4. Acerca de la presente interpretación
4.2 los modos como propiedades de la sustancia
4.2.1 Objeciones al Panenteísmo
La tesis que acabamos de bosquejar implica una serie de dificultades que ponen en jaque la inteligibilidad misma del sistema filosófico de Spinoza. No obstante, a pesar de la importancia de estos problemas, en la voluminosa bibliografía que trata sobre la metafísica de Spinoza, son pocos los autores que los han analizado con minuciosidad y han tratado de resolverlos en conjunto. Algunas de tales dificultades han sido señaladas por los primeros críticos del spinozismo poco tiempo después de la aparición de las Opera Phostuma, otras menos visibles han ido surgiendo en interpretaciones posteriores. Aquí exhibimos las objeciones más conocidas, entre las que se encuentran las más famosas presentadas por Pierre Bayle en su Dicctionaire, y también algunas que no han sido tratadas por los comentadores, al menos, en la bibliografía que conocemos. A los fines de facilitar la exposición y siguiendo un procedimiento clasificatorio inspirado en Nadler (2008 pp. 55-56) –aunque nuestra clasificación difiere de la suya- dividiremos dichas dificultades en tres grupos: teológicas, lógicas y metafísicas.
a) Dificultades teológicas
Pierre Bayle, en su conocido artículo del Diccionario Histórico y Crítico, quizá fue el primero en señalar que para refutar el ateísmo de Spinoza no era necesario perderse en las sutilezas del TTP, sino que bastaba con refutar la hipótesis central de su filosofía. Una tarea sencilla en vistas de que, según él, se trata de la hipótesis más monstruosa y absurda que se pueda imaginar y la más opuesta a las nociones evidentes del sano entendimiento (Bayle, Diccionario, pp. 335-336). Paralelamente, Bayle denuncia que Spinoza utiliza los términos con un significado diferente al usual y que, de ese modo, se asegura la ininteligibilidad de sus lectores. Si hay un término que refleja
explica la relación de inherencia del siguiente modo: “El mundo no es un agregado de cosas independientes, de sustancias finitas, sino un todo infinito, en el que cuanto hay de individual solo significa una como prominencia y modificación superficial, comparable a las olas fugaces en el océano infinito” (1932 p. 87).
por excelencia esta profanación del lenguaje por parte de Spinoza, este es, para Bayle, el término “modificación” –esto es, “modo”- cuya aplicación se aleja ampliamente, según él, de la significación usual tanto en la escolástica como en el cartesianismo (Ibid. p. 339)176.
Como consecuencia de este empleo del término surgen una serie de consecuencias contra-intuitivas, que podríamos clasificar como de carácter teológico, en virtud de que todas presuponen una determinada concepción de Dios, algunas de cuyas características comparte con la concepción de Dios de la Ética, mientras que otras son propias de la concepción cristiana. Según Bayle, si Dios se identifica con sus propiedades, como afirma la tesis de Spinoza, de allí se seguiría que Dios tiene propiedades contradictorias entre sí. Por ejemplo, si una persona afirma algo y otra persona niega esa misma cosa, entonces, Dios estaría afirmando y negando al mismo tiempo, ya que Él es el sujeto último de esas acciones del pensamiento y no los hombres, que son meras modalidades suyas. Así, Dios odiaría y amaría, afirmaría y negaría, etc., las mismas cosas al mismo tiempo, lo cual va en contra del principio de contradicción (Ibid. p. 367). Otra consecuencia importante sería que Dios debería ser considerado como divisible y cambiante, pues, deberíamos identificarlo con todas las cosas finitas que existen las cuales son seres individuales que nacen y perecen, tanto si hablamos de los cuerpos desde el punto de vista de la extensión (p. 618 nota), como si hablamos desde el punto de vista de la pluralidad de ideas desde el punto de vista del pensamiento (Ibid., p. 364)177. Finalmente, al ser el sujeto de las acciones de los
hombres, Dios sería no solo el responsable de las mismas, sino también el sujeto de todas las imperfecciones e infelicidades del género humano (Ibid. p. 369).
