Capítulo 2 Tipos de evaluación
2.3. La evaluación vista desde el agente que la realiza
2.3.3. La hetéreo-evaluación La evaluación interna y la evaluación externa
Aunque la co-evaluación es una forma de hetéreo-evaluación, este nombre se suele guardar específicamente para la evaluación que hacen los docentes, monitores o maestros de sus estudiantes, practicantes o aprendizajes. El proceso de enseñanza-aprendizaje en su vertiente institucional es un proceso regulado por normas (créditos, títulos, etc.) en el que la responsabilidad de la regulación y sobre todo de la acreditación recae en los responsables de las correspondientes instituciones. Por lo tanto la mayor parte de la evaluación institucional se desarrolle por medio del trabajo que hacen los profesionales de la educación. Existen diversos tipos de hetéreo-evaluación, fundamentalmente dos: la diferencia entre ambos reside en la distancia existente entre los profesionales que evalúan y los que enseñan. A veces, esta diferencia es inexistente y el mismo profesional que enseña evalúa a sus estudiantes. Es lo más habitual en las evaluaciones internas a los centros que se concretan en boletines de evaluación o cuadernos de notas que los estudiantes llevan periódicamente a sus familias. Esta distancia suele ser bastante mayor en el caso de lo que suelen llamarse evaluaciones externas en las que los evaluadores no suelen conocer directamente a los evaluados. Podemos hablar, por lo tanto dentro de la hetéreo-evaluación de evaluación interna o propia de los centros y de evaluación externa.
Según la actual legislación curricular española (LOE-2006) las calificaciones que conducen al logro de los títulos correspondientes a la Educación Obligatoria, los que corresponden a los módulos de Formación Profesional y el del Bachillerato son responsabilidad de los centros educativos y por lo tanto entran dentro de lo que hemos denominado evaluación interna o propia. Esta autorregulación que ejercen los centros sobre el currículo que imparten y los logros que obtienen sus estudiantes ha sido cuestionada en ocasiones al señalar la inexistencia de evaluaciones externas a los centros que sirvan tanto a los estudiantes como a los docentes de referencias externas.
La propia ley citada regula la existencia de evaluaciones externa a los centros las denominadas "evaluaciones de diagnóstico" que se realizan en los cursos 4º de Educación Primaria y 2º de Educación Secundaria Obligatoria, pero estas evaluaciones no condicionan, en ningún caso, la evaluación que el centro debe hacer de cara a la acreditación de la superación de cursos, ciclos e incluso etapas. Estas evaluaciones seguirán la lógica de las competencias básicas, contenidas en la propia propuesta de la LOE, y no se realizarán por las áreas de conocimiento, que es lo más habitual en los boletines escolares. Además no tiene, por lo menos legalmente establecida, ninguna influencia sobre las calificaciones escolares por lo
que bien puede decirse que el sistema educativo actual no tiene, en lo que se refiere a la concesión de titulaciones, regulación externa a los propios centros a excepción hecha del examen de Selectividad para ingresar en la universidad, que no es exactamente una prueba que conceda un título pero sí que tiene gran influencia en el sistema por la importancia social que se concede a acceder a los estudios universitarios. Las denominadas evaluaciones de diagnóstico se encuentran, en estos momentos, en el inicio de su andadura ya que su estreno hay que situarlo en fechas cercanas, curso 2008-9. Por esta razón es pronto para saber qué influencia van a tener en los aprendizajes escolares, aunque todo hace prever que en la medida en la que se consoliden pueden llegar a convertirse en un factor de regulación externa eficaz.
Existen además evaluaciones externas que de manera periódica se realizan a amplios sectores de la población escolar organizadas desde instituciones internacionales; la más conocida de estas evaluaciones es la que organiza la OCDE cada tres años y que es conocida con el acrónimo de PISA. La única evaluación externa existente que tiene consecuencias para el futuro camino de los estudiantes que se organiza y realiza por una institución externa al centro es la prueba de Selectividad que organizan las universidades. Esta manera de actuar, propia del sistema educativo español, no es la más habitual en nuestro entorno educativo ya que países como Francia, Gran Bretaña, tienen pruebas externas a los centros que condicionan el acceso a titulaciones desde la enseñanza básica. Existen, desde luego, opiniones encontradas sobre la importancia, influencia y valor a atribuir a uno u otro tipo de evaluación (interna, externa). Se argumenta que la evaluación interna debe prevalecer sobre la externa a la hora de acreditar titulaciones porque los docentes que participan en el proceso de enseñanza aprendizaje son los profesionales más cercanos al estudiante y que están, por lo tanto, en mejores condiciones para valorar su grado de madurez y el nivel de sus conocimientos. Se contrargumenta diciendo que esta cercanía es muchas veces negativa porque es muy difícil conseguir que un número tan grande de personas juzguen con criterios similares y con niveles de exigencia parecidos, de forma que la obtención de un título difícilmente garantiza un nivel similar al comparar la titulaciones obtenidas en centros educativos diferentes. Si a esto se añade, dicen los que critican la actual situación, que tampoco existen referentes claros a la hora de organizar las pruebas de evaluación en los diferentes centros, la disparidad, ciertamente inevitable, puede ser superior a lo deseable. Además se añade que el Estado debe ser garante de que los currículos oficiales se cumplan y que la evaluación externa es casi la única garantía de este cumplimiento, por lo que algunos incluso acusan de hace dejación de sus funciones al delegar de manera atomizada y escasamente coordinada esta función a los claustros de los centros educativos. Es una polémica abierta y hay que aceptar que existen argumentos de peso en ambas direcciones. Lo importante es conocerlos y reflexionar sobre ellos. Dejando de lado ese debate, y concediendo la dificultad de tomar partido de manera tajante por una u otra opción, si conviene afirmar que lo mejor sería que ambos tipos de evaluación, la que se realiza en los centros para calificar a los
estudiantes y acreditarles sus estudios y las que se realizan externamente para diagnosticar los puntos fuertes y débiles del currículo coincidieran en los aprendizajes que se evalúan y, en consecuencia, valoran como importantes. En ausencia de esta coordinación, en lugar de funcionar como fuerzas que se suman sinérgicamente, muchas veces sirven para desorientar a los docentes acerca de la dirección a la que deben mirar a la hora de organizar los procesos de enseñanza que están en las propuestas curriculares que construyen. Porque hay que hacer notar que el tipo de aprendizajes a promover para tener éxito en las pruebas de Selectividad (único regulador externo que tiene influencia en cada estudiante) y el que conviene activar para salir airoso en las pruebas de diagnóstico, PISA o similares es distinto.