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'sujeto' en Franz Hinkelammert

4.2 El ser humano como sujeto: interpretación filosófica

4.2.2 El 'sujeto': imágenes filosóficas (configuración)

4.2.2.1 El Evangelio de Juan: texto teológico y literario, la búsqueda de un origen

En su propuesta, el Evangelio de Juan interpreta la realidad de un determinado contexto, donde “lo teológico forma parte integrante, a la luz de una tradición” {1998a: 15}. Como también forma parte de ella la política y otros ámbitos del conocimiento y del saber/hacer humano: “la reflexión teológica no tiene como objeto la teología, sino la realidad”. En otras palabras: “Teológicamente habla de la realidad” {1998a: 14}.Así, si bien se puede tomar el Evangelio de Juan como teológico, no obstante su lenguaje no se agota en eso. En este sentido, “no puede ser y no es «teológico»”. Para Hinkelammert, el Evangelio de Juan, junto a los textos de Pablo y el Apocalipsis, conforman un conjunto que constituye “nuestro pensamiento en términos categoriales” y canaliza “toda la historia posterior hasta hoy, y que todavía está presente a pesar de las pretendidas secularizaciones” {1998a: 16}. El Evangelio de Juan, es un texto teológico y más que teológico; según su hermenéutica, le va a permitir hablar sobre el 'sujeto'.

El Evangelio de Juan, bajo su perspectiva, también puede ser leído como una obra literaria.

El evangelio de Juan es a la vez una obra de arte, un drama que conjuga las varias escenas. Un drama que a veces parece incluso comedia, y otras veces tragedia. Como en una obra de arte, el sentido está abierto. No hay una sola tesis central que sea defendida en un sentido apologético. Puede haber varios sentidos. Juan no se preocupa de eso. El evangelio de Juan es realmente un evangelio, aunque es a la vez una de las más grandes obras de arte de nuestra literatura. Cuenta la historia de provincianos en una provincia del gran imperio. Un carpintero de Galilea, un Sanedrín sometido a un régimen cuyo centro está muy lejos, un representante del imperio que ha sido mandado a esta provincia porque no sirve para mejor cosa. «Tercer mundo». {1998a: 129}

139 Los destinatarios del Evangelio de Juan son cristianos separados de los judíos (romanos o judíos), que viven en la Roma imperial. Es un texto religioso, pero no deja de ser una obra literaria. El Evangelio de Juan para Hinkelammert es el “Teatro del mundo”135.

Para Hinkelammert el Evangelio de Juan es un drama que representa la vida: nuestro mundo de hoy y a las personas. En el Evangelio de Juan se representan conflictos de la iglesia cristiana, que es a la vez, sugiere el autor, una crítica a toda la historia posterior del cristianismo. El texto ayuda a ver cosas hoy ―es como un espejo. Ricœur diría que imita las acciones humanas.

Aparece el tema de la “ley” y el “orden creado”, que podría tratarse por analogía también del efecto de la “ley y el orden” que Hinkelammert trabaja en su teoría socioeconómica y para explicar la negación del “sujeto”. En El grito del sujeto: del

teatro-mundo del evangelio de Juan al perro-mundo de la globalización hay una

crítica al filósofo romano Cicerón (106 – 46 a. C.), muy cercano también al estoicismo. Para Cicerón los enemigos de la ley (o la moral del imperio) ―los rebeldes de Catilina: campesinos endeudados y sin tierra― son “viciosos”, en cambio el cumplimiento de la ley es “virtud”. “Vicio” versus “virtud” es el esquema que propone Cicerón, o rebelión versus ley (herejía versus ortodoxia). Los enemigos del imperio no tienen derechos, sino son únicamente “viciosos”, por lo que se les debe combatir y extirpar con buena consciencia. En este caso, dice Hinkelammert, la guerra y la matanza está justificada por un esquema moral. Es una demonización del enemigo a partir de la ley formal, es decir, sin conexión con la vida real y material que exigiría más bien la rebelión por motivos de sobrevivencia y resistencia. Este esquema

135 Lucio Anneo Séneca (muerto el año 66 d. C.) comparaba la vida con una comedia. La existencia humana es breve por lo que las personas deben sujetar sus acciones a una recta conducta moral. Séneca fue un representante del estoicismo, donde se recomendaba a las personas cumplir bien su papel en el mundo, sin cambiarlos, pues se dará cuentas a Dios sobre la actuación del papel que a uno la ha correspondido desempeñar. El poeta y teólogo Francisco de Quevedo (1580 – 1645) expresa esta idea en un famoso poema: “No olvides que es comedia nuestra vida/ y teatro de farsa el mundo todo/ que muda el aparato por instantes/ y que todos en él somos farsantes;/ acuérdate que Dios, de esta comedia/ de argumento tan grande y tan difuso,/ es autor que la hizo y la compuso./ Al que dio papel breve,/ solo le tocó hacerle como debe;/ y al que se le dio largo,/ solo el hacerle bien dejó a su cargo./ Si te mandó que hicieses/ la persona de un pobre o un esclavo,/ de un rey o de un tullido,/ haz el papel que Dios te ha repartido;/ pues solo está a tu cuenta/ hacer con perfección el personaje,/ en obras, en acciones, en lenguaje;/ que al repartir los dichos y papeles,/ la representación o mucha o poca/ solo al autor de la comedia toca.” Es lo que también presenta el dramaturgo Pedro Calderón de la Barca en El gran teatro del mundo, cuyo personaje la “Ley” y el “Autor” ―que viene a ser como el “Creador” o el dios de la obra― dicen: “Obrar bien, que

Dios es Dios” {Calderón de La Barca 1997 [1655]: 17, v. 438}. En la obra de Calderón de la Barca, se destaca los

papeles que los humanos juegan en el “teatro del mundo”, pero al final consiste solo de roles que se abandonan a la llegada de la muerte. Calderón parece sugerir que los seres humanos no son los roles que representan, sino más que eso: “Vuélvase, torne, salga tu persona/ desnuda de la farsa de la vida” {Calderón de La Barca 1997 [1655]: 46, v. 1287-88}. “¡La vida es una farsa!”, quedarse desnudo ante la vida, ¿qué significa? ¿Podría ser esta tal vez una idea parecida a la concepción de 'sujeto' que propone Hinkelammert? Surge una consciencia. Somos los roles que asumimos, pero también más que todo ello, somos, diría Hinkelammert, “sujetos”.

140 ―señala el autor― será llevado después por la cristiandad a un nivel extremo {cf. 1998a: 195-201}. Se crean realidades y marcos categoriales míticos para justificar agresiones que son reales.

El autor del Evangelio de Juan pareciera entender ―sugiere Hinkelammert― “mucho de lo que pasará después” {1998a: 56-57}. Se formulan categorías de nuestro propio tiempo: la modernidad y la necesidad de superarla. Juan deja un camino abierto hacia el futuro, es decir, hacia nosotros hoy. Pero no es el texto el que decide sobre la historia, sino la historia sobre el texto ―con Ricœur diríamos la 'post- comprensión' o 're-figuración'. En cuanto al “mundo”, para Juan es el pecado que se comete cumpliendo la ley. La liberación de la ley es “la liberación frente a la libertad por la ley” (Juan 8) y lo puede hacer el ser humano en cuanto se reconoce Dios: “la divinidad del ser humano” (cf. Juan 10). La trama del Evangelio de Juan es el conflicto de Jesús con su comunidad y las razones que llevan a su muerte. Con esta introducción al

Evangelio de Juan según Hinkelammert, pasamos ahora a desarrollar algunos temas

sobre el 'sujeto' que el autor propone a partir de este Evangelio.