b) Dificultades lógicas (deducibilidad de los seres finitos)
En cuanto a los problemas lógicos, en primer lugar, nos encontramos con una serie de cuestiones categoriales que surgen del uso del término “propiedades” en un rango tan amplio como es el de Spinoza. Como señalan Parkinson y Gueroult, mientras
176 Bayle parece reducir la tesis de Spinoza al cambio de sentido de la palabra “modo” por el de “parte” y
se pregunta, con sorpresa, cuáles serían las ventajas de este cambio semántico (1715 p. 618 nota). Por otro lado, hay que decir que Bayle hace un buen recuento de cómo se entendía normalmente la conexión sustancia-accidente –ya sea en la escolástica ya sea a partir de las modificaciones introducidas por Descartes- para mostrar que Spinoza efectivamente se aparta del uso habitual. Pero Bayle, haciendo énfasis en la cuestión de si los accidentes son o no separables de la sustancia, no acierta a ver que Spinoza enfatiza el carácter lógico y epistemológico de la relación.
que los modos spinozianos son concebidos a través de la sustancia, no parece ocurrir lo mismo con los predicados en la concepción aristotélica. Dada una propiedad cualquiera, como por ejemplo, la blancura aplicada a un sujeto cualquiera, por ejemplo Sócrates, es claro que lo blanco no necesita de Sócrates para ser concebido (Gueroult, 1968 p. 63; Parkinson 1974 p. 28). Otra consecuencia lógica surge del hecho de que el carácter adjetival (como lo llamó Joachim, 1901 p. 17) que le otorga esta tesis a los seres finitos, no se condice con el uso habitual de los adjetivos. En efecto, la concepción tradicional de la sustancia se correspondía con cierto uso lingüístico, en el cual la sustancia encontraba su correlato en el sujeto de la proposición y las propiedades en los predicados, digamos: “Sócrates es racional”, “este árbol es verde”, etc. Pero esto no vale para la concepción propuesta por Spinoza, ya que, ciertamente no hay una manera análoga de decir que la “la sustancia es Sócrates”. Por lo tanto, ¿es correcto ubicarlos bajo la misma categoría? Curley, se ha apoyado casi exclusivamente en este punto para rechazar la interpretación tradicional de la relación sustancia-modos en la Ética. Según su punto de vista, el hecho de ser del “tipo lógico equivocado” hace que la afirmación según la cual los modos son predicados de la sustancia sea en sí misma incomprensible (Curley, 1988 p. 31; Carriero, 1996 p. 256).
En segundo lugar, otro tipo de problema que surge de la tesis de Spinoza se refiere a lo que podríamos llamar la “deducibilidad de las propiedades”. En efecto, si tomamos en sentido estricto la analogía que sugiere la tesis de la inherencia, esto es, la analogía entre la esencia de una figura geométrica y la esencia de la sustancia divina, se seguiría de allí que si podemos comprender la esencia de la sustancia a través de una definición, también deberíamos poder deducir de ella todas sus propiedades, del mismo modo que ocurre en el caso de las figuras geométricas. Dicho en otros términos, si los modos fueran propiedades que se encuentran contenidos analíticamente en la esencia de la sustancia, una vez comprendida dicha esencia por nuestro entendimiento, deberíamos poder deducir su existencia a priori. Sin embargo, esto es claramente imposible para un entendimiento finito. Tal como sostiene Parkinson, la existencia de distinciones modales no parece seguirse de la definición de Dios, sino que más bien parece ser una proposición sintética (1954 p. 62). Además, aunque Spinoza dedujera correctamente de la esencia de la sustancia que ésta contiene infinitas propiedades, no es posible decir qué tipo de propiedades son (1954 p. 71). Esta dificultad fue señalada muy tempranamente,
aunque en otros términos, por Tschirnhaus en la correspondencia con Spinoza (Ep. 82; G IV 334)178.
