clásica: el 'pobre' en Gustavo Gutiérrez
3.3 La subjetividad del 'pobre'
3.3.2 Los roles actanciales
Para interpretar la lucha del pobre por su liberación, según Gutiérrez, vamos a proponer el siguiente juego de roles, usando el esquema de los roles actanciales.
Tabla 4: Rol actancial del ‘pobre’
En primer lugar, como Sujeto ubicamos al “pobre” (actor colectivo). Como Objeto de sus deseos la “liberación” (dignificación, plenitud, mejor vida, salvación espiritual, material y otros bienes para la vida señalado por Gutiérrez). El Emisor del objeto de deseo es Cristo, la esperanza que el pobre tiene y su indignación. El Destinatario es el mismo pobre, pero también la sociedad en su conjunto, pues, según Gutiérrez, si se libera el pobre, nos liberamos todos en América Latina y el Caribe. Luego, debemos reconocer a su Ayudante, la comunidad (otros pobres), otro cristianos solidarios, entre los que se encuentran los mismos teólogos de la liberación y otros intelectuales “orgánicos” (podemos ubicar a Gutiérrez aquí). En el rol de Oponente hay varios. En primer lugar, quién o quiénes lo oprimen: los poderosos del mundo, una estructura social y económica. Incluso, Gutiérrez habla de la misma jerarquía eclesiástica. Junto a ella está la oligarquía o grupos sociales dominantes. Pero también se puede situar aquí a otros pobres no conscientes (los “egoístas”, dice Gutiérrez, como citamos). Vamos a identificar todas estas alusiones con el término “opresores”. Así tenemos completo el esquema, de modo general, son los “roles” que aparecen en el lenguaje teológico sobre el 'pobre' según Gutiérrez.
3.3.3 Valoración
A grandes rasgos, tenemos el habitus religioso del 'pobre' que hemos interpretado del lenguaje teológico de Gutiérrez. Su liberación tiene como contexto la posición católica en el campo religioso. Su ser digno, su ser persona: sujeto de la historia y su historia, hijo de Dios, tiene que ver con la esperanza en el reino, la vida en comunidad para resistir y celebrar. Logrando de esa manera, aminorar las fuerzas que intentan
Objeto - Liberación (proyecto
mayor)
Sujeto - El pobre —y con él
todas las personas
Ayudante - La Comunidad (otros pobres) - Otros cristianos solidarios - Teólogos de la liberación (sacerdotes) Oponente - Los opresores (oligarquía, iglesia) - Estructuras de pecado - Otros pobres no conscientes Destinatario - El pobre - La sociedad entera en América Latina y el Caribe Emisor - Cristo, la esperanza, los mismos pobres y la
104 reducirlo a objeto de opresión dentro del sistema capitalista, en el cual también es cómplice la iglesia oficial y sus jerarcas. El reconocerse y reconocer a los demás como sujetos de la historia, forma parte de su subjetividad que se identifica principalmente con la lucha por su emancipación.
El pobre está al tanto de los acontecimientos históricos e, incluso, de la finalidad histórica, tiene una perspectiva de los últimos tiempos: el reino de gozo y reconocimiento pleno que algún día alcanzará. Por esa razón es “sujeto”. Puede haber en su vida otras actividades, y de hecho eso pareciera sugerir Gutiérrez, pero su principal programa y estrategia en su vida es liberarse, vivir como hijo de Dios, procurar reivindicarse y luchar por su salvación. Liberarse es una tarea histórica colectiva y personal. Mientras lo tenga en cuenta y actué en ello, aparece como un “sujeto de la historia” y con historia. En ese camino, no se trata de hacer solo la revolución o de combatir directamente contra los poderosos y opresores, sino asimismo, de resistencias más indirectas: comer juntos, celebrar, ir a misa, orar, contemplar, leer la Palabra. Gutiérrez no profundiza esta dimensión más íntima (aunque lo sugerirá al decir que sin oración, canto o contemplación no hay liberación), porque él está preocupado de argumentar más que nada un proceso social y político de la liberación del pobre. La emancipación es ante todo en el plano social. En la parte espiritual, el pobre tiene a su comunidad. El pobre ante todo quiere liberarse social y económicamente. Siendo este su afán teológico, Gutiérrez debe pensar en un sujeto que lucha, consciente, politizado, esperanzado en la venida o construcción del reino. Los pobres son quienes lo van a construir junto a sus ayudantes, entre ellos, el teólogo, el mismo Gustavo Gutiérrez. Teniendo como objeto su liberación, el pobre es un actor que inicia un programa de vida en procura de conseguir esa emancipación, pues es el objetivo de toda su vida —la salvación no está dada, hay que ganarla. Así, el pobre se la juega y apuesta.
