• No se han encontrado resultados

clásica: el 'pobre' en Gustavo Gutiérrez

3.2 El pobre: interpretación teológica

3.2.1 El pobre: una perspectiva general (pre-comprensión)

Ser pobre significa escasez o la no satisfacción de las necesidades elementales. “El término pobreza designa, en primer lugar, la pobreza material, es decir, la carencia de bienes económicos necesarios para una vida humana digna de ese nombre. En este sentido, la pobreza es considerada como algo degradante y es rechazada por la conciencia del hombre contemporáneo” {1975 [1971]: 365-366}. La pobreza y el pobre son producidos por el sistema económico y social que se mantiene en base a la vida de los pobres en beneficio de unos pocos85. Pero, al mismo tiempo, cuando no se tiene qué comer o dónde dormir, se es indigno86. Por eso se puede afirmar en Gutiérrez que la pobreza está ligada también a problemas espirituales y culturales, a valores y a sentimientos: “Los pobres no son objetos de favor, son sujetos de derechos y deseos” {2003: 191}.

85 “Der Arme ist das Produkt (oder das Nebenprodukt) eines wirtschaftlichen und gesellschaftlichen Systems, das von einigen wenigen zu ihrem eigenen Nutzen aufgebaut wird. Es gibt also einen strukturellen Konflikt, der in der Wirklichkeit des Armen enthalten ist.” {1987 [1983]: 101}

86 “En última instancia, la pobreza real es muerte temprana e injusta; hasta ahí hay que ir para captar su inmensa gravedad y el desafío que ella presenta a la dignidad humana de toda persona y a su condición de hija o hijo de Dios.” {2013 [2010]: 204}

90 La pobreza material está pues —así la entendemos en estas páginas— en el nivel de lo infrahumano. De este modo la percibe también —lo veremos más tarde— la Biblia. En concreto, ser pobre quiere decir morir de hambre, ser analfabeto, ser explotado por otros hombres, no saber que se es explotado, no saber que se es hombre. Frente a esta pobreza, material y cultural, colectiva y combativa, tendrá que definirse el sentido de la pobreza evangélica. {1975 [1971]: 367}

Según Gutiérrez, en ambientes cristianos se ha positivado la pobreza material como un “ideal humano y religioso”, de austeridad e indiferencia ante los bienes de este mundo, como una condición de una vida conforme al evangelio. Sin embargo, no es lo que los pobres quieren para ellos. Los pobres, y los seres humanos en general, procuran librarse de la sujeción de la naturaleza y, principalmente, eliminar la explotación del hombre por el hombre, creando riquezas para todos. Los pobres no desean ser objeto de misericordia cristiana, anhelan ser alguien, es decir, además de satisfacer sus necesidades más urgentes, aspiran a que se les reconozca como personas y por lo que pueden hacer y llegar a ser ellos mismos {1975 [1971]: 366}. Gutiérrez dice que la pobreza “evoluciona”, pues no se trata solo del pan, sino de tener acceso a valores sociales, culturales y políticos.

El pobre es considerado como “no-persona”, no es reconocido por el orden social existente. Es sistemática y legalmente despojado de su ser hombre, “apenas sabe que es una persona”. Pero el “no-persona”, el pobre, es creyente por eso no cuestiona directamente la religión, sino el mundo económico, social, político, cultural en el que vive {1980 [1979]: 102}. La pobrezaadquiere varias formas87.

Citando la Biblia88, Gutiérrez señala que la pobreza de miseria es un “estado

escandaloso” y que “pobre” se llama al indigente, débil, encorvado, miserable. Job y los profetas denuncian la pobreza como: comercio fraudulento, explotación, acaparamiento de tierras, justicia venal, violencia de clases dominantes, esclavitud, impuestos injustos, funcionarios abusivos {1975 [1971]: 370-372}. Pobre es el forastero, el huérfano, la viuda. Los pobres tienen derecho a la sobra de las cosechas (Dt 24: 19-21; Lev 19: 9-19). El salmista llama a liberar al pobre (Sal 82: 3-4). Las

87 “Mil pequeñas cosas: carencias de todo tipo, abusos y desprecios sufridos, vidas torturadas en busca de trabajo, increíbles maneras de ganarse la vida o más exactamente un pedazo de pan, rencillas mezquinas, separaciones familiares, enfermedades inexistentes ya en otros niveles sociales, desnutrición y muerte infantil, pago injusto por sus productos o mercaderías, desorientación total en cuanto a lo que es más necesario para ellos y sus familias, delincuencia por abandono o desesperación, pérdida de valores culturales propios.” {1983: 171-172}.

