4. Acerca de la presente interpretación
5.2 Causalidad eficiente y externa: el mecanicismo de Spinoza
Para comenzar es imprescindible ubicar la concepción de Spinoza en el marco de las discusiones filosóficas en torno a la causalidad que tuvieron lugar durante el siglo XVII, una época, cuyos cambios en las teorías físicas se hicieron sentir fuertemente en todos los campos de la filosofía194. En términos generales se puede afirmar que la visión
194 Según Koinstinen, “La física determinista en evolución parecía ser incompatible con el punto de vista
predominante en este período es el mecanicismo, aunque no hay que olvidar que las teorías que se agrupan bajo este rótulo suelen presentar importantes diferencias. El mecanicismo del siglo XVII aparece por primera vez en los escritos de Galileo y luego encuentra en Descartes su mayor exponente. Finalmente, se cristaliza en la filosofía natural de Newton. Si bien, hay notorias diferencias entre las concepciones que sostuvieron los principales filósofos mecanicistas (Ott, 2009 pp. 35 y ss.) es indiscutible que el núcleo de todas ellas consiste en el uso de la metáfora de la máquina como modelo explicativo de la naturaleza. Desde un punto de vista muy general, este modelo presupone solamente materia, es decir, cuerpos con un determinado tamaño y forma, movimiento y reposo195.
Nos interesa señalar dos consecuencias principales de esta concepción, por un lado, al eliminar las fuerzas ocultas aristotélicas, la materia se convierte en un elemento totalmente pasivo (Shapin, 1996 pp. 44-46). Por el otro, dada esta reducción ontológica, las relaciones causales se ven limitadas al choque de los cuerpos como “evento tipo”. Así, el movimiento de un cuerpo se determina por los movimientos (y tamaños) de otros cuerpos con los que entra en una determinada relación (Yakira, 1994 p. 27; Shapin, 1996 p. 44). Como consecuencia, la causalidad física se convierte en una relación puramente extrínseca, ya que en el “evento tipo” (donde intervienen dos cuerpos simples, desprovistos de toda interioridad) lo único que ocurre es la comunicación de movimiento, sin cambio en el interior del cuerpo (Yakira, 1994 p. 29).
Ahora bien, más allá de los cambios introducidos por el mecanicismo en la visión de la naturaleza, éste no parece poder eliminar todos los aspectos de la concepción aristotélica. En efecto, por un lado, las fuerzas ocultas no desaparecieron por completo. Galileo, apeló en sus explicaciones al concepto de fuerza aunque se negó a indagar sus causas últimas (Burtt, 2003 pp. 98-102)196. Descartes, por su parte, debió recurrir a la acción de Dios para explicar la causa última del movimiento, ubicándola en algún punto de la línea que va del conservacionismo al ocasionalismo (Burtt, 2003 p. 111; Ott, 2009 pp. 54-55). Por otro lado, la relación causal siguió siendo considerada como una relación necesaria. Para Galileo los eventos de la naturaleza siguen una necesidad inviolable, la cual tiene como fundamento el carácter matemático de la
causado por Dios como que los cambios en una cosa finita parecen ser determinados solamente por cambios en otras cosas finitas?” (2002 p. 60).
195 Para una exposición más detallada de los usos de esta metáfora y su importancia en los comienzos de
la ciencia moderna vid. Shapin, 1996 pp. 36-37.
196 Para una discusión en la historiografía actual en la que se muestra que Galileo mantiene varios
estructura de la realidad natural, esto es, el supuesto de que la naturaleza sigue las leyes de la geometría (Burtt, 2003 p. 75). En el caso de Descartes, es claro que las leyes del movimiento que gobiernan el choque entre los cuerpos, sin importar que se las considere o no como el reemplazo de las formas sustanciales, imponen necesidad a la conexión causa-efecto, aunque la misma no esté por encima de la voluntad de Dios. Las leyes son necesarias, una vez que Dios las crea, pero ello no quiere decir que no hubiera podido crear otras leyes diferentes (Ott, 2009 pp. 52-54). Otros no menos famosos defensores del mecanicismo como Hobbes tampoco llegaron a negar la necesidad de la conexión causa-efecto (2009 pp. 220-221).
Fue Hume el primero que se atrevió a despojar a la naturaleza de toda necesidad, dándole así el tiro de gracia a la concepción causal aristotélica. Básicamente, lo que Hume rechazó es la existencia en el entendimiento de una capacidad –presupuesta en la imagen de los aristotélicos- para extraer las propiedades esenciales de las cosas, es decir, los tipos naturales. Tal habilidad, señala Ott, está anclada en la concepción aristotélica de la intencionalidad y en la existencia de especies inteligibles abstraídas del fantasma. Para Hume, en cambio, de la idea de la causa, es decir, la idea de su esencia, no se puede inferir la idea del efecto. Si B recibe un impulso de A, la trayectoria y la velocidad de B es algo que no puede inferirse a priori de A. De modo que, no es posible establecer ningún vínculo necesario entre A y B (Ott, 2009 pp. 223- 224; Yakira, 1994 pp. 111-112). Como consecuencia de esta crítica, Hume fue el primero en introducir una clara escisión entre necesidad causal y necesidad lógica (Bennett, 1990 p. 35)197.