El esquema actancial responde a lo que se puede extraer de sus textos. Así, vemos a un 'pobre' limitado a un campo concreto que es la iglesia popular situada en los barrios de las grandes urbes. En este sentido, es un sector mestizo proletario, no necesariamente el sector indígena o campesino. Se puede asemejar más a un varón que a una mujer. El rol que asume el personaje de Gutiérrez, representaría a un grupo de personas en un contexto de lucha revolucionaria en América Latina y el Caribe por la década de los sesenta y setenta. Personas cristianas conscientes de su compromiso, su fe, dispuestos a hacer y a dar la batalla por sus sueños e intereses, seguros de construir el socialismo, que para los cristianos era el reino de Dios.
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3.3.4 El 'reino': una interpelación teológica ante la opresión
Las cuatro isotopías correspondientes a los cuatros lados del cuadro praxeológico nos permiten ver, al mismo tiempo, los grandes temas de la misma TDL: el pecado (opresión), la escatología (reino de Dios), la eclesiología (comunidad popular) y la sociedad (estructuras capitalistas). Esta última abre el estudio de la sociología como base para reflexión teológica. Las discusiones sobre el desarrollo versus dependencia y la dominación, por ejemplo, entran aquí. En otras palabras, estas cuestiones que afloran son las preocupaciones del teólogo, los grandes temas de su teología.
Gutiérrez en sus obras desarrolla el tema de la “liberación”, y teniendo el reino de Dios como norte habla de la realidad de opresión, de las estructuras capitalistas y de la comunidad de los pobres. La comunidad marcha hacia ese 'reino de Dios' y en ella el reino se adelanta. Gutiérrez no describe las condiciones sociales, económicas o políticas que tendría ese reino. Al hacerlo podría secularizarlo y el 'reino' perdería su perspectiva crítica, utópica y teológica101. Pero el teólogo señala la importancia de
alcanzarlo y de caminar bajo su perspectiva. El lector de su obra, debe imaginar el reino en toda su riqueza de bienes y esperanzas.
Las metáforas de fuerza histórica y rostro de Dios impulsan a seguir el camino de la salvación plena. Se trata de una promesa. Tiene que ver con la historia colectiva y personal de los pobres. Con un proceso en el tiempo y que se dirige a la eternidad. Solo en este proceso se entiende las acciones de los pobres.
La salida de Egipto es la gran metáfora que sirve de clave para interpretar el camino hacia la liberación. “Salir de Egipto es romper con la muerte (eso es lo que esclavitud y carencia significan) para ir al encuentro con Yahvé y convertirse en su pueblo”. En ese camino ocurre la “búsqueda de Dios”. “Esa búsqueda es el sentido último de todo el proceso” {1983: 114}. Ante el “llamado liberador de Yahvé”, la respuesta es romper con la “situación existente” a la cual estaba ligado el pueblo “por medio de sutiles y cobardes complicidades”. Pero la “ruptura” no se realiza de una vez y para
101 La utopía en Gutiérrez inspira la transformación social. Como el lenguaje profético, denuncia el orden existente y anuncia (presagia) un orden de cosas distinto. Lleva hacia el futuro, “un factor dinámico y movilizador de la historia”. La utopía se realiza solo en la praxis, pues si no conduce a una acción en el presente, es una evasión de la realidad. La utopía lleva a “condiciones de vida más humanas”, al compromiso con una “nueva conciencia social” y nuevas relaciones entre los seres humanos {1975 [1971]: 311-312}. La utopía se presenta como “preludio de la ciencia” e “imaginación creadora”. La liberación económica, social y política, tiene que ver con la ciencia, siendo el papel de la utopía la articulación de esos planos con la fe {1975 [1971]: 312-315}. “La liberación política se presenta como un camino hacia la utopía de un hombre más libre, más humano, protagonista de su propia historia” {1975 [1971]: 317}.
106 siempre es un proceso constante, que implica luchar “contra todas las fuerzas que invitan al regreso al viejo estado de cosas” {1983: 114}.