88 Gutiérrez sugiere que el tema principal de la Biblia es la liberación de los subyugados. Se la debe leer honestamente, es decir, sin manipular su contenido {1986b; 1983}. “[...] es normal, y ha sucedido muchas veces en la historia de la teología, que un elemento de la cultura contemporánea nos haya hecho especialmente sensibles a un aspecto del mensaje cristiano. Pero la fuerza y el sentido del «obrar la verdad» viene en primer lugar de la Biblia misma” {1986b: 136}.

91 leyes mosaicas instauran el “Jubileo” para que los pobres del pueblo tengan derecho a la comida y puedan alimentarse (Ex 23: 11, Lev 25: 2-7), recuperen su libertad (Ex 21: 2-7), se les sea condonada las deudas (Dt 15: 1-18). La pobreza contradice el sentido de la religión mosaica. La misión liberadora de Moisés está ligada a la religión de Yahvé y la supresión de la servidumbre {1975 [1971]: 373}. El culto a Yahvé y la posición de la tierra están unidos en la misma promesa. Aceptar la situación de pobreza y esclavitud, es volver a Egipto, es servidumbre. Los profetas con sus denuncias seguirán esta misma tradición {1975 [1971]: 374}. Comentando Génesis 1: 26 y 2: 15, que habla de la creación, Gutiérrez señala:

El hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, está destinado a dominar la tierra. El hombre no se realiza sino transformando la naturaleza y entrando, consecuentemente, en relación con otros hombres; sólo así el hombre llega a una plena conciencia de sí mismo, como libertad creadora que se conquista ella misma en el trabajo. La situación de explotación e injusticia que implica la pobreza, hace del trabajo algo servil y deshumanizante. El trabajo alienado, en vez de liberar, esclaviza aún más al hombre. {1975 [1971]: 374-375}

En el Nuevo Testamento se condena la opresión que ejercen los ricos (Lc 6: 24-25; 12, 13-21; 16: 19-31; 18, 18-26 y Stgo. 2: 5-9; 4: 13-17; 5: 1-6) y el pobre es el que no ha sido invitado al banquete (Lc 14:15-24). Los pobres no son los grandes, los bien considerados, los sabios y entendidos (Mt 11: 25). Son, por el contrario, los hambrientos, los que lloran en las bienaventuranzas de Lucas (Lc 6: 20-21); son los “publicanos” y las “prostitutas”: “pecadores públicos y por eso marginados y despreciados” {1986b: 224}. En 1 Co 1: 26-29, los pobres son lo “necio del mundo”, lo “débil”, lo “plebeyo”, los “no existentes” {1986b: 244}.

El pobre es el “ausente de la historia” {1986b: 39}. Es también la mujer, “doblemente explotada, marginada y despreciada” {1980 [1979]: 354, nota 36}. El pobre es el “otro”, “masas indígenas”, “clases populares”, quienes, sin embargo son “sujetos activos y creadores de su propia historia” {1980 [1979]: 355}. Los pobres son los que viven en “una tierra extraña, hostil a su vida y cercana a su muerte, lejana a sus más legítimos intereses e instrumentos de aquellos que los oprimen, ajena a sus esperanzas y propiedad de quienes buscan infundirles miedo” {1983: 22}. Esa tierra ha sido construida por los poderosos {1983: 24}. El pobre es el “otro” de “una sociedad que se construye al margen o contra sus derechos más elementales, ajena a su vida y a sus valores” {2003: 102}. “Ser pobre es también una manera de sentir, de conocer, de razonar, de hacerse amigos, de amar, de creer, de sufrir, de festejar, de orar. En otros términos los pobres constituyen un mundo” {1986b: 21}.

