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Comunicación, y revisión en su caso, de las calificaciones

In document Evaluacion Del Aprendizaje (página 97-101)

Consideraciones sobre la ética en la evaluación

PROPUESTA DE EVALUACIÓN

4.3.6. Comunicación, y revisión en su caso, de las calificaciones

podemos utilizar como calificación final por las razones indicadas.

4.3.6. Comunicación, y revisión en su caso, de las calificaciones

Una vez que se disponen de los datos correspondientes hay que proceder a su comunicación. Son varias las preguntas a contestar al respecto. Algunas de las más importantes pueden ser. ¿Qué tipo de información hay que suministrar? ¿A quién hay que comunicárselo? ¿Cuándo y de qué forma? ¿Qué tipos de documentos hay que usar en estos casos? Vayamos tratando estos temas uno a uno.

Los tipos de información a comunicar

Con relación al tipo de información que debe comunicarse hay que señalar que ésta puede, y debe, ser de dos tipos. En primer lugar conviene indicar qué resultados obtiene el estudiante con relación a la programación, es decir con relación a los aprendizajes que se le han propuesto y que marca el reto a superar en un determinado momento. Esta información sitúa al estudiante frente a lo que se espera de él y le informa sobre sí realmente lo ha logrado o no. Como, normalmente, los objetivos educativos son comunes (salvo excepciones que no vamos a tener en cuenta en este momento) este tipo de información sitúa al alumno con relación al grupo en el que está integrado y le indica su situación con relación a esa media en este momento. Decir que va bien es decir que está en este momento cumpliendo con los aprendizajes propuestos para su edad. Si representamos el currículo como una línea que marca un camino y los objetivos del programa como un punto en esa línea, este tipo de información sitúa al estudiante con relación a ese punto.

Figura 4.3: Donde se representa la posición de 3 estudiantes con relación a los objetivos de aprendizaje propuestos.

El círculo grueso señala el nivel de logro que el currículo señala en un determinado momento y que viene concretado en los objetivos de la programación. Los puntos A, B y C, señalan diferentes niveles de rendimiento de

diferentes alumnos o alumnas, A está retrasado con relación al nivel marcado por los objetivos (su rendimiento es insuficiente); B está justo sobre el nivel que marca la programación (aprobado) y C supera ese nivel (notable o sobresaliente).

Si se tratara de una evaluación de final de curso, ciclo o etapa, ésta es la información más relevante porque en ese momento de lo que se trata es de decidir sobre el nivel de logro de los objetivos correspondientes y su superación suele exigir el correspondiente nivel de desempeño.

En segundo lugar es aconsejable que se informe sobre el recorrido del estudiante en el período al que se refiere la evaluación, es decir si va mejorando en su rendimiento, si no se aprecian mejoras ni retrocesos, o si por el contrario su rendimiento está empeorando. Hay que tener en cuenta que el currículo marca sucesivamente niveles de logro más difíciles y que seguir ese camino de mejora es lo esperable. Desde el punto de vista individual, esta información es muy importante ya que señala el grado de esfuerzo y compromiso, o en su caso de abandono, que el estudiante muestra. Trataremos de representar qué tipo de información es la que estamos proponiendo que se muestre por medio de las figuras que vienen a continuación.

Figura 4.4: Donde se representa la disminución de la distancia entre la posición que ocupaba un estudiante en el momento 1 y momento 2 de la evaluación.

En esta figura se representa el caso de un estudiante A en dos momentos de su proceso general escolar, en el primero se encontraba retrasado con relación a los objetivos marcados en ese momento, mientras que en el segundo se encuentra justamente en ese lugar. Este estudiante ha recuperado un retraso y ha logrado alcanzar los rendimientos que se esperaban; tendríamos que concluir que su mejora ha sido apreciable. Podría suceder que la posición relativa, la distancia en términos geométricos, con relación a los objetivos no hubiera cambiado, sigue sin lograrlos pero no se descuelga, o que esa distancia hubiera aumentando, el estudiantes se está descolgando progresivamente. Este tipo de información relativa al proceso es gran valor porque los estudiantes que mejoran deben ser felicitados por su esfuerzo, los que se mantienen deben ser animados a continuar y no abandonarse y con los que se retrasan hay que tomar decisiones rápidamente porque un estudiantes que va perdiendo progresivamente contacto con los aprendizajes que son "normales" (medios) en su grupo clase corre el riesgo de perder el tiempo y no solamente no avanzar sino de retroceder, aspecto que daña mucho la autoestima del estudiante.

Distinguir ambos tipos de información y comunicar de manera clara y precisa la situación de los estudiantes con relación a ambas es importante para que todos los implicados (estudiante, familias, servicios de orientación,...) puedan entender mejor la situación del estudiante y como consecuencia de ello la ayuda que reciba sea más acorde con sus necesidades. Pero también es importante que no se confundan, o mezclen, y que se sepa distinguir con nitidez el valor de uno y otro tipo de información. Porque hay que saber que a la larga, y para procesos de acreditación final, la evaluación con relación a los fines del currículo es socialmente más relevante y tiene mucha más influencia en las calificaciones finales.

Los destinatarios de la información

En principio el estudiante debería ser el primer destinatario de la información. Lógicamente es la persona a la que más interesa esta información y, sobre todo, la persona que debe hacer uso de la misma especialmente. Porque no debemos perder de vista que la evaluación debería tener un efecto regulador y es el propio estudiante el que debe activar ese proceso. Por lo tanto, en todo caso, el estudiante debe conocer de primera mano, es decir directamente de su docente, la información relativa a sus resultados en el aprendizaje por medio del juicio evaluador. Dependiendo de la edad del alumno o alumna los padres o responsables del mismo también deben ser informados. Hay que comprender que en muchas ocasiones, sobre todo en las edades más tempranas, la familia puede y debe ser partícipe de las acciones que para la mejora de los resultados escolares puedan arbitrarse, ya que bastantes de estas medidas no pueden tomarse sin la colaboración de los responsables familiares. Mientras los estudiantes no tengan la madurez suficiente, o sean mayores de edad legalmente, la información relativa a la evaluación, sobre todo en los casos de las evaluaciones finales debe ponerse a disposición de la familia. La colaboración, confianza y acción recíproca entre docentes y familia es fundamental en estos casos y hacerlo de manera colaborativa redundará siempre en beneficio del estudiante. También los servicios de orientación de los centros educativos deberían de recibir esta información, porque muchas veces las medidas a adoptar con vista a ayudar a los aprendices deberían de contar con su asesoramiento. El correcto funcionamiento de las ayudas que se pueden organizar desde los centros educativos y la orientación hacia futuras salidas ya sean laborales y/o académicas dependen, entre otras cosas de los resultados de las evaluaciones y por lo tanto son datos a manejar por estos servicios. Sobre todo en el caso de dificultades significativas donde puede ser necesario la puesta en marcha de medidas excepcionales es necesario la intervención de los servicios de orientación y apoyo, y por esta razón conviene que dispongan de información de primera mano.

En el caso de estudiantes mayores de edad no existe otro destinatario de la información que no sea el propio estudiante y nadie, sin su permiso, debería poder acceder a la misma ya que son datos personales de los que debe disponer la persona evaluada, no hacerlo y dar estos datos a otras personas, aunque sean de su familia.

¿Cuándo y cómo debe comunicarse la información?

La información debe comunicarse lo antes posible porque el efecto regulador es mayor cuando todavía se guarda fresco el recuerdo del trabajo realizado para la evaluación. Si el período de tiempo que transcurre entre el momento en el que se realiza el trabajo y el que se recibe la evaluación es muy largo el efecto regulador de la evaluación disminuye. Resulta evidente que la evaluación consume mucho tiempo y que si los grupos de estudiantes son numerosos no es fácil dar los resultados con inmediatez, pero en todo caso hay que señalar que la rapidez juega a favor del valor regulador de la evaluación y el retraso, en su contra.

La información a los estudiantes debiera darse, si es posible, oralmente porque esto permite añadir comentarios y acotaciones que no suelen escribirse en los documentos escritos por medio de los que suele normalmente expresarse la información. Lo aconsejable es que se utilice este momento para aportar a los estudiantes, además de la información sobre sus resultados, consejos para que puedan mejorar su rendimiento, además de recoger información sobre la opinión que los propios estudiantes tienen de cómo ven ellos su propio proceso de aprendizaje. Son ocasiones únicas que conviene que se utilicen para mejorar la comunicación con los estudiantes y aportarles ideas para la mejora de su rendimiento. Debe darse necesariamente por escrito utilizando para ello los mecanismos que sea habituales: lista de notas, boletines personalizados, informes, etc. En la medida de lo posible, cuando sea necesario hacer públicas las calificaciones obtenidas es recomendable que se haga de la manera en la que quede salvaguardada el derecho a la intimidad de los estudiantes (listas de calificaciones por DNI sin que aparezcan los nombres, listas por códigos, etc.). Cuando la información se dirige a las familias lo más recomendable es que se organice una entrevista con los responsables de los estudiantes, ya hemos dicho que esto solo es necesario cuando los estudiantes son muy jóvenes, y que en la misma se entregue un informe (boletín,...) en el que se recoja la información sobre los resultados de la evaluación de manera clara y precisa. La claridad de la información no debiera estar reñida con la cautela necesaria cuando se trata de opinar, aunque sea con datos suficientemente contrastados, acerca del valor del trabajo, rendimiento escolar, de una persona. La claridad ayuda a situarse, a tener la información necesaria para entender la situación sea ésta más o menos agradable, ya que en general recibir noticias que supongan bajos rendimientos no suele resultar agradable; pero no existe forma de resolver los problemas que no sea enfrentándose a ellos y el primer paso para resolver un problemas es, lógicamente, ser consciente de su existencia. Por estas razones resulta más positivo a la larga encarar con nitidez y manifestarlo sin ambages las dificultades existentes. Sitúa a todos en un escenario más real y por lo tanto más proactivo. Pero a la claridad hay que unir la cautela, la conciencia de los límites de lo que sabemos y la provisionalidad de las informaciones de las que disponemos, las personas son casi siempre algo que no se termina de descubrir del todo y las interpretaciones que hacemos de sus acciones son en todos los casos parciales y limitadas. Hay que informar con respeto y manifestando la esperanza de que la

situación mejorará si todos nos esforzamos en encararla y en actuar cooperativamente para su mejora. Conviene evitar tecnicismos y dar la información de manera que ésta pueda ser entendida por los destinatarios de la misma. Conviene, así mismo, evitar los eufemismos que se utilizan en algunos casos bajo el pretexto de no herir y comunicar nuestra opinión sincera de la situación del evaluado con todo el respecto que el mismo merece pero también con toda la rotundidad que se necesario. Informar bien no es halagar al que escucha o evitar enfrentamientos sino aportar las evidencias de nuestro juicio y se responsables profesionalmente del mismo. El respeto e incluso el cariño no está reñido con la seriedad y la claridad y ésta es una cuestión que todos los profesionales de la enseñanza debiéramos saber.

Hay que informar con la conciencia de que el protagonista del aprendizaje, y en el fondo de su propia vida, es el estudiante y que a él le corresponde tomar decisiones personales para encarar las situaciones a las que tiene que enfrentarse. Pero este protagonismo, que nunca debiera ser eliminado, conviene que cuente con el apoyo y refuerzo de las personas que le rodean y tienen la obligación de contribuir a su formación: padres o tutores, profesores, servicios de apoyo, etc. Es difícil conjugar cosas que parecen antagónicas: claridad, estilo directo, firmeza por una parte y respeto, cautela, precaución por otra. Es difícil pero en conjugar ambos aspectos reside el reto propio de una buena comunicación de la información que se obtiene en la evaluación.

4.3.7. Reclamaciones y recuperaciones

La comunicación de los informes o calificaciones no agota el proceso de evaluación porque el informe o calificación debe ser comunicado y recibido adecuadamente. En muchos casos, sobre todo cuando los estudiantes tienen ya una cierta edad, la comunicación se hace de manera directa: se publican las notas. En este caso existe la posibilidad de que algunos estudiantes reclamen sus calificaciones, reclamación que debe, lógicamente, ser atendida. Es un derecho de los estudiantes que se les explique cómo se ha construido la calificación que se les otorga y es aquí, precisamente, donde los criterios de evaluación y la aplicación del contrato establecido al inicio del curso deben marcar los límites al que se deben ajustar las explicaciones. El docente debe explicar cómo ha aplicado las normas contenidas en el contrato (programación) y cómo ha interpretado la producción de los estudiantes utilizando los criterios de evaluación previamente pactados. Y es en ese punto donde acaba su obligación, porque su función no es convencer al estudiante de la calidad de su juicio sino de que el mismo se ha ceñido a las condiciones establecidas. En el cumplimiento del contrato establecido con honestidad es donde reside la justicia del proceso de evaluación. Actuar profesionalmente de manera honesta es la obligación del docente. Si el estudiante duda de la calidad del juicio emitido podrá recurrir la calificación frente a otras instancias pero la obligación del docente ha terminado.

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