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DETERMINACION DE LA ESCALA HORARIA

ESTUDIO ANALITICO

B) DETERMINACION DE LA ESCALA HORARIA

Se trata ahora de estimar la hora, cuando se conoce el día (D). Presumida una Ley lineal, su determina- ción puede hacerse a partir de dos puntos cualesquie-

ra. Ocurre también que estos sucesos no suelen estar cronicados o referidos con precisión cronológica en todos los casos. De entre las manifestaciones ocurri- das por la tarde, solamente la de Pontmain parece más precisa. Entre las de mañana, puede optarse por El Es- corial o Guadalupe, aunque en este último caso hay que conceder crédito ---que lo merece- al "Estudio de las estrellas en el manto de la Virgen de Guadalupe", de Rojas Sánchez y Hernández Illescas, publicado en Méjico en 1983. Se eligieron, como puntos de deter- minación Pontmain y El Escorial. La determinación de la abscisa en ambos casos, podrá resultar instructi- va, a modo de ejemplo.

- Datos iniciales de PONTMAIN: Ocurrió el día 17.1.1871 (c. civil), a las 18 horas.

Debe traducirse la fecha, en c. astro como el 18.1.1871. En el calendario de Tiempos aparece ubi- cada en el Tiempo 774, que transcurre entre el14 de abril de 1870 y el 2 de agosto de 1872.

EL DIA-D- vendrá determinado por la distancia entre el 18.1.1871 y 14.4.1870, resultando 279. Quiere decirse que el suceso ocurrió dentro del día 279 del Tiempo 774. Desde el origen de Tiempo, ha- bían transcurrido, en el instante de la manifestación 278 días enteros, más una fracción de 278/868 = 0,32028. Luego la abscisa de Pontmain es 278,32028. La hora local debe retrasar en cuatro minutos la oficial, por estar el lugar a 1° O., respecto del meri- diano de Greenwich. Hora Local: 17h.56m.=1076 minutos.

- Datos iniciales de EL ESCORIAL: Ocurrió el día 15.11.1980 a las diez de la mañana.

Por tratarse de mañana, coincide la fecha en cóm- putos civil y astronómico. El calendario de Tiempos

ubica la fecha en el Tiempo 820, cuyo origen fija en el día 9.8.1979, proporcionando el Día 464. Abscisa o tiempo transcurrido desde el origen del Tiempo 820, 463

+

463 / 868 = 463,53341.

Hora Local: 8h.44m, dado el avance de una hora, en la oficial, y situación geográfica de 4° 0, respecto del meridiano de Greenwich. Hora local en minutos: 524.

Diferencia horaria: 552 minutos.

Diferencia de abscisas: 278,32028-463,53341= -185,2131. Al resultar negativa, hay que incrementar 868, dando 682,787 días.

La pendiente de la función se determina por la rela- ción entre las diferencias de horas y días:

k= 552/682,787 minutos/día = 0,8084512 m/d

Conocida la pendiente de la función, además de las coordenadas de un punto de mañana y un punto de tarde, se determinan fácilmente los respectivos oríge- nes de la escala horaria de la mañana y de la tarde. Pa- ra la tarde, habrá que disminuir de 1076 (Hora local de Pontmain), el.producto de su abscisa y k

278,32028 . 0,8084512 = 225,00836, estimando 225 minutos.

Luego el origen horario de tardes, será a los 1076- 225 = 851 m., correspondientes a las catorce horas y once minutos.

El origen horario de las mañanas es

524 - (463,53341 - 434).0,8084512 resultando 500,12368 minutos, aproximados a 500 como origen de la escala horaria de las mañanas. Las fórmulas ho- rarias resultantes, son:

a) Para Días-Tarde: H=85 1+D.k Generalizables en b) Id. Días-Mañana: H=500+(D-434).k

A partir de cuya obtención, no resta sino recrearse en la sombrosa exactitud de su verificación.

Antes de proceder a ella, es necesario dejar muy claro que la Ley hallada no predetermina ni condicio- na el momento en que pueda tener lugar una manifes- tación; verifica, simplemente, el cumplimiento de una ordenación sorprendente y maravillosa entre las habi- das, en las cuales, en un instante de ellas, generalmen- te el inicial, queda determinada una hora, un instante cronológico, que permite la constatación de esa mis- ma ordenación.

Nótese, además, que esta ordenación se verifica en el tiempo, (Día), según la hora local, que es función del espacio, y con independencia del lugar de la mani- festación, realizándose el misterio profundísimo y evi- dente de poderse constatar una ordenación en el tiem- po y en el espacio, que es, a su vez, independiente del tiempo y del espacio. La consecuencia es que esta or- denación procede de Quien está por encima del tiem- po y del espacio, es decir, de Dios.

La tesis resultante puede enunciarse así:

Las epifanías marianas constituyen un conjunto de hechos sobrenaturales ordenados, y, consecuentemen- te, interrelacionados.