El reconocimiento del amor liberador de Yahvé está presente desde el inicio del proceso. Al mismo tiempo la celebración, fuera de la tierra de esclavitud y muerte, de esta fiesta de liberación y vida constituye un aspecto del aprendizaje de la libertad durante la travesía y la soledad del desierto. Libertad que se vivirá plenamente en la comunión de la tierra de promisión. {1983: 115}
El “camino”, interpreta Gutiérrez siguiendo al Éxodo, es el “conjunto de la vida” (ex-
odo: gr. hodós, que significa camino) {1983: 123}. Es el lenguaje de la esperanza de
los pobres y de todos quienes sueñan con un futuro por hacer y donde nacerá el “hombre nuevo”102. “En necesario ―señala Gutiérrez― tener presente que el Dios de
la Biblia no es sólo un Dios que gobierna la historia, sino que la orienta en el sentido del establecimiento de la justicia y el derecho […] es un Dios que toma partido por el pobre y que lo libera de la esclavitud” {1980 [1979]: 17}. La “alegría del futuro” es recibir el Espíritu de Cristo donde hay libertad (2 Corintios 3: 17): “Celebrar la Cena del Señor supone una comunión, una solidaridad con el pobre en la historia” {1980 [1979]: 29}.
La historia es ―como se enfocó― un proceso “Cristofinalizado”. Claramente, Gutiérrez pone la confianza última en un más allá de la historia presente caracterizada por el pecado. No sugiere un lugar específico (topos) ni un tiempo concreto (cronos), la aporía de la historia de la liberación encuentra su solución en Cristo, y se la formula en el lenguaje de la teología. Se traduce en un lenguaje poético y mítico, que habla de la utopía (u-topos) y del tiempo de Dios (kairós, gr. καιρός). Esto enriquece el mundo de los creyentes y del mismo teólogo comprometido, y les da aliento.
Gutiérrez quería responder, con las metáforas que propone, al problema de la articulación entre salvación/reino y proceso histórico liberador a partir del pobre. En ese sentido, hace un esfuerzo por superar los dos planos en los que tradicionalmente se ha dividido la realidad: el supra terrenal y el terrenal; y articular: “iglesia y mundo;
102 “Dios se revela como fuerza de nuestro futuro y no como un ser a-histórico” {1975 [1971]: 220}. “Luchar por un mundo justo, en el que no haya opresión ni servidumbre, ni trabajo alienado, será significar la venida del reino” {1975 [1971]: 225}. “Esperar no es conocer el futuro sino estar dispuesto, en actitud de infancia espiritual, a acogerlo como un don. Pero este don se acoge en la negación de la injusticia, en la protesta contra los derechos humanos conculcados y en la lucha por la paz y la fraternidad. Es por ello que la esperanza cumple una función movilizadora y liberadora de la historia” {1975 [1971]: 284}.
107 fe y realidades terrenales”103. E identificar una “falsa paz”, como si no hubiera
conflictos: injusticias, explotados y excluidos104. El sacerdote peruano postula un
único proceso histórico, “una sola historia”, que tiene muchas dimensiones, que es conflictual y que, pese a ello, es un camino hacia la nueva creación:
La situación revolucionaria en que se vive hoy, en particular en el tercer mundo, expresa ese carácter de radicalidad ascendente. Propugnar la revolución social quiere decir abolir el presente estado de cosas e intentar reemplazarlo por otro cualitativamente distinto; quiere decir construir una sociedad justa basada en nuevas relaciones de producción; quiere decir intentar poner fin al sometimiento de unos países a otros, de unas clases sociales a otras, de unos hombres a otros. La liberación de esos países, clases sociales y hombres socava el basamento mismo del orden actual y se presenta como la gran tarea de nuestra época. {1975 [1971]: 78}
El lenguaje teológico en la perspectiva de liberación del pobre, tiene que producir los puentes entre las necesidades históricas-sociales y el anhelo de salvación (utopía). Para que la salvación y la reivindicación social sean un mismo proceso, insistiendo que, aunque se hable de salvación espiritual, ella sigue siendo histórica.