92 Gutiérrez cree que el pobre, dada su experiencia y crecimiento en la fe de Cristo, puede tener su propia voz y algo que decir. Se trataría de un cristiano pobre, que no es lo mismo que decir un pobre cristiano. Así, quien ha tomado, o debería tomar, consciencia de su situación es la misma persona pobre. “Es necesario comprender en efecto que no habrá un real salto cualitativo a otra perspectiva teológica, sino cuando los marginados y explotados sean cada vez más los artífices de su propia liberación, cuando su voz se haga escuchar directamente y sin mediaciones” {1980 [1979]: 116}. En cuanto a la “pobreza”, es colectiva. Es decir, se trata de clases sociales, pueblos y continentes pobres y explotados {1975 [1971]: 366}. Los pobres comparten historias comunes, experiencias de opresión y relaciones con el opresor. Necesariamente el ‘pobre’ existe como un grupo social, raza, clase, cultura, sexo. Este elemento es, según Gutiérrez, importante para referirse a la identidad del ‘pobre’ y su opresión, la cual asimismo se sostiene en base a la resistencia y oposición a la alienación, a la falta de derechos, a la explotación. La identidad del pobre como grupo colectivo es la solidaridad entre razas, clases, sexos, culturas oprimidas {1987 [1983]: 100}.

Por otra parte, Gutiérrez reconoce que no se puede entrar completamente en el mundo del pobre. “La voluntad de estar en el mundo del pobre no podrá ser, por eso, otra cosa que una curva asintótica: acercarse constantemente sin poder llegar a converger realmente con su vida. Ni siquiera la entrega de la propia vida lo consigue, pese a lo supremo del testimonio” {1983: 188}. En este sentido, además, el acercamiento al pobre con aires triunfales puede llevar al “fariseísmo” {1983: 189}. Tal vez, haciéndose niño es como se podría acceder al mundo de los pobres y, con ellos, en el reino, como lo dijo Jesús. Es la búsqueda “al mismo tiempo dolorosa y gozosa, de Dios Padre por los caminos del pobre” {1983: 190}. Un teólogo podría acercarse al pobre con respeto, con mente y corazón abiertos, dispuesto a aprender de él y acogerlo. Con esto, el teólogo peruano reconoce la limitación de su propio lenguaje para hablar del “pobre” y la “pobreza”. De tal forma que son los mismos pobres quienes tienen que dar razón de su esperanza: “[...] desde el comienzo se vio que no era posible profundizar en teología de la liberación si los pobres mismos no dan cuenta de su esperanza. Desde su propio mundo y en sus propios términos” {1980 [1979]: 369}. El teólogo ya no podría decir más sobre la realidad misma del pobre, pues son los pobres quienes tendrían que pronunciarse ahora. Y va más allá, señalando que los pobres hacen teología: “Hacer teología es tanto un derecho como una obligación para cualquier persona que sea a la vez pobre y cristiano” {2003: 79}.

93 En un libro de la década de los ochenta, Gutiérrez expresa que no quiere idealizar al pobre e indica que el “universo del pobre está atravesado por las fuerzas de la vida y de la muerte” y que en el pobre cohabitan la gracia y el pecado.

En efecto, en él se encuentran también indiferencia a los demás, perspectiva individualista de la vida, abandonos de familia, abusos de unos a otros, mezquindades, cerrazón a la acción del Señor. En tanto que forman parte de la historia humana, los pobres no escapan a las motivaciones de las dos ciudades de que habla San Agustín: el amor de Dios y el amor de sí mismo. {1983: 187}

A pesar de esta percepción crítica al mundo de los pobres, ellos según Gutiérrez seguirán siendo los predilectos de Dios. Y sus características señaladas no agotarían el tema en sí, debido a que queda abierto para la recepción de más definiciones, pues la “pobreza” y el “pobre” tienen muchos rostros y dimensiones que “evolucionan” e interpelan constantemente desde una realidad de opresión y falta de derechos. Para un cristiano o una cristiana creer en la resurrección “es incompatible con la aceptación de una sociedad que condena a muerte al pobre” {1983: 178}.