Con el aval otorgado por el cumplimiento de todos los casos comprobados, como a continuación se verá, las determinaciones verificadas permiten establecer el campo de variación de la función definida. Resulta así que la escala horaria queda fijada entre las ocho horas y veinte minutos y las veinte horas y dos minutos, en su homologación con nuestra manera de contar el tiempo, totalizando una variación de setecientos dos minutos. Al misterio de un período fijado en 868 días, se superpone la limitación horaria para la presen- tación de las manifestaciones, todo lo cual sugiere la referencia a un reloj sobrenatural, el cual, aun ajusta- ble con nuestras horas, que son función de nuestra geografía, para precisar el momento de presentación

de las manifestaciones sobrenaturales, no es homolo- gable con ninguno de nuestros relojes, que cuentan días de veinticuatro horas y cambian la hora cuando cambian el lugar.

Al cumplirse la: función de tiempo determinada en este nuevo reloj sorprendente, habrá que referir a él el planteamiento inicialmente intuido por la correlación de tiempo solar entre La Salette y El Escorial. Es aho- ra cuando se puede hacer una nueva hipótesis más precisa, prescindiendo de los datos solares y teniendo en cuenta que los días quedan limitados al transcurso en ellos de setecientos dos minutos, según la función de tiempo hallada. Las ocho horas y cuarenta y cua- tro minutos de El Escorial, según nuestra manera de contar el tiempo, traducen 524 minutos; hasta los 909 minutos de La Salette, suponen el transcurso de 385 minutos, con un diferencial de 317 minutos para completar los 702 minutos útiles de cada día. El co- ciente 868 es ahora resultado de la división entre los términos (48999

+

y (56

+

donde expresa la fracción decimal exacta que justifica aquel cociente; obtenido así para el valor de O,45098, éste deber ser equivalente al cociente de (317+E) Y 702, en cuyos términos E representa la pérdida de precisión por de- sestimación de los segundos y su fracción, en todos los términos considerados, evaluable en 24 segundos. Frente a cuya inducción, incluso entre los que pue- dan seguir y asentir al planteamiento y desarrollo nu- mérico, puede' suscitarse en algunos la pretenciosa pregunta de cualquier "por qué".

¿Por qué se realiza el misterio de una ordenación entre los horarios de presentación de las epifanías marianas, cuando se refieren a una función cíclica o periódica, que cuenta el tiempo según períodos de 868 días?

¿Por qué puede determinarse el período de esta función mediante una correlación de tiempos entre las manifestaciones de La Salette y El Escorial?

¿Por qué resulta la duración de las vidas terrenas de Nuestro Señor y de la Santísima Virgen, múltiplos de 868 días?

¿Por qué queda limitado el horario de presentación de las manifestaciones sobrenaturales a una fracción del tiempo útil respecto del total del día?

¿Porqué... ?

A cuya pretensión, ¿puede el investigador acaso apelar a la implícita necedad contenida en la deman- da?

¿Quién es quién para plantearse el derecho de acce- der al conocimiento de los divinos misterios que aquí se tratan más allá de lo que el mismo Dios quiera reve- larlos? ¿Acaso no es ya muchísimo poderlos determi- nar, conocer y aprovechar?

¿Por qué es más densa el agua a 4° C que a cual- quier otra temperatura, dando lugar a una excepción termodinámica que hace posible la vida en la tierra? ¿Por qué esta excepción no se cumple a los 3° C o a los 7° C? ¿Por qué?

¿Por qué son tantas las estrellas del cielo y no tan- tas más o menos? ¿Por qué mantienen sus posiciones relativas en la bóveda celeste? Y no obstante, estas mismas estrellas, cuyos misterios no podemos alcan- zar, nos han enseñado a orientarnos y a medir el tiem- po.

¿Por qué es tan efímera la vida de una flor? Y no obstante, sin las flores, nuestra concepción de la belle- za sería más mediocre.

¿Por qué tarda años el infante en adquirir el uso de razón? ¿Cuál es el porcentaje de tiempo últil y activo en la vida del hombre?

El tiempo nos es dado y solamente en una fracción del mismo podemos ejercer las facultades que nos han sido concedidas. La luz solar nos ha sido dada inter- mitentemente;lamitad de nuestro tiempo es de luz, o diurno, y la otra mitad es de nocturnidad; y al tiempo de luz hay que restar aún, para obtener el de plena luz, el margen de ambos crepúsculos.