Para evitar evasiones y rechazar una salvación solo espiritualista, es necesario acentuar que el cambio del “estado de cosas” comienza ahora y en este mundo: “luchar contra una situación de miseria y despojo, y construir una sociedad justa es insertarse ya en el movimiento salvador, en marcha hacia su pleno cumplimiento” {1975 [1971]: 211}. La salvación empieza en los actos concretos de la comunidad y continúa hasta perfeccionarse. La idea se puede expresar en esa conocida frase que dice: “Ya, pero todavía no”. En la escatología no se debe olvidar el presente, la historia y el hacer algo ahora. El peligro en el que frecuentemente cae la iglesia es el sacrificar el presente a algún futuro prometido. Por ello se habla de recreación de las cosas creadas. Y esto no es contradictorio con la creencia en aquella plenitud mayor,
103 Según Gutiérrez, la respuesta de la iglesia a esto, ha sido una postura conservadora al interpretar el mundo bajo los dogmas del cristianismo y dividir dos planos, dejando cierta autonomía a la dinámica del mundo {1975 [1971]: 82- 92}. El dogma de los dos planos se usa contra quienes se comprometen en la lucha social a causa de la justicia, para acusarlos de no demarcar la frontera entre esos dos planos. Sin embargo, la iglesia jerárquica los confunde constantemente, poniéndose a favor del sistema, del orden establecido, de los grupos dominantes. Pero habla de separar los planos. La jerarquía no los separa. En el lado de los dominadores, la política, la religión, la fe y las cosas terrenales están juntas. Se exige a quienes se comprometen con las luchas por la justicia que hagan la diferencia, pero la iglesia jerárquica no la hace y es funcional al sistema de opresión {1975 [1971]: 92-97}. “El hombre latinoamericano al participar en su propia liberación toma gradualmente las riendas de su iniciativa histórica y se percibe como dueño de su propio destino; además, en la lucha revolucionaria se libera de una manera u otra del tutelaje de una religión alienante que tiende a la conservación del orden” {1975 [1971]: 101}. Es en la perspectiva de un mañana y vocación de salvación, del cual participan todos los seres humanos, donde se supera la teología de los dos planos; de lo sobrenatural y lo natural. La salvación es integral, ocurre en la historia, donde Cristo está presente {1975 [1971]: 102-109}.
104 “A lo antagónico preferimos una irónica conciliación, a la provisorio una evasiva eternidad. Debemos aprender a vivir y a pensar la paz en el conflicto, lo definitivo en lo histórico.” {1975 [1971]: 179}
108 que es alcanzar la plenificación105. La urgencia de un lenguaje así sobre la historia y del
'reino', es a causa del pobre, quien ahora tiene hambre y vive en la intemperie: “¿Dónde dormirán los pobres?”. Como cristiano y teólogo, Gutiérrez elabora un lenguaje en donde el aquí y ahora de miseria encuentra una salida en la redención plena de Jesús el Cristo, que obliga a actuar en la historia, contra toda injusticia y proponer una vía para una sociedad mejor, que en tiempos en que el teólogo peruano escribió su TLP, fue la vía socialista, pero puede ser otro proyecto político, económico, social y cultural. El 'reino' es interpelado y replanteado por la urgencia de libertad y mejor vida. Y la realidad social es interpelada por el mensaje teológico del 'reino'. Así, actuar en el más acá significa dar de comer, vestir, visitar (Mateo 25), luchar, liberar y liberarse, que es un hacer propiamente cristiano y con el cual se anuncia el reino. Y al pobre, quien sufre, se le presenta como rostro de Dios, para impulsar esta acción solidaria. Gutiérrez es un teólogo y debe dar razón de la fe y de su fe en Cristo, al interior de la Iglesia Católica y ante la sociedad que demanda compromiso. Pero quien libera en última instancia es Cristo, pues es la base de la sociedad y de todo proyecto de liberación y vida mejor.
El lenguaje teológico de Gutiérrez desarrolla la interpretación positiva frente a la opresión. La teología tiene sentido cuando da esperanzas a sus oyentes. Esto caracteriza a la TDL clásica, ser un lenguaje de la esperanza escatológica, ser un relato de la salvación. Gutiérrez intenta solucionar la aporía de la opresión, en nuestra interpretación, con la configuración poética, narrativa, del reino de Dios. En este sentido, el teólogo puede proponer el final de la historia como reino y liberación definitiva de los pobres. Una historia cuyo final es Cristo, símbolo de amor, justicia, fraternidad, fiesta, paz, solidaridad. Bajo el criterio del amor y el reconocimiento mutuo entre personas, la imaginación es libre para proponer un mundo nuevo. Para Gutiérrez la utopía es un motor de la historia y de la praxis política. Con esto, la teología no se cierra a las imaginaciones de los mismos pobres sobre su propia reivindicación, pues son ellos quienes deben tomar la palabra e imaginar un mundo transformado. El teólogo ha bosquejado una posible subjetividad que tendrían los pobres, que, como vimos, se asemeja mucho a la suya como intelectualcomprometido.