c) Dificultades Metafísicas (tiempo y necesidad)
A los problemas mencionados en los apartados anteriores, deberíamos agregar una serie de problemas vinculados a cuestiones de carácter metafísico que generalmente han sido pasados por alto, pero que no son menos paradójicos que los anteriores. Por razones de espacio, y como no es el objetivo de nuestro trabajo resolver las paradojas que surgen de la tesis de la inherencia, mencionaremos solamente dos dificultades aunque seguramente pueden encontrarse otras. Ambas están estrechamente relacionadas aunque son independientes entre sí. La primera se refiere a la cuestión de la temporalidad de los seres finitos. Si las propiedades de una figura geométrica, como sostiene explícitamente Spinoza, existen desde la eternidad y por la eternidad, por lo cual, podríamos decir que son atemporales; y si la tesis de la inherencia propone considerar a los modos finitos como tales propiedades, ¿en qué sentido podríamos decir que su existencia es eterna? ¿Significaría esto que el modo existió siempre y que también existirá siempre, del mismo modo que cualquier propiedad del triángulo? ¿No nos indica nuestro más sano juicio que son seres cuya existencia es temporal, que nacen y mueren? En consonancia con la tesis de la inherencia, es oportuno recordar aquí que Spinoza rechazó el tiempo como un mero “modi cogitandi” o “modi imaginandi” (Ep. 12, G IV 57-58), lo cual, hace aún más notoria la problemática planteada en las preguntas anteriores179.
178 “No veo cómo del atributo, considerado en sí mismo, por ejemplo de la extensión infinita, puedan
surgir una variedad de cuerpos”. Algunos de los problemas que dicho concepto ocasiona tal vez no sean del todo insalvables. Algunos de los señalados por Bayle, posiblemente pueden ser rechazados por idiosincráticos, esto es, por el hecho de que son tales si se mantiene como trasfondo la concepción antropomórfica de Dios. El problema lógico de la deducción, por su parte, tal vez pueda responderse apelando a las diferencias que existen entre un entendimiento finito y un entendimiento infinito. En efecto, mientras que para un entendimiento finito es difícil ver las semejanzas que pueden haber entre la naturaleza de la conexión esencia-propiedades en una figura geométrica y la naturaleza de la conexión sustancia-modos, para un entendimiento infinito, en cambio es difícil ver las diferencias. Desde el punto de vista del entendimiento infinito estas diferencias parecen anularse, pues, debido a sus poderes, bastaría con captar la esencia de la sustancia infinita para deducir la existencia de cualquiera de los modos finitos particulares. Esto es lo que seguramente tiene en mente Spinoza, cuando introduce la analogía geométrica. En efecto, tal entendimiento es capaz de deducir la existencia de cualquier ser finito, del mismo modo que nuestro entendimiento deduce las propiedades del círculo. De este modo, si el entendimiento infinito puede hacer lo mismo, quiere decir que en última instancia la relación es la misma.
179 Este tema ha sido muy discutido pero no desde la perspectiva de la inherencia, sino en relación a la
afirmación de Spinoza según la cual “el alma no puede ser totalmente destruida con el cuerpo, sino que permanece algo de ella que es eterno” (EVp23, G II 295). A estas preguntas se vincula el problema de
La segunda dificultad afecta a la cuestión de la necesidad, sobre la que algo ya hemos dicho en el capítulo tercero. Si las propiedades de una figura geométrica se siguen con necesidad lógica de la esencia de la misma figura, por lo cual la negación de las mismas implica contradicción, ¿acaso no deberíamos considerar también la existencia de los modos finitos como una existencia necesaria, cuya negación implica contradicción? Sin embargo, esta posición es difícil de digerir. Todas las teorías filosóficas parecen haber admitido que la existencia de los seres finitos no representa más que una serie de verdades contingentes, conocidas a posteriori. Pues bien, hasta aquí los problemas que surgen de la tesis de la inherencia, en lo que sigue examinaremos una interpretación que promete una salida elegante y trataremos de determinar hasta qué punto nos conviene adherir a ella.