Mas, cuando este misterio y esta realidad de la na- turaleza se refleja en una función de tiempo, en la que ha quedado impreso el principio de las manifestacio- nes sobrenaturales de carácter público de la Santísima Virgen, hay quienes optan por la rebeldía de negarse a comprender y admitir el testimonio del tiempo que aquí se comprueba, sintiéndose para ello suficiente- mente arropados tras el más necio de los "por qué". Ante los tales, acuden a la memoria aquellas palabras de la Escritura que con justa causa alega san Pablo en el capítulo XI de su Carta a los Romanos:

"Les ha dado Dios hasta hoydta un esptritu de estupidez, ojos para no very oídos para no oir". Para mostrar el reverso de la moneda, es oportuno recordar un episodio singular extraído del Evangelio de san Juan, en su capítulo XX, al narrar las primeras pruebas de la Resurrección del Señor. Transcritos a continuación los epígrafes correlativos desde los nú- meros 3 al 8, para su evocación, el último no tiene desperdicio. Dice así el Apóstol, dando a conocer su propia experiencia:

"Con esta nueva salió Pedro y el dicho discipulo,

y encamináronse al sepulcro. Corrían ambos ala par, mas este disctpulo corrió más aprisa que Pe- dro, y llegó primero al sepulcro, y vio los lienzos en el suelo, pero no entró. Llegó tras él Simón

Pedro, y entró en el sepulcro,y vio los lienzos en el suelo, y el sudario que habían puesto sobre la cabeza de Jesús, no junto con los demás lienzos, sino separado y doblado en otro lugar. Entonces el otro discípulo, que había llegado primero al sepulcro, entró también, Y VIO Y CREYO ..." Al tratar de explicar este misterio de fe que se produce en san Juan, a quien el crédito en la Resu- rrección del Señor le fue proporcionado a través de la visión del sepulcro abandonado con lienzos en el sue- lo y el sudario doblado, se preguntan los comentaris- tas qué pudo ver el Apóstol para admitir inmediata- mente la Resurrección del Señor.

y la unánime respuesta que dan es ésta: "San Juan vio orden". A la vista de una determinada y concreta ordenación, cuya imagen no nos ha sido descrita más precisamente, de sudario y lienzos, san Juan no pudo dudar más y dio testimonio de su inmediato crédito a la Resurrección desde aquella misma visión, explican- do su anterior desconcierto "porque aún no habían entendido de la Escritura que Jesús debía resucitar de entre los muertos". (Los estudios sobre la Sábana Santa y particularmente los trabajos del jesuita Padre J. Loring tratan de explicar la impresión de san Juan). Este singular testimonio, según el cual la fe en un acontecimiento extraordinario o sobrenatural nos es dada a través de una imagen ordenada, no es excep- cional.

Tampoco es excepcional que el mismo hecho pro- duzca en terceros resultados dispares y contradicto- rios. Seguramente los guardianes del sepulcro, al des- pertar de su sueño, vieron lo mismo que san Juan y aun antes que él, y no obstante, no coligieron igual consecuencia. A partir de su oscuridad interior, incre- mentada por el peso de unas monedas, se negaron a

dar fe de "un misterio de orden perfectamente visi- ble" .

Es el hecho que la respuesta humana ante un mis- mo signo de orden, cuya generación trasciende a la voluntad del hombre, hace que unos lleguen a percibir emocionadamente la presencia de Dios y su amorosí- simo clamor hacia sus criaturas más mimadas, los hombres; mientras que otros ponen en evidencia, consciente o inconscientemente, a todos sus demo- nios interiores: celos, incredulidad, respetos humanos, etc. O no quieren comprobar, o no quieren ver ni comprender nada con la comprobación. Su voluntad está ligada a una limitación interior, a cuya beneficio tratan de extender a los demás su propio atocinamien- to: "La unión hace la fuerza".

Indefectiblemente, un signo de orden que exceda y supera toda intervención humana, se toma, tan pron- to como se descubre, en signo de contradicción. Semi-

lla de sembrador, será fecunda en la buena tierra,eff-

mera en la escasa, débil entre malas hierbas, inútil sobre las piedras.

Algo -y no poco- de todo esto, se desprende de la función cronológica que aquí se determina, y es por ello por lo que muchos, ante su representación gráfica simplemente, reaccionan con la espontaneidad de san Juan en el sepulcro. VEN Y CREEN, sin más expli- caciones.

El precioso don de la fe viene en este caso avalado por todas las necesarias comprobaciones que, a conti- nuación, se han de estudiar con todo rigor. Solamente aquellos que se sometan a la experiencia de efectuar estas comprobaciones por sí mismos, desde la igno- rancia previa de los horarios reales de contraste, ten- drán acceso, al investigarlos, a la emoción que pudo sentir quien estas líneas prescribe, al comprobar, "a posteriori", la verificación de catorce de los casos

comprobados, en una experiencia indescriptible, cua- jada de sustanciosas anécdotas.

Dando pórtico a las comprobaciones efectuadas, y

para beneficio de cuantos puedan VER y CREER las maravillas que aquí se enuncian, es conveniente repe- tir y defender que

"LAS EPIFANIAS MARIANAS CONSTITUYEN UN CONJUNTO DE HECHOS SOBRENATURALES ORDENADOS EN EL TIEMPO, Y, CONSECUEN- TEMENTE, INTERRELACIONADOS".

COMPROBACIONES