Los rasgos del mecanicismo anteriormente esbozados, así como la referencia a la crítica de Hume, nos serán útiles para comprender mejor la concepción de Spinoza. Esta última nos permitirá, mediante el contraste, sacar a la luz con mayor nitidez las implicancias de la concepción general de Spinoza, la cual, como veremos a continuación, en lo que se refiere al ámbito de la física se mantiene dentro de las fronteras del mecanicismo. En efecto, según la filosofía expresada en la Ética, desde el punto de vista del atributo extensión, la naturaleza, se compone de cuerpos simples que no se distinguen entre sí más que por sus estados de movimiento y reposo, rapidez y lentitud (EIIp13, lema 1 y lema 7, esc.; G II 100-101). Estos cuerpos simples, por otra parte, forman cuerpos complejos y éstos, a su vez, otros cuerpos más complejos, de
197 Para Hume la necesidad lógica está expresada en la aritmética y la geometría. Para una síntesis muy
manera que, en última instancia la naturaleza toda puede verse como un único individuo hipercomplejo, cuyas partes sufren infinitos cambios aunque el individuo permanece siempre en el mismo estado (EIIp13, lema 7, esc.; G II 103). Por otro lado, para Spinoza, lo que mantiene la unidad de un cuerpo compuesto y constituye así su esencia es cierta proporción de movimiento y reposo que se trasmite entre las partes y que se mantiene constante (EIIp13, ax2, def.; G II 101). Cuando esta proporción se pierde el individuo deja de ser lo que era y se convierte en otra cosa (EIIp13, lemas 4, 5, 6 y 7; G II 100-101). Cabe señalar que, ya sea que se trate de los cuerpos simples ya de los complejos el cambio de estado se debe únicamente a la acción de algún cuerpo externo.
Un cuerpo, en movimiento o en reposo, -afirma Spinoza- debió ser determinado al movimiento o al reposo por otro cuerpo, el cual también fue determinado al movimiento o al reposo por otro, y aquél a su vez por otro, y así al infinito. (EIIp13, lema 3; G II 100)198
De este modo, tal como nos muestra esta versión del principio de inercia, todo cambio que ocurre en la naturaleza, contemplada desde el punto de vista de la extensión, se explica como una cierta proporción de movimiento y reposo que se genera a partir de los choques de los cuerpos entre sí.
Ahora bien, aunque es claro que nos encontramos frente a una concepción mecanicista similar a la cartesiana, en virtud de lo cual, podríamos afirmar que las causas que entran en juego en la explicación son causas eficientes, Spinoza prefiere la denominación de “causas externas”. Esto quizá se debe a que, como veremos luego, no limita las causas eficientes a las causas externas, como parecen hacerlo otros mecanicistas. Como quiera que sea, su justificación del principio de inercia en el corolario que sigue al lema 3, deja suficientemente claro cuál es la naturaleza de este tipo de causalidad:
De aquí se sigue que un cuerpo en movimiento continúa moviéndose hasta que sea determinado por otro cuerpo a detenerse;… si después sucede que el cuerpo A se mueve, eso no puede provenir de que estaba en reposo, ya que de ahí no podía seguirse sino que el cuerpo A estuviera en reposo. Si, en cambio, se supone que A se mueve, siempre que atendamos sólo a A,no podremos afirmar de él sino que se mueve.
198 “Corpus motum vel quiescens ad motum vel quietem determinari debuit ab alio corpore, quod etiam ad
Pero, si después sucede que A está en reposo, eso tampoco pudo provenir del movimiento que tenía, ya que del movimiento no podía seguirse sino que A se moviera. Proviene, pues, de una cosa que no estaba en A, a saber, de una causa exterior, por la que fue determinado al reposo. (EII lema 3 cor.G II 99-100)199
Es claro según este corolario que, en el ámbito de la física, Spinoza sigue la concepción inaugurada por Galileo, en la cual, la causalidad eficiente y externa, a diferencia de la causalidad eficiente aristotélico-tomista que puede ser interna, descarta las fuerzas ocultas, los fines y la acción a distancia200. De todos modos, el aristotelismo
no desaparece con las fuerzas ocultas. De un modo similar al resto de los mecanicistas, para Spinoza las relaciones causales en el ámbito de la causalidad transitiva continúan siendo relaciones necesarias. No es tan evidente, sin embargo, que el tipo de necesidad sea el mismo en todos los casos. Tal vez sea la concepción de Malebranche, quien ha vinculado explícitamente las relaciones de causalidad a la necesidad lógica –lo que lo vuelve el blanco directo de la famosa crítica de Hume (vid. Ott, 2009 p. 219), la que más se acerca a la de Spinoza201.