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COMPROBACION N.O 14: SAN DAMIANO

COMPROBACIONES DE LA LEY DEFINIDA

COMPROBACION N.O 14: SAN DAMIANO

Nuevamente nos encontramos en la oportunidad de verificar el cumplimiento de la regla horaria en un caso que la jerarquía eclesiástica no ha logrado califi- car ni descalificar y que, iniciado el día 16 de octubre de 1964, dio lugar a la apreciación de muchos fenó-

menos solares y a la difusión de mensajes de marcado contenido escatológico. El tema fue interrumpido por la intervención del obispo, que impuso silencio a la vidente desde 1970.

Llama la atención de esta manifestación, conocida como la de la "Milagrosa Señora de las Rosas" -nom- bre que se dio, supuestamente, la Santísima Virgen en un "mensaje" del mes de octubre de 1969-, el dato de corresponder, a la fecha de su presentación (16.10. 1964), el Día 666 (del Tiempo 813).

La vidente de este suceso, conocida como "Mamma Rosa", es una humilde mujer, madre de tres hijos, lla- mada Rosa Quattrini. La primera aparición tuvo lugar en el día ya indicado, cuando, a la hora del toque pa- ra el "Angelus", -que en San Damiano tenía lugar to- dos los días a las doce menos cuarto- una amiga lla- ma a la vidente desde la calle, invitándola a salir. Rosa siente la impresión de que no debe acceder, por lo que ruega a la amiga que pase a la casa. En este mo- mento, siente una voz interior que le dice: "Sal de es- ta habitación". Sale, recibe a la amiga visitante y am- bas van al jardín, donde principian el rezo del Rosa- rio; después de recitar la primera decena, ocurre la aparición de la Santísima Virgen sobre un peral. En el breve diálogo que tuvo lugar, la Santísima Virgen, su- puestamente, solicitó de Rosa su disponibilidad para una misión de ayuda y de consuelo; tras las excusas de la vidente, alegando su incultura e incapacidad, la Virgen la conforta prometiendo "signos" y "mensa- jes", que han de ser dados a conocer a todo el mundo. El día 11 de febrero de 1970, el obispo de Asís, Giuseppe Placido Nicolini, O.S.B., compuso e indul- genció una oración dirigida a la Milagrosa Señora de las Rosas de San Damiano. Poco después, la autoridad eclesiástica impuso silencio a la vidente.

Como veremos en el último de los casos comproba- dos, el Día 666 del Tiempo 821, se inicia en San Ni- colás (Argentina), una manifestación sobrenatural de la Santísima Virgen, vindicando el nombre de Nuestra Señora del Rosario, que, pese a ser la más reciente de todas las manifestaciones comprobadas (25.9.1983), ha sido admitida por el obispo y adquiridos los terre- nos para la erección de la consabida capilla solicitada. Me han contado una anécdota según la cual, al infor- mar el Obispo de San Nicolás a S.S. el Papa, sobre su evaluación positiva de los sucesos extraordinarios ocu- rridos en su diócesis, éste respondió: "En este mo- mento se están evaluando en la Iglesia MIL DOS- CIENTOS casos".

Por lo demás, la consabida verificación de la hora, se cumple escrupulosamente:

H = 500

+

(666-434).0,8084512 = 687 min., a los que hay que restar 32 (8° E), y sumar 60 (horario de invierno en Italia), para obtener la hora oficial: 715 min., que suponen las ONCE HORAS CINCUENTA

y CINCO MINUTOS.

COMPROBACION N.o 15: EL ESCORIAL

Como ya se ha dicho en la comprobación n.º 6 (Pontmain), aquí la verificación de la regla horaria no procede, puesto que, al haber sido uno de los puntos estimados en el estudio, para la determinación de la función lineal, ésta debe satisfacerse por hipótesis.

Aunque esta manifestación se mantiene "sub judi- ce", lo que entra dentro de lo razonable, dada su fe- cha de presentación (15.11.80), todo crédito a este trabajo, pasa por el previo crédito a la manifestación que viene ocurriendo en El Escorial, sin cuyos datos

no hubiera sido posible efectuar el estudio.

Ya se ha dicho que hay personas que se permiten difundir supuestas epifanías marianas mediante publi- caciones, cuando, por recientes, están siendo evaluadas por la Iglesia, acogiéndose a que son trabajos de "in- vestigación" . Yo he visto algunos de esos libros y fo- lletos, y no me ha sido dado descubrir lo que en ellos hay de investigación por ninguna parte; a mi modesto saber y entender, son trabajos para la difusión de los hechos que se narran.

No es el caso ni el espíritu de este trabajo, que se hace en primer lugar y ante todo para la Iglesia, apro- vechar el derecho a la publicación sin censura de los trabajos de investigación, para abundar en la difusión innecesaria de manifestaciones sobrenaturales supues- tas, las cuales, por cualesquiera razones, no han sido evaluadas, Se ha pretendido dar, en los casos "sub ju- dice", la información estricta para justificar la objeti- vidad con la que se han estimado los datos necesarios para el objeto pretendido. Y todos los casos hasta ahora referidos, lo han sido por necesaria razón, como el lector habrá de comprender antes de finalizar su lectura.

Este trabajo pretende ser profundamente respetuo- so con la jerarquía eclesiástica en todos los casos, y exquisitamente delicado con su responsabilidad; mas delicado en el sentido aquel según el cual "nada hay más fuerte que la delicadeza". Y no es delicadeza la conformidad y pasiva aceptación de las inexplicacio- nes innecesarias o las explicaciones insuficientes. Eso no es delicadeza.

Propondré un ejemplo. NO ES la virtud de la PRU- DENCIA la que exhibe la Iglesia, y naturalmente que me refiero a la única y verdadera Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo, de la cual me considero dichosamen-

te el último de sus miembros, al postergar hasta los si- glos XIX y XX la proclamación de los dogmas maria- nos relativos a la Inmaculada Concepción y a la Asun- ción, respectivamente, habida cuenta de que la Reve- lación Pública quedó cerrada y sellada antes de ter- minar el siglo 1, y que John Duns Scot, el insigne "Doctor Inmaculatae Conceptionis", alcanzó el sueño de los justos en el año 1306. Eso no es prudencia.

Como no es aceptable la inexplicación según la cual se ha dicho entre nosotros tantas veces, que las mara- villosas mariofanías habidas en Francia a lo largo del siglo XIX deben interpretarse a la luz del mal estado espiritual de los franceses en la época, silenciando, o ignorando penosamente, que la progresiva actividad sobrenatural mariana, detectable desde 1830, se inicia con dos sucesos muy similares y casi simultáneamen- te, en Francia y en España. Pero mientras la Iglesia francesa, "en muy mal estado", acogió la Medalla Mi- lagrosa como el tesoro que es, y propició su difusión por todo el mundo hasta alcanzar de Roma, antes de terminar el siglo, la coronación canónica de su imagen y su fiesta litúrgica con oficio propio en el aniversario de su manifestación, nosotros, "en muy buen estado espiritual" al parecer, acogimos la milagrosa imagen de Nuestra Señora del OLVIDO ( ¡Y qué buen nom- bre sedio para nosotros!), y no cavamos un hoyo pa- ra enterrarla, de verdadero milagro. ¿Qué hemos he- cho por-Nuestra Señora del Olvido, Triunfo y Miseri- cordias? ¿Quién ha tomado nota de que Lucía de Fátima vino a España para damos a conocer desde Tuy el mensaje y la devoción de los Primeros Sába- dos? ¿Quién conoce a Nuestra Señora de CHANDA- VILA, en La Codosera? ¿Qué estamos haciendo con GARABANDAL a los veinticinco años de unos he- chos que han dado la vuelta al mundo y enamorado y

conquistado almas para Cristo por todas partes? Nues- tra supuesta condición de pobladores de la "Tierra de María", se ancla en añosas tradiciones medievales, ca- da vez más oxidadas. Porque también a las antiguas arras que conservan el precioso tesoro de nuestras más acendradas y seculares tradiciones devocionales, les está saliendo una termita de rápida y destructiva activi- dad, a la que se da el pretencioso nombre de "rigori- cismo histórico"; habiendo constatado la inevitable indocumentación residual de nuestras imágenes más veneradas, brigadas de demolición en mangas de cami- sa, paquete de pitillos, secretaria y aires de inquietu- des intelectuales, trabajan en el empeño de descapita- lizar y desnaturalizar todo lo que puede ser causa de devoción a la Santísima Virgen, que es de lo que se trata. Entre tanto, los más incautos, siguen explicán- dose y explicando que la Santísima Virgen se mani- festó en Francia "porque los franceses estaban muy mal".

Los franceses no estaban tan mal, y tanto religiosa como eclesiásticamente, les debemos mucho. Fue Francia; desde la conversión de Clodoveo, la hija pri- mogénita de la Iglesia, la primera nación cristiana del mundo, influyendo, con anticipación de casi un siglo, en la histórica e interesada conversión de Recaredo. De Francia procedió la reforma monacal cluniacense, generadora del Císter de Bernardo de Claraval, al que debemos nuestros primeros conventos medievales; a través de ellos, recibimos e incorporamos la liturgia la- tina que fue sustituyendo a nuestros primarios ritos mozárabes. Fue Francia la reformadora de un papado que, esclavizado en las rivalidades de las familias aris- tocráticas romanas, llegó a ser casi vasallo de los em- peradores del Sacro Imperio Germánico. Francia, la reformadora del clero secular, a partir de la institu- ción de los canónigos regulares premonstratenses.

La Sorbona ha sido durante muchos siglos la fuente

y el semillero mejor de la Iglesia para el estudioyel de- sarrollo de la Filosofíay de la Teología Cristiana,y el Sagrado Corazón de Jesús quiso hacer en Francia las confidencias que dieron lugar al conocimiento de su devoción en la Iglesia.

Los franceses nunca han estado tan mal, y de ello da fe la espléndida acogida y la extraordinaria difu- sión que han sabido dar a sus epifanías marianas. Si la Santísima Virgen hubiera optado por bajar unos cuan- tos kilómetros desde Lourdes, ¿quién puede afirmar, a la luz de la experiencia histórica, lo que hubiera ob- tenido de nosotros? Sabemos, sí, que la elección de Francia está justificada en la ejemplar respuesta de la jerarquía y del católico pueblo francés. Monseñor Fi- libert de Bruillard, Obispo de Grenoble, a los cinco años de la aparición de La Salette; Monseñor Lauren- ce, Obispo de Tarbes, antes de cuatro años de los de Lourdes, y Monseñor Wicart, Obispo de Laval, sola- mente un año después del suceso de Pontmain, sin te- léfonos, ni télex, ni automóviles, ni aviones, supieron practicar todas las diligencias necesarias para poder afirmar ante sus diocesanos, mediante decretos cuida- dosamente estudiados,

- QUE TAL APARICION CONTIENE TODAS LAS CARACTERISTICAS DE LA VERDAD, Y QUE LOS FIELES PUEDEN CREERLA POR CIERTA.

y habiendo hecho constar humildemente que so- metían su criterio al de la Cátedra de san Pedro, éste no ha hecho sino confirmar, con toda clase de bendi- ciones, el acierto de su evaluación.

Carecen, por lo tanto, de toda razón y fundamen- to, aquellos que, presumiendo una PRUDENCIA de la cual absolutamente carecen, extienden entre los fieles

el desentendimiento de las epifanías marianas, abun- dando en conceptos inaceptables o falsos, puesto que 1.0) Es IMPRUDENCIA afirmar que las epifanías marianas "no son necesarias", ya que nadie es quién para disputarle al Amor de Dios lo que es ne- cesario.

2.°) Es FALACIA, antes que instrucción, lo que se da a los fieles en la frecuente matización de que "no son dogma", al silenciar que, tanto los dogmas como las epifanías marianas aprobadas y recomen- dadas por la Iglesia, han necesitado, en todos los casos, del impagable testimonio de quienes les han otorgado su crédito y su convicción desde antes de que la Iglesia proclamara o decidiera, y sin cuyo concurso de fe y convicción, nunca hubiera podido decidir. Y

3.°) Es una NEGACION de la verdad, afirmar que la Iglesia no ha reconocido las epifanías marianas como tales, en los casos cuyo reconocimiento con- curre, sino "dejando libertad" a los fieles.

La Iglesia deja también a la libertad de los fieles sus prácticas de oración y la frecuencia para la re- cepción de determinados sacramentos, a partir de un mínimo, y ello no instruye que niega o no re- comiende los sacramentos, a partir de este mínimo. Seamos sinceros. La devoción a la Santísima Virgen es hoy atacada como nunca, desde pragmáticos plan- teamientos seudointelectuales. No queda un solo ca- pítulo de la Mariología sin dinamiteros ni detractores. Misteriosamente, y en rotunda oposición, la dulcísima voz de nuestra Madre Celestial se difunde hoy más que nunca, y llega a todas partes donde hay un alma -aún inconsciente de ello- capaz de escucharla.

Apóstoles de la devoción a María: Vosotros, los que habéis gustado la dicha de Su presencia en cual-

q uier parte, no caigáis ahora en la tentación de deja- ros cuestionar la legitimidad de vuestro encuentro. Huid de toda polémica. No caigáis en la trampa de las provocaciones que no os han de faltar, antes aferrados a Sus mismos brazos, rogad también por los que os provocan o desprecian.