no es bueno llamar a nuestro k'epiri con nombre alguno)” (57),

198 “(me refiero a la olla)” (59), “(me refiero a doña Florencia)”, “(en la de ellas, se supone)” (60), “y si no le creen, pregúntenle cuántas veces la ha dejado lista para el estuche” (59), “(al menos se supone que todos los aparapitas hablan aymara)” (64). Además, cuando el narrador habla de la muerte del personaje, casi olvida su nombre: “como despedida del mundo que no lo había adoptado, y en el cual tan sólo había sido esa cosa que llaman, ¿cómo es?, ¡ah sí!... k'epiri” (65). Roman Jakobson llamaría a ese: “¿cómo es?”, en su teoría de las funciones del lenguajes, “función fática”, con el que se busca llamar la atención del lector. El narrador, en general, quiere establecer un diálogo con sus lectores de manera explícita para contarle la historia del k'epiri e ironizar, o ver con humor, algunos aspectos del personaje.

Sobre la posición del narrador respecto a los acontecimientos (en qué medida participa de ellos), se trata de un narrador “heterodiegético”: “Relatos en los que el narrador no es uno de los personajes de su historia y en los que, por consiguiente, domina la tercera persona” {Martínez y Scheffel 2011 [1999]: 119}. Respecto al tiempo de narración o cuándo se narra {cf. Martínez y Scheffel 2011 [1999]: 104}, la narración ocurre de manera “simultánea” a lo que está pasando. El tiempo narrado (o “duración de la historia narrada”) es indeterminado. Hay un presente que predomina, pero no se sabe si es uno, dos o más días. Se da a entender que es un tiempo corto desde que aparece el personaje caminando por las calles, hasta su despedida del mundo. Entre los momentos hay “saltos temporales” o “elipsis”. Se usa, asimismo, la “anacronía narrativa” o “alteración del orden cronológico” para ubicar los reiterados “pensamientos” del personaje y sus recuerdos del pasado. La literatura misma de Viscarra se basa en pensamientos, reflexiones y remembranzas nostálgicas. Finalmente, en relación al sujeto y destinatario de la narración, la narración está en una “situación comunicativa extradiegética” {Martínez y Scheffel 2011 [1999]: 124-125}. Es decir, la narración está dirigida a lectores externos y no a otro personaje dentro del cuento (“intradiegética”). Así, se tiene un único nivel de situación comunicativa, el narrador quiere contar la historia del cargador al público. Quiere ser oído y que los lectores tomen en cuenta